Antisemitismo cristiano

Originalmente enviado por: chitoe


Realmente es horrible, pero a la vez necesario.

Son estos, junto con otros hechos, los DOLORES DE PARTO del fin de los tiempos.

Cristo viene otra vez ¿estamos listos?.

Efectivamente : Está profetizado , pero yo debo de pensar que no es aún la señal bíblica y tratar en la medida de mis humildes posibilidades de ayudar a que no sigan asesinando a mas inocentes .

No olvidemos que el holocausto pareció en su momento una señal muy clara , y no lo fué
 

http://wwwd.lavanguardia.es/Vanguar...5&ID_PAGINA=781&ID_FORMATO=1&PAGINACIO=&TEXT=

Alemania prohíbe un libro sobre los católicos y el exterminio nazi

El libro "La Iglesia católica y el holocausto", del norteamericano
Daniel Goldhagen, estudia los vínculos existentes entre el catolicismo y el régimen exterminador del III Reich


Un tribunal obliga a corregir un presunto error del libro e insta al editor a retirar la obra de las librerías

MARC BASSETS
Corresponsal. Berlín

El pasado nazi vuelve a agitar Alemania. Casi al mismo tiempo que el gigante mediático Bertelsmann admitía sus vínculos pasados con el nacionalsocialismo, un tribunal ha prohibido provisionalmente, a instancias del arzobispado de Munich, el libro "La Iglesia católica y el holocausto. Una investigación sobre la culpa y la expiación". En este ensayo, publicado el 1 de octubre, el historiador estadounidense Daniel J. Goldhagen describe el papel de los católicos en el exterminio de los judíos.

Una foto en la página 237 de la versión alemana del libro -distribuida antes que la original, en inglés- ha motivado la decisión de la Audiencia de Munich. La imagen muestra a un obispo que desfila junto al jerarca nazi Hermann Goering. Se trata, según la leyenda que la acompaña, del entonces cardenal de Munich, Michael Faulhaber. El arzobispado de Munich discrepa. "La persona de la fotografía no puede ser el cardenal Faulhaber (...), una personalidad histórica que aun hoy encarna perfectamente el arzobispado", dice en una nota de prensa publicada el martes.

El tribunal ha aceptado los argumentos de la Iglesia y obliga a la editorial Siedler, que pertenece al grupo Bertelsmann, a corregir el supuesto error. Si no lo hace, deberá pagar 250.000 euros. Siedler también debería retirar, según el arzobispado, los ejemplares que ya están a la venta. La editorial se negó ayer a poner en marcha la medida, porque interpreta que las librerías no son parte implicada en el proceso. La fotografía y la descripción de las personas que en ella aparecen proceden del Museo del Memorial del Holocausto, en Washington.

El arzobispado cree que el personaje en cuestión es en realidad el nuncio apostólico de la época. De momento, el controvertido Daniel Jonah Goldhagen no se ha pronunciado. Este historiador, descendiente de víctimas del holocausto, publicó en 1996 "Los verdugos voluntarios de Hitler", un estudio que intentaba demostrar que, sin el antisemitismo de una gran parte de los alemanes, la persecución de los judíos durante el nacionalsocialismo no habría sido posible. El libro provocó una polémica enconada en Alemania. En "La Iglesia católica y el holocausto", Goldhagen se remite a la historia del cristianismo y a la actitud de los católicos durante el nazismo, para concluir que sin el antisemitismo divulgado por la Iglesia difícilmente se habría llegado al holocausto.


 

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ENIGMAS DE LA HISTORIA
Los Protocolos de los sabios de Sión

Utilizado por los antisemitas de todo el mundo —sin excluir a los nazis o a los árabes de las últimas décadas— los Protocolos constituyen un documento de enorme interés histórico y político. Sin embargo, ¿tienen realmente alguna relación con los judíos? ¿Quién escribió los Protocolos de los sabios de Sión?

