Norberto7;n3179044 dijo:
DEL CIELO Y DEL INFIERNO
UN DIÁLOGO ENTRE EL ESTUDIANTE JUNIO Y
SU MAESTRO TEÓFORO
El estudiante preguntó a su maestro:- ¿Adónde va el alma cuando el cuerpo muere?
Su maestro le respondió: -No tiene necesidad de ir a ninguna parte.
- ¡Cómo!- dijo el inquisitivo Junio-, ¿acaso el alma no debe abandonar el cuerpo con la muerte e ir bien al cielo o al infierno?
Todo, por consiguiente, consiste en volver la voluntad hacia el cielo, o hacerla entrar en el cielo, escuchando la voz de Cristo, conociéndolo y siguiéndolo. E igualmente lo contrario, ¿Comprendes esto?
Su estudiante le dijo: -Creo que lo entiendo en parte. Pero, ¿de qué modo tiene lugar esta entrada de la voluntad en el cielo?
("Dialogos místicos" Jakob Boehme 1575 – 1624 )
Continuemos con el diálogo:
El maestro le respondió:
-Trataré de darte satisfacción en esta pregunta, pero has de estar muy atento a lo que he de decirte. Sabes pues, hijo mío, que cuando el fundamento de la
voluntad se entrega a Dios, cae de su propio ser, fuera y más allá de todo fundamento y lugar que puedan ser imaginados, a una cierta sima desconocida en la que sólo se manifiesta Dios, y en la que sólo él obra y tiene voluntad. Entonces se vuelve como nada para sí misma, en cuanto a su obrar y a su voluntad; y así Dios obra y tiene voluntad en ella. Y Dios habita en su resignada voluntad, con lo cual el alma es santificada, y queda lista para entrar en el reposo divino.
Ahora bien, en este caso en el que se rompe el cuerpo, el alma es completamente penetrada en su totalidad, pierde su oscuridad, y deviene brillante y reluciente. Esta es la mano de Cristo, por la cual al amor de Dios habita plenamente en el alma, y es en ella una luz brillante y una vida nueva y gloriosa. Entonces el alma está en el cielo, y es un templo del Espíritu Santo, y es ella misma el cielo de Dios, en el que mora.
Fíjate bien, ésta es la entrada de la voluntad en el cielo; y así es como tiene lugar.
-Ten a bien, señor, proseguir -dijo el estudiante-, y permíteme saber qué le ocurre en el otro lado.
El maestro dijo: -El alma está divinizada, como ves, está en la mano de Cristo, esto es, en el cielo, como él mismo nos ha contado; también has escuchado de que modo viene a suceder esto. Pero el alma no divinizada no quiere llegar durante esta vida a la resignación de su voluntad, ni desea entrar en la voluntad de Dios, sino que persiste en su propia codicia y deseo, en la vanidad y en la falsedad, y es así que entra en la voluntad del diablo.
Recibe por tanto en sí misma tan sólo la malicia; solo el engaño, el orgullo, la sordidez, la envidia, la cólera, y a ello entrega su voluntad y todo su deseo.
Esta es la vanidad de la voluntad; y esta misma vanidad o sombra vana debe de la misma manera manifestarse en el alma, la cual se ha entregado o rendido como su sirviente. En ella debe obrar, igual que el amor de Dios obra en la voluntad regenerada y la penetra completamente, al modo en que el fuego lo hace con el hierro.
(Continuará)...