Jetonius:
Con respecto a esto último, no le negaré que fuese la Iglesia de Cristo, pero si de hecho estaba admitiendo la perpetua virginidad de María, era porque ya mostraba signos de corrupción.
Luis:
¿y también mostraba signos de corrupción la Iglesia en el credo niceno-constantinopolitano al afirmar que "Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados"?
Muy interesante técnica la de contestar la pregunta para desviar la atención del tema principal. Noto que la emplea a menudo.
El bautismo (precedido por el arrepentimiento) se vincula con la remisión de los pecados en Hechos 2:38. La forma griega del credo Niceno-Constantinopolitano emplea la misma palabra (
afesis) que en dicho texto. Por tanto, la declaración puede tomarse en sentido bíblico.
Jetonius:
La doctrina es por completo desconocida en la Escritura, lo que para mí zanja toda disputa, mientras que usted ha tomado un curso tangencial para evitar (prudentemente) tratar lo sustancial de mi escrito.
Luis:
Usted zanja los asuntos muy rápidamente. Es decir, zanja con una alegría pasmosa lo que ha sido la creencia unánime de la Iglesia durante mucho tiempo. De todas formas, no pienso evitar lo "sustancial" de su escrito. Esto no ha hecho sino empezar.
Me alegro, aunque por cierto que ha empezado muy mal con sus dos o cuatro preguntas sin relación directa con la evidencia escritural.
Puede que mi alegría lo pasme, pero por cierto que no he zanjado nada en forma apresurada. Más bien lo contrario, he examinado cuidadosamente toda la evidencia escritural y he llegado a ciertas conclusiones.
Como usted dice, la Iglesia creyó durante mucho tiempo en esta enseñanza. Sin embargo, no hay evidencia escritural, ni en la tradicion más primitiva si se quiere apelar a ella, de que siempre haya creído esto. Un error no se transforma en verdad por el hecho de persistir mucho tiempo.
Note usted que, a diferencia de los católicos que tienen que defender la perpetua virginidad de la Bienaventurada María porque es un dogma de fe de asentimiento obligatorio, para quienes no aceptamos sin más la autoridad del magisterio romano es en principio una cuestión abierta. En otras palabras, si la evidencia escritural indicase que María permaneció siempre virgen, santo y bueno. No aporta ni quita nada a la economía de la salvación. Sin embargo, la evidencia presentada apunta en otra dirección, les guste o no a los defensores de la perpetua virginidad.
Jetonius:
Por lo demás, me gustaría ver qué evidencia tiene de que la perpetua virginidad de María fuese enseñada por autores ortodoxos (en sentido estricto) de los primeros tres siglos del cristianismo.
Luis:
No mucha más de la que usted tendrá sobre la doctrina de la trinidad (en especial sobre la relación no subordinada del Hijo al Padre) y la cristología ortodoxa en esos mismos siglos.
¿No mucha más? Suena a bravata...
¿No tenemos un Dios y un Cristo? ¿No hay un Espíritu de gracia derramado sobre nosotros?
(Clemente de Roma, hacia 96)
...sois piedras del templo del Padre, preparadas para la construcción de Dios Padre, levantadas a las alturas por la palanca de Jesucristo, que es la cruz, haciendo veces de cuerda el Espíritu Santo.
La verdad es que nuestro Dios Jesús, el Ungido, fue llevado por María en su seno conforme a la dispensación de Dios [Padre]; del linaje, cierto, de David; por obra, empero, del Espíritu Santo.
(Ignacio de Antioquía, hacia 107)
"Señor Dios omnipotente: Padre de tu amado y bendecido siervo Jesucristo ... Yo te bendigo, porque me tuviste por digno de esta hora, a fin de tomar parte ... en la incorrupción del Espíritu Santo... Tú, el infalible y verdadero Dios. Por lo tanto, yo te alabo ... por mediación del eterno y celeste Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu siervo amado, por el cual sea gloria a Ti con el Espíritu Santo, ahora y en los siglos por venir" (Policarpo, hacia 160)
A El [el "Dios verdaderísimo"] y al Hijo, que de El vino y nos enseñó todo esto ... y al Espíritu profético, le damos culto y adoramos, honrándolos con razón y verdad.
...entonces toman en el agua el baño en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo.
(Justino Mártir, hacia 160)
¿Quién, pues, no estaría maravillado de oír llamar ateos a hombres que hablan de Dios el Padre, y de Dios el Hijo, y del Espíritu Santo, y que declaran tanto su poder en la unión y su distinción en el orden?
