Las 70 semanas

EMR

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19 Agosto 2008
770
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INTRODUCCIÓN

Tertuliano, uno de los teólogos cristianos más importantes de finales del siglo II y comienzos del III, fue, que se sepa, la primera persona en interpretar las setenta semanas de Daniel 9 según un punto de vista mesiánico, como si se aplicasen a Jesucristo (véase The Prophetic Faith of Our Fathers, tomo 1, pp. 260-261). Pese a que al final de sus días abrazó teorías quiliastas y montanistas, y, por ello, no es considerado precisamente como un santo por la Iglesia Católica, lo cierto es que este personaje aportó elementos significativos a la teología católica. Así, por ejemplo, insistió mucho en que, contra los herejes, debía prevalecer el criterio de la sucesión apostólica. Por otra parte, aunque reconocía que el sábado había sido bendecido por Dios, entendía que el reposo del séptimo día era exclusivamente judío y que había constituido un elemento de carácter temporal. Como puede verse, estas y otras opiniones de Tertuliano han tenido una enorme repercusión en la posterior teología de la Iglesia Católica.
La noción de Tertuliano de que las setenta semanas tengan algo que ver con Jesucristo tuvo amplísima aceptación en todos los ámbitos cristianos hasta fechas no muy lejanas, aunque, a partir del fiasco millerita, únicamente parece hallar acogida en círculos minoritarios. Curiosamente, teorías similares a las de Tertuliano se han usado desde hace mucho en ámbitos judíos ultraortodoxos no para promover el mesianismo de Jesucristo, sino para sustentar un peculiar calendario de la antigüedad basado en la noción de la fiabilidad matemática de las propias setenta semanas y unas ciertas premisas interpretativas que dan por inamovibles. Aunque también existen ciertas diferencias de opinión al respecto, según entienden tales círculos judíos, las setenta semanas llegan al año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén y del segundo templo por los romanos. Dado que postulan que las setenta semanas deben entenderse como hebdómadas (un concepto común en la antigüedad entre pueblos tan dispares como los romanos, los griegos, los babilonios y los propios hebreos, tal como atestiguan autores tan poco judíos como Censorino o Aristóteles), o periodos de siete años, esos judíos ultraortodoxos afirman que el comienzo de esas setenta hebdómadas habría sido lo que ellos denominan el año 419 A.E.C. (“antes de la era común”, por no llamarla “cristiana”). ¿Qué pasó, según ellos, en ese año 419 A.E.C.? Pues nada más y nada menos que la destrucción del primer templo por parte de los babilonios. Dado que, según la historia “secular” este hecho ocurrió el año 586 a.C., existe una discrepancia de 167 años entre esos cómputos judíos ultraortodoxos y la historia conocida, años que, sencillamente, se han “evaporado”. Se los suele denominar “años perdidos”, o, en inglés, missing years.
Como puede apreciarse, la obcecación y la utilización de razonamientos descabellados para tales cálculos no es una metodología precisamente reciente. La versión definitiva del millerismo, brote final del historicismo, utilizó fraudulentamente las supuestas fechas “inamovibles” 457 a.C., 408 a.C., 27 d.C., 31 d.C. y 34 d.C. como si fuesen, respectivamente, la promulgación de un decreto persa para reconstruir Jerusalén, la finalización de la construcción de “algo” en Jerusalén (nunca han sido muy explícitos los historicistas en cuanto a esta fecha), el bautismo de Jesucristo, su crucifixión y el apedreamiento de Esteban (al comienzo, los cálculos de Miller para las últimas tres fechas era ligarmente diferente, pues, en realidad, partía del año 33). Supuestamente, según los historicistas, las setenta semanas tienen algo que ver con alguna de tales cosas, o con todas ellas.
En cuanto a estas pretensiones de los pocos historicistas que quedan, puede señalarse, sucintamente, lo siguiente:
● No se conoce ningún decreto promulgado en el año 457 a.C. que autorice la reconstrucción de Jerusalén. Es más, tal decreto no podría haber existido, puesto que en el año indicado Jerusalén no precisaba de reconstrucción, por llevar ya más de medio siglo en pie (Hag. 1:1-4).
● No se conoce ningún acontecimiento digno de mención que ocurriese en Jerusalén en el año 408 a.C., de modo que hay una total indefinición en cuanto a cómo se podría haber cumplido nada en ese año.
● No hay ningún motivo para sospechar que Jesucristo se bautizase en el año 27 d.C. (pese a lo afirmado en el tomo 5 del CBA, una fecha tan temprana no casa bien con Luc. 3:1).
● No consta que ni el 14 ni el 15 de Nisán del año 31 d.C. haya sido viernes, de modo que no es muy viable encajar en esa fecha la semana de la Pasión descrita por los historicistas.
● No resulta obvio que el apedreamiento de Esteban ni la conversión de Saulo de Tarso hayan ocurrido en el año 34 d.C.
Por ello, la pretensión historicista de que lo anterior constituye una secuencia cronológica de precisión pasmosa es irrisoria. Con la misma “metodología” se podría trasladar la secuencia a cualquier otra época, al puro arbitrio del “intérprete”, quedando todo exactamente igual de “bien” confirmado “matemáticamente”.
Por otra parte, la propia noción de que los números de la Biblia sean susceptibles de uso en operaciones aritméticas simples (sumas) es sumamente dudoso. Aunque, ciertamente, los historiadores expertos en la cronología del antiguo Cercano Oriente (Thiele, Martínez Rancaño, etc.) pueden lograr explicar todos o la mayoría de los números relativos a la monarquía hebrea, dichos números no pueden sumarse de forma lineal, pues hay imbricaciones, correspondientes a corregencias y fenómenos similares. Por otra parte, tanto en esos números correspondientes a la época de la monarquía como en muchos otros (incluidos los referentes a la sepultura de Jesús), los hebreos contaban a menudo de forma inclusiva. Por ello, hasta los historicistas entienden que “tres días y tres noches” puede querer decir “poco más de un día”.
Esto, que es tan sencillo y tan obvio en el terreno histórico, se vuelve intocable e innegociable para los adventistas a la hora de trasladarlo al terreno profético. Ahí entienden que “2300 tardes y mañanas” significa, nada más y nada menos, “2300 años” (!), y que las setenta semanas (desglosadas en el texto hebreo de Daniel como 7+62+1) son lineales y consecutivas, en nada semejantes a los números habituales, por ejemplo, de la monarquía. Curiosamente, no manifiestan el mismo empeño en ciertas profecías perfectamente conocidas. Por ejemplo, Jeremías predijo que sus paisanos servirían al rey de Babilonia setenta años, al fin de los cuales volverían (25:11, 12; 29:10). La forma de calcular esos setenta años en círculos cristianos, incluidos los historicistas, suele usar dos puntos de partida y dos puntos de llegada, y parece que, en general, se consideran ambos igual de válidos. Por una parte, se parte de 605 a.C., fecha del primer ataque babilonio contra Jerusalén, y se llega a aproximadamente el año 538 o 537 a.C., cuando volvieron los primeros repatriados en tiempos de Zorobabel, según la orden de Ciro. Se trata de setenta años en números redondos, pero no exactos. El segundo cómputo parte de 586 a.C., fecha de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, y llega al año 516 a.C., cuando se inauguró el segundo templo en los días de Darío Histaspes. En este caso sí son setenta años de manera mucho más precisa.
Otro caso es el de Ezequiel 4:4-6. Ni siquiera el Comentario bíblico adventista aclara cómo deben computarse los 390 y 40 años de pecado de Israel y Judá. La realidad es que, aunque Ezequiel se tumbó sobre su costado izquierdo 390 días a modo de recordatorio de 390 años de maldad israelita, y, después, 40 días sobre su costado derecho a modo de recordatorio de 40 años de maldad judía, ni siquiera consta que esos años así representados hayan sido originalmente una secuencia continua. No puede demostrarse que los 40 años no estén total o parcialmente incluidos en los 390, y, si no lo estuvieran, tampoco puede demostrarse que los sigan sin solución de continuidad. De hecho, según la cronología de Thiele, el reino de Israel dejó de existir en 723/722 a.C., mientras que comenzó su existencia el año 930 a.C. Según eso, solamente duró 208 años. Según Martínez Rancaño, los límites de la existencia de ese reino son los años 953/952 y 720 a.C., lo que hace un total de 233 años, un cuarto de siglo más que Thiele. Si a tales cifras se añaden, además, 40 años de Salomón, 40 de David, llegaríamos a aproximadamente 300 años. Ni atribuyéndole 40 años a Saúl podemos llegar a 390. La única manera de sumar 390 años para “Israel” durante la monarquía exigiría sumar dos veces algunos años (una por el rey titular y otra por el corregente), traspasar años de Judá a Israel, o añadir años de la época de los jueces. Todo ello una metodología muy poco fiable.
Por otra parte, si los 390 años a los que alude Ezequiel 4 terminan realmente en 722 o en 720, ¿cuándo acaban y cuándo terminan los 40 años del mismo pasaje? Si empiezan en 722 o 720, acaban en 682 a.C., mucho antes de los días de Ezequiel. Por otra parte, si acaban en los días de Ezequiel (el capítulo cuatro corresponde a 592 a.C. según el CBA), entonces habrían empezado en 632 a.C., pero en esa fecha hacía nueve décadas que Israel había dejado de existir.
Vista la indefinición de los números de Ezequiel 4, resulta sumamente llamativo que algunas personas hagan tanto hincapié en la presunta exactitud de los de Daniel 9 siguiendo esquemas lineales que son desconocidos en otras partes de las Escrituras.
(CONTINUARÁ)
 
Re: Las 70 semanas

Te aconsejo que expongas por puntos cortos para que sea fácil en su lectura.
 
