La posibilidad de apostasía es una enseñanza bíblica muy clara, aunque es negada rotundamente por el calvinismo. El vocablo griego similar, en forma de verbo, que aparece en este versículo, aparece también en Luc. 8:13 (se apartan) y en Heb. 3:12 (apartarse). En forma de sustantivo, el mismo vocablo griego de este versículo aparece en Hech. 21:21 (apostatar) y en 2 Tes. 2:3 (apostasía). No ayuda al calvinista decir que estos apóstatas nunca eran cristianos verdaderos, pues dice Jesús que esos apóstatas antes eran creyentes, y dice Pablo que éstos se apostatarían de la fe.
Jesús advertía acerca de falsos profetas y apostasías (Mat. 7:15-20; 24:24), como también lo hacían los apóstoles (Hech. 20:28-30; 2 Tes. 2:3; 1 Jn. 2:19; 4:1; 2 Ped. 2:1,2). Con razón hay tantas denominaciones y religiones llamadas cristianas en el mundo moderno.
Dice Pablo que "algunos apostatarán de la fe". Aquí se trata de la fe objetiva; es decir, el sistema de creencia de la cual Jesús es el autor (Apoc. 2:3; 14:12; 2 Jn. 9; Judas 3; Efes. 4:5). Lo que Pablo aquí llama "la fe", la llama la verdad (ver. 3) y la buena doctrina (ver. 6). Esta fe se expresa en palabras (ver. 6). El Nuevo Testamento no distingue entre la fe y la doctrina, entre el evangelio y la doctrina.
--"escuchando". El mismo verbo griego aparece en 1:4 (presten atención) y en Tito 1:14 (atendiendo). Compárese 2 Tim. 4:3,4. Esta es la manera en que comienza una apostasía; a saber, el fiel comienza a prestar atención a otra doctrina. Para quienes no reciben el amor de la verdad (2 Tes. 2:10; Isa. 30:10) la apostasía es fácil, y llegan a ser víctimas de ella. Por eso cada uno es responsable por la espiritualidad de su alma. ¡Cada quien decide qué es lo que quiere escuchar!
--"a espíritus engañadores". En lugar de escuchar a los maestros inspirados, algunos iban a escuchar más bien a éstos. Los "espíritus" son los falsos maestros, o profetas (1 Jn. 4:1-6). Satanás tiene sus ministros (2 Cor. 11:15). Toda falsa doctrina tiene su cuerpo de maestros. Estos "hablan mentira" (véase ver. 2, comentarios). No se pueden separar las cuestiones de quienes las propagan.
Se llaman "engañadores", porque ésta es la naturaleza de su obra: procuran seducir y desviar. Véase 2 Jn. 7. La obra de Satanás es precisamente engañar (Apoc. 12:9; 20:10). El engaño tiene por propósito causarnos prestar atención más bien al error, que a la verdad (1 Jn. 4:6; Apoc. 2:2). Vemos el engaño en todo aspecto de la vida diaria: en la propaganda del comercio, en la política, en la religión, y en la atracción de los placeres carnales. Tal es la seducción de la mundanalidad. Las Escrituras nos advierten; no tenemos que escuchar, o prestar atención, a sus mensajes falsos. La vida es una realidad, no una fantasía, pero el engaño de este mundo pinta el cuadro de la vida de manera falsa, y el mundo lo cree.
--"y a doctrinas de demonios". Se hace referencia, no a la enseñanza acerca de demonios, sino a la que tiene a los demonios por fuente. Compárese Sant. 3:15 (diabólica). Las doctrinas que se oponen al "misterio de la piedad" (3:16) son inspiradas por los demonios. Satanás miente, y así engaña, por medio de sus víctimas. Ellos propagan sus filosofías mundanas, hacen sus reclamaciones falsas, dejan ejemplos malos y ponen presión en los demás según su propaganda carnal. Considérense Mat. 13:22; 24:24; Luc. 16:14; 2 Ped. 2:2,3.
El caso de Judas ilustra este principio. Era hombre avaro; era ladrón. Amaba al dinero. Por eso el diablo pudo entrar en su corazón. Véanse Luc. 22:3; Juan 6:70; 12:6; 13:2,27. Cuando el hombre piensa carnalmente, deja que Satanás llene su corazón (Hech. 4:36--5:4). Cuando la persona adora a Dios y le oye, Dios abre su corazón (16:14). Pedro negó al Señor tres veces, pero su fe no faltó (Luc. 22:32). Judas entregó al Señor, y se suicidó (Mat. 27:5; Hech. 1:18). Aunque Satanás busca la caída de todo hombre, por medio del engaño, el destino de cada quien está en sus propias manos.