Por César Vidal


En las últimas semanas se ha producido un revuelo considerable en el mundo árabe a consecuencia de una serie de TV egipcia en la que se sostenía la autenticidad de un documento denominado los Protocolos de los sabios de Sión. El citado texto, redactado a finales del siglo XIX, contendría las líneas maestras de un plan de dominio mundial por parte de los judíos.

El antisemitismo constituye una actitud mental y una conducta que se pierde en la noche de los tiempos. Manetón, el sacerdote e historiador judío del periodo helenístico, ya dedicó vitriólicas páginas a los primeros momentos de la Historia de Israel y sus pasos siguieron los antisemitas de la Antigüedad clásica —prácticamente todos los autores de renombre— desde Cicerón a Tácito pasando por Juvenal. En términos generales, su antisemitismo, que presentó manifestaciones de enorme dureza en medio de una considerable tolerancia legal, era cultural más que racial. Durante la Edad Media, el antisemitismo estuvo relacionado con categorías de corte religioso (la resistencia de los judíos a convertirse al islam o al cristianismo) y social (el desempeño de determinados empleos por los judíos). Solamente con la llegada de la Ilustración, el antisemitismo se fue tiñendo de tonos raciales que aparecen ya en escritos injuriosos —y falsos— de Voltaire y que volvemos a encontrar muy acentuados en Nietzsche o Wagner. Aunque la figura del judío perverso y conspirador no se halla ausente de algunas de estas manifestaciones antisemitas y aunque, por ejemplo, Wagner y Nietzsche insistieron en tópicos como el del poder judío o el de su capacidad de corrupción moral (e incluso racial) no llegaron a agotar hasta el final el tema de una de las acusaciones ya popularizadas en su tiempo, la de la conspiración judía mundial. Ambos autores no llegaron a articular —aunque no les faltó mucho para ello— la tesis de que todo el poder degenerador de los judíos en realidad obedecía a un plan destructivo de características universales cuya finalidad era el dominio del orbe. Semejante papel le correspondería a un panfleto de origen ruso conocido generalmente como “Los Protocolos de los sabios de Sión”, en el que, supuestamente, se recogían las minutas de un congreso judío destinado a trazar las líneas de la conquista del poder mundial.

El análisis de esa obra constituye el objeto del presente Enigma, sin embargo, antes de entrar en el contenido y en las circunstancias en que la misma se forjó debemos detenernos siquiera momentáneamente en algunos de sus antecedentes. “Los Protocolos de los sabios de Sión” no fueron, en buena medida, una obra innovadora. Aunque, sin lugar a dudas, cuentan con el dudoso privilegio de constituir la obra más conocida y difundida sobre la supuesta conjura judía mundial, no son ni con mucho la única ni la primera. La idea de una conjura parcial (para envenenar las aguas, para empobrecer a la gente, para sacrificar niños, etc) aparecía periódicamente durante la Edad Media. Sin embargo, siempre se trataba de episodios aislados, regionales, desprovistos de un carácter universal. El cambio radical se produjo en 1797. Con la publicación de la Memoria para servir a la historia del Jacobinismo no quedará perfilada la tesis de una conspiración subversiva mundial. El autor de la obra, un clérigo llamado Barruel, pretendía que la orden de los Templarios, disuelta en el s. XIV, no había desaparecido sino que se había transformado en una sociedad secreta encaminada a derrocar todas las monarquías.

Cuatro siglos después, la misma se habría hecho con el control de la masonería y, a través de la organización de los jacobinos, habría provocado la revolución francesa. Barruel afirmaba también que los masones eran, a su vez, una marioneta en manos de los iluminados bávaros que seguían a Adam Weishaupt. A menos que se acabara con estos grupos, afirmaba Barruel, pronto el mundo estaría en sus manos. Como suele ser habitual en todas las obras que desarrollan la teoría de la conspiración no sólo los datos expuestos recogen tergiversaciones sino también absolutos disparates. Barruel pasaba por alto, entre otras cosas, que el grupo de Weishaupt ya no existía en 1786, que siempre estuvo enemistado con los masones y que éstos no sólo por regla general habían sido monárquicos y conservadores sino que además habían experimentado la persecución a manos de los revolucionarios, muriendo centenares de ellos en la guillotina. Con todo Barruel, que había tomado sus ideas de un matemático escocés llamado John Robinson, apenas mencionaba a los judíos porque, ciertamente, éstos no habían tenido ningún papel de importancia durante la Revolución y porque además incluso habían sido víctimas de los excesos de ésta.