Los cristianos conocen a Dios y a su Verbo. Ellos también saben qué clase de unidad el Hijo tiene con el Padre y qué tipo de comunión tiene el Padre con el Hijo. Además, ellos saben qué es el Espíritu y qué es la unidad de estos tres: el Espíritu, el Hijo y el Padre. También saben cuál es su distinción en la unidad.
Reconocemos un Dios, y un Hijo (su Verbo), y un Espíritu Santo. Estos están unidos en esencia – el Padre, el Hijo y el Espíritu.
(Atenágoras, hacia 175)
He demostrado ampliamente que el Verbo, esto es el Hijo, fue siempre con el Padre. Ahora, también aquella Sabiduría, que es el Espíritu, estaba presente con Él antes de toda creación.
Hay por tanto un Dios, quien por su Verbo y su Sabiduría creó y ordenó todas las cosas.
Dios es poderoso en todas las cosas. En aquel tiempo, Él fue visto proféticamente a través del Espíritu y adoptivamente a través del Hijo. Sin embargo, Él será visto paternalmente en el reino de los cielos. El Espíritu verdaderamente prepara al hombre en el Hijo de Dios y el Hijo lo lleva al Padre. Finalmente, el Padre le confiere incorrupción para vida eterna.
La Iglesia, aunque dispersa en todo el mundo, hasta lo último de la tierra, ha recibido de los apóstoles y sus discípulos esta fe: ... un Dios, el Padre Omnipotente, hacedor del cielo y de la tierra y del mar y de todas las cosas que en ellos hay; y en un Jesucristo, el Hijo de Dios, quien se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, quien proclamó por medio de los profetas las dispensaciones de Dios y los advenimientos y el nacimiento de una virgen, y la pasión, y la resurrección de entre los muertos, y la ascensión al cielo, en la carne, del amadísimo Jesucristo, nuestro Señor, y Su manifestación desde elcielo en la gloria del Padre, a fin de ‘reunir en uno todas las cosas’, y para resucitar renovada toda carne de la entera raza humana, para que ante Jesucristo, nuestro Señor, y Dios , y Salvador, y Rey, según la voluntad del Padre invisible, ‘se doble toda rodilla, de las cosas en los cielos, y las cosas en la tierra, y las cosas debajo de la tierra, y que toda lengua le confiese, y que El ejecute un justo juicio sobre todos...
Es según la imagen y semejanza del Dios increado: el Padre planeándolo todo bien y dando sus mandamientos, el Hijo poniéndolos en ejecución y realizando la obra creadora, y el Espíritu nutriendo y dadno crecimiento.
Un Dios y Padre es declarado, quien es sobre todos, a través de todos y en todos. El Padre es ciertamente sobre todos, y es la cabeza de Cristo. Pero el Verbo es a través de todas las cosas y es Él mismo la Cabeza de la Iglesia. Mientras que el Espíritu está en todos nosotros, y es el agua viva.
(Ireneo de Lyon, hacia 180)
Igualmente también los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría [el Espíritu]
(Teófilo de Antioquía, hacia 180)
El Padre universal es uno. El Verbo universal es uno. Y el Espíritu Santo es uno.
Agradece a los únicos Padre e Hijo, Hijo y Padre. El Hijo es el instructor y maestro, juntamente con el Espíritu Santo. Ellos son todos en Uno, en quien es todo, por quien todo es Uno, por quien es la eternidad.
Es protegido por el poder de Dios el Padre, y la sangre de Dios el Hijo, y el rocío del Espíritu Santo.
(Clemente de Alejandría, hacia 195)
Oramos como mínimo tres veces al día. Porque somos deudores de Tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Pues la misma Iglesia es, propia y principalmente, el Espíritu mismo, en quien es la Trinidad de la única divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Esta herejía [monarquismo] supone poseer la pura verdad, al pensar que uno no puede creer en un único Dios sino afirmando que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una mismísima Persona. Como si en esta forma también Uno no fuese Todos, en que Todos son de Uno, por unidad de sustancia. De esta manera, el misterio de la economía aún se guarda, la cual distribuye la Unidad en una Trinidad, interrelacionando a los tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin embargo, son tres, no en dignidad, sino en grado; no en sustancia sino en forma; no en poder, sino en aspecto. Empero, ellos son de una sustancia, de una condición y de un poder – un Dios del cual estos grados, formas y aspectos se reconocen bajo el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Testifico que el Padre, el Hijo y el Espíritu son inseparables uno del otro ... Mi afirmación es que el Padre es uno, el Hijo es uno, y el Espíritu es uno –y que son todos distintos entre sí ... El Padre no es el mismo que el Hijo ...
Así la conexión del Padre en el Hijo, y del Hijo en el Paracleto, produce tres Personas coherentes, distntas la una de la otra. Tres son uno en esencia –no uno en Persona.
