Aunque en la tierra ahora mismo hay personas con la esperanza de reinar junto a su hermano mayor, Cristo Jesús, ellos aun no son "hijos de Dios" en el sentido pleno de la palabra. Las Escrituras revelan que la plenitud como "hijos" será alcanzada cuando ellos sean "puestos en libertad" de sus cuerpos carnales, y en vida espiritual ocupen sus lugares definitivos junto a Jesús:
Efe.1:5 Pues nos predeterminó a la adopción mediante Jesucristo como hijos para sí mismo, según el beneplácito de su voluntad [...] 13 Pero ustedes también esperaron en él después que oyeron la palabra de la verdad, las buenas nuevas acerca de su salvación. Por medio de él también, después que ustedes creyeron, fueron sellados con el espíritu santo prometido, 14 que es una prenda por anticipado de nuestra herencia, con el propósito de poner en libertad por rescate la propia posesión [de Dios], para su gloriosa alabanza.
Rom.8:14 Porque todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, estos son los hijos de Dios. [...] 23 No solo eso, sino que también nosotros mismos los que tenemos las primicias, a saber, el espíritu, sí, nosotros mismos gemimos en nuestro interior, mientras aguardamos con intenso anhelo la adopción como hijos, el ser puestos en libertad de nuestros cuerpos por rescate.
Por consiguiente, después de vencer al mundo por su fidelidad hasta la muerte, por fin reciben la plena adopción como hijos y resucitan como hijos celestiales de Dios y “hermanos” del Principal Hijo de Dios, Cristo Jesús:
Heb.2:10 Porque le fue propio a aquel por cuya causa todas las cosas son y mediante el cual todas las cosas son, al llevar a la gloria a muchos hijos, perfeccionar mediante sufrimientos al Agente Principal de su salvación. 11 Porque tanto el que está santificando como los que están siendo santificados, todos [emanan] de uno solo, y por esta causa él no se avergüenza de llamarlos “hermanos”, 12 como dice: “Declararé tu nombre a mis hermanos; en medio de [la] congregación te alabaré con canción”. 13 Y otra vez: “Tendré mi confianza en él”. Y otra vez: “¡Miren! Yo y los hijitos, los cuales Jehová me dio”. 14 Por lo tanto, puesto que los “hijitos” son partícipes de sangre y carne, él también de igual manera participó de las mismas cosas, para que por su muerte redujera a nada al que tiene el medio para causar la muerte, es decir, al Diablo; 15 y emancipara a todos los que por temor de la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda su vida. 16 Porque verdaderamente no está prestando ayuda a ángeles de manera alguna, sino que está prestando ayuda a la descendencia de Abrahán. 17 Por consiguiente, le era preciso llegar a ser semejante a sus “hermanos” en todo respecto, para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en cosas que tienen que ver con Dios, a fin de ofrecer sacrificio propiciatorio por los pecados de la gente.
Rev.21:7 Cualquiera que venza heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.