COMO PUEDE SER DIOS AMOROSO Y MANDAR A LA GENTE AL INFIERNO



Cisne blanco

Expulsado
12 Junio 2018
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CONTESTANDOLE A LA SECTA DE LOS TESTIGOS DE JEHOVA
Esta pregunta es engañosa puesto que da a entender que Dios “manda” a personas al infierno. Como acabamos de comentar, Dios no manda a personas al infierno. Es nuestro pecado y maldad que causa que seamos condenados ante la norma perfecta y justa de la ley santa de Dios, y causa que seamos contaminados de tal manera que no nos permitirá entrar en la presencia de Dios donde mora su gloria.

“Así está escrito: ‘No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios….’ Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado…pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios…” –Romanos 3:10-11, 19-20, 23

Debemos reconocer que Dios es, de igual forma, un Dios de rectidud y justicia verdadera como es un Dios de amor y bondad. Así como el aceite no se puede mezclar con el agua, Dios tampoco puede pasar por alto el pecado y permitir que more en su presencia. Es por esta razón que Dios, en su amor y bondad, facilitó una manera por la cual se pudiera satisfacer su justicia por completo.

Así como el infierno representa todo lo que es malo y malvado, también Dios representa todo lo que es justo, puro y santo. Al rechazar a Dios y su provisión de una limpieza espiritual en su hijo, los que terminarán en el infierno han tomado la decisión de rechazar todo lo que es bueno y justo. De esta manera, en el día del juicio, Dios simplemente confirma la decisión que ellos ya han hecho al permitirles morar en el castigo eterno, lejos de su presencia y virtud. Así que, el infierno (que abarca todo dolor, sufrimiento y maldad) se convierte en el lugar eterno de aquellos que rechazan a Dios.

MATEO 25:46: “Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna…”

5. Si el infierno es el castigo por los pecados cometidos en la mortalidad, ¿por qué es para siempre el infierno?

Hemos comentado cómo el infierno es lo opuesto a todo lo que es bueno, santo, puro y virtuoso. Es el lugar que Dios a designado para las criaturas inmortales e impuras que habiten en una separación eterna de Él y su santa presencia. Ya que fuimos creados con almas inmortales, que siguen existiendo después de la muerte física (ver Mateo 10:28), pasaremos nuestro destino eterno en la presencia de Dios o en el infierno eterno lejos de la presencia de Dios. Dado que la santidad justa de Dios no permitirá que uno reciba su amor y misericordia, aparte de la aceptación personal del sacrificio de expiación de Jesucristo por el pecado, como resultado, aquellos que rechazan la limpieza espiritual que se ofrece en Cristo, han tomado la decisión personal de morar en una separación eterna de Dios. Es por esta razón que el infierno es descrito como tormento que durará por siempre.

Los que luchan con el concepto de un infierno eterno, a menudo lo hacen porque no logran captar la consecuencia eterna del pecado. Nuestras mentes finitas no pueden comprender la brecha extensa que Dios llenó para redimir a la humanidad. Dios mismo, quien se coloca eternamente fuera del tiempo, espacio y sustancia creada, entró a su creación al nacer como humano, en la persona de su hijo Jesucristo. Limitándose a las limitaciones de su creación y experimentando todos los bordes de debilidad de la humanidad, Jesús murió una muerte insoportable por todo nuestros pecados pasados, presentes y futuros. De manera que, en su cuerpo humano, Jesús siempre llevará las marcas de nuestra redención. (ver Juan 2:18-22; 20:25-27; Lucas 24:39-40) Y así como las cicatrices de nuestra redención vivirán en la eternidad, así también la pena resulta en un castigo eterno y separación de Dios, para cualquiera que rechaze el regalo de Dios de la salvación.

Los testigos de Jehová, quienes niegan el concepto de un “infierno” literal, comúnmente racionalizan los pasajes Bíblicos con respecto a este tema al declarar que tales simplemente simbolizan la “destrucción” de una “aniquilación” completa de un alma humana en juicio. Sin embargo, en realidad el concepto de los testigos de Jehová de “aniquilación” resulta en evitar un juicio, en lugar de la recompensa justa por varios grados de pecados. Si la “aniquilación” de un alma humana y el repudio del carácter de uno después de la muerte será comparado con el juicio justo, uno cuestionaría cómo este tipo de juicio sería “tormento” cuando las personas de hoy en día a menudo cometen suicidio en esta vida como una “escapatoria” de la realidad.

Además, si la aniquilación fuera el juicio permanente de Dios contra aquellos quienes lo rechazan, ¿cómo sería justo este tipo de juicio, ya que trataría a todos por igual, sin importar el estilo de vida que él o ella vivió aquí en la tierra? ¿Cómo podría ser justo Dios al permitir que alguien que vivió una vida relativamente moral, pase por el mismo tipo de juicio de “aniquilación” que recibiría una persona como Adolfo Hitler, quien mató a más de 6 millones de judíos a través de su régimen de Nazis?

Como se puede observar, tal razonamiento le hace un perjuicio al carácter justo de Dios ya que no pasa la prueba de las normas equitativas en un juicio. La Escritura es clara en que el infierno no es sólamente un lugar literal de tormento, sino que también habrá grados de castigos basados en el nivel de pecado en la vida de uno. Para terminar, le preguntamos a los testigos de Jehová, si en realidad la “aniquilación” es la “destrucción” de un “fuego eterno” del cual se habla en las Escrituras, ¿por qué habla la Escritura de los grados de castigo? Uno no puede tener grados de aniquilación, ¿o sí?

LUCAS 10:12, 14: “Les digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma que para ese pueblo. Pero en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para ustedes.”

HEBREOS 10:26-27, 29-31: “Si…pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos….¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios…y también: ‘El Señor juzgará a su pueblo’ ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!”