Re: Las 70 semanas

INTRODUCCIÓN

Tertuliano, uno de los teólogos cristianos más importantes de finales del siglo II y comienzos del III, fue, que se sepa, la primera persona en interpretar las setenta semanas de Daniel 9 según un punto de vista mesiánico, como si se aplicasen a Jesucristo (véase The Prophetic Faith of Our Fathers, tomo 1, pp. 260-261). Pese a que al final de sus días abrazó teorías quiliastas y montanistas, y, por ello, no es considerado precisamente como un santo por la Iglesia Católica, lo cierto es que este personaje aportó elementos significativos a la teología católica. Así, por ejemplo, insistió mucho en que, contra los herejes, debía prevalecer el criterio de la sucesión apostólica. Por otra parte, aunque reconocía que el sábado había sido bendecido por Dios, entendía que el reposo del séptimo día era exclusivamente judío y que había constituido un elemento de carácter temporal. Como puede verse, estas y otras opiniones de Tertuliano han tenido una enorme repercusión en la posterior teología de la Iglesia Católica.
La noción de Tertuliano de que las setenta semanas tengan algo que ver con Jesucristo tuvo amplísima aceptación en todos los ámbitos cristianos hasta fechas no muy lejanas, aunque, a partir del fiasco millerita, únicamente parece hallar acogida en círculos minoritarios. Curiosamente, teorías similares a las de Tertuliano se han usado desde hace mucho en ámbitos judíos ultraortodoxos no para promover el mesianismo de Jesucristo, sino para sustentar un peculiar calendario de la antigüedad basado en la noción de la fiabilidad matemática de las propias setenta semanas y unas ciertas premisas interpretativas que dan por inamovibles. Aunque también existen ciertas diferencias de opinión al respecto, según entienden tales círculos judíos, las setenta semanas llegan al año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén y del segundo templo por los romanos. Dado que postulan que las setenta semanas deben entenderse como hebdómadas (un concepto común en la antigüedad entre pueblos tan dispares como los romanos, los griegos, los babilonios y los propios hebreos, tal como atestiguan autores tan poco judíos como Censorino o Aristóteles), o periodos de siete años, esos judíos ultraortodoxos afirman que el comienzo de esas setenta hebdómadas habría sido lo que ellos denominan el año 419 A.E.C. (“antes de la era común”, por no llamarla “cristiana”). ¿Qué pasó, según ellos, en ese año 419 A.E.C.? Pues nada más y nada menos que la destrucción del primer templo por parte de los babilonios. Dado que, según la historia “secular” este hecho ocurrió el año 586 a.C., existe una discrepancia de 167 años entre esos cómputos judíos ultraortodoxos y la historia conocida, años que, sencillamente, se han “evaporado”. Se los suele denominar “años perdidos”, o, en inglés, missing years.
Como puede apreciarse, la obcecación y la utilización de razonamientos descabellados para tales cálculos no es una metodología precisamente reciente. La versión definitiva del millerismo, brote final del historicismo, utilizó fraudulentamente las supuestas fechas “inamovibles” 457 a.C., 408 a.C., 27 d.C., 31 d.C. y 34 d.C. como si fuesen, respectivamente, la promulgación de un decreto persa para reconstruir Jerusalén, la finalización de la construcción de “algo” en Jerusalén (nunca han sido muy explícitos los historicistas en cuanto a esta fecha), el bautismo de Jesucristo, su crucifixión y el apedreamiento de Esteban (al comienzo, los cálculos de Miller para las últimas tres fechas era ligarmente diferente, pues, en realidad, partía del año 33). Supuestamente, según los historicistas, las setenta semanas tienen algo que ver con alguna de tales cosas, o con todas ellas.
En cuanto a estas pretensiones de los pocos historicistas que quedan, puede señalarse, sucintamente, lo siguiente:
● No se conoce ningún decreto promulgado en el año 457 a.C. que autorice la reconstrucción de Jerusalén. Es más, tal decreto no podría haber existido, puesto que en el año indicado Jerusalén no precisaba de reconstrucción, por llevar ya más de medio siglo en pie (Hag. 1:1-4).
● No se conoce ningún acontecimiento digno de mención que ocurriese en Jerusalén en el año 408 a.C., de modo que hay una total indefinición en cuanto a cómo se podría haber cumplido nada en ese año.
● No hay ningún motivo para sospechar que Jesucristo se bautizase en el año 27 d.C. (pese a lo afirmado en el tomo 5 del CBA, una fecha tan temprana no casa bien con Luc. 3:1).
● No consta que ni el 14 ni el 15 de Nisán del año 31 d.C. haya sido viernes, de modo que no es muy viable encajar en esa fecha la semana de la Pasión descrita por los historicistas.
● No resulta obvio que el apedreamiento de Esteban ni la conversión de Saulo de Tarso hayan ocurrido en el año 34 d.C.
Por ello, la pretensión historicista de que lo anterior constituye una secuencia cronológica de precisión pasmosa es irrisoria. Con la misma “metodología” se podría trasladar la secuencia a cualquier otra época, al puro arbitrio del “intérprete”, quedando todo exactamente igual de “bien” confirmado “matemáticamente”.
Por otra parte, la propia noción de que los números de la Biblia sean susceptibles de uso en operaciones aritméticas simples (sumas) es sumamente dudoso. Aunque, ciertamente, los historiadores expertos en la cronología del antiguo Cercano Oriente (Thiele, Martínez Rancaño, etc.) pueden lograr explicar todos o la mayoría de los números relativos a la monarquía hebrea, dichos números no pueden sumarse de forma lineal, pues hay imbricaciones, correspondientes a corregencias y fenómenos similares. Por otra parte, tanto en esos números correspondientes a la época de la monarquía como en muchos otros (incluidos los referentes a la sepultura de Jesús), los hebreos contaban a menudo de forma inclusiva. Por ello, hasta los historicistas entienden que “tres días y tres noches” puede querer decir “poco más de un día”.
Esto, que es tan sencillo y tan obvio en el terreno histórico, se vuelve intocable e innegociable para los adventistas a la hora de trasladarlo al terreno profético. Ahí entienden que “2300 tardes y mañanas” significa, nada más y nada menos, “2300 años” (!), y que las setenta semanas (desglosadas en el texto hebreo de Daniel como 7+62+1) son lineales y consecutivas, en nada semejantes a los números habituales, por ejemplo, de la monarquía. Curiosamente, no manifiestan el mismo empeño en ciertas profecías perfectamente conocidas. Por ejemplo, Jeremías predijo que sus paisanos servirían al rey de Babilonia setenta años, al fin de los cuales volverían (25:11, 12; 29:10). La forma de calcular esos setenta años en círculos cristianos, incluidos los historicistas, suele usar dos puntos de partida y dos puntos de llegada, y parece que, en general, se consideran ambos igual de válidos. Por una parte, se parte de 605 a.C., fecha del primer ataque babilonio contra Jerusalén, y se llega a aproximadamente el año 538 o 537 a.C., cuando volvieron los primeros repatriados en tiempos de Zorobabel, según la orden de Ciro. Se trata de setenta años en números redondos, pero no exactos. El segundo cómputo parte de 586 a.C., fecha de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, y llega al año 516 a.C., cuando se inauguró el segundo templo en los días de Darío Histaspes. En este caso sí son setenta años de manera mucho más precisa.
Otro caso es el de Ezequiel 4:4-6. Ni siquiera el Comentario bíblico adventista aclara cómo deben computarse los 390 y 40 años de pecado de Israel y Judá. La realidad es que, aunque Ezequiel se tumbó sobre su costado izquierdo 390 días a modo de recordatorio de 390 años de maldad israelita, y, después, 40 días sobre su costado derecho a modo de recordatorio de 40 años de maldad judía, ni siquiera consta que esos años así representados hayan sido originalmente una secuencia continua. No puede demostrarse que los 40 años no estén total o parcialmente incluidos en los 390, y, si no lo estuvieran, tampoco puede demostrarse que los sigan sin solución de continuidad. De hecho, según la cronología de Thiele, el reino de Israel dejó de existir en 723/722 a.C., mientras que comenzó su existencia el año 930 a.C. Según eso, solamente duró 208 años. Según Martínez Rancaño, los límites de la existencia de ese reino son los años 953/952 y 720 a.C., lo que hace un total de 233 años, un cuarto de siglo más que Thiele. Si a tales cifras se añaden, además, 40 años de Salomón, 40 de David, llegaríamos a aproximadamente 300 años. Ni atribuyéndole 40 años a Saúl podemos llegar a 390. La única manera de sumar 390 años para “Israel” durante la monarquía exigiría sumar dos veces algunos años (una por el rey titular y otra por el corregente), traspasar años de Judá a Israel, o añadir años de la época de los jueces. Todo ello una metodología muy poco fiable.
Por otra parte, si los 390 años a los que alude Ezequiel 4 terminan realmente en 722 o en 720, ¿cuándo acaban y cuándo terminan los 40 años del mismo pasaje? Si empiezan en 722 o 720, acaban en 682 a.C., mucho antes de los días de Ezequiel. Por otra parte, si acaban en los días de Ezequiel (el capítulo cuatro corresponde a 592 a.C. según el CBA), entonces habrían empezado en 632 a.C., pero en esa fecha hacía nueve décadas que Israel había dejado de existir.
Vista la indefinición de los números de Ezequiel 4, resulta sumamente llamativo que algunas personas hagan tanto hincapié en la presunta exactitud de los de Daniel 9 siguiendo esquemas lineales que son desconocidos en otras partes de las Escrituras.
(CONTINUARÁ)

EMR, sería bueno que continuaras, pues el tema será uno bien interesante, te lo aseguro.
 
Re: Las 70 semanas

Ya estoy oliendo ese cuento de "paréntesis profético" y misteriosamente "detener" el reloj profético de las 70 semanas para validar esa mentira del rapto secreto.

... y huele muy mal.
 
Re: Las 70 semanas

EL MARCO DE LAS SETENTA SEMANAS
Los disparates interpretativos son siempre consecuencia inevitable de no prestar atención a lo que se escucha o a lo que se lee. No en vano los comentarios de texto, tan típicos de los análisis literarios en distintas lenguas, hacen tanto hincapié en el análisis integral de los textos completos, y en su lengua original, teniendo en cuenta, además, el marco sociocultural en el que se produjo el escrito que se analiza. Aunque, por supuesto, también es posible entender textos traducidos, basarse en una traducción no es lo mejor cuando se quieren hacer análisis de cierto rigor, y esto vale tanto para analizar El Quijote como la Biblia.

Vamos, entonces, a encuadrar el pasaje de las setenta semanas en su marco real sin dejar volar nuestra imaginación. El famoso pasaje de Daniel 9:24-27 representa la parte sustancial de una comunicación angélica que recibe el vidente Daniel como respuesta a una oración que eleva en el contexto de su expectativa de lo que entendía era la cercanía del cumplimiento de la profecía de los setenta años de Jeremías (9:2). En su preciosa oración (9:4-19), el vidente se identifica con sus paisanos y sus antepasados. Sucintamente, reconoce que la situación calamitosa en la que se encuentran en el exilio en Mesopotamia, y que la ruina en la que se han convertido la tierra de Israel y Jerusalén, son consecuencia del pecado e iniquidad del pueblo, que, a lo largo de muchísimos años anteriores al desastre nacional, desobedeció el pacto divino y desoyó vez tras vez las advertencias recibidas por medio de los profetas. Consciente de que la conducta de los judíos no merecía ningún favor divino, el vidente confía solamente en la misericordia divina para que pueda, efectivamente, producirse la restauración nacional, y la de Jerusalén y del santuario. Ese, y no otro, es el marco de la respuesta angélica, de modo que seguramente será conveniente entender que la respuesta angélica tenga algo que ver con lo que se ha solicitado explícitamente y no con cosas que nada tengan que ver con los planteamientos del vidente.

