Probar la existencia o la inexistencia de Dios es imposible para cualquier ser humano desde su experiencia finita (lo que incluye la razón), si por prueba vamos a entender la prueba determinante que nadie podría negar y todos tendrían que afirmar. Aun si Dios apareciera podría dudarse legítimamente y sin mala de fe de su existencia.
Para quienes observamos un universo donde la cadena causa-efecto es innegable nos quedan tres opciones:
1. Hay una causa inicial o primera que origina el primer efecto. Es el origen de todo. Un principio sin principio del que proviene toda existencia.
2. Hay un efecto inicial o primario del que se originan toda la cadena causa y efecto, esto es, el Universo tuvo su origen en si mismo de manera espontanea.
3. El universo siempre ha existido. El fenómeno causa y efecto no tiene un origen y un fin y seguirá indefinidamente.
El segundo punto, para el ateo o el agnóstico que se toma este problema con seriedad (dejamos por fuera a los fantoches, que los hay), sospecha que la Fe del creyente es fruto más de la necesidad humana de darle un sentido a los límites de su existencia y de construir un orden simbólico que de cuenta de lo misterioso de la existencia misma. En otras palabras, el incrédulo considera al Dios del creyente como una proyección del hombre en busca de trascendencia, amor y justicia como dice el Salmo 73:1-9
Ciertamente es bueno Dios para con Israel,
Para con los limpios de corazón.
2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos.
3 Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.
4 Porque no tienen congojas por su muerte,
Pues su vigor está entero.
5 No pasan trabajos como los otros mortales,
Ni son azotados como los demás hombres.
6 Por tanto, la soberbia los corona;
Se cubren de vestido de violencia.
7 Los ojos se les saltan de gordura;
Logran con creces los antojos del corazón.
8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
Hablan con altanería.
9 Ponen su boca contra el cielo,
Y su lengua pasea la tierra.
Pero para el incrédulo todo esto resulta sospechoso, precisamente por la persistencia del sufrimiento y la maldad absurda que deja muy debilitada cualquier posibilidad de una fe en un Dios que solo parece estar presente en la esperanza y la ilusión, pero no actúa visible y públicamente en la tragedia de las víctimas y ante el clamor de auxilio de quienes sufren de forma absurda y ante la suplica de angustia ante su inminente extinción solo se obtiene un silencio cósmico como respuesta.
En ese sentido el incrédulo piensa que Dios no es más que una noble esperanza ilusoria de una justicia que jamás llegará, pues si no hay muestra alguna de intervención de ese bien supremo (al menos una que no invite a la duda), ¿Por qué hay que esperar en el futuro?. Para el incrédulo el mundo es y ha sido tal y como es... el hombre no debe buscar la trascendencia en algo ilusorio, o esperar a que la justicia llegue del cielo. Es aquí y ahora o nunca.
El tercer punto es que el ateo o agnóstico moderno y occidental ha querido solucionar la incertidumbre que queda tras la suspensión u oposición a la idea de Dios, según sea el caso, con una doctrina que aparentemente da cuenta de la realidad y la naturaleza misma mediante la experiencia. Esa doctrina es lo que llamaremos CIENTIFICISMO, es decir, la premisa filosófica y la esperanza de que la Ciencia es la única forma válida de conocimiento.
Para quienes observamos un universo donde la cadena causa-efecto es innegable nos quedan tres opciones:
1. Hay una causa inicial o primera que origina el primer efecto. Es el origen de todo. Un principio sin principio del que proviene toda existencia.
2. Hay un efecto inicial o primario del que se originan toda la cadena causa y efecto, esto es, el Universo tuvo su origen en si mismo de manera espontanea.
3. El universo siempre ha existido. El fenómeno causa y efecto no tiene un origen y un fin y seguirá indefinidamente.
El segundo punto, para el ateo o el agnóstico que se toma este problema con seriedad (dejamos por fuera a los fantoches, que los hay), sospecha que la Fe del creyente es fruto más de la necesidad humana de darle un sentido a los límites de su existencia y de construir un orden simbólico que de cuenta de lo misterioso de la existencia misma. En otras palabras, el incrédulo considera al Dios del creyente como una proyección del hombre en busca de trascendencia, amor y justicia como dice el Salmo 73:1-9
Ciertamente es bueno Dios para con Israel,
Para con los limpios de corazón.
2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos.
3 Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.
4 Porque no tienen congojas por su muerte,
Pues su vigor está entero.
5 No pasan trabajos como los otros mortales,
Ni son azotados como los demás hombres.
6 Por tanto, la soberbia los corona;
Se cubren de vestido de violencia.
7 Los ojos se les saltan de gordura;
Logran con creces los antojos del corazón.
8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
Hablan con altanería.
9 Ponen su boca contra el cielo,
Y su lengua pasea la tierra.
Pero para el incrédulo todo esto resulta sospechoso, precisamente por la persistencia del sufrimiento y la maldad absurda que deja muy debilitada cualquier posibilidad de una fe en un Dios que solo parece estar presente en la esperanza y la ilusión, pero no actúa visible y públicamente en la tragedia de las víctimas y ante el clamor de auxilio de quienes sufren de forma absurda y ante la suplica de angustia ante su inminente extinción solo se obtiene un silencio cósmico como respuesta.
En ese sentido el incrédulo piensa que Dios no es más que una noble esperanza ilusoria de una justicia que jamás llegará, pues si no hay muestra alguna de intervención de ese bien supremo (al menos una que no invite a la duda), ¿Por qué hay que esperar en el futuro?. Para el incrédulo el mundo es y ha sido tal y como es... el hombre no debe buscar la trascendencia en algo ilusorio, o esperar a que la justicia llegue del cielo. Es aquí y ahora o nunca.
El tercer punto es que el ateo o agnóstico moderno y occidental ha querido solucionar la incertidumbre que queda tras la suspensión u oposición a la idea de Dios, según sea el caso, con una doctrina que aparentemente da cuenta de la realidad y la naturaleza misma mediante la experiencia. Esa doctrina es lo que llamaremos CIENTIFICISMO, es decir, la premisa filosófica y la esperanza de que la Ciencia es la única forma válida de conocimiento.