Él les manda bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo –no en un Dios unipersonal.
(Tertuliano de Cartago, 198-213)
Por tanto, un hombre ... es forzado a reconocer a Dios el Padre Todopoderoso; y a Cristo Jesús el Hijo de Dios –quien, siendo Dios, se hizo hombre, a quien también el Padre sujetó todas las cosas excepto e Él mismo – y el Espíritu Santo; y que estos son tres (Personas). Sin embargo, si desea saber cómo se muestra que aún así hay un único Dios, que sepa que Su poder es uno. En lo que respecta al poder, por tanto, Dios es uno. Pero en lo relacionado a la economía, hay una triple manifestación.
Consecuentemente vemos al Verbo encarnado, y conocemos al Padre por medio de Él. También creemos en el Hijo, y adoramos al Espíritu Santo.
Si, entonces, el Verbo estaba con Dios y era Dios, ¿qué se sigue? ¿Diría alguien que hablo de dos Dioses? Por cierto que no hablaré de dos Dioses, sino de uno. Hablo, empero, de dos Personas, y de una tercera economía – la gracia del Espíritu Santo. Pues el Padre ciertamente es uno, pero hay dos personas, pues también está el Hijo. Y entonces también está el tercero, el Espíritu Santo... La economía de la armonía es llevada de vuelta a un Dios, pues Dios es uno. Es el Padre quien manda, y el Hijo quien obedece, y el Espíritu Santo quien da entendimiento. El Padre es sobre todos, el Hijo a través de todos, el Espíritu Santo en todos.
«Id y predicad a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Por esto, mostró que quienquiera que omita a uno de estos tres, no glorifica a Dios perfectamente. Pues es a través de la Trinidad que el Padre es glorificado. El Padre decretó, el Hijo hizo, y el Espíritu manifestó.
(Hipólito de Roma, hacia 205).
Si alguno dijese que el Verbo de Dios o la Sabiduría de Dios tuvieron un comienzo, advirtámosle no sea que dirija su impiedad también contra el ingénito Padre, ya que negaría que El fue siempre Padre y que El ha engendrado siempre al Verbo, y que siempre tuvo sabiduría en todos los tiempos previos o edades, o cualquier cosa que pueda imaginarse previamente. No puede haber título más antiguo del Dios omnipotente que el de Padre, y es a través del Hijo que El es Padre.
Pues si este fuera el caso [que el Espíritu Santo no fuese eternamente como El es, y hubiese recbido conocimiento en algún momento y entonces llegado a ser el Espíritu Santo] el Espíritu Santo nunca hubiese sido reconocido en la unidad de la Trinidad, es decir, junto con los inmutables Padre e Hijo, a menos que El siempre hubiese sido el Espíritu Santo... De todos modos, parece apropiado inquirir cuál es la razón por la cual quien es regenerado por Dios para salvación tiene que ver tanto con el Padre y el Hijo como con el Espíritu Santo, y no obtiene la salvación sino con la cooperación de toda la Trinidad; y por qué es imposible tener parte con el Padre y el Hijo, sin el Espíritu Santo
Más aún, nada en la Trinidad puede ser llamado mayor o menor, ya que la fuente de la divinidad sola contiene todas las cosas por Su palabra y razón, y por el Espíritu de Su boca santifica todas las cosas dignas de ser santificadas... Habiendo hecho estas declaraciones concernientes a la Unidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, retornemos al orden en el cual comenzamos la discusión. Dios el Padre otorga, ante todo, la existencia; y la participación en Cristo, considerando que Su ser es la palabra de la razón, los torna seres racionales ... [y] es la gracia del Espíritu Santo presente por la cual aquellos seres que no son santos por esencia, pueden ser tornados santos por participar de ella.
Todas las cosas que existen fueron hechas por Dios y no hubo nada que no fuese hecho –excepto la naturaleza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ... Pues el Padre solo conoce al Hijo. Y el Hijo solo conoce al Padre. Y el Espíritu Santo solo escudriña aun las cosas profundas de Dios.
(Orígenes, hacia 225).
No ignoramos que hay un Dios; y un Cristo, el Señor (a quien hemos confesado), y un Espíritu Santo.
«Id y predicad a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Él sugiere la Trinidad, en cuyo sacramento las naciones habían de ser bautizadas.
(Cipriano, hacia 250)
El falso e impío bautismo de los herejes ... es una blasfemia contra la Trinidad
(Séptimo Concilio de Cartago, 256)
Ahora espero sus textos prenicenos (no muchos más...) sobre la virginidad perpetua de la Bienaventurada María.