Pese a sus evidentes deficiencias, la obra de Barruel despertó, sin embargo, la pasión de un oficial llamado J. B. Simonini que le escribió desde Florencia proporcionándole supuestas informaciones sobre el papel judío en la conspiración masónica. En una carta —que fue un fraude de Fouchá para impulsar a Napoleón hacia una política antisemita— el militar felicitaba al clérigo por desenmascarar a las sectas que estaban “abriendo el camino para el Anticristo” y se permitió señalarle el papel preponderante de la “secta judaica”. Según Simonini, los judíos, tomándole por uno de los suyos, le habían ofrecido hacerse masón y revelado sus arcanos. Así se había enterado de que el Viejo de la Montaña (el fundador de la secta islámica de los Asesinos que tanto agradaba a Nietzsche) y Manes eran judíos, que la masonería y los iluminados habían sido fundados por judíos y que en varios países —especialmente Italia y España— los clérigos de importancia eran judíos ocultos. Su finalidad era imponer el judaísmo en todo el mundo, objetivo que sólo tenía como obstáculo la Casa de Borbón a la que los judíos se habían propuesto derrocar. Ni que decir tiene que las afirmaciones de Simonini carecían de la más mínima base (por esa época tanto los masones como los iluminados si acaso habían tenido alguna actitud hacia los judíos era de rechazo). Sin embargo, los dislates contenidos en la misma hicieron mella en la mente de Barruel, que, a juzgar por su obra, estaba bien predispuesto a creer este tipo de relatos.

De hecho, pese a que juzgó más prudente no publicarla, entre otras razones porque temía que provocara una matanza de judíos, distribuyó algunas copias en círculos influyentes. Finalmente, antes de morir en 1820, relató todo a un sacerdote llamado Grivel. Nacería así el mito, tan querido a tantos personajes posteriores, de la conjura judeo-masónica, mito al que se incorporaron los datos suministrados por Simonini en su carta. Con todo, inicialmente, la idea de una conspiración judeo-masónica iba a caer en el olvido y durante las primeras décadas del siglo XIX ni siquiera fue utilizada por los antisemitas. Con posterioridad, una obra de creación titulada Biarritz volvería a resucitarlo en Alemania. El autor de la novela se llamaba Hermann Goedsche y ya tenía un cierto pasado en relación con documentos de carácter sensacional. En el período inmediatamente posterior a la revolución de 1848 había presentado unas cartas en virtud de las cuales se pretendía demostrar que el dirigente demócrata Benedic Waldeck había conspirado para derrocar al rey de Prusia.

El acontecimiento dio origen a una investigación cuyo resultado no pudo resultar más bochornoso: los documentos eran falsos y además Goedsche lo sabía. Este se dedicó entonces a trabajar como periodista en el Preussische Zeitung, el periódico de los terratenientes conservadores, y a escribir novelas como Biarritz. Esta se publicó en 1868, una fecha en que la población alemana comenzaba a ser presa de renovados sentimientos antisemitas a causa de la Emancipación —sólo parcial— de los judíos. En un capítulo del relato, que se presentaba como ficticio, se narraba una reunión de trece personajes, supuestamente celebrada durante la fiesta judía de los Tabernáculos, en el cementerio judío de Praga. En el curso de la misma, los representantes de la conspiración judía mundial narraban sus avances en el control del gobierno mundial, insistiendo especialmente en la necesidad de conseguir la Emancipación política, el permiso para practicar las profesiones liberales o el dominio de la prensa. Al final, los judíos se despedían no sin antes señalar que en cien años el mundo yacería en su poder. Como en el caso de la conjura judeo-masónica, el episodio narrado en este capítulo de Biarritz iba a hacer fortuna.

