Nigunim;n3133587 dijo:Ricardo, entiendo la exposición, sin embargo, la manera como se presenta podría prestarse a una conducta laxa.
Es como la herencia que un padre deja a su hijo. No es necesario que le diga: "Hijo te la doy, pero no la despilfarres...". Un bien, lo asumimos como bien y en la medida que nuestro ser espiritual e inteligente tiene consciencia que es bien, lo ama de suyo. Sin embargo, el hombre tiene pasiones, es un hombre carnal (en el sentido paulino) que deviene en hombre espiritual, pero esa transformación se da a lo largo de la vida. Por eso, la Conversión (que también es un don) es permanente, continua. Nadie que sabe lo que dice proclama: yo soy un convertido, no hay nada en mí que le haga sombra a Cristo.
¿Qué participación tiene el hombre en su propia redención? Si no participa y recibiéndolo todo no le queda nada por hacer ¿no es esto una magia? Los espectáculos de magia tienen esto, que de nada y sin esfuerzo sale algo sorprendente, pero a su vez, la mágia despierta esceptisismo porque la gente que "no conoce el truco" no lo puede hacer realidad... ni siquiera el mago quien sabe que es un artilugio y no es real.
-Si bien es cierto que la perfección a la que fuimos llamados es todo un proceso que recién concluirá en la venida del Señor con nuestro cuerpo transformado y nuestra salida de este mundo de pecado, la conversión es un hecho puntual y consumado (Hch 3:19; 9:35; 11:21; 1Ts 1:9).
-No tienes necesidad de confundir gracia con magia, ya que mutuamente se repelen. Pero entiendo, que a un incrédulo, le parecerá mágico artilugio que un perseguidor de cristianos como Saulo de Tarso se convierta en apóstol entre ellos. Una confusión similar fue la que tuvo Simón el mago viendo las señales y grandes milagros que se hacían en Samaria mientras Felipe los evangelizaba (Hch 8:13).