XXXV: Las trompetas del séptimo sello (i)
Séptimo sello – Segunda trompeta(Apo 8:8-9)El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en llamas fue precipitada al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de las criaturas que había en el mar, cuantas tenían vida, y la tercera parte de las naves fueron destruidas.
La segunda trompeta ya va dirigida al mundo. Lanza una gran montaña en llamas al mar de la humanidad, de nuevo un símbolo del poder del Evangelio a través de las oraciones silenciosas de los santos. El Evangelio es una batalla espiritual contra las naciones, es decir, contra ese sistema mundial que no conoce a Dios, y la primera trompeta contra la humanidad es declarar su inmediata muerte espiritual: el Evangelio declara que todos estamos muertos espiritualmente hasta que se enciende la luz (Jn 5:24; Lc 1:79).
Por último, las naves son destruidas. ¿Qué hace normalmente una nave? Lleva personas y mercancías entre mar y tierra, entre el mundo de la incredulidad (el mar) y el mundo de la fe (la tierra firme). La nave actúa como una especie de «intermediaria» entre mar y tierra…. cosa tajantemente prohibida por este Evangelio que sólo reconoce un intermediario (Heb 7:25). Estas «naves» son las religiones, incluida la religión cristiana y sus diversas sucursales porque muchas religiones en nombre de Cristo han navegado por el mar vendiendo y comprando mercancías entre lo mundano y lo piadoso, cosa que la iglesia orgánica del primer siglo ya denunció a sus contemporáneos. De nuevo, ¿qué significa «tercera parte»? No lo sabemos, pero nos han dicho algo muy importante que conviene meditar y que debería ser un gran consuelo para los que caminan la Senda Estrecha. La primera trompeta evangélica que afecta al mundo ―cuyo origen es la comunión de los santos con Cristo, esa «oración silenciosa»― tiene por misión proclamar que los hombres están muertos espiritualmente y declarar inútiles sus religiones.
Las religiones son intermediarios interpuestos entre Dios y el alma, un obstáculo que Dios no se dedica a purificar, sino a destruir. Esta destrucción no es física ―las religiones han brotado como setas en primavera y siguen proliferando sobre la tierra―, sino espiritual. ¿Qué significa esto en la práctica? Algo muy sencillo que cualquiera de vosotros puede comprobar. Por muy duro que sea de aceptar y muy difícil de gestionar cuando lo vives personalmente, Dios no se une ni aporta vida espiritual a los que no se arrepienten ni a las religiones. La religión y el mundo están muertos espiritualmente y Dios no participa de ellos. La Vida sólo puede proliferar dentro del alma arrepentida, pues para esto vino Cristo y esto es el Evangelio. No debería provocarte espanto, sino agradecimiento: Cristo vino a deshacer las religiones y darnos un Camino que no pertenece al mundo ni a la religión. ¡Gloria a su nombre! Todo verdadero santo sufrirá persecución por mano de las naves que surcan el mar, y toda nave que surca el mar sufrirá en carne propia la destrucción del Evangelio. Esto lo dice la Visión muchas veces, y lo veremos en su momento, pero yo mismo lo he visto una y otra vez en mi propia vida (en los dos sentidos), y en varias congregaciones y estructuras religiosas. ¡Vendrá sangre y muerte a tu religión, sin importar lo moderna, antigua, fea o bonita que sea!