El ángel, en efecto, pasa a abordar de inmediato las cuestiones por las que el vidente había manifestado su preocupación, y señala la determinación divina relativa a la nación hebrea y a la ciudad de Jerusalén (vers. 24), pero aprende de inmediato que el fin de los setenta años de Jeremías no supone el fin de las desdichas para su pueblo, pues, siguiendo la amenaza levítica de un castigo septuplicado (Lev. 26:28), al vidente se le habla de setenta hebdómadas que habían de acabar en tiempos remotos para él. Aparte del castigo septuplicado, la cultura hebrea conocía el concepto de hebdómada asociado al ciclo agrícola del año sabático y, de hecho, el propio Levítico preveía la desolación del país si no se respetaban los años sabáticos: “Al abandonar ellos la tierra, ésta disfrutará de sus sábados mientras permanezca deshabitada. Pero tendrán que reconocer sus pecados, por cuanto rechazaron mis preceptos y aborrecieron mis estatutos” (Lev. 26:43, NVI). Es curioso, pero 70 años sabáticos descuidados implican un lapso de desatención de las leyes divinas de 490 años, y esos años estaban en el pasado con respecto a Jeremías.

Sin embargo, ahora Gabriel informa a Daniel que aún habrá que aguardar a que concluyan, mucho más allá del fin de los setenta años de Jeremías, otras muchas hebdómadas para poner fin al estado pecaminoso de su pueblo y para que en su medio vuelva a haber visiones y profetas (el original no pone “sellar la visión y la profecía”, sino “la visión y el profeta” y consagrar el lugar santísimo del templo (o “santo de los santos”).

¿Qué había de ocurrir, entonces, a lo largo de esas setenta hebdómadas? Utilizaremos una traducción absolutamente literal del texto masorético (dado que puedo leer hebreo sin grandes dificultades, es de mi autoría), teniendo en cuenta no solo su puntuación vocálica, sino también los signos de entonación y de respiración. No se insertarán artículos ni otras palabras que no figuren en el original. Daniel 9:25-27 pone, al pie de la letra, lo siguiente:
“Y sabe y entiende
“desde salida de palabra para restaurar y reconstruir Jerusalén hasta ungido príncipe semanas siete;
“y semanas sesenta y dos otra vez será edificada plaza y foso y en aflicción de los tiempos.
“Y después de las semanas sesenta y dos será cortado ungido y no para él;
“y la ciudad y el santuario destruirá pueblo de príncipe que viene y su fin en inundación y hasta fin guerra están determinadas desolaciones.
“Y confirmará pacto para muchos semana una;
“y media la semana hará cesar sacrificio y ofrenda
“y sobre ala abominaciones desolador y hasta fin y decretado se derramará sobre desolador”.

No hace falta tener la sagacidad del teniente Colombo para señalar lo que es obvio en este pasaje:
  1. Hay un “ungido príncipe” que hace su aparición siete semanas (NO “siete y sesenta y dos”) después de la “salida de palabra para restaurar y reconstruir Jerusalén”.
  2. “Plaza y foso” son edificados, en tiempos de aflicción, durante “semanas sesenta y dos”.
  3. Hay un “ungido” que es “cortado” (yikaret, transcripción aproximada) “después de las semanas sesenta y dos”. Obsérvese que el texto NO dice “después de sesenta y dos semanas y media”. El corte de ese “ungido” ocurre tras esas sesenta y dos hebdómadas.
  4. El texto incluye la futura destrucción de “la ciudad y el santuario” y una guerra provocada por un pueblo de un príncipe venidero DENTRO de las setenta hebdómadas, no tiempo después de la terminación de las mismas, ni en el instante final de las mismas.
  5. La aplicación de la regla del antecedente más cercano, que los historicistas utilizan cuando les interesa, implica forzosamente (dado que no se presenta indicación alguna de que haya ningún tipo de alternancia) que el sujeto de las oraciones “la ciudad y el santuario destruirá”, “confirmará pacto”, “hará cesar sacrificio y ofrenda” y el protagonismo de las “abominaciones” correspondan todos al príncipe enemigo “que viene” y a su “pueblo”. Ello se ve confirmado porque, hablando del malvado rey del norte, Dan. 11:31 afirma que “e levantarán sus tropas, que profanarán el santuario y la fortaleza, quitarán el sacrificio continuo y pondrán la abominación desoladora”. Es decir, la supresión del sacrificio no es algo que haga ningún “ungido”, sino una acción violenta realizada por orden de ese malvado príncipe extranjero e impuesta por su soldadesca.
    [*]Por el mismo motivo, quien confirma un “pacto para muchos” es también el príncipe enemigo, no ningún ungido. También Daniel 11 (por ejemplo, en los versículos 23 y 30) habla de los pactos hechos por el malvado rey del norte y de su entendimiento con los que abandonasen el pacto divino.
    [*]El cese de “sacrificio y ofrenda” no se produce a la mitad de ninguna hebdómada, sino durante “media” hebdómada. No es lo mismo en absoluto. La mitad de una hebdómada es el punto central del cuarto año de la misma. Media hebdómada, en cambio, son tres años y medio, que pueden estar, en teoría, al comienzo, al final o en mitad de la hebdómada. Para que dijese “a la mitad de la semana” haría falta una preposición (be, transcripción aproximada) que no está en el texto original.
    [*]El príncipe enemigo que causa tanta miseria encuentra su fin DENTRO de las setenta hebdómadas (o al final de las mismas), NO tiempo después de que acaben.


Puesto que las anteriores consideraciones se basan en lo que manifiestamente dice el texto, veamos cuán bien cuadran con ellas las especulaciones historicistas (esas que, según los interesados, “cuadran” matemática y perfectamente) en el sentido de que ambos “ungidos” son uno solo y que este no es otro que Jesucristo.

Veamos:
  1. ¿Apareció Jesucristo siete hebdómadas (49 años) después del supuesto comienzo de las setenta semanas en el otoño de 457 a.C.? No.
  2. ¿Se construyeron la plaza y el foso de Jerusalén a lo largo de sesenta y dos hebdómadas? Nadie lo aclara, pero podría ser.
  3. ¿Fue Jesucristo cortado tras las sesenta y dos hebdómadas, supuestamente en el otoño del año 27 d.C.? No.
  4. Fueron destruidos la ciudad y el santuario dentro de las setenta hebdómadas por el pueblo (los romanos) que “cortó” a Jesucristo? No.
  5. ¿Fue Jesucristo el malvado rey que hizo un pacto con los judíos apóstatas? No.
  6. ¿Fue Jesucristo el malvado rey que logró la supresión del sacrificio y la ofrenda durante media hebdómada? No.
  7. ¿Puso Jesucristo alguna abominación en algún lugar? No.
  8. ¿Puso el Imperio romano alguna abominación en el templo en el transcurso de las setenta hebdómadas (acabadas, según los historicistas, el año 34 d.C.)? No, que se sepa.
  9. ¿Encontraron su fin Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Poncio Pilato, el Imperio romano, o la propia Roma en el transcurso o al final de las setenta hebdómadas (acabadas, según los historicistas, el año 34 d.C.)? No.

Entonces, ¿cómo se puede evaluar la interpretación adventista de las setenta semanas a la luz del texto de Daniel y a la luz de la historia. Puesto que la respuesta a siete de las nueve preguntas de la sencilla encuesta ha sido rotundamente negativa, dicha interpretación no pasa de ser un embrollo sin pies ni cabeza. Aunque la respuesta a las preguntas 2 y 8 podría ser afirmativa, ello no constituye ningún espaldarazo a la fraudulenta explicación historicista.

(CONTINUARÁ).
 
Re: Las 70 semanas

Ya estoy oliendo ese cuento de "paréntesis profético" y misteriosamente "detener" el reloj profético de las 70 semanas para validar esa mentira del rapto secreto.

... y huele muy mal.

No soy futurista, ni despensacionalista, ni nada que se parezca a tales nociones. Por eso, que puedas tan siquiera imaginar que se esté cociendo algo de eso no dice gran cosa sobre tu capacidad de lectura.
 
Re: Las 70 semanas

Ya terminó su explicación sobre las 70 semanas ...?
 
Re: Las 70 semanas

Estimado EMR. Saludos cordiales.

Tú dices:

EL MARCO DE LAS SETENTA SEMANAS
...Veamos:
  1. ¿Apareció Jesucristo siete hebdómadas (49 años) después del supuesto comienzo de las setenta semanas en el otoño de 457 a.C.? No.
  2. ¿Se construyeron la plaza y el foso de Jerusalén a lo largo de sesenta y dos hebdómadas? Nadie lo aclara, pero podría ser.
  3. ¿Fue Jesucristo cortado tras las sesenta y dos hebdómadas, supuestamente en el otoño del año 27 d.C.? No.
  4. Fueron destruidos la ciudad y el santuario dentro de las setenta hebdómadas por el pueblo (los romanos) que “cortó” a Jesucristo? No.
  5. ¿Fue Jesucristo el malvado rey que hizo un pacto con los judíos apóstatas? No.
  6. ¿Fue Jesucristo el malvado rey que logró la supresión del sacrificio y la ofrenda durante media hebdómada? No.
  7. ¿Puso Jesucristo alguna abominación en algún lugar? No.
  8. ¿Puso el Imperio romano alguna abominación en el templo en el transcurso de las setenta hebdómadas (acabadas, según los historicistas, el año 34 d.C.)? No, que se sepa.
  9. ¿Encontraron su fin Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Poncio Pilato, el Imperio romano, o la propia Roma en el transcurso o al final de las setenta hebdómadas (acabadas, según los historicistas, el año 34 d.C.)? No.

(CONTINUARÁ).

Respondo: Lo tuyo es sólo una de las claras manipulaciones del texto.

Nada de lo que propones es parte de la profecía de las setenta semanas.

Veamos: LAS SETENTA (70) SEMANAS DE DANIEL 9
Después de haber recibido la visión que se encuentra registrada en el capitulo 8, Daniel dirigió su interés a los escritos del profeta Jeremías <<quien había predicho solo 70 años de cautividad para el pueblo de Dios (Jeremías 29:10)>>, a fin de comprender mejor el propósito que Dios perseguía con ese cautiverio. A causa de las transgresiones de los judíos, Dios había permitido que fuesen llevados en cautividad, y ahora le parecía a Daniel que las continuas faltas de su pueblo determinarían una extensión de los 70 años. De modo que se dirigió a Dios en oración, pidiendo perdón en favor de su pueblo. Ferviente y elocuentemente le rogó a Dios que restaurase a su pueblo y la ciudad de Jerusalén, y que no retardase su promesa de liberación (véase Daniel 9: 1-19). Y lo que ocurrió lo leemos en el resto del capitulo:
cita:
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20" Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;

21 Aun estaba hablando en oración, y aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como á la hora del sacrificio de la tarde.

