Respuesta a Mensaje # 167:
Aunque de momento me voy fuera del tema, no puedo dejar de replicar a algo que con cierta frecuencia argumentas en epígrafes varios: lo que dice Santiago, en cuanto a que Dios no puede ser tentado o incitado a hacer el mal, ni tienta o incita a nadie (1:13), y la aparente contradicción cuando dice a Satanás respecto a Job: “tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa” (2:3).
No es ningúna APARENTE contradicción; es una PATENTE contradicción, solo UNA de las dos afirmaciones puede ser verdad. Decir que es APARENTE, es negar lo EVIDENTE.
Sin duda que “incitar” es la forma castellana más cercana al hebreo HIPH, pero esta no es una dificultad lingüística sino de la semántica.
¿Entónces, cuando dice que fué incitado, pues realmente NO fué incitado? lingüísticamente SI, pero semánticamente NO.
Y aqui viene la posibilidad SEMÁNTICA de que el SI sea NO.
Cuando se dice que alguien incita a otro a hacer algo, se entiende que se aprovecha de su circunstancial ingenuidad para moverse en la dirección a la que ha sido inducido.
¿Quieres decir acaso que Dios asumió una APARENTE ingenuidad circunstancial?
Tal parece que luego de su creación Satanás ha quedado con un tornillo flojo o ha perdido algún chip, pues mientras él “piensa” estar elucubrando una ingeniosa idea, no puede nunca escapar de llevarla adelante por concesión divina y hasta dónde Dios se lo permita.
¿Quieres decir que Dios le permite a Satán creerse que la idea de arruinar a Job, realmente era de él mismo?
Porque realmente es Dios que lo incita (tornillo flojo mediante); de modo que Dios aparentó ingenuidad para incitar al Satán que Lo "incitara"; haciendole creer (a falta del chip) que realmente era él el INCITADOR.
Así también Faraón primero y Judas Iscariote después, ejecutaron sus maléficos propósitos ignorantes de que Dios estaba tras todo ello.
¿INCITANDOLOS?
Así en el texto de Job, El Eterno responde a Satanás desde su propia perspectiva. El Diablo podría restregarse las manos satisfecho de tener cancha libre para atentar contra Job, habiendo logrado con su astucia argüir de tal modo (1:9-11) que obligó a Dios a aceptar su desafío, según “pensaba”. Pero una y otra vez debe el Diablo morder el polvo de su derrota. Pienso (yo) que el chip perdido debe ser el que no le permite ver la infinitud de los atributos divinos, y prosigue su lucha contra la raza de Adán, sin percatarse de la omnisciencia y omnipotencia divina.
Pienso (yo) que ese chip perdido lo encontraste tu, para poder elucubrar de este modo; y desde tu propia perspectiva hacer posible lo imposible: que tengas razón.
Siendo Dios omnisciente, a nada puede ser incitado, inducido o provocado, aunque desde la perspectiva de quien lo intenta le parezca que lo consigue.
Es decir que Dios debido a Su omniciencia: puede incitar y hacer que parezca que es incitado.
Es con este entendimiento que creo debemos leer en Job aquel “tú me incitaste”.
¿DEBEMOS?