MACRON SE DECLARA DIOS

Bart

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24 Enero 2001
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Las diez plagas de Europa: cuando Dios responde a Bruselas

Los juicios de Dios suelen dirigirse justamente contra aquellos que se arrogan el papel de Dios.


18 DE ENERO DE 2023 · 12:35

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Una de las razones porque el libro de Apocalipsis -y otros textos apocalípticos de la Biblia- gozan de tanta popularidad en tiempos de crisis es fácil de explicar. Dios suele hablar a la humanidad a través de calamidades y catástrofes que siguen al mismo patrón y obedecen al mismo principio: exponen los pecados cometidos.

Los cuatro jinetes de Apocalipsis 5 han salido muchas veces a lo largo de la historia. Hay una clara conexión entre causa y efecto, entre pecado y la respuesta correspondiente de Dios. La causa a su vez tiene su raíz en la aspiración humana de querer ser como Dios y la respuesta divina que vence a esos dioses. Es decir: los juicios de Dios suelen dirigirse justamente contra aquellos que se arrogan el papel de Dios. En otras palabras: si un imperio ataca al Creador, este suele contraatacar en su momento.

Por lo tanto, es fácil identificar esta relación entre causa y efecto. A continuación voy a dar algunos ejemplos. La lista, sin embargo, no está completa, ni muchísimo menos. Aun así me van a hacer falta dos artículos para identificar por lo menos algunos fenómenos en este sentido.


1. El antisemitismo y sus consecuencias
Puede sorprender que empiezo con el antisemitismo. Hablamos de la sistemática exterminación y expulsión de los judíos europeos y el rechazo al que se han tenido que enfrentar a lo largo de los últimos siglos. Escribí en otros momentos sobre la larga tradición del odio contra los judíos en Europa1. Y si alguien cree que este tema concluyera con el holocausto llevado a cabo por los nazis durante la segunda guerra mundial se equivoca. Los nuevos antisemitas profesan en su mayoría la religión de Mahoma2 o forman parte de la izquierda o del ecologismo radical3. Por eso, una parte de lo que ha quedado de judíos en Europa está haciendo las maletas para irse.

Es casi irónico que después de haber limpiado Europa de judíos, este continente ahora importa de forma voluntaria o involuntaria millones de personas de países islámicos con unos valores que están en las antípodas de las convicciones que han caracterizado a Europa en su momento. Sin lugar a duda, muchos de ellos se integran más o menos bien en la sociedad europea, pero aún así contribuyen a una islamización de Europa con consecuencias incalculables. Y no voy a profundizar sobre aquellos que no están dispuestos a integrarse y que rechazan los valores judeocristianos de occidente radicalmente. Son una bomba de reloj que explotará en su momento. Uno de los que advierte de este tema desde hace años con contundencia es el autor francés Michel Houellebecq.4

Si alguien cree que estoy exagerando le sugiero llevar a la vista una estrella de David en Paris, Berlín, Estocolmo o Londres y pasear por sus calles y barrios, particularmente aquellos con una población significante de musulmanes. De todos modos, desaconsejo el experimento por el riesgo que supone para la integridad física.

Haber acabado con el segmento de población más productivo e innovativo no solamente era un crimen que no tiene nombre, sino que causó además un daño económico incalculable para Europa. Es curioso que nadie ha investigado el daño económico que países como Alemania, España y Rusia han sufrido por la pérdida de su población judía.


2. Guerra al cristianismo
La marginación sistemática de la fe cristiana y de sus valores en la vida pública europea finalmente nos ha llevado a una erosión total de todos los valores que en su momento formaban el marco de los pueblos europeos: la responsabilidad ante Dios, la libertad del individuo y la protección de la vida. En la fracasada constitución europea del año 2003 ni siquiera se hizo mención de la fe cristiana que ha moldeado la cultura europea durante casi dos milenios. Sin embargo, se ha hecho referencia a nuestra herencia greco-romana, es decir: pagana.

Es interesante que un socialista como Gregor Gysi -él que fuera el antiguo presidente del “Partido de la Izquierda Europea” que aglutina 31 partidos de izquierda de 17 países europeos- teme a una sociedad sin valores cristianos. Siendo ateo, ese hombre ha reconocido en varias ocasiones que sin la ética del sermón del monte no hay ética ninguna.5 Y el sermón del monte no es otra cosa que la ley de Moisés aplicada y explicada por Jesucristo. Es sumamente curioso que Gysi llegue a esta conclusión. Porque es evidente que sin una ética que se basa sobre los valores bíblicos queda una sola opción: los valores del paganismo que llevan a una pérdida de libertad y justicia y a un menosprecio de la vida humana. Y esto es precisamente lo que estamos observando en estos tiempos. La erosión de los valores cristianos ha llevado a Europa a una neopaganización con consecuencias incalculables.