22 É hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración.

23 Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.

24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse á edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos.

27 Y en otra semana confirmará el pacto á muchos, y á la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado."
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Se Anuncia de Antemano la Fecha de la Crucifixión

Cuando nuestro Señor Jesucristo se dirigió a las aldeas de Galilea, electrizó a las gentes con su dramático mensaje: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca" (S. Mateo 1:15).
Queremos saber: ¿Qué quiso decir Jesús con las palabras: "El tiempo se ha cumplido"? ¿Qué quiso decir San Pablo cuando escribió: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer"(Gálatas 4:4)? ¿Y a qué se refería San Pablo cuando, al hablar de la vida nueva y eterna que Dios nos ha prometido, dijo: "Prometida desde la eternidad…y que el tiempo oportuno ha manifestado su Palabra..."(Tito 1: 2,3)?

Jesús y San Pablo eran consientes de que Dios había señalado el momento y sabían que este ya había llegado. El ángel Gabriel había anunciado ese tiempo señalado en la predicción asombrosamente exacta que le dio a Daniel al concluir el capitulo 9.
Con más de 500 años de anticipación la osada profecía había predicho el año exacto cuando Jesús sería bautizado, y también cuándo sería crucificado. Más aun, explica para qué iba a venir Cristo. Vendría para cumplir la alianza concertada con su pueblo. Vendría a morir para poner fin al pecado e introducir la justicia eterna.
Pero no nos adelantemos. Avancemos cuidadosamente, paso a paso.
Nexo Entre Daniel 8 y 9
Cuando los Medo-Persas conquistaron a Babilonia, Daniel retuvo un alto cargo en el nuevo gobierno. Habían pasado años (en realidad unos 13 años más o menos [551-538 a.c.]) desde que él tuviera la visión registrada en el capitulo 8, la cual predecía en largo período durante el cual el pueblo de Dios y su santuario serían hollados. Si recordamos, el capitulo 8 termina de la siguiente manera: "La visión de las tardes y mañanas (días) que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días. Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; Pero estaba espantado a causa de la visión y no la entendía" (Daniel 8: 26,27).
Cuando Gabriel apareció, Daniel reconoció que era la misma persona "a quien había visto en la visión al principio", refiriéndose a la visión del capitulo 8. La frase introductiva de Gabriel fue: "Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento". Después de congratular a Daniel diciéndole que era "muy amado" añadió: "Entiende pues la orden, y entiende la visión".
A Gabriel se la había dado este cometido: "Gabriel, enseña a este la visión" (Daniel 8: 16). Este le había explicado todo, menos el versículo 14, con su referencia a la purificación del santuario y los 2,300 días (al menos Daniel no había comprendido parte de la visión, como termina diciendo en el capitulo 8). Estoy seguro que a Daniel lo que lo tenía perplejo eran los 2,300 días. ¿Serían días literales (como me imagino que él quisiesen que fuesen), o eran simbólicos como los otros asuntos mencionados en Daniel 8: 13-14 y como los de Ezequiel 4: 6? Y si eran 2,300 años, ¿quería decir Dios que los servicios del continuo (tamid) en Jerusalén no se restablecerían hasta que hubiesen pasado 2,300 años? Y si esto era así, ¿qué pasaba con la profecía de Jeremías acerca de los 70 años? ¿Sería que Dios había extendido, por los pecados, el castigo, la opresión, y el cautiverio a su pueblo? Sin duda, basados en la oración del capitulo 9: 1-19, que esto era lo que le daba vueltas en la cabeza a Daniel. Realmente le preocupaba el cálculo del tiempo.
Gabriel comenzó su explicación con una declaración relativa al tiempo: "Setenta semanas están determinadas[fijadas, separadas, descontadas, cortadas] sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos" (vers. 24).
Por supuesto, son 70 semanas de años. ¿Pero cuál es la evidencia bíblica para decir que en la profecía simbólica un día representa un año? Primeramente tenemos a Números 14: 34: "Conforme al numero de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevareis vuestras iniquidades cuarenta años, UN AÑO POR CADA DIA". Ezequiel 4: 4-6 dice: "El numero de los días que duermas sobre él, llevaras sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el numero de los días;…DIA POR AÑO TE LO HE DADO".
Los judíos y los cristianos lo han aplicado así durante siglos. Clemente de Alejandría (siglos II y III d.c.), un padre de la iglesia, aplicó el principio de día por año a las 70 semanas de Daniel 9, tal como lo han hecho la mayoría de los eruditos durante las edades, judíos y gentiles. Uno de los más grandes eruditos hebreos, Rashi (1040-1105 d.C.), tradujo Daniel 8: 14 como: "Y él me dijo, hasta dos mil y trescientos años". Hay muchos otros versículos bíblicos que podemos usar para probar esto. Pero vemos que es suficientemente lógico comprobarlo con el mismo Daniel 9. Cuando se declara que "desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías" habría 69 semanas (7+62). Incluso si alguien argumenta a favor de una fecha con una diferencia de 50 años en relación con el 457 a.C. para el mandato de reconstruir a Jerusalén, todavía quedan 400 años entre esa fecha y la venida de Jesús, "el Mesías Príncipe". Si las 69 semanas son literales, entonces desde la orden para restaurar a Jerusalén(siglo V a.C.) hasta el Mesías(Siglo I d.C.) habrían sido 69 semanas, o sea, un año, cuatro meses, y una semana. ¡Esto es ridículo! ¿No? El principio día por año debe aplicarse aquí; si no se hace, la profecía no tiene sentido.
Quizá la mayor prueba de la validez del principio día por año y su aplicación en Daniel 9 es que funciona. ¿Será una coincidencia el que si se le aplica el principio a las 69 semanas, se obtiene un periodo de tiempo que se ajusta a los eventos mencionados en el versículo? Si usted no usa el principio, la profecía no tiene sentido; si lo usa, la profecía funciona perfectamente. Ese punto por si solo, irrefutablemente comprueba la validez del principio día por año.
Estos 490 días/años habían sido "fijadas", según la Biblia de Jerusalén; "determinadas", según la versión Reina Valera. La palabra hebrea correspondiente es "jathak" o "chatak". Es una de esas palabras que aparecen solo una vez en las Escrituras, pero aparece en muchas ocasiones en la Mishnah, un comentario biblico judío compilado en los primeros siglos de nuestra era. Aunque no es idéntico al Hebreo bíblico, el hebreo de la Mishnah es similar, y de las 12 veces que utiliza el verbo "chatak", diez veces se refiere a cortar partes de los animales de acuerdo con las leyes de nutrición. De las 19 veces que se utiliza en forma de sustantivo, solo una vez se usa para dar la idea de un decreto. Las otras 18 veces significa "aquello que es cortado". La Concordancia de Strong declaran que su raíz es "cortar". La Traducción de Whiting (en ingles) la traduce como "cortada". Gesenius, el lexicógrafo de hebreo, la define como "cortar". El diccionario Caldeo-Rabínico de Stocius, la define como "cortar, cortar en pedazos, cortar o grabar, cortar para arrancar, amputar". La versión más antigua de la Vulgata y la Septuaginta define el verbo como "cortar". La versión griega de Daniel por Teodocio, la presenta como "cortada". Bueno, creo que es suficiente: la traducción más correcta y exacta es "cortadas" en vez de "determinadas".
El tiempo profético de las 70 semanas ha sido cortado, o sea, ha sido separado de algo, y el único algo posible debe ser la profecía más abarcante, la profecía de los 2,300 días/años de la visión previa. Gabriel comenzó su explicación anunciando que 490 años serían "cortados" o "amputados" del periodo más largo. Así de sencillo es el asunto.

"Setenta semanas" o 490 días/años, serían dados a los judíos a fin de cumplir el propósito de Dios para el hombre y "traer justicia", pero, por otro lado, los judíos llenarían la copa de su rebeldía, y al cabo de ese lapso habría terminado para ellos, como pueblo, su periodo de oportunidad [/B

Las Setenta Semanas Fraccionadas

En primer lugar tenemos que tomar nota en los versículos 25 al 27 Gabriel divide las 70 semanas en tres segmentos desiguales de: 7 semanas (49 años), 62 semanas (434 años), y una semanas (7 años). Más aun, subdivide la ultima semana(7 años) en dos mitades de 3 años y medio cada una.

El Comienzo de las Setenta Semanas
"Sabe, pues, y entienda, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos" (Daniel 9: 25).
O sea, si encontramos el tiempo exacto cuando se decretó esta orden, también encontraremos el tiempo exacto en que comenzaron las 70 semanas. Sí, en efecto tenemos que examinar 3 decretos, preservados para nosotros por Esdras, el escriba.

