Estás poniendo el énfasis donde no existe.
Cristo es el Silencio de Dios.
O el ruido-silencioso de Dios.
O el silencio-ruidoso de Dios.
En los tres casos, el Silencio gana la partida, como la ganó ante Elías.
¡Amor!,
Ibero
Bien. Lo que dices no tiene pierde. Y comparte la misma sabiduría que podemos extraer de lo escrito por DannyR.
Estamos de acuerdo en que estamos sumergidos en el estruendo de nuestros egos y en nuestros gritos de superioridad moral que Dios tendrá que hacernos callar. (Zacarias 2:13) y como decía mi abuela que descansa en la paz del Señor, "téngase fuerte mijo pa que no se caiga".
En esto esperamos. No obstante aveces quisiéramos que ese día fuera hoy porque el que niegue que es aterrorizante lo que le que a Cristo le fué revelado y que le transmitió a Juan en aquellas visiones, no ha entendido la dimensión de la revelación:
"Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los testigos de Jesús. Y al verla, me asombré grandemente."
Ahora, que haya citado esto no es accidental. Surge precisamente de tu punto de que "Cristo es el silencio de Dios", al leerlo vino a mi mente este pasaje:
Apocalipsis 8.
Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo durante una media hora. 2 Vi entonces que a los siete ángeles que estaban de pie ante Dios se les dieron siete trompetas, 3 y otro ángel vino con un incensario de oro, y se detuvo ante el altar. A ese ángel se le dio mucho incienso para que lo añadiera a las oraciones de todos los santos, y lo ofreciera sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 4 De la mano del ángel subió el humo del incienso a la presencia de Dios, junto con las oraciones de los santos. 5 El ángel tomó el incensario, lo llenó con fuego del altar, y ese fuego lo arrojó a la tierra. Hubo entonces truenos, voces, relámpagos y un terremoto.
Cuando Elías estuvo en Horeb a la presencia de Dios le antecedieron relámpagos, estruendo y terremotos hasta que llegó el silbido apacible y delicado.
En este pasaje el orden está invertido. Primero el silencio que antecede a la entrega de las oraciones de los santos, luego se desata la tormenta y comienza un juicio.
La primera conexión con el sentido del tema que he querido tratar es el hipervínculo mental que el Silencio y las oraciones de los santos en este pasaje me genera con Apocalipsis 6 (puede ser que estoy haciendo una conexión errónea, no lo sé):
"Cuando
el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían mantenido y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?"
Esta es otra forma de decir "Señor, por favor actúa, no guardes silencio ante la injusticia, no dejes que continúe la impunidad".
Pero no nos concentremonos solo en los mártires de la fé. Pensemos si un infante que está a punto de ser violado o asesinado, una mujer muerta de pánico a punto de perder su vida en manos de quién supuestamente la amaba, un hombre honesto que siente la puñalada letal de quién desea robarle el.dinero que trabajó con el sudor de su frente.... O al campesino que le quitan su tierra para sembrar coca, o la persona que es molida a golpes por su color de piel, el secuestrado, el ultrajado, los que han sido violados y abusados...
¿No son ellos parte de los que dan sentido a la porción de este Salmo?
Salmo 35:19
Hasta cuándo, Señor, estarás mirando? Rescata mi alma de sus estragos, mi única
vida de los leones.
Salmo 92:3,4
Hasta cuándo los impíos, SEÑOR, hasta cuándo los impíos se regocijarán?Charlan, hablan con arrogancia; todos los que hacen iniquidad se vanaglorían.Aplastan a tu pueblo, SEÑOR, y afligen a tu heredad.
La media hora de silencio en el templo celestial termina y comienzan a sonar los Shofar (Las trompetas) con su sonido de alarma...
Lo que sigue es devastador y se asemeja mucho a lo que describe Elías cuando Dios le pregunta qué hace allí...
Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.
Este tema es una invitación a afrontar y enfrentar el problema del mal aunque no tengamos muy clara la respuesta que quizá está oculta en las voces de los siete truenos que quedaron selladas en el silencio que proviene de la orden de no escribir o quizá no.
Quizá algún indicio sobre este problema del mal está ahí en la descripción que Dios hace a Job de Leviatán y Behemot, pero se nos ha escapado.
Sea lo que sea, me parece que a estas alturas de la fé, el problema del mal y el silencio de Dios hay que encararlo por tenebroso que parezca.