Muchas verdades han sido expuestas a lo largo de estas seis páginas, por lo que no pretenderé ser novedoso sino apenas intentar contribuir con algo al interés de Luquitas.
Si vamos por lo más sencillo no trayendo tempranas complicaciones siempre será posible seguir una confiable ruta.
Dos versículos aparentemente contradictorios estimo que sirven de cabecera: Uno, tú misma lo has puesto en tu Mensaje # 4:
1- “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn 6:44).
Lo primero a notar aquí, es que aunque nuestra versión es correcta, el griego también admite otra forma apenas diferente: “no lo atrajere”. Es decir, el Padre asume la iniciativa de atraerlo a sí mismo para traerlo a Cristo. Por ahora se ve la acción del Padre y del Hijo, pero más adelante la Escritura completa la obra de salvación de Dios en el hombre por la acción del Espíritu Santo.
Esto deja en claro, en principio, que el hombre “no puede” –de sí mismo, por sí mismo-, sin inferirse de esto que quiera y no pueda.
Nunca existió tal cosa como que un pecador quisiera ser salvo y no pudiera serlo.
Un texto que incluye el mismo verbo griego “trajere” con el sentido de “atraer” lo hallamos en Jn 12:32:
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”.
2 – “y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn 5:40).
Así como en el primer versículo visto arriba el Señor nos descubre la acción divina en la salvación del hombre, este otro nos muestra la falta de voluntad, de deseo, de intención propia de todo hombre, para verlo a Jesús “sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2).
La falla no está en un Jesús falto de atractivo como para ser deseado, sino en cómo mira el corazón a un crucificado.
No todos los que tienen ojos ven; teniendo todos conciencia, no todos son convictos de su pecaminosidad, perdición y necesidad de salvación.
Resumiendo: todo el que quiera también podrá.
Todo el que quiere es porque Dios así se lo ha concedido en su buena voluntad (Hebreos 13:21).
Ambas verdades no deben ser cruzadas ni contrapuestas pues son paralelas como las vías de un tren que apenas en el horizonte las vemos juntarse.
Saludos cordiales