1) El primero de estos decretos, promulgado en el año 538 a.C. (o posiblemente en el 537) por Ciro El Grande, autorizaba la reubicación de los cautivos judíos en su tierra, y los facultaba para construir "una casa en Jerusalén" en honor a su Dios (Esdras 1: 2-4). En relación con este decreto Ciro devolvió los utensilios sagrados que Nabuconodosor había llevado a Babilonia y que Beltsasar había usado en forma blasfema y profana para beber en ellos la noche en que Ciro lo derrotó, a penas un año o dos antes de este decreto. Unos cincuenta mil judíos regresaron a Palestina en curso de un año. Tuvieron que enfrentar una firme oposición de los habitantes no judíos de la región. La información que nos proporciona el libro de Esdras y Nehemías parecen noticias actuales del Medio Oriente. Frente a esta oposición, la reconstrucción del templo se prolongó (véase Esdras Capítulos 2 - 5).
2) El segundo de estos decretos fue promulgado en torno al año 519 a.C. por Darío I Histaspes (no confundir con Darío El Medo). Poco después que Darío comenzara a reinar, recibió una carta en la que se le solicitaba que confirmara el decreto original promulgado por Ciro. Darío ordenó que se hiciera una prolija búsqueda en los archivos de Babilonia y Ectabana, y cuando le llegó un memorando oficial mediante el cual se le comunicaba que el decreto por fin había sido encontrado (Esdras 6: 1-5), y con profunda satisfacción emitió la confirmación solicitada (Esdras 6: 6-12).
3) El tercer decreto fue promulgado por Artajerjes I Langimano. Desde el punto de vista de la importancia, este tercer decreto (Esdras 7: 11-26) era superior a los primeros dos, porque encargaba a Esdras el nombramiento de magistrados y jueces con plena autoridad política y religiosa para tratar casos bajo las leyes judaicas y persas, y para imponer castigos, aun la pena capital. Decía Artajerjes: "Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría que tienes de tu Dios, pon jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo que está al otro lado del río [Transeufratina, al otro lado del Eufrates], a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no las conoce, le enseñarás. Y cualquiera que no cumpliere la ley de tu Dios, y la ley del rey, sea juzgado prontamente, sea a muerte, a destierro, a pena de multa, o prisión" (Esdras 7: 25, 26).
Este tercer decreto, el séptimo año de Artajerjes, es el que le dio renacimiento legal a Jerusalén. Fue el tercer decreto que autorizaba el nombramiento de magistrados y jueces, y en particular, restablecía la ley judía como base del gobierno local, el que hizo posible la restauración de Jerusalén como capital. Por lo tanto, fue ese tercer decreto el que Gabriel tenía en mente cuando se refirió a "la orden de volver a construir a Jerusalén".
Ahora bien, ¿Se puede encontrar la fecha de ese decreto? Sin duda alguna. Esdras puso en ejecución algún tiempo después de su llegada a Palestina en el quinto mes del séptimo año del reinado de Artajerjes. Puesto que los años judíos se computaban de primavera a primavera, el quinto mes de la antigua Jerusalén caía en algún momento entre mediados de julio y mediados de septiembre de nuestro calendario (dependiendo de la ubicación del Año Nuevo en un año dado). El quinto mes del séptimo año cayó a fines del verano o comienzo del otoño [del hemisferio norte, primavera del hemisferio sur, o en otras palabras el tercer trimestre del año] del año 457 a.C., y el decreto se puso en vigor poco después.
Así que ya tenemos la fecha del comienzo de las 70 semanas: El otoño del año 457 a.C.
Teniendo ya firme esta ancla, es sencillo calcular cada una de las otras fechas (si pudieramos hacer un diagrama, lo visualizaríamos mucho mejor).
"Habrá siete semanas" (49 años) a partir del 457 a.C., nos lleva al 408 a.C.. Algunos interpretes dan especial importancia al periodo de "siete semanas", o 49 años, pues afirman que representa el tiempo durante el cual se completaría la construcción de la plaza y del muro. Puede ser que sea así; sin embago, la información historica de este periodo es muy escasa. Se sabe poco de las condiciones existentes en Jerusalén desde el tiempo de Artajerjes hasta el de Alejandro. Lo que puede saberse en base a la Biblia y los documentos históricos es fragmentario.
El Mesías Príncipe
"Y sesenta y dos semanas" (434 años) desde el 408 a.C. (o al 457 a.C. contar 483 años [7 semanas + 62 semanas x 7]) "hasta el Mesías Príncipe". Esto nos lleva al año 27 de Cristo (recordemos que el la escala del año calendario no existe el año 0). Este es justamente el tiempo cuando Cristo, ]"siendo como de treinta años"(S. Lucas 3: 23), fue bautizado. Jesús es Dios, e Hijo de Dios; por lo tanto, es un Príncipe prominente. El Príncipe Jesús técnicamente llegó a ser el Mesías en ocasión de su bautismo. La palabra hebrea "Mesías" significa "Ungido". Jesús que era a la vez Rey, Sacerdote, y Profeta, fue ungido por Dios en ocasión de su bautismo en el río Jordán, cuando el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma (S. Lucas 3: 21, 22; Hechos 10: 37, 38). Uno de los discípulos de Juan el Bautista pronto buscó a su hermano Pedro y le dijo con convicción: "Hemos encontrado al Mesías" (S. Juan 1: 41, 42). Poco después, mientras predicaba en la sinagoga de Nazaret, Jesús se aplicó a si mismo la profecía mesiánica de Isaías 61: 1, 2 : "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor." (S. Lucas 4: 18, 19).

Jesús, El Que Puso Fin a los Sacrificios

Gabriel sigue diciendo: "Y después de las sesenta y dos semanas [después del año 27d.C.] se quitará la vida al Mesías, mas no por sí"(Daniel 9:26). El "confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda"(vers. 27).
Históricamente, los judíos (bajo el sistema Romano) "quitaron la vida" al "Mesías". A él le fue quitada la vida después de la "semana sesenta y nueve", que terminaron en el año 27 de nuestra era. De hecho, como dice el versículo 27, la muerte del Mesías ocurrió " a la mitad de la semana" [la setenta]. La mitad de la semana ocurrió en la primavera (hemisferio norte, o más o menos para finales del primer trimestre del año o comienzo del segundo) del año 31 d.C, exactamente tres años y medio después que Jesús comenzó su ministerio publico.
También "a la mitad de la semana" Cristo hizo "cesar el sacrificio y la ofrenda", tal como dijo el ángel a Daniel. Cuando Cristo fue crucificado en la primavera del 31d.C. "el velo del templo (en Jerusalén) se rasgó en dos, de arriba a abajo" (S. Mateo 27:51).
A través de este velo, el hombre no tenía acceso al departamento más sagrado del templo, "el Lugar Santísimo". Solamente al Sumo Sacerdote le estaba permitido ver más allá del velo, y esto solamente una vez al año, en el día de la Expiación (véase Levítico 16: 2, 34).
Algo sobrenatural desgarró este velo por la mitad "desde arriba", no desde abajo, como cualquier ser humano habría hecho. Con esto, el más sagrado de todos los lugares judíos había sido profanado, expuesto a la vista de todo el mundo. Era señal del cielo de que Dios consideraba el sistema de sacrificios como algo terminado para siempre. El Cordero de Dios había muerto, y este sacrificio eterno tomó el lugar de los sacrificios terrenales (véase 1 S. Pedro 1:19; Hebreos 9: 8-15; 10: 9, 10; 17-20).
El sacrificio de animales en el templo y la ofrenda (relacionada al sistema de sacrificios y ceremonias) ya no tenía importancia después de la muerte de Cristo, el Mesías. Dios tenía un nuevo y mejor método de ilustrar la salvación: a través de la ofrenda perfecta del cuerpo de Cristo "hecha una vez para siempre" (véase Hebreos 10: 10, 19-20).
¿Dónde Termina la Ultima Semana?
Con todo, aún "setenta semanas (490 años) están determinadas (o cortadas) sobre tu pueblo (los judíos) y sobre tu santa ciudad (Jerusalén)". Ahora tenemos que ver dónde termina la última semana en la historia.
De acuerdo con las Sagradas Escrituras, esta semana final (siete años) empezó en el otoño del año 27 d.C.. Este periodo de 7 años habría de terminar en el otoño del año 34 d.C. Exactamente en "la mitad de la semana" fue crucificado el Mesías y el velo del templo se rasgó. Esto es, en la primavera del año 31d.C. ¿Podríamos encontrar algún hecho histórico significativo, ocurrido en el otoño del año 34d.C., que marque el fin de este periodo de las 70 semanas?
Un estudio de Hechos 6 al 8 nos presenta la muerte de Esteban a manos del Sanedrín. Su muerte hizo que los esfuerzos misioneros de los cristianos primitivos dejaran de llevarse a cabo sólo en favor de los judíos y se hicieran ahora mayormente en favor de los gentiles. De hecho, como resultado de la muerte de Esteban (Hechos 7: 57-60) surgió una gran persecución "contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria" (Hechos 8: 1. Véase también Hechos 11: 19).
La persecución hizo que los primeros cristianos dejaran de trabajar exclusivamente en favor de los judíos en Jerusalén. Pero, además, les obligó a trabajar por los gentiles en Judea, Samaria, y más allá. "Esteban marca por lo tanto la transición del cristianismo judío al cristianismo gentil… La persecución que siguió a su martirio produjo también la dispersión de los discípulos, y esto logró que el Evangelio fuera llevado a los samaritanos y más tarde a los gentiles"(Westmister Dictionary of the Bible, pag. 906).
¡Cuan significativo es que la muerte de Esteban ocurriera durante el año 34 d.C. (véase Uger's Bible Dictionary, edición de 1966, pag. 1046) tal como Dios lo había predicho! La muerte de Esteban marca el fin del reinado de Israel como pueblo especial de Dios (véase Romanos 11: 7, 11, 19, 32), y marca también el fin de las 70 semanas mencionadas en la profecía de Daniel.
Obsérvense todos los detalles proféticos que se cumplieron durante la "semana" que siguió a la aparición del "Mesías Príncipe", al final de las sesenta y nueve semanas. Nótese cómo esto completó las "setenta semanas" que estaban "determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad" (Daniel 9: 24).
1. "Para terminar la prevaricación". Durante siglos Dios soportó a los rebeldes israelitas. Ahora, con la crucifixión su Hijo y la persecución inmicericorde contra la iglesia cristiana desde el apedreamiento de Esteban, ellos habían colmado la copa de iniquidad. Les dio la espalda como pueblo escogido, aunque, por supuesto, no como individuos.
2. "Y poner fin al pecado". La palabra hebrea que se emplea aquí para pecado es "chatta'th". En varios manuscritos se encuentra traducida 135 veces como "ofrenda por el pecado". " Y poner fin [a la ofrenda por el pecado]" probablemente se refiere al fin, a la vista de Dios, del sistema ceremonial de sacrificios y de ofrendas por el pecado. Esto termino cuando el Mesías, el verdadero Cordero de Dios, murió en la cruz y la cortina del templo fue rasgada por manos invisibles.
3. "Y expiar la iniquidad". Evidentemente esto se refiere al acto de reconciliación que realizó Cristo en la cruz.
4. "Para traer la justicia perdurable". La muerte de Cristo no solamente borra los pecados de los que aceptan su sacrificio, sino que además, provee justicia para ellos (Filipenses 3: 9).
5. "Y sellar la visión y la profecía". "Y sellar" significa confirmar o ratificar la validez del periodo de tiempo. Este periodo comenzó en el año 457 a.C. (fechas de la publicación del decreto), y continuó hasta el año 27 d.C.(en que el Mesías comenzó su ministerio), hasta el año d.C. (fecha en que murió el Mesías) y se completó en el año 34 d.C. (en ocasión de la muerte de Esteban la cual marcó el final de la nación judía como pueblo escogido de Dios). Estas fechas cumplen tan exactamente la profecía, que podemos ver estampado el sello de Dios y la marca de su aprobación en ellas. La profecía de las 70 semanas es autentica, y la interpretación, correcta. Digna de confianza, como todo lo que hace Dios.
Pruebas Adicionales
Cerca del fin de la profecía de las 70 semanas Dios(por medio de su ángel) habló a Daniel acerca de un importante acontecimiento que habría de ocurrir poco después del fin del periodo de la profecía. Este evento habría de convencer a los judíos de que Dios los había rechazado como su pueblo especial. Dijo: "Y el pueblo [ejercito] de un príncipe que ha de venir[un príncipe que habría de venir después que fuera muerto el Mesías] destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación" (Daniel 9: 26).
Años más tarde Cristo previno a los cristianos acerca de este acontecimiento (véase S. Mateo 24: 15-20). Ocurrió en el año 70d.C. Los ejércitos romanos, comandados por Tito, sitiaron la ciudad de Jerusalén, la destruyeron, y aun araron la tierra. Dios permitió esta aniquilación para convencer a Israel de que este no volvería a ser jamas su pueblo especial. Esto sirvió, además, para suspender permanentemente los servicios del templo terrenal. Se demostraba así que no era plan de Dios que continuara este método simbólico de quitar el pecado de los pecadores que, durante los siglos, solo había servido (o por lo menos se suponía) para dirigir la atención de los hombres hacia el Mesías venidero.
¿No es ésta una solución más lógica y aceptable ( y bíblica) para la profecía de las setenta semanas? ¿Por qué cortar este periodo en dos partes separadas por 2000 años y tratar de forzar la aritmética para que las fechas coincidan bien? ¿Y por qué tratar de dividir la segunda venida de Cristo en dos partes separadas por siete años, una enseñanza que no está confirmada con la Biblia?

