-Te he puesto un ejemplo del "No os conozco" que parece no haber servido; te pondré otro de mi propia experiencia donde resulté desconocido a los que acababan de conocerme:
Cierta vez colaboré en un retiro de pastores donde se exponía el mejor uso que se podía dar a los libros de una biblioteca selecta que se obsequiaría a cada uno de ellos. Escaseaban los expositores, y tampoco había ayudantes para recibirlos y acomodarles en las habitaciones que se les había asignado. El día de la inauguración, muy temprano en la mañana, allí estaba yo, todavía sin afeitar, vestido apenas de remera y short y calzado de sandalias, yendo al encuentro de los que iban llegando, cargando sus valijas y acompañándoles hasta sus respectivos lugares. Un par de horas después, ya bañado, afeitado, bien peinado, vestido impecablemente de camisa blanca, traje y corbata, subía a la plataforma para exponer las virtudes de tal o cual libro encareciendo el mucho provecho que les reportaría. Fue muy gracioso cuando luego, a la hora del almuerzo, no viendo por allí a quien no habían dado propina al recibirles, algunos me preguntaban si quizás estaba lavando platos en la cocina. ¡No se daban cuenta que el que acababa de disertar y el servicial ayudante eran una y la misma persona! Según el Señor nos sorprenda haciendo en Su venida, nos conocerá o nos desconocerá.