Nigunim;n3132956 dijo:“Todo hombre recibirá el castigo eterno o recompensa que sus acciones merecen. De lo contrario todo ocurriría según el destino y nada estaría en nuestras manos. Si el destino dicta que este hombre sea bueno y ese otro malvado, ni el primero tendría mérito alguno ni el segundo merecería culpa.” Lutero
¿Qué nos queda pues hacer si somos meros espectadores? Si eres salvo, aunque peques, estás predestinado a salvación. De modo que si pecas ¡peca fuerte!
Y si tu consciencia te remuerde y por culpabilidad te mueves al bien e intentas vivir en él, ni lo hagas, porque de nada te sirve. ¿Qué más da si el condenado, condenado ya está?
A esta doctrina se le conoce como "El pesimismo sobre la naturaleza humana, de Lutero". De esta forma de pensar, en varias cosas escritas por aquí encontramos la evidencia. ¿Cuáles son los alcances de una interpretación así sobre las voluntades y vidas de la gente que así piensa?
-El destino -como hado o meta final de la suerte o la fortuna-, y el fatalismo islámico, nada tienen que ver con la fe cristiana ni con la predestinación de la que nos habla la Sagrada Escritura.
-Nunca el hombre es mero espectador sino protagonista responsable de lo que hace y no hace. "Pecar fuerte" no es más que un desafío a la fe, pues el que es tímido al pecar es remiso a arrepentirse. El perdón inmediato que Dios concede, no es una invitación a la pecaminosidad sino a la santidad. La prontitud de Dios al perdonarme no me facilita la mía al pecar, sino que es un freno a atentar contra el amor de Dios.
-El condenado no sabe que condenado está -aunque lo intuye-, ni el evangelista que tiene el deber de predicarle instándole a la conversión. La predestinación es cosa de Dios, no de los hombres.
-Los que así bien pensamos, somos movidos permanentemente hacia Dios y toda cosa buena; si pecamos, aunque no debemos ni queremos hacerlo, no quedamos en la contumacia sino que buscamos la restauración de nuestra comunión con Dios.