Confiemos en Dios, y en su segura Palabra Profética. (Aporte de Edgar)


Bendiciones.

Luego todo Israel será salvo.
 
Re: Las 70 semanas

La vana repetición de la corrupta interpretación historicista no la ayuda, por cuanto no contesta a NINGUNA de las observaciones que se han hecho en este hilo (concretamente, la exégesis historicista es nula, y su honestidad histórica inexistente). Su incompetente exposición por parte de sus desorientados propagandistas la hace objeto del ridículo universal.
Por otra parte, los historicistas dan en hueso apelando a argumentos inventados contra los futuristas y los dispensacionalistas. Yo no soy futurista ni nada que se le parezca. Con poco que hayan leído, deberían haberse dado cuenta de que la pura exégesis bíblica va por los derroteros del preterismo, ya sea de corte radical o condicional.
Desde luego, continuaremos en las próximas horas o días.
 
Re: Las 70 semanas

Estimado EMR. Saludos cordiales.

Tú dices:

La vana repetición de la corrupta interpretación historicista no la ayuda, por cuanto no contesta a NINGUNA de las observaciones que se han hecho en este hilo (concretamente, la exégesis historicista es nula, y su honestidad histórica inexistente). Su incompetente exposición por parte de sus desorientados propagandistas la hace objeto del ridículo universal.
Por otra parte, los historicistas dan en hueso apelando a argumentos inventados contra los futuristas y los dispensacionalistas. Yo no soy futurista ni nada que se le parezca. Con poco que hayan leído, deberían haberse dado cuenta de que la pura exégesis bíblica va por los derroteros del preterismo, ya sea de corte radical o condicional.
Desde luego, continuaremos en las próximas horas o días.

Respondo:Tu artera verborrea es infundada, la profecía de las setenta semanas de Daniel 9, es 100% Cristocentríca, y está sólidamente asentada en la Roca, lo que a Satanás y a sus seguidores les molesta.

Bueno si tú con todos tus aires de "sabio charlatán" no sabes responder a la simple pregunta que te hice, lo demás sólo son "pobres conjeturas" que impresionarán a mentes débiles, pero no a los que se aferran al Señor y a su Palabra.

Bendiciones.

Luego todo Israel será salvo.
 
Re: Las 70 semanas

Estimado EMR,

¡Excelente aporte! Es un hecho que los cristianos en general ven esta profecía como el cumplimiento de la muerte de Jesús pero yo siempre he visto cosas que no concuerdan y que tú has explicado muy bien. Como ejemplo que has dado, veo que la profecía habla de 7 semana de años, 62 semanas de años y 1 semana de años pero la mayoría de cristianos solo habla de 69 semanas de años y una última semana de años. Sobre esto he estado corroborando con diferentes versiones de la Biblia y he encontrado lo siguiente:

Jewish Publication Society Bible:

Dan 9:25 Know therefore and discern, that from the going forth of the word to restore and to build Jerusalem unto one anointed, a prince, shall be seven weeks; and for threescore and two weeks, it shall be built again, with broad place and moat, but in troublous times.

"desde la salida de la palabra para restorar y construir a Jerusalén hasta un ungido, un príncipe, habrán 7 semanas de años; y por 62 semanas de años será construída la plaza y la trinchera (fosa), pero en tiempos de angustia".

Entonces es obvio que el ungido aparece al terminar las 7 semanas de años y no al terminar las 7 semanas de años más las 62 semanas de años.

Es interesante ver como algunas versiones hablan del "muro" cuando la palabra utilizada es:

H2742
חָרוּץ
kjarúts
o חָרֻץ kjarúts; participio pasivamente de H2782; propiamente incisión o (activamente) incisivo; de aquí, (como sustantivo masculino o femenino) trinchera (como cavada), oro (como minado), mazo para trillar (teniendo dientes agudos); (figurativamente) determinación; también ansioso, anhelante:-agudez, agudo, decisión, diligencia, diligente, oro (puro).

Mientras que la palabra para "muro" es:

H2346
חוֹמָה
kjomá
participio activo femenino de una raíz que no se usa aparentemente significa unir; muro de protección:-amurallar, ciudad amullarallada, muralla, muro, pared.

Entonces pregunto: ¿Será que es lo mismo cambiar la palabra "trinchera" por "muro"? Obviamente "muro" concuerda con el hecho que Nehemías participó en la reconstrucción del muro pero, ¿acaso Daniel 9 habla del muro?

Tal vez esto no tenga que ver pero creo que es un punto interesante.

Otro cosa que veo es el hecho que Daniel 9:26 parece hablar de otro ungido
que se le quitará la vida "mas no por sí". Tengo entendido que la palabra "ungido" no es un título exclusivo para el Hijo de Dios pues el mismo Dios calificó de "mi ungido" al rey Ciro. En mi opinión, lo más interesante de este versículo, son las palabras en Hebreo que, según la traducción al español significa "quitará la vida", "mas no por sí".

QUITARÁ LA VIDA

H3772
כָּרַת
karát
raíz primaria; cortar (cercenar, rebanar, separar); por implicación destruir o consumir; específicamente pacto (i.e. hacer una alianza o convenio, origen al cortar carne y pasar entre los pedazos):-acabar, alianza, amputar, apartar, arrebatar, borrar, celebrar, concertar, cortador, cortar, derribar, desaparecer, deshacer, destruir, dividir, esterminar, extinguir, faltar, fin, labrar, masticar, matar, morir, pactar, perder, perecer, poner, quebrar, quitar, raer, talar.

MAS NO POR SÍ:

H369
אַיִן
áyin
como de la raíz primaria que significa ser nada o no existir; no entidad; generalmente que se usa como participio negativa:-carecer, cosa, desaparecer, falta, faltar, huérfano, incurable, inescrutable, infinito, morir, nada, nadie, ninguno, número, perecer. Compare H370.

El "Jewish Publication Society Bible" lo traduce "an anointed one be cut off, and be no more": Un ungido será cortado y no será más...

¿Será que nuestro Salvador fue cortado y dejó de existir? ¡YO NO LO CREO!

Saludos.
 
Re: Las 70 semanas

Yo admiro sobremanera a los hombres y entidades que se han dado a la taducción de la Biblia de las lenguas originales. Hay versiones y hay versiones. Algunas realizadas por entidades quel o que procuran es resaltar sus creencias particulares. Por eso prefiero las de la Sociedades Bíblicas Unidas y otras entidades que muestran más respeto al texto original.

Pero hay un fenómeno reciente de hombres que, sabiendo algo de hebreo, arameo y griego, se la pasan haciendo traducciones de porciones como les conviene a sus pretendidas interpretaciones privadas. Tal es el caso del amigo Ernesto Gil, que insiste en que la palabra que es traducida como semanas deben traducirse simplemente como "sietes". Ahora aparece otro con soluciones extrañas al texto de Daniel 9, simplemente para contradecir a los adventistas. Pero, para pena de ellos, la interpretación adventista es la única que se muestra razonable y que vindica la Palabra de Dios.

Nos presentan versiones judaicas que, como rechazan que el que vino y fue crucificado es el Mesías, hacen traducciones antojadizas del texto del profeta. El UNGIDO presentado por Daniel no es otro que Jesucristo, aunque le duela a los Judíos, a los pro judíos y a los preteristas.

Algo que sobresale del texto de Daniel 9 es su relación con el capítulo anterior, sobre todo, con los 2,300 tardes y mañanas de Daniel 8:13,14. Esa parte de la visión que tanto aturdió a Daniel, es finalmente explicada con las 70 semanas como un apéndice de los 2,300 días (años). ¿Que les duele a los anti adventistas? Pues que se sigan doliendo.

Gracias a Gabriel, quien siempre saca la cara por la iglesia y defiende los postulados nuestros con tenacidad.
 
Re: Las 70 semanas

Pero hay un fenómeno reciente de hombres que, sabiendo algo de hebreo, arameo y griego, se la pasan haciendo traducciones de porciones como les conviene a sus pretendidas interpretaciones privadas. Tal es el caso del amigo Ernesto Gil, que insiste en que la palabra que es traducida como semanas deben traducirse simplemente como "sietes".

Cajiga, Cajiga... vuelves con tus tontos aportes y no te das cuenta que en este tema no he dicho "sietes"; he dicho "semanas de años". Hasta el comentario Bíblico Adventista dice que son "setenta semanas de años" y que no es necesario aplicar el mentado "principio de día por año".

Pero bueno... tu aporte tonto era de esperarse pues no cabe duda alguna que tu agenda en este foro no incluye debatir sobre el tema en discusión.
 
Re: Las 70 semanas

Apreciado ELG,

En 1985 inicié mis estudios de hebreo. Tras un primer curso exitoso, decidí que, con el fin de practicar lo que había aprendido hasta entonces, me dedicaría a leer porciones de libros bíblicos en hebreo todos los días, a razón de unos pocos versículos cada vez. Todavía hoy no sé cuál es la razón que me impulsó a leer Daniel 9. Leí únicamente tres o cuatro versículos por día e iba enriqueciendo mi incipiente vocabulario de esa lengua, así como fijándome de ciertas peculiaridades sintácticas. Vamos, lo que suele hacerse cando se estudia una lengua extranjera, máxime si es tan distinta de nuestra lengua materna.