Jetonius:
Finalmente, recalco que los tres cánones conciliares que cita son definiciones cristológicas, no mariológicas. No hay ningún canon de un concilio ecuménico que defina la virginidad perpetua de María.
Luis:
Oiga, es que la perpetuidad virginal no necesita de mucha definición. Está muy claro en qué consiste. Igual de claro que el hecho de que es citada en medio de cánones que anatemizan al que no los acepte tal y como fueron escritos.
Yo había oído hablar de la virginidad perpetua; no estoy seguro de que sea lo mismo que la «perpetuidad virginal» que menciona. Tal vez no sea tan claro en qué consiste. Sin embargo, aunque así fuera, lo de la virginidad antes del parto está muy claro y es bíblico. Pero en el parto y después del parto ni es bíblico ni claro.
De todos modos, de hecho la creencia se difundió rápidamente a partir de su formulación por Jerónimo y Siricio a fines del siglo IV, hasta el punto de que a partir del siguiente siglo los obispos de Roma la incorporarían a sus escritos y probablemente (ver más abajo) apareciera tal creencia en el contexto de cánones conciliares, aunque estos estaban destinados primariamente a salvaguardar la Persona de Cristo y no a ensalzar a María.
Resulta instructivo comparar las enseñanzas de los Concilios Ecuménicos sucesivos para notar la forma en que se desarrolló la creencia en la perpetua virginidad de María.
Año 325. Según el Credo de Nicea, Jesucristo “por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y fue encarnado y fue hecho hombre”. María no es siquiera mencionada.
Año 381. Según el Credo llamado Niceno-Constantinopolitano, Jesucristo “por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió del cielo y fue encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María, y fue hecho hombre”.
Aquí sí se menciona a María, y a su condición virginal en el momento de la concepción.
Año 431. Según los anatemas de Cirilo contra Nestorio en el Concilio de Éfeso,
“Si alguno no confiesa que Dios es según verdad el Emanuel, y que por eso la santa Virgen es madre de Dios (pues dio a luz carnalmente al Verbo de Dios hecho carne) , sea anatema”.
Tampoco aquí se menciona lo de “siempre virgen”.
Año 451. En el Concilio de Calcedonia, en la definición sobre las dos naturalezas de Cristo, dice que fue
“...engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad...”
Los obispos de Calcedonia añadieron esta advertencia:
“Así, pues, después que
con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que
a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla.
A pesar de la extrema exactitud y cuidado que los obispos conciliares afirman haber ejercido, aún no dicen “María siempre Virgen”, sino “María Virgen”
en el contexto de la concepción de Jesús.
En otras palabras, el dogma de la perpetua virginidad no aparece en forma implícita, mucho menos explícita, en los cánones de los cuatro primeros concilios ecuménicos.
Nótese que esto no se debió a que no hubiese habido quien enseñase lo contrario. Ya Tertuliano a principios del siglo III y en el IV primero Helvidio, luego Joviniano y más tarde Bonoso, obispo de Iliria, sostuvieron que María tuvo más hijos después de parir a Jesús. Esto ocurrió décadas
antes que los concilios de Éfeso y Calcedonia.
Incluso con respecto al mismo concilio II de Constantinopla, la evidencia es cuestionable:
Las actas griegas originales del Concilio se han perdido, pero existe una versión latina muy antigua, probablemente contemporánea y hecha para el uso de Vigilio, ciertamente citada por su sucesor Pelagio I.... En el siguiente Concilio General de Constantinopla (680) se halló que las Actas originales del Concilio habían sido adulteradas (Hefele, op.cit., II, 855-58) a favor del monotelismo; ni es seguro que en su forma presente las tengamos en su plenitud original (ibid., pp. 859-60).
(Thomas J. Shahan, en
The Catholic Encyclopedia, s.v.
Constantinople, Second Council of)
Es interesante que en el siguiente Concilio III de Constantinopla (sexto ecuménico) los obispos se expresasen como sigue:
“Siguiendo a los cinco santos Concilios Ecuménicos y los santos y aprobados Padres con una voz define que nuestro Señor Jesucristo debe ser confesado como verdadero Dios y verdadero hombre, subsistente en alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre en su divinidad y consustancial con nosotros en su humanidad; en todas las cosas como nosotros, excluyendo solamente el pecado; engendrado de su Padre antes de todas las edades según su divinidad, pero en estos últimos días, por nosotros los hombres y por nuestra salvación
hecho hombre del Espíritu Santo y de la Virgen María, estricta y propiamente la madre de Dios según la carne; uno y el mismo Cristo nuestro Señor, el unigénito Hijo de en el que han de reconocerse dos naturalezas inconfusa, inmutable, inseparable e indivisiblemente ...”
