Romanos 5:12-14
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Introducción: Si hay algo en la vida que no se puede eludir es la muerte. Es universal para la raza humana. Cada tumba alrededor del mundo y a través de los siglos desde que el hombre es, son testigos silenciosos de que sin importar raza, posición social, riqueza, o conocimiento, todos están sujetos a la muerte. En vista de ello, la mente humana se ve asaltada por muchas preguntas, ¿Por qué impera la muerte en el mundo? ¿Por qué todos deben morir, bien después de una larga vida o al comienzo de la misma? ¿Cómo llegó la muerte a convertirse en un triunfador invicto e invencible sobre la humanidad?
V.12-14 El Reino de la Muerte. El propósito primordial de este pasaje no consiste en explicar porqué mueren todas las personas, sino para establecer el principio de que las acciones de una persona pueden afectar de manera inevitable a muchas otras.
El pecado entró en el mundo por un hombre. El mundo que Dios creó era intrínsecamente bueno. Gen.1.31 dice: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Esto incluye al hombre también pues es parte de la creación. Por tanto, esto no significa que el pecado se originó en el hombre, sino que entró en el mundo por (a través de) un hombre (Adán). El pecado tuvo su origen en Satanás, quien peca desde el principio (I Jn.3.8), desde antes de la creación de Adán y Eva porque ellos fueron tentados por Satanás.
Y por el pecado la muerte. A Adán le fue dado el sojuzgar y regir sobre toda la tierra. El único mandato que le fue requerido era no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Cuando desobedeció, el pecado entró en él y generó un cambio sustancial tanto en su vida, como en todo aquello que estaba sujeto a él (Ro.8.20-22) y se transmitió de manera innata a todos y cada uno de sus descendientes. Gen.1:28; 3:16
John Mc Arthur escribe acerca de esto:
"La humanidad es una sola entidad que genera una solidaridad intrínseca establecida por orden divina. Adán representa a toda la raza humana que descendió de él, sin importar toda la cantidad de grupos en que esté dividida. Por lo tanto, cuando Adán pecó, y puesto que su primer pecado transformó su naturaleza interna, esa naturaleza también ya pervertida fue transmitida también a toda su posteridad”
Así la muerte paso a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. En este mismo sentir de intrínseca unidad, el verbo pecaron es la traducción de un tiempo verbal en griego llamado aoristo (expresa una acción de aspecto puntual, el proceso en un momento dado, sin referencia a la duración o a su término) con el cual se indica que en cierto punto en el tiempo todos los hombres pecaron. Por supuesto se trató del momento en que Adán pecó por primera vez. Su pecado se convirtió en el pecado de toda la humanidad, porque todos los hombres se encontraban en sus lomos. Ejemplos: Abraham intercede por Sodoma Gn. 18:22-33; El pecado de Acán Josué 7:1.26; Los diezmos de Leví a Melquisedec por medio de Abraham Heb. 7:7-10
Pues antes de la ley había pecado en el mundo. El pecado entonces se transmite a todos los hombres indistintamente de que haya una ley que violar o que no exista ninguna. La ciencia hoy puede explicar la carga genética que se transmite de un ser a otro, pero jamás ha podido entender como es que se transmite el pecado y la tendencia al mal entre todos los seres humanos.
En el período llamado de la “inocencia” por no haber ley, Dios no inculpa al hombre porque no transgredió un mandamiento expreso como el dado a Adán, pero a pesar de ello, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés.
¿Cuál es la razón entonces de que Dios considere pecadores a todos los hombres de este período “inocente“? Como hemos dicho antes, no es debido a los actos pecaminosos de los hombres, sino debido a su naturaleza pecadora que todos los hombres, desde Adán hasta Moisés, estuvieron sujetos a la muerte.
Aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán. Como Adán y Eva fueron expulsados del huerto del Edén después de haber pecado, no tuvieron oportunidad de desobedecer de nuevo la única prohibición de Dios. Ya no tenían acceso al árbol de la ciencia del bien y del mal, así como ninguno de sus descendientes jamás lo ha tenido. En consecuencia, ha sido imposible que cualquier ser humano, bien sea antes o después de Moisés, haya pecado a la manera de la transgresión de Adán.
El cual es figura del que había de venir. En lo concerniente al principio de solidaridad humana, Adán es un tipo o figura de Cristo. Esa verdad se convierte en la transición de Pablo hacia el glorioso evangelio de salvación de Dios hacia una humanidad caída. El mismo principio será aplicado a la justicia de uno que es justicia para todos; la obediencia de uno, que será contada como obediencia para todos.