Cuando llegué al versículo 25, mis ojos detectaron de inmediato el atnaj (o atnah) [para quien no sepa de estas cosas, es la pausa más importante después del sof pasuq; casi siempre equivalente a un punto o a un punto y coma]. Siendo hasta entonces un fiel creyente en las falsas teorías que me habían inculcado (como la gratuita afirmación que ciertos sujetos hacen de que su falsa interpretación "100% cristocéntrica" es "más lógica"), me alarmé. Inmediatamente, busqué en bibliotecas bien nutridas de literatura adventista cuanto la Iglesia Adventista había publicado sobre el asunto del atnaj en Dan. 9:25. Hay todo un capítulo en el libro Problems in Bible Translation, y varios artículos por autores de la talla de Hasel, Shea y Doukhan. A este último lo he conocido personalmente con posterioridad. Todas las argumentaciones que leí las encontré altamente deficientes. Me parecía inconcebible que personas tan encumbradas, que, sin duda, sabrían mucho más hebreo que yo (después de todo, Doukhan es judío), pudieran emplear argumentaciones tan endebles. No obstante, consciente de mis propias limitaciones, decidí seguir investigando el asunto, aún con la confianza de que lo del atnaj tendría alguna explicación. Durante más de un año la seguía buscando denodadamente, aprendiendo más hebreo y leyendo cuanto estuviera a mi alcance que pudiera aclarar el asunto. Hasta realicé varias visitas a la Bodleian Library de Oxford para documentarme en el tema (quería consultar, entre otras obras, la Realencyclopädie de Pauly-Wissowa) y, finalmente, llegué a la convicción de que la interpretación mesiánica de las setenta semanas promovida por Tertuliano y todos sus seguidores era un disparate se mirase por donde se mirase.

Los individuos como Cajiga y el tal Gabriel no tienen ni la más remota idea de a lo que se enfrentan. Sus ataques de insinceridad no nos causan ningún tipo de dolor a los que estamos fuera del alcance de sus sofismas. Solo nos causan risa. Su ridiculez llega al extremo de pretender que los que hemos aprendido "algo de hebreo" nos confundimos en nuestra lectura de las setenta semanas, pues, lógicamente, hay que entenderlas como las entienden los que no saben ni papa, o, mejor aún, seguir el texto de alguna versión "biscochable", como la Clear Word. Tremendo. Si estos sujetos ya saben lo que significan las setenta semanas sin ni siquiera leer el texto hebreo.

Al final, la prendida admiración del adventismo hacia los que se toman en serio el estudio personal de la Biblia se evapora en la nada, porque lo único que busca el sistema es que sus adeptos acepten sin rechistar las interpretaciones preestablecidas por los "pioneros". Si a alguien se le ocurre pensar por sí mismo, no sale en la foto. Al final, tal actitud yugula todo progreso teológico. El estudiante deseoso de progresar aprende con sus aciertos y sus fracasos. En cambio, el que se imagina que ya es perfecto desde que nació no puede progresar.

Un movimiento que encumbra a sus pioneros (no siendo estos ni Jesucristo ni sus apóstoles) a un estatus de inspiración divina está fatalmente condenado a la esterilidad y a la decadencia. En Europa y en Norteamérica ello es un secreto a voces.
 
Re: Las 70 semanas

Cuando llegué al versículo 25, mis ojos detectaron de inmediato el atnaj (o atnah) [para quien no sepa de estas cosas, es la pausa más importante después del sof pasuq; casi siempre equivalente a un punto o a un punto y coma]. Siendo hasta entonces un fiel creyente en las falsas teorías que me habían inculcado (como la gratuita afirmación que ciertos sujetos hacen de que su falsa interpretación "100% cristocéntrica" es "más lógica"), me alarmé.

Estimado EMR,

Como debes haber visto por mis intervenciones, no tengo conocimiento alguno del lenguaje hebreo pero al menos puedo buscar significados y comparar textos para llegar a algunas conclusiones. Esto del "atnaj" es muy interesante pues siempre he escuchado que el idioma Hebreo (y Griego) carece de puntos gramaticales. Aún sin tener el conocimiento del lenguaje, veo varias cosas a favor de lo que dices:

1. Daniel 9:25 menciona 7 semanas de años y 62 semanas de años. Obviamente lo hace por alguna razón pues de lo contrario diría 69 semanas de años.

2. Daniel 9:26 dice "después de las sesenta y dos semanas" y no "después de las sesenta y nueve semanas" lo que refuerza el hecho que existen dos períodos diferentes: 7 semanas de años y 62 semanas de años.

3. Daniel 9:25 menciona un evento seguido por un período de tiempo y luego menciona un período de tiempo seguido por un evento. O sea que el período de 7 semanas de años abarca desde la salida de la orden hasta el ungido y el período de las 62 semanas de años abarca la edificación con plaza y foso "pero en tiempos de angustia".

Agradezco tus valiosos aportes.

Saludos y bendiciones.
 
Re: Las 70 semanas

Esto del "atnaj" es muy interesante pues siempre he escuchado que el idioma Hebreo (y Griego) carece de puntos gramaticales.

Lo que escuchaste es correcto. Seguramente, si se conservasen los libros autógrafos del Antiguo Testamento, ninguno tendría ni vocales (con excepción de ciertas consonantes que a veces hacían el papel de semivocales) ni signos de entonación y respiración. En su origen, los inventores del alefato entendían que los hablantes nativos de la lengua no necesitaban signos vocálicos para leer correctamente las consonantes. Sin embargo, con el correr del tiempo, y por la presión ejercida por el arameo y el griego y el olvido paulatino del hebreo bíblico por parte de los judíos, los masoretas incluyeron unos signos consistentes fundamentalmente en puntitos y rayitas puestos encima, en medio o debajo de las consonantes originales, sin alterar estas, así como signos de pausa y respiración como el sof pasuq (origen de la división en vesículos y que tiene el aspecto aproximado de dos puntos romboidales), el atnaj (que equivale más o menos a un punto y coma y que es como un triángulo equilátero pequeñito carente de base que va debajo de la palabra tras la que se hace la pausa principal de cada versículo) y otras pausas o indicaciones de entonación menores. Como digo, esto se hizo para que los lectores de textos sagrados en las sinagogas pudieran leer en voz alta sin equivocarse, no para fastidiar a los cristianos.
 
Re: Las 70 semanas

Estimado EMR. Saludos cordiales.

Tú dices:

Apreciado ELG,
Los individuos como Cajiga y el tal Gabriel no tienen ni la más remota idea de a lo que se enfrentan. Sus ataques de insinceridad no nos causan ningún tipo de dolor a los que estamos fuera del alcance de sus sofismas. Solo nos causan risa. Su ridiculez llega al extremo de pretender que los que hemos aprendido "algo de hebreo" nos confundimos en nuestra lectura de las setenta semanas, pues, lógicamente, hay que entenderlas como las entienden los que no saben ni papa, o, mejor aún, seguir el texto de alguna versión "biscochable", como la Clear Word. Tremendo. Si estos sujetos ya saben lo que significan las setenta semanas sin ni siquiera leer el texto hebreo.
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Respondo: Tu lenguaje rimbombante y plagado de insultos además de la altanería propia de los de tu sitio web, no me extraña. Lo que si me causa preocupación es que dices conocer el idioma hebreo, un lenguaje puro, ya que no contiene garabatos, y das mal ejemplo de este hermoso conocimiento.

Bueno, el dicho dice que la mona aunque se vista de seda, mona se queda.

Vamos ahora al tema que nos incumbe. No es de la Clear Word de donde sale la correcta interpretación de este pasaje, es la traducción que hicieron verdaderos estudiosos y conocedores del lenguaje hebreo antiguo que llegaron a las mismas conclusiones. De muestra un botón:

"Se han fijado setenta semanas de años para tu pueblo y tu santa ciudad, al fin de las cuales se acabará la prevaricación, y tendrá fin el pecado, y la iniquidad quedará borrada, y vendrá la justicia o santidad perdurable, y se cumplirá la visión y la profecía, y será ungido el Santo de los santos."

Ahora lo que nos atañe: "Sábete pues, y nota atentamente; desde que saldrá la orden o edicto para que sea reedificada Jerusalén, hasta el Cristo Príncipe, pasarán siete semanas, y setenta y dos semanas; y será nuevamente edificada la plaza o ciudad, y los muros en tiempos de angustia."

"Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Cristo; y no será más suyo el pueblo, el cual lo negará. Y un pueblo con un caudillo vendrá, y destruirá la ciudad y el Santuario; y su fin será la devastación; y acabada la guerra quedará establecida allí la desolación"

"Y el Cristo afirmará su nueva alianza en una semana con muchos fieles convertidos; y a la mitad de la semana cesarán las hostias, y los sacrificios; y estará en el templo la abominación de la desolación hasta la consumación y el fin del mundo." (Sagrada Biblia, Daniel 9: 24-27, Traducción al español (1884) La Vulgata Latina por El Hno Don Félix Torres Amat)

Como muchos saben esta es una Edición católica, que respalda sin duda alguna la correcta interpretación de esta profecía, y no como lo exponen ni los preteristas ni judios que reniegan del Cristo de la profecía.

Bendiciones.

Luego todo Israel será salvo
 
Re: Las 70 semanas

¡Ah! ¡La necedad y la estupidez han hablado! ¡No puedo creer que me lo pongan tan fácil! Resulta que la versión de Torres Amat, decimonónica ella, no es una traducción de los idiomas originales, sino ¡de la Vulgata latina!

Afortunadamente, el progreso se manifiesta en todo. Algunos botoncitos de muestra:

"Sabe, pues, y entiende que desde la salida del oráculo sobre el retorno y edificación de Jerusalén hasta un ungido príncipe habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas se reedificarán plaza y foso en la angustia de los tiempos" (Dan. 9:25, versión católica de Nácar-Colunga, 1944).

"Advierte, pues, y entiende: desde que se dio la orden de reconstruir Jerusalén hasta el príncipe ungido habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas; plazas y fosos serán reconstruidos, aunque serán tiempos de angustia" (Dan. 9:25, versión católica de Serafín de Ausejo, 1975).

"Has de saberlo y comprenderlo: Desde que se decretó la vuelta y la reconstrucción de Jerusalén hasta un príncipe ungido pasarán siete semanas; durante sesenta y dos semanas estará reconstruida con calles y fosos, en tiempos difíciles" (Dan. 9:25, Nueva Biblia Española [católica], 1976).

"Entiende bien lo siguiente: Habrá siete semanas desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén hasta la llegada del príncipe elegido. Después de eso, habrá sesenta y dos semanas más. Entonces será reconstruida Jerusalén, con sus calles y murallas. Pero cuando los tiempos apremien..." (Dan. 9:25, Nueva Versión Internacional [protestante], 1999).

"'Here is what you must understand: From the time the word goes out to rebuild Jerusalem until the coming of the Anointed Leader, there will be seven sevens. The rebuilding will take sixty-two sevens, including building streets and digging a moat" (Dan. 9:25, verisión inglesa The Message, 1993-2002).

"Know therefore and understand that from the going out of the word to restore and build Jerusalem to the coming of an anointed one, a prince, there shall be seven weeks. Then for sixty-two weeks it shall be built again with squares and moat, but in a troubled time" (Dan. 9:25, English Standard Version, 2001).

"Scito ergo et animadverte: ab exitu sermonis ut iterum aedificetur Ierusalem usque ad christum ducem, hebdomades septem. Et hebdomades sexaginta duae erunt; et rursum aedificabitur platea et muri in angustia temporum" (Dan. 9:25, Nova Vulgata, versión oficial latina de la Iglesia Católica desde 1979).