(Sesión XVIII; negritas añadidas).
Como verá, en esta declaración que expresamente afirma su adhesión a los cinco Concilios Ecuménicos prebios, no dice aquí «siempre Virgen María» sino, como en los Concilios previos a II Constantinopla, simplemente «la Virgen María».
Yo he traducido de la edición de
Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, 14:345, pero puede leerse lo mismo en Denzinger # 290.
Jetonius:
Precisamente ese fue su error, al ser inconsistente con el principio de Sola Scriptura. Tanto en su sermón sobre Mateo 1:22-25 como en su Armonía de los Evangelios (sinópticos), en este aspecto confía más en Jerónimo que en las Escrituras.
Luis:
Oiga, ¿y no será que no encuentra ninguna incoherencia entre lo dicho por Jerónimo y lo que aparece en la Escritura?
Es exactamente lo que yo creo, pero eso no lo hace menos erróneo. Cometió igual equivocación al seguir más a Agustín de Hipona en sus exageraciones sobre la predestinación surgidas de la controversia contra los pelagianos, que a los datos bíblicos.
Jetonius:
Ello demuestra que los obispos del siglo VI creían en la perpetua virginidad, la cual sin embargo omitieron definir. Y esto no es menos cierto.
Luis:
Por lo general, no se define lo que no se niega. No se definió la no necesidad de la circuncisión de los gentiles hasta que alguien la exigió. No se definió dogmáticamente la divinidad de Cristo hasta que alguien la negó. No se definió la doble naturaleza de Cristo hasta que alguien la negó. Sin emabrgo, nadie en el siglo VI negaba la perpetua virginidad de María, lo cual es señal de lo clarito que tenían ese tema los cristianos.
Pero hombre, como ya dije había sido negada por Tertuliano antes de Nicea, y por Helvidio, Joviniano y Bonoso antes de Éfeso y Calcedonia.
Jetonius:
Bien, confirmado está. Pero no veo cuál sea el punto, si usted no acepta su autoridad y nosotros no los consideramos infalibles.
Luis:
El punto es que los líderes del protestantismo, utilizando el mismo principio teológico (Sola Scriptura) que utilizán ustedes hoy, creían que María fue siempre virgen.
Si lo hubieran empleado consistentemente, no hubieran llegado a esa conclusión (excepto como una improbable opinión piadosa). Puede aprenderse tanto de los aciertos como de los errores de los Reformadores.
Jetonius:
Mire, que yo sepa no he inventado absolutamente ninguna doctrina. Me limito a seguir el consejo de Pablo de examinar todo y retener lo bueno. Esto no me ha creado hasta el momento ningún "problema". En cambio las desmesuradas pretensiones romanas acerca de su propia autoridad sí son un problema.
Luis:
Serán un problema para usted y para los que no aceptan el principio de la primacía petrina tal y como la entiende la Iglesia Católica. No para mí
Por supuesto; sin embargo, la primacía «petrina» tal y como la entiende la Iglesia Católica es otra doctrina falsa que sólo pudo imponerse después del Cisma entre oriente y occidente. Roma definió por sí misma tal primacía, y desde luego, solamente ella se la cree.
A propósito, recordará usted quién era obispo de Roma cuando se reunió su querido Concilio II Constantinopla...
Sí, acertó, era Vigilio, y dicho Concilio se reunió “sin su presencia, más aún, a pesar de su protesta”, al decir del Profesor Hubert Jedin, S.I.
Tal era la primacía «petrina» en el siglo VI.
Jetonius:
Si se refiere a que asumimos la responsabilidad de nuestras interpretaciones y estamos dispuestas a modificarlas si se nos demuestra que estamos equivocados, perfecto.
Si quiere decir que no reconocemos otra autoridad que la propia, en cambio, su afirmación es insostenible al menos para el conjunto de los evangélicos. De lo contrario deberíamos habernos librado de nuestros comentarios, léxicos, diccionarios, tratados, y libros de historia, y despedir a nuestros maestros y pastores hace tiempo.
Luis:
Mire, cuando le veo decir eso del "conjunto de los evangélicos" me sonrío.
Me alegro de hacerle esbozar una sonrisa de tanto en tanto.
Pero bueno es que reconozca usted que dependen de una tradición de comentarios exegéticos. Muy pocos evangélicos están dispuestos a reconocer tal cosa. Por lo general suelen decir que ellos sólo dependen de sí mismos y de la ayuda del Espíritu Santo para interpretar la Biblia. En este foro hay ejemplos de sobra de lo que le estoy diciendo.
