Respuesta a Mensaje # 1349:
Eso no es una máxima sino un sofisma, pues el error también reconoce la verdad, como los demonios que confesaban quién era realmente Jesús.
Así que, si ya empiezas mal ¿cómo seguirás y cómo acabarás?
No, no podría nunca comprender que se pueda escribir con claridad e inteligencia pero con nada de verdad, como aseguras.
Por propia experiencia tuya deberías saberlo.
El hecho de que conozcamos la Biblia, los dichos de Jesús y los escritos de los evangelistas, es lo que nos mantiene en la verdad y nos permite denunciar el error.
Conozco personalmente a Norberto desde hace décadas y sus aportes de la Filocalia proveen un excelente material para la meditación y devoción espiritual de sus lectores; pero de un plumazo tú borras lo que ellos nos legaron, dices que no supieron la verdad y hasta les negaste la entrada al reino de los cielos ¡menos mal que los amas pues si los odiaras no sé qué les harías!
Los foristas cristianos escribimos y hablamos tal como hemos creído, y por supuesto que ninguna duda tenemos que la verdad está en Jesús pues Él mismo es la Verdad en persona, por lo que cualquier otro pretendiente es falso.
Por gracia de Dios no soy yo quien confunde las cosas y mal te queda a ti, tan confundido como estás y promotor de confusiones como eres, aconsejarme en cuanto a discernir entre la humildad y la falsa modestia, cuando ambas cosas no entran en ti, como es notorio.
Un forista capaz e inteligente no necesita ser aconsejado por otro en cuanto a los escritos que le aprovechará leer pues por sí mismo se da cuenta.
Podría quizás concederte que eres exclusivo y único al menos en este Foro, ya que no hemos tenido oportunidad de dialogar con antecesores tuyos como José Luis de Jesús Miranda y el Rev. Moon.
Lo único que puede decirme tu nombre de Junegofe es: JUlio negó fe.
El “lio” que sobra de tu primer nombre representa el lío que armaste para incluir a tu redor a las hayan negado la fe.
La inteligencia no se demuestra sino que la percibe el que es inteligente al leernos y se percata de la cordura que nos distingue o la falta de ella.
Confesando que admito que tú eres quién tú eres tanto como que yo soy el que soy, de ninguna manera compito con tu pretensión sino que sólo nos igualamos en la limitación de nuestras humanas personalidades.
Cordiales saludos