Abenamar plantea una antropología clásica, de corte aristotélico.
Yo no digo que esté mal. Pero tal vez uso otros términos.
Propongo una antropología más sencilla, que extraigo de las Sagradas Escrituras, y que puede ser un buen punto de partida. Con "sencilla" no quiero que se entienda como antiformalista, antifilosófica, etc... sino como menos dependiente de la terminología escolástica y más dependiente de la terminología bíblica o general de los cristianos.
Para mi el hombre tiene una única naturaleza, no es la suma de un cuerpo y una alma/espíritu como si se tratase de dos naturalezas distintas. Por eso sostengo que ningún hombre puede ser considerado como tal si no es cuerpo y espíritu, excepto en el misterio del tiempo que existe entre la muerte y la resurrección, tiempo en el que incompletos o naturalmente "rotos" esperamos todos los hombres, salvos o condenados, la resurrección de nuestra carne.
Dios nos creó del barro y nos infundió espíritu inmortal, pero realmente ni ese barro que es nuestro cuerpo inanimado ni ese espíritu son más el uno que el otro, sino elementos constitutivos de la naturaleza humana o esencia humana. Cuando somos concebidos, lo somos en la carne según nuestros padres y en lo espiritual creación de Dios al momento de la concepción (no creo en la preexistencia de las almas). Cuando somos creados, lo somos completamente en un momento de la historia, para después de la resurrección ser eternos. Tenemos un principio y no un final, algo que no entendemos en nuestra condición actual atrapada en el tiempo.
JESÚS. Resucitó verdaderamente en cuerpo glorioso, en su cuerpo antes mortal y después inmortal. Creer que el cuerpo es una apariencia o una vestido... es herejía condenada por el apóstol Juan en las Sagardas Escrituras de forma muy explícita. Jesús es hombre en toda su plenitud, con cuerpo, ahora glorioso, y espíritu humano; además es Dios. Dos naturalezas y una sola persona.
No es como los ángeles. Los ángeles que son seres espirituales, cada uno único (pues no se reproducen y no tienen especie), fueron creados en un momento determinado y eternos (en esto como los hombres) y como seres espirituales no tienen un cuerpo material que pueda ser visto o tocado por el hombre, de modo que cuando se han manifestado, sí adoptaron una forma parecida a la humana o humana para poder ser vistos y escuchados.