Sin duda que en este foro hay ejemplos; sin embargo, tal posición es poco realista porque en mayor o menor medida todos somos influenciados por nuestro entorno. Nadie –y desde luego me incluyo- puede presumir de qe su opinión está libre de toda influencia externa. Lo mejor que puede hacerse es reconocer los propios prejuicios y tener en cuenta su existencia al sostener una opinión.
El problema que tienen ustedes es que se erigen como jueces de la tradición de la Iglesia del primer milenio, dando por hecho que esa Iglesia se corrompió y que no llegó la pureza hasta que Lutero y compañía aparecieron en el horizonte. De hecho, a pesar de las diferencias que nos separan a los católicos de los ortodoxos, ambos tenemos muy claro que el protestantismo es una aberración histórica que no puede ser la solución a los problemas que tuvo y que tiene la Iglesia.
A mi modo de ver, la Iglesia de Roma es una «aberración histórica» colosal que la Reforma intentó corregir sin lograrlo. El modo en que Roma se ve a sí misma es el mejor reaseguro de que nunca corrija nada en lo concerniente a la doctrina, pues
por definición no hay nada que corregir.
De todos modos, es el camino de la Reforma, y no el de Roma, el que puede proporcionar una solución. Esto es obvio en el terreno de la interpretación bíblica. Si usted toma cualquier comentario católico moderno, verá que aunque sostengan las doctrinas características de Roma (no podría ser de otro modo) emplean en sus interpretaciones el método filológico o histórico gramatical establecido por la Reforma.
En cuanto a erigirnos en jueces de la tradición, la diferencia es que los católicos deben admitir que la tradición es
lo que el Magisterio le dice que es, o como dijo Pío IX en un arrebato luisiano, «¿Testigos de la tradición? Sólo hay uno: la tradición soy yo».
Nosotros, en cambio, tenemos libertad para examinar esa tradición y ver si realmente dice lo que Roma dice que dice. Y es el caso que la evidencia histórica, mal que le pese a Pío IX o a usted, demuestra que la versión del Magisterio romano es falsa o adulterada, y que a todas luces hubo una corrupción generalizada, aunque no completa.
Si se entiende por juzgar el arribar a ciertas conclusiones sobre la base de la evidencia, desde luego que juzgamos la tradición. En cambio el católico no puede hacer esto, porque el Magisterio ya ha emitido veredicto. Aunque toda la evidencia histórica le vociferara que una doctrina o una costumbre es errónea, no podría aducirla contra el dictum del Magisterio. Así, Pedro fue obispo de Roma y primer papa que , la sucesión de los papas es ininterrumpida, ellos tienen la primacía y son infalibles cuando hablan
ex cathedra, las doctrinas marianas fueron creídas siempre, el milenarismo no es una opinión válida, etc.
Jetonius:
Lo que ocurre es que, como los nobles bereanos, cuando se nos enseña algo vamos a las Escrituras a ver si son así las cosas.
Luis:
Ya, pero una pregunta, imaginémonos que los bereanos hubieran llegado a la conclusión de que lo que les contaba Pablo no era de acuerdo a la Escritura, ¿de qué les habría valido su sola-escriturismo?
No sé de dónde sacó que los bereanos eran «sola escrituristas»; difícilmente hubieran podido serlo cuando estaban recibiendo enseñanzas directamente de la predicación de un Apóstol. Sin embargo, hoy las enseñanzas de los mismos Apóstoles se encuentran con certeza solamente en las Sagradas Escrituras; todas las demás fuentes han de juzgarse a la luz de la Biblia.
Jetonius:
Con respecto al principio de autoridad, es obvio que para todos nosotros hay algunas opiniones que nos merecen a priori mayor confianza que otras. Sin embargo, aún así cada cosa debe ser examinada sobre sus propios méritos.
Luis:
Desde luego que hay opiniones que les merecen mayor confianzas que otras. Concretamente les merecen mayor confianza las opiniones que coinciden con las suyas. Lo estamos viendo en este epígrafe. Les merece confianza la opinión de Calvino sobre el culto a María pero no la que tiene sobre su perpetua virginidad. Les merece mayor confianza la opinión de ustedes mismos que la expresada por la Iglesia en los Concilios Ecuménicos del primer milenio. Ustedes juzgan la doctrina de la Iglesia, no dejan que la Iglesia juzgue sus doctrinas.
Veo que se niega a reconocer que las enseñanzas deben ser juzgadas por sus propios méritos sobre la base de la Escritura. La Iglesia fue llamada a ser depositaria, custodia y predicadora de las Escrituras. La Iglesia de Roma se ha puesto de hecho a sí misma por encima de ellas, aunque con los labios confiese otra cosa.
