-Aunque podría ¡y muy legìtimamente! no te he acusado de prejuicioso, pero tú me lo reiteras a la vez que dices que miento. Tan desatento estás, que ni cuenta te has dado que acá no discutimos sobre la pretendida estadìa de Pedro en Roma. No me extrañaría que en aquel epígrafe arguyeras sobre mi prejuicio y cómo se forma mi criterio. ¿Acaso sabes lo que hay en el fondo de mi corazón? Yo no sé qué haya en el tuyo. Todos juzgamos, más que por intuiciòn, por datos, evidencias, testimonios y actitudes. Llámesele opinión, idea, concepto, criterio o juicio que tengo sobre la Institución Católica, ello no se debe a ninguna animadversiòn, pues tengo mucho que admirar en católicos que son auténticos cristianos.
Saludos cordiales