Podría seguir, pero ya cansa. Para evitar que perfectos mentecatos insistan en que ciertos traductores (despistados) de antaño eran más eruditos o más creyentes o más "cristocéntricos" que las aviesas alimañas que disentimos de su necio parecer, estas cosas, señores, se discuten con el texto original delante. Por último, una imagen escaneada de la Biblia hebrea publicada por las Sociedades Bíblicas (Biblia Hebraica Stuttgartensia) (algún indocumentado dijo no sé qué cuento de "garabatos"). El atnaj del versículo 25 se ha destacado en rojo. Ahora los lelos pueden dar sus pataletas. Al unísono, por favor. Quedará más mono.
 

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Re: Las 70 semanas

Estimado EMR. Saludos cordiales.

Tú dices:

¡Ah! ¡La necedad y la estupidez han hablado! ¡No puedo creer que me lo pongan tan fácil! Resulta que la versión de Torres Amat, decimonónica ella, no es una traducción de los idiomas originales, sino ¡de la Vulgata latina!

Afortunadamente, el progreso se manifiesta en todo. Algunos botoncitos de muestra:

"Sabe, pues, y entiende que desde la salida del oráculo sobre el retorno y edificación de Jerusalén hasta un ungido príncipe habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas se reedificarán plaza y foso en la angustia de los tiempos" (Dan. 9:25, versión católica de Nácar-Colunga, 1944).

"Advierte, pues, y entiende: desde que se dio la orden de reconstruir Jerusalén hasta el príncipe ungido habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas; plazas y fosos serán reconstruidos, aunque serán tiempos de angustia" (Dan. 9:25, versión católica de Serafín de Ausejo, 1975).

"Has de saberlo y comprenderlo: Desde que se decretó la vuelta y la reconstrucción de Jerusalén hasta un príncipe ungido pasarán siete semanas; durante sesenta y dos semanas estará reconstruida con calles y fosos, en tiempos difíciles" (Dan. 9:25, Nueva Biblia Española [católica], 1976).

"Entiende bien lo siguiente: Habrá siete semanas desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén hasta la llegada del príncipe elegido. Después de eso, habrá sesenta y dos semanas más. Entonces será reconstruida Jerusalén, con sus calles y murallas. Pero cuando los tiempos apremien..." (Dan. 9:25, Nueva Versión Internacional [protestante], 1999).

"'Here is what you must understand: From the time the word goes out to rebuild Jerusalem until the coming of the Anointed Leader, there will be seven sevens. The rebuilding will take sixty-two sevens, including building streets and digging a moat" (Dan. 9:25, verisión inglesa The Message, 1993-2002).

"Know therefore and understand that from the going out of the word to restore and build Jerusalem to the coming of an anointed one, a prince, there shall be seven weeks. Then for sixty-two weeks it shall be built again with squares and moat, but in a troubled time" (Dan. 9:25, English Standard Version, 2001).

"Scito ergo et animadverte: ab exitu sermonis ut iterum aedificetur Ierusalem usque ad christum ducem, hebdomades septem. Et hebdomades sexaginta duae erunt; et rursum aedificabitur platea et muri in angustia temporum" (Dan. 9:25, Nova Vulgata, versión oficial latina de la Iglesia Católica desde 1979).

Podría seguir, pero ya cansa. Para evitar que perfectos mentecatos insistan en que ciertos traductores (despistados) de antaño eran más eruditos o más creyentes o más "cristocéntricos" que las aviesas alimañas que disentimos de su necio parecer, estas cosas, señores, se discuten con el texto original delante. Por último, una imagen escaneada de la Biblia hebrea publicada por las Sociedades Bíblicas (Biblia Hebraica Stuttgartensia) (algún indocumentado dijo no sé qué cuento de "garabatos"). El atnaj del versículo 25 se ha destacado en rojo. Ahora los lelos pueden dar sus pataletas. Al unísono, por favor. Quedará más mono.

Respondo: ¡Vaya vanagloria de este personaje!, se cree que el sólo tiene la correcta interpretación de la verdad con un cursillo que ha realizado, comprobamos ya su sesgada visión al despotricar contra la versión de Torres Amat, y esto no nos extraña ya que apoyan a la correcta interpretación adventísta, y esto es el peor pecado para estos obstinados chismosos calumniadores.

Estaremos a la espera de su interpretación para escucharle seguramente de Onias, de Antióco Epifanes IV, y de que otro cuento preterista que nos traerá.


En 1947 se descubrieron los primeros pergaminos del Mar Muerto, que contenían fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento a excepción del de Ester. Entre ellos se encuentra una copia de Daniel. Los capítulos 2:4 al 7:28 han sido escritos en el antiguo idioma arameo, conocido como caldeo (el lenguaje de Babilonia), la misma lengua que se usaba en los documentos del siglo séptimo a. de C.

Muchos judíos no consideran a Daniel dentro de Los Profetas. El libro de Daniel lo catalogan como "literatura variada" dentro de Los Hagiográficos.

Estos judíos dicen que Daniel se escribió en el S. III.
Pero el canon bíblico no sigue a pies juntillas los escritos de la Torá, pues de ser así seríamos judíos y no cristianos. Otras opciones atacan el libro de Daniel porque precisamente en sus profecías se habla pestes de esas opciones dominicales (una de ellas hasta ha hecho un añadido de una historia no canónica).

Bueno pasemos ahora a lo que nos concierne:

"Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos ". (Daniel 9:24).

La profecía tiene que ver con la restauración de la ciudad de Jerusalén. Se trata de una profecía de la ciudad santa y el más santo lugar. Pero eso no es todo. El alcance de esta profecía trasciende la mera reconstrucción de Jerusalén cuando se habla de:

o Terminar la prevaricación o transgresión.
o Poner fin al pecado.
o Hacer expiación de la iniquidad.
o Traer la justicia eterna.
o Sellar la visión y la profecía.

• A Ezra se le dio su comisión en el 7 º año de Artajerjes.

• Según la historia, Jerjes murió en el año 465 a C. y Artajerjes I, su hijo, asumió el trono en el mismo año, en el mes de diciembre. No obstante, según una costumbre de la corte persa, Artajerjes no computó el año 465 a C, como el primero de su reinado. Por lo tanto el primer año del reinado de Artajerjes fue el año 464 a C. Cuando el decreto fue promulgado, hacía siete años que él reinaba. 464 – 7 = 457 (CDB 47; PEB 647; THPD 570)

• El rey persa que comenzó su reinado en 464 a C. Esto pondría a su decreto dado a Esdras en torno a 457 a C. Más tarde, Esdras en la oración sacerdotal, posiblemente alude el haberle sido dado permiso, no sólo para construir el Templo, sino también para construir las paredes de Judá y de Jerusalén.

“Porque siervos somos; mas en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén.” (Esdras 9:9).

La segunda parte del Gran Periodo Profético nos lleva a Daniel 8: 14, con la purificación del Santuario.

a- 2300 – 490 = 1810. Así, 34 d C. + 1810 = 1844. (Dan 8:14)

b- ¿Qué santuario sería purificado en 1844? Dan 8: 14; Heb 9: 23,24; Apoc. 11: 19

c- ¿Qué significa la purificación del santuario? Mal 3: 1-5; Dan 7:9, 10, 13.

d- ¿Dónde fue visto Jesús después del día 22 de octubre de 1844? Salmos 63: 2; Apoc. 3: 7, 8; PE págs. 55 y 42.

La fiesta de las Trompetas: Caía el 1° de Tishri y era una preparación para el día de la Expiación que caía el 10 de ese mes. El Talmud enseña que el sonido de las trompetas significa el clamoroso llamado de Dios al arrepentimiento. Era un solemne llamamiento a todos los israelitas a prepararse para encontrarse con su Dios. Les anunciaba que el día del Juicio llegaba y que debían prepararse para él. Un llamado similar precedió al 22 de octubre de 1844 cuando se inició el Juicio en el cielo y ese llamado se extiende hasta hoy, mientras dura la gracia. (ver Levítico 22:1-23:44 )

El fin de los 2300 años marca el tiempo de la restauración de todo
“Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.” (Mat. 17: 11)

“a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hechos 3: 21.)

Mientras se prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras que los pecados de los creyentes arrepentidos son quitados del santuario, debe llevarse a cabo una obra especial de purificación, de liberación del pecado, entra el pueblo de Dios en la tierra.” CS 478.

Entonces como ya fue expresado, quedamos a la espera del cuento que nos trae EMR, para ver su contenido.

Bendiciones.

Luego todo Israel será salvo.
 
Re: Las 70 semanas

Los trolls bobos siguen queriendo descalificar al oponente, como si eso hiciese algo para apuntalar sus ridículas explicaciones, que han quedado sin defensa alguna.

Los cuentos son patrimonio suyo, y no volveré a hablar de cuentos hasta que alguno de ellos presente dos versículos bíblicos que les exijo a própósito de su cuento (yo, sin prueba, no creo en cuentos).
  1. Un versículo que diga que en el otoño de 457 a.C. algún rey persa publicó algún decreto que tuviera que ver con lo que ellos quieran. Lo siento, pero tiene que dar alguna fecha, en algún calendario, que sea susceptible de ser interpretada inequívocamente como el otoño de 457 a.C., y no con la primavera, el verano o el invierno de ese año, y tampoco vale si el decreto se hubiese publicado en otro año anterior o posterior. Así que, trolls, dejaos de cuentos chinos o carítas, y al asunto. ¡El versículo!
  2. Un versículo que diga que ese supuesto decreto del otoño del año 457 a.C. autorizaba la reconstrucción de la ciudad arruinada de Jerusalén. Sintiéndolo mucho, y para evitar que estos caballeretes vengan con cuentos y más cuentos, tiene que decir exactamente eso. Que es una autorización para reconstruir la ciudad de Jerusalén. No vale que diga que se deja a alguien viajar. No vale que diga que se le hacen aportaciones económicas para que compre animales para el sacrificio. No vale que diga que con el dinero sobrante los sacerdotes pueden hacer lo que les apetezca. No vale que diga que se exime de impuestos a la gente que trabaje en el templo. Nada de eso vale. No vale que se dé las gracias a Dios porque el Señor permitiera que se emitiese tal decreto. No. Si es muy sencillo. Presenten los señores trolls un simple versículo que ampare su cuento de que en el otoño de 457 a.C. alguien emitió un decreto que autorizaba la reconstrucción de Jerusalén. Por favor, preséntenlo, y subrayen las palabras textuales que afirman que se autoriza la reconstrucción de la ciudad arruinada de Jerusalén.

¿Tan bobos son estos sujetos? El versículo que pido, sencillamente, no existe. Jamás ha existido. No podría existir. ¿Por qué? Porque la Biblia no confirma cuentos de hadas.