Y no, no me merecen mayor confianza automáticamente opiniones que coincidan con las mías, a menos que estén fundamentadas. De hecho, yo he cambiado mi opinión sobre diversos asuntos estudiando obras de personas cuyos puntos de vista ciertamente no coincidían con los míos. Si lo que usted dice es cierto, nunca nadie podría aprender nada nuevo.
Jetonius:
Todo puede ponerse en duda; sin embargo, mientras que la definición de Éfeso puede defenderse con sólida base escritural,
Luis:
Eso lo dice usted, pero la inmensa mayoría de los cristianos evangélicos de este foro LO NIEGAN. ¿Ve?: Lo que para usted tiene una sólida base escritural, María Madre de Dios, para la mayor parte de sus hermanos es una herejía de origen pagano. ¿Para eso quieren la Escritura? ¿en dónde dejan ustedes la autoridad de la Iglesia de los Concilios?
La autoridad de la Iglesia de los Concilios está subordinada a la Biblia.
De nuevo, confío en que un examen cuidadoso de lo que la definición de Éfeso realmente dice, mostrará que ella es conforme a la Escritura; por eso yo la creo y la afirmo.
Jetonius:
no ocurre otro tanto con la perpetua virginidad de la Bienaventurada María. Este es el problema: los católicos aceptan que lo que dice Roma es cierto porque ella lo dice, aunque no se enseñe en las Escrituras o aún se oponga a ellas.
Luis:
De la misma forma que sus hermanos evangélicos dicen que María no es Madre de Dios, usted dice que no fue siempre virgen. Ellos niegan la base escritural para considerar a María como Teotokos y usted la niega para considerar que fue siempre virgen.
No, no es de la misma forma. Muchos evangélicos cuestionan la expresión porque no conocen el modo en que se formuló en Éfeso, o en algunos casos que sí lo saben, porque puede prestarse a malas interpretaciones que de hecho no concuerdan con lo dicho por los obispos conciliares.
Los católicos aceptamos lo que dice la Iglesia, porque las Escrituras afirman que es Ella, y no cada uno de nosotros como individuos, la columna y baluarte de la verdad. El protestantismo desconoce el concepto real de UNA sola Iglesia, porque no ha parado de fraccionarse cada dos por tres por motivos de divergencias doctrinales.
Todo lo contrario, es Roma y no los evangélicos quien identifica la única auténtica Iglesia de Cristo con
sí misma. Los evangélicos afirmamos que la Iglesia universal es única aunque tenga diferentes manifestaciones. Como se imaginará, no creo que mi congregación de 300 miembros sea superponible con la Iglesia universal. Lo del fraccionamiento es un problema para los católicos porque, constituida como está su Iglesia sobre el modelo del Imperio Romano, no entienden que pueda existir unidad sin forma institucional visible y definida.
Jetonius:
La cristología y la doctrina trinitaria evangélica no difiere de la católica, porque en este caso todas se basan en las Escrituras, a Dios gracias, y no en especulaciones o creencias no escriturales.
Luis:
No, a Dios gracias que la mayoría de las doctrinas cristológicas y trinitaria de los evangélicos coincide con la católica. Es casi un milagro que sea así, porque vistos los desvaríos cristológicos de Menno Simmons, el desprecio de Lutero por buena parte del canon del Nuevo Testamento y el afán anti-sacramentalista de los Zwinglianos y de los cuáqueros, lo que no sé es cómo el solaescriturismo no ha dado más sectas antitrinitarias de las que ha dado.
Digo yo, ¿no pertenecían a la Iglesia Católica Antigua Arrio y Nestorio, por nombrar sólo dos?
Y fíjese que muchos menonitas son hoy trinitarios.
Jetonius:
En este punto se ha tornado intolerablemente insolente, de modo que le exijo que modere sus expresiones.
Luis:
¿eh? ¿cómo? ¿qué?
Me ratifico PUNTO POR PUNTO EN LO QUE DIJE:
quote:
Ya está. Lo dice usted y punto. O lo dice otro cualquiera y punto.
Se ve que cuanto más se oponga alguien a las supuestas falsas doctrinas católicas, mejor, ¿verdad?
Y ahora lo voy a razonar...
Jetonius:
Usted procede en forma mendaz porque sabe muy bien cómo pienso. No es que lo digo yo, u otro, y punto. Es que las Escrituras lo dicen, y punto. Si la interpretación es errónea, pues demuéstrelo.
Luis:
No, NI MUCHO MENOS ES LO QUE LAS ESCRITURAS DICEN Y PUNTO. Es lo que usted interpreta de las Escrituras y punto. Es lo que interpretó Lutero y fue punto. Es lo que interpretó Calvino y fue punto. Y claro, ante esos puntos, yo digo que es lo que mi Iglesia interpreta y punto. Y si para usted eso es ser insolente y mendaz, pues lo soy, pero no pienso moderarme en decir lo que creo y pienso acerca de este asunto.
