LOS PROBLEMAS DEL MUNDO

Replica a Daniel con respecto a
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Si no has leído el epígrafe de la calle recta verás lo que he encontrado en mi repuesta a Tobi. Te pido especial atención en lo que allí menciono respecto de la actividad de los sucesores de Pedro y como hay datos concretos de un par de Concilios en los cuales se relacionan a los papas contemporáneos con Pedro.
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Te faltó añadir: "Manipulando la verdad, por supuesto".
 
¿Te refieres a esto Tobi?

... a mediados de ese siglo -alrededor de 845- apareció la tremenda composición de las decretales isidorianas, cuyas consecuencias fueron mucho más alía de lo que su autor ima­ginara, y gradualmente, pero firmemente, cambiaron toda la constitución y el gobierno de la Iglesia. Seria difícil hallar en toda la historia otra falsificación que haya obtenido tanto éxi­to a pesar de su tosquedad evidente. Hace tres siglos que fue desenmascarada y, sin embargo, los principios que introdu­jo y llevó a la práctica han echado raíces tan profundas en el suelo de la Iglesia, y se han desarrollado tanto en su vida, que la exposición del fraude no ha producido ningún resultado en sacudir el sistema dominante.
Cerca de cien pretendidas decretales de los primeros Papas, juntamente con otros escritos espurios de otros dignatarios de la Iglesia y actas de Sínodos, fueron compuestas entonces en el oeste de las Galias, y ávidamente tomadas por el Papa Nicolas I, en Roma, para usarlas como documentos genuinos sobre los que apoyar sus nuevas pretensiones. El propósito inmediato del recopilador de esta falsificación fue proteger a los obispos contra sus metropolitanos y otras autoridades, para asegurarles impunidad absoluta y la exclusión de toda influencia del poder secular. Este fin iba a ser conseguido mediante un aumento tal del poder papal que, a medida que estos principios penetraban gradualmente en la Iglesia, y eran seguidos con todas sus consecuencias, ésta asumió necesariamente la forma de una monarquía absoluta sujeta al poder arbitrario de un solo individuo y así se colocaba el fundamento del edificio de la infalibilidad papal; primero, por el principio de que los decretos de cada Concilio requieren la confirmación papal; segun­do, por la afirmación de que la plenitud del poder, incluso en materias de fe, reside en el Papa sólo, quien es obispo de la Iglesia universal, mientras que los demás obispos son sus siervos...

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