La Iliada también tiene apoyo arqueológico, los Sutras igual, el Libro de los Muertos igual y el Corán igual. De hecho todos los libros santos nos hablan de hechos históricos o lugares que ciertamente se conocen o han sido hallados. ¿Por qué la Biblia y no cualquiera de estos otros libros que también nos hablan de Dios (o dioses) y su naturaleza?
Solo por mencionar algunos casos:
Por ejemplo, según el libro de Daniel, el último gobernante de Babilonia antes de su caída en manos de los persas se llamó Belsasar. (Daniel 5:1-30.) Puesto que fuera de la Biblia no había ninguna mención de Belsasar, se levantó la acusación de que la Biblia estaba equivocada y que aquel hombre nunca había existido. Pero durante el siglo XIX se descubrieron en unas ruinas del sur de Irak varios cilindros pequeños con inscripciones en grafía cuneiforme. Se halló que contenían una oración por la salud del hijo mayor de Nabonido, el rey de Babilonia. ¿Cómo se llamaba este hijo? Belsasar.
Por otro lado, la Biblia informa que después que el rey Salomón hubo recibido de David su padre el reinado, Israel disfrutó de gran prosperidad. (1 Reyes 4:20.) En apoyo de esta declaración, leemos: “La evidencia arqueológica revela que hubo una explosión demográfica en Judá durante el siglo X a. de J.C. y después, cuando la paz y prosperidad que trajo David hizo posible la edificación de muchos pueblos nuevos”.
En la ocasión de una rebelión de Moab bajo el rey Mesá, Israel formó una alianza con Judá y el vecino reino de Edom para guerrear contra Moab. (2 Reyes 3:4-27.) Un hecho extraordinario es que en 1868, en Jordania, se descubrió una estela (una losa con inscripciones) que contenía en lenguaje moabita el propio relato de Mesá sobre aquel conflicto.
Después, en 740 a.E.C., Dios permitió que el rebelde reino norteño, Israel, fuera destruido por los asirios. (2 Reyes 17:6-18.) Sobre el relato bíblico de este suceso la arqueóloga Kathleen Kenyon dice: “Pudiera sospecharse que parte de esto es hipérbole”. Pero ¿es así? Ella añade: “La evidencia arqueológica de la caída del reino de Israel es casi más gráfica que la del registro bíblico. El arrasamiento completo de los pueblos israelitas de Samaria y Hazor y la acompañante destrucción de Meguidó es la prueba arqueológica real de que el escritor [bíblico] no exageró”.
¿A qué te refieres con este apoyo científico?
Cuando relata el orden progresivo de preparación de la Tierra para la habitación humana (Gé 1:1-31), cuando dice que la Tierra es esférica y que cuelga sobre “nada” (Job 26:7; Isa 40:22), al clasificar a la liebre como rumiante (Le 11:6) o al señalar que “el alma de la carne está en la sangre” (Le 17:11-14), la Biblia siempre resulta científicamente exacta.
Por ejemplo, una ley con relación a los campamentos militares prescribía enterrar el excremento fuera del recinto (Deuteronomio 23:13). Aquella medida preventiva era sumamente avanzada. Evitaba que el agua se contaminara y prevenía la shigelosis, afección transmitida por las moscas, y otras enfermedades diarreicas que aún se cobran todos los años millones de vidas, principalmente en los países en vías de desarrollo.
La Ley mosaica contenía otras normas higiénicas que impedían la propagación de enfermedades infecciosas. Se ponía en cuarentena a quien tenía un mal contagioso o de quien se sospechara que lo padecía (Levítico 13:1-5). Las prendas de vestir o los recipientes que entraban en contacto con un animal que hubiera muerto por causas naturales (como por una enfermedad) debían lavarse antes de usarse de nuevo o destruirse (Levítico 11:27, 28, 32, 33). Todo el que tocaba un cadáver era considerado inmundo, y debía someterse a un procedimiento de limpieza que incluía lavarse la ropa y bañarse. Durante el período de inmundicia de siete días, el inmundo debía evitar el contacto físico con las demás personas (Números 19:1-13).
En cuanto a la armonía, la biblia describe un mismo asunto y por eso mantiene el mismo hilo argumental.
Esta idea central es la vindicación del derecho que Jehová tiene de gobernar a la humanidad y la realización de su amoroso propósito mediante el Reino.
El tema comienza a revelarse en los capítulos iniciales de Génesis, y sus distintas facetas se van analizando a lo largo de todas las Escrituras. Estas dirigen la atención al nombre divino en numerosas ocasiones (más de siete mil). El relato de la creación pone de manifiesto la legitimidad de la gobernación de Jehová. La Biblia también informa sobre el desafío que se planteó contra tal gobernación y los desastrosos resultados de la desobediencia. Al describir la manera como Jehová trata a sus criaturas, da a conocer su amor superlativo, sabiduría, justicia y omnipotencia. Mediante innumerables ejemplos ilustra los beneficios de obedecer a Dios y las consecuencias nefastas de desobedecerlo. Explica y demuestra de qué forma Jehová dispuso la eliminación del pecado y la muerte por medio de Jesucristo. Habla con detalle de un gobierno celestial que destruirá a los espíritus malvados y a los seres humanos que se nieguen a reconocer el derecho de Jehová de gobernar a su creación. Explica con claridad que el Reino llevará a término el propósito divino de convertir la Tierra en un paraíso habitado por personas que amen y adoren al único Dios verdadero y que se amen entre sí.
Antes de leer la biblia, lei muchos libros de diversos géneros literarios, recuerdo que mi padre me obsequió una enciclopedia llamada "mis primeros conocimientos". Yo tenia 6 años.
Pero la biblia va más allá de proporcionar información o retener frases bonitas. Es conocimiento que ningun otro libro puede ofrecer porque trasciende límites humanos. Es honrada porque no oculta errores que los mismos escritores o siervos de Dios cometieron.
Vuelvela a leer Nena, pero intenta leerla con el mejor motivo.
Algunos leen la Biblia por interés en su valor literario; otros, por el deseo de hallar consejos, y aun otros, por el sentido del deber. Ahora bien, el mejor motivo para leer las Escrituras es el deseo de aprender sobre Dios y averiguar cómo influye el mensaje bíblico en nuestra vida.