Estimado, continuas dando evidencias inequívocas, de tu falta de comprensión bíblica y más aún de conocimientos históricos.Abenamar;n3167711 dijo:Te recomiendo amigo que investigues lo creen los judíos (desde los mas ortodoxos hasta los menos) sobre la vida después de la muerte más que navegar en reseñas whachtowernianas
Saludos
Por tal motivo te resulta muy fácil reprobar con descalificaciones desde tu ignorancia supina.
Al no conocer el propósito de Dios para la Tierra, muchas personas han enseñado durante siglos que la vida solo tiene sentido en el más allá, esto es, en el mundo de los espíritus.
Unos sostenían que las almas “gozaban de alguna existencia superior anterior a su entrada a los cuerpos humanos individuales” (Nuevo Diccionario de Teología).
Otros decían que el alma “está encerrada y encarcelada en el cuerpo, en castigo de los crímenes cometidos en un estado anterior” (La razón filosófica y la razón católica).
Algunos filósofos griegos, como Sócrates y Platón, enseñaron que solo cuando el alma logra escapar de los límites del cuerpo físico puede vivir “apartada de errores, insensateces, terrores, pasiones salvajes, y de todos los demás males humanos” y pasar “el resto del tiempo en compañía de los dioses” (Fedón, Platón, 81a).
Más tarde, distintos maestros religiosos que afirmaban ser cristianos incorporaron a sus enseñanzas “las teorías sobre la inmortalidad del alma” que promovían los filósofos griegos (Christianity—A Global History).
Sin embargo, nada de esto concuerda con las siguientes tres enseñanzas bíblicas fundamentales:
1. Dios creó la Tierra para que fuera el hogar permanente de los seres humanos, y no un lugar de paso donde se demuestra quién merece vivir en el cielo con él. Si Adán y Eva hubieran obedecido las leyes de Dios, hoy estarían viviendo en la Tierra hecha un paraíso (Génesis 1:27, 28; Salmo 115:16).
2. La mayoría de las religiones enseñan que el hombre tiene un alma —algo inmaterial en su interior—, pero la Biblia enseña algo más sencillo: que el hombre es un “alma viviente” formada “del polvo del suelo” (Génesis 2:7). No dice que el alma sea inmortal; al contrario, dice que puede morir o ser destruida y, por tanto, dejar de existir (Salmo 146:4;Eclesiastés 9:5, 10; Ezequiel 18:4, 20). Adán —la primera alma— murió y regresó al polvo del que había sido creado, o sea, a la inexistencia (Génesis 2:17; 3:19).
3. Quienes mueren volverán a vivir, pero no porque tengan un alma inmortal que abandone el cuerpo, sino porque Dios promete resucitarlos. Además, no vivirán en el mundo de los espíritus, sino en la Tierra convertida en un paraíso (Daniel 12:13; Juan 11:24-26;Hechos 24:15).