Ya desde los primeros siglos los cristianos entendían que la salvación era producto de la gracia de Dios, pero al mismo tiempo sostenían que no anulaba la libertad humana, porque la gracia no era irresistible. Los Reformadores por supuesto intentaron buscar en la enseñanza de los primeros cristianos y padres de la Iglesia algún apoyo a sus planteamientos doctrinales, pero encontraron que su doctrina no solo era una novedad, sino que en aquellos puntos donde no lo era, había sido rechazada unánimemente por los primeros cristianos y padres de la Iglesia.
Al contrario...los reformadores descubrieron lo desviada que estaba de la verdad la institucion catolica, aunque eso no era nuevo, pues a travez de los siglos y antes de la reforma existieron quienes se dieron cuenta de lo alejada que estaba de la verdad la ICAR, como los valdenses y abilguenses, solo que ellos pagaron con su vida tal descubrimiento...
Juan Calvino en su más célebre obra Institución de la Religión Cristiana reconoce que los primeros padres sostenían una opinión distinta a la suya, pero lo achaca a que siguieron en exceso a los filósofos paganos. San Agustín, al que llegaron a citar numerosas veces, ya había identificado más de un milenio antes a aquellos que llegaban a sostener una opinión similar a la de Lutero como “personas poco inteligentes”
De esta manera Lutero lleva a convencerse a sí mismo de que toda la Iglesia con todos los santos juntos podía errar, mientras niega esa posibilidad en la práctica a sí mismo:
“Los Santos Padres, los doctores, los concilios, la misma Virgen María y San José y todos los santos juntos pueden equivocarse”
“Estoy cierto de que mis dogmas los he recibido del cielo. Mis dogmas permanecerán y el papa sucumbirá”
Pero una vez que los reformadores trasladaron la autoridad para interpretar de forma definitiva las Escrituras a cada individuo, el mismo principio que ellos usaron para rechazar la autoridad de la Iglesia podía ser usado contra ellos por sus propios seguidores.
Los cismas no se hicieron esperar: Luteranos versus Anabaptisas se oponían entre sí entre otras razones por el bautismo infantil. Zuinglio se oponía a Lutero porque reconocía la presencia Real de Cristo en la Eucaristía. los calvinistas fueron incapaces de ponerse de acuerdo con los arminianos respecto a no pocos puntos de la doctrina de la gracia y la predestinación. En una carta que Juan Calvino escribe a Philipp Melanchthon le confiesa:
“Es de gran importancia que las divisiones que subsisten entre nosotros no deben ser conocidas para las edades futuras, porque nada puede ser más ridículo que nosotros, que nos hemos visto obligados a separarnos del mundo entero, tuviéramos tan mal acuerdo entre nosotros desde el comienzo de la Reforma”
Pero no solo Calvino observaba los desastres causados por su propio principio, el resto de los reformadores también se quejaban de sufrirlas en carne propia. Lutero así escribe a Zuinglio:
“Si dura mucho el mundo, será de nuevo necesario, a causa de las varias interpretaciones de la Escritura que ahora circulan, para conservar la unidad de la fe, recibir los decretos de los concilios y refugiarnos en ellos”
Juan Calvino también se queja de lo mismo:
“Cuando tantos miles de hombres, después de haberse despojado de la autoridad papal, con entusiasmo se enrolaron ellos mismos en el evangelio, ¿cuán pocos, piénsalo, se han arrepentido de sus vicios?. No, ¿Qué ha mostrado la mayoría haber sido su deseo, después de haber sacudido el yugo de la superstición, que podrían lanzarse más libremente en todo tipo de lascivia?”