Este es el ritual:
“Porque yo recibí del Señor lo que también os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo:
‘Esto es mi cuerpo, que es para vosotros; haced esto en memoria mía’.
Asimismo tomó el cáliz después de cenar, diciendo:
‘Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía’.”
1 Cor 11:23
Esas son las palabras consagratorias.
“Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía… pues no lo recibimos como pan común ni bebida común, sino que, así como Jesucristo nuestro Salvador se encarnó por la palabra de Dios, así también el alimento consagrado por la palabra de la oración que procede de Él, se convierte en la carne y sangre de aquel Jesús encarnado.”
San Justino mártir, Apología I, 66 (165 DC)
“El pan, que proviene de la tierra, al recibir la invocación de Dios, ya no es pan común, sino Eucaristía, compuesta de dos realidades: una terrena y otra celestial.”
San Ireneo de Lyon, Contra las Herejías IV, 18, 5 (180 DC)
“Antes de la consagración es pan; pero cuando se pronuncian las palabras de Cristo, es el cuerpo de Cristo.”
“La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podrá cambiar lo que ya existe en lo que antes no era?”
San Ambrosio de Milán, De Sacramentis IV, 4 (397 DC)
Saludos