Usted es quien decide lo que quiere ser.
Desde el momento en que las opiniones de Lutero, Calvino y las de cualquier otro son susceptibles de crítica y corrección, lo de “punto” sale sobrando. Es manifiestamente la Iglesia de Roma la que se cree autorizada para poner punto final a cualquier cuestión.
Jetonius:
Por supuesto que cuando se trata de doctrinas manifiestamente falsas y anti o extrabíblicas, cuanto más lejos mejor. Pero eso no significa que todo cuanto se enseñe en Roma es erróneo, ni mucho menos, como lo he dicho con respecto a la doctrina trinitaria y la cristología,
Luis:
Insisto. Se pone usted como juez de lo que es anti-bíblico en las doctrinas católica y las ortodoxas. Usted está de acuerdo con la doctrina trinitaria y cristológica de la Iglesia del primer milenio de la misma forma que podría estar en desacuerdo, como ocurre con los unitarios o la mayoría de los universalistas de nuestro tiempo, que también dicen basarse en el Sola Scriptura.
Si hay suerte, ustedes son trinitarios. Si la cosa sale mal, no lo son.
Como usted sabrá, los evangélicos no creemos en la suerte. Sí en la evidencia, cosa que los católicos no necesitan considerar, porque el Magisterio ya ha decidido por ellos en qué consiste y cómo ha de entenderse.
Jetonius:
Puede seguir cuanto quiera; hasta aquí va muy bien.
Luis:
Y luego habla de insolencia. O sea, que usted no lo es cuando afirma que la creencia en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la regeneración bautismal (expresamente enseñada en el credo niceno-constantinopolitano) y el bautismo de niños son lastres. Ya está, ¿verdad?
Pero, oh, la la. La cosa cambia cuando sigo utilizando su línea y menciono lo del sábado o lo de la Trinidad, entonces me acusa de sofista:
Así que interpreta mis palabras como una insolencia... Lo dicho, una reacción paranoide.
Jetonius:
Este lamentable sofisma pretende demostrar una inexistente oposición por el gusto de oponerse. Tanto la costumbre como la doctrina que cita pueden sostenerse con las Escrituras.
Luis:
Y claro, ahora le digo yo que me demuestre con las Escrituras que los cristianos consideraban que el domingo era el Día del Señor. Venga, que seguro que los adventistas están esperando con ansias sus explicaciones.
No hace falta que le diga que en este foro, cada vez que entra un antitrinitario siempre acusa a los evangélicos de seguir atrapados en el engaño de Roma. Y buena parte de esos antitrinitarios usan sólo la Biblia para sus doctrinas. Exactamente como hicieron los arrianos y semiarrianos, por poner un ejemplo histórico. O como podían hacer los monofisitas y los nestorianos.
Sobre el domingo, mi posición es que la práctica puede sostenerse con las Escrituras, pero no como algo obligatorio. Si un cristiano quiere guardar el sábado, santo y bueno.
Y en cuanto a los antitrinitarios, la respuesta a ellos también debe ser sobre la autoridad de las Escrituras; la autoridad de los Concilios es secundaria. Puede que sea más engorroso que simplemente recurrir al Magisterio «infalible», pero es más adecuado.
Jetonius:
La excusa perfecta es la supuesta autoridad del Magisterio de Roma.
Luis:
De la Iglesia, cuyo sucesor de Pedro está en Roma.
Como usted sabe perfectamente, para su Iglesia la autoridad de decidir acerca de fe y costumbres está entregada al Magisterio.
Jetonius:
En una reacción paranoide, insiste en mezclar flores con tornillos. Lo siento por usted.
Luis:
Más siento que usted tenga que usar el término de “reacción paranoide” para referirse a lo que le digo, cuando resulta que el desquicie paranoide de división descontrolada está entre los de su bando, los protestantes evangélicos.
Me late que no entiende bien qué es paranoide. De lo contrario hubiera empleado el adjetivo «esquizofrénico» para insultar a las Iglesias evangélicas.
Jetonius:
De todos modos, le recuerdo que este epígrafe trata de los hermanos de Jesús. Si tiene algo sustancial y bíblico que aportar, lo escucharé con mucho gusto.
Luis:
Bien
Jetonius:
Pero sus berrinches, por favor ahórremelos.
Luis:
¿qué entiende usted por berrinches?
Bendiciones
Me refería a la reacción de enojo y disgusto que evidentemente le ha causado mi opúsculo.
Bendiciones en Cristo,
Jetonius
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