3. El Estado de Bienestar
Otro factor para hundir Europa es el concepto del estado de bienestar donde el gobierno de turno pretende mitigar a todos los males. A primera vista, los beneficios sociales que el sistema ofrece parecen una idea magnífica. Supuestamente, no se deja a nadie en la cuneta, nunca nadie andará solo. El estado se encarga -en última instancia- que todo el mundo goce de ciertas prestaciones en caso de necesidad. Hasta aquí, la teoría está bien. Pero se olvidan normalmente dos factores.

Primero: el estado de por sí no tiene dinero, salvo aquel que quita a sus ciudadanos por medio de los impuestos. Es decir: por imposición se quita dinero a algunos para dárselo a otros.

Segundo: esas prestaciones sociales en un sistema democrático tienen la tendencia a aumentar. Si el dinero no llega -y la “hucha” de las pensiones está vacía- el gobierno de turno soluciona el problema tomando prestado el dinero que le hace falta para mantener a sus electores tranquilos. En otras palabras: se endeuda. Ningún gobierno que tiene la intención de seguir en el poder puede permitirse el lujo de recortar esas prestaciones a menos que quiera cometer suicidio político.

Este mecanismo inherente en la combinación democracia/estado de bienestar nos ha llevado en Europa a disponer de prestaciones sociales impresionantes, pero a raíz de un endeudamiento masivo a costa de generaciones futuras. Solo que estas generaciones aún no se han dado cuenta de ello, pero notan que jamás en la vida van a poder acceder a un piso propio y son cada vez menos capaces de pagar los alquileres inflados gracias a la burbuja del ladrillo creada de forma artificial por la política del BCE por imposición política. Como única solución queda para ellos acceder a alquileres subvencionados con dinero público. Es el clásico ejemplo donde los gobiernos causan un incendio que luego pretenden apagar a un coste elevado.

Pero hay otro factor relacionado con esto: ya que el estado asume su papel de padre benefactor tiene que hacerlo de forma justa. Esto requiere un aparato burocrático cada vez más inflado para distribuir sus bendiciones de forma equitativa -sobre todo a los más allegados y cercanos al poder.

Esto ocurre no solamente en lo estrictamente social, sino en todas las áreas: empezando con las prestaciones sociales se extiende por ejemplo a la educación y la economía. Se da el caso curioso que en la Unión Europea la cuota estatal -es decir: la parte de la economía controlada directamente por el estado- oscila entre las 40 y las 60 %. En el caso de España el gasto público dentro del PIB está de momento alrededor del 51%. En Francia llega casi al 60%6. Curiosamente, esta cuota está en China -un país comunista- por debajo del 33%.

Esto permite varias conclusiones, pero me voy a limitar a una: el problema del cual sufre Europa es que un ejército de burócratas pretende saber más que la población. Una economía dirigida, como la europea llevará finalmente al totalitarismo estatal. La unión entre el poder corporativo y la política se llama “fascismo” que al fin y al cabo es una variante del socialismo totalitario. Personalmente estoy sorprendido que esta tendencia apenas encuentra oposición y mucho menos en las iglesias que por lo menos deberían levantar una voz de aviso. Esto forma parte de su tarea profética. Las consecuencias serán desastrosas.


4. Ideología versus ciencia
Pero esto no es todo. Hay otra plaga que asola Europa y que atenta directamente contra la estabilidad social del viejo continente. Se trata de la locura que se esconde detrás del transgenerismo y la ideología de género. Doy por hecho de que los lectores están más o menos al tanto del tema ya que de una forma creciente se abre camino forzadamente a nuestras vidas. Esto empieza con un lenguaje que se salta todas las reglas de ortografía a la torera, pasa por baños unisex y termina por una legislación que permite “cambiar de sexo” de forma tan fácil como si de una religión o afiliación política se tratase.

Estoy convencido que la pseudociencia que intenta justificar todas estas medidas con datos supuestamente científicos acabará en el vertedero de la historia. Correrá la misma suerte que los delirios de un Dr. Mengele con sus experimentos monstruosos en los campos de concentración o la explicación “científica” de la superioridad de la raza germana, para nombrar dos casos recientes, donde una ideología perversa se había impuesto a la objetividad científica.

El resultado de este crimen hecho ley no tardará en notarse. Uno de sus muchos efectos será un aumento de suicidios entre adolescentes, consecuencia directa de esta ideología aberrante. Será tal vez el efecto más triste, pero no el único. Lo que sí se notará de forma patente es el envenenamiento mental de toda una generación con todo lo que esto conlleva para el funcionamiento de una sociedad.

En 15 días seguiremos con la segunda parte. Quedan 6 plagas más que quiero mencionar.

Notas

1 Artículo de José Hutter en Protestante Digital.

2 Noticia de EsGlobal sobre aumento de antisemitismo en Alemania.

3 Noticia de cicero (en alemán).

4 Sobre las reflexiones de Houllebecq.

5 Noticia de Vatican News.

6 Véase particularmente la página 14 de este documento.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Teología - Las diez plagas de Europa: cuando Dios responde a Bruselas