En 1872, se publicaba en San Petersburgo de forma separada señalándose que, pese al carácter imaginario del relato, existía una base real para el mismo. Cuatro años después en Moscú se editaba un folleto similar con el título de “En el cementerio judío de la Praga checa (los judíos soberanos del mundo)”. Cuando en julio de 1881 Le Contemporain editó la obra, ésta fue presentada ya como un documento auténtico en el que las intervenciones de los distintos judíos se habían fusionado en un solo discurso. Además se le atribuyó un origen británico. Nacía así el panfleto antisemita conocido como el “Discurso del Rabino”. Con el tiempo la obra experimentaría algunas variaciones destinadas a convertirla en más verosímil. Así el rabino, anónimo inicialmente, recibió los nombres de Eichhorn y Reichhorn e incluso se le hizo asistir a un (inexistente) congreso celebrado en Lemberg en 1912.

Un año después de la publicación de Biarritz, Francia iba a ser el escenario donde aparecería una de las obras clásicas del antisemitismo contemporáneo. Se titulaba Le juif, le judaásme et la judaásation des peuples chrátiens y su autor era Gougenot des Mousseaux. La obra partía de la base de que la cábala era una doctrina secreta transmitida a través de colectivos como la secta de los Asesinos, los templarios o los masones pero cuyos jerarcas principales eran judíos. Además de semejante dislate —que evidencia una ignorancia absoluta de lo que es la cábala— en la obra se afirmaba, igual que en la Edad Media, que los judíos eran culpables de crímenes rituales, que adoraban a Satanás (cuyos símbolos eran el falo y la serpiente) y que sus ceremonias incluían orgías sexuales. Por supuesto, su meta era entregar el poder mundial al Anticristo para lo que fomentarían una cooperación internacional en virtud de la cual todos disfrutaran abundantemente de los bienes terrenales, circunstancias estas que, a juicio del católico Gougenot des Mousseaux, al parecer sólo podían ser diabólicas. Pese a lo absurdo de la obra, no sólo disfrutaría de una amplia difusión sino que además inspiraría la aparición de panfletos similares generalmente nacidos de la pluma de sacerdotes. Tal fue el caso de Les Francs-Maçons et les Juifs: Sixième Age de l'Eglise d'après l'Apocalypse (1881) del abate Chabauty, canónigo honorario de Poitiers y Angulema, donde aparecen dos documentos falsos que se denominarían “Carta de los judíos de Arles” (de España, en algunas versiones) y “Contestación de los judíos de Constantinopla”. Tanto la obra de Chabauty como la de Gougenot de Mousseaux serían objeto de un extenso plagio —a menos que podamos denominar de otra manera al hecho de copiar ampliamente secciones enteras sin citar la procedencia— por parte del antisemita francés Edouard Drumond, cuyo libro La France juive (1886) demostraría ser un poderoso acicate a la hora de convertir en Francia el antisemitismo en una fuerza política de primer orden.

El único país donde, por aquel entonces, el antisemitismo resultaba más acentuado que en Francia y Alemania, y donde, dicho sea de paso, se originaría el plan que culminaría en los Protocolos, era Rusia. Las condiciones de vida de los judíos bajo el gobierno de los zares se han calificado de auténticamente terribles pero la cuestión es digna de considerables matizaciones ya que no pocos progresaron considerablemente y llegaron a escalar socialmente puestos que les estaban vedados en países limítrofes al imperio zarista. Sin embargo, tras el asesinato de Alejandro II y el acceso al trono de Alejandro III empeoraron en parte, siquiera porque no eran pocos los judíos —generalmente jóvenes idealistas de familias acomodadas— que participan en grupos terroristas de carácter antizarista y, en parte, porque los revolucionarios recurrieron al antisemitismo en no pocas ocasiones como forma de obtener un ascendente sobre el pueblo. Así, a un antisemitismo instrumental de izquierdas —del que participaron no pocos judíos filorevolucionarios— se sumó otro popular que abominaba de la subversión y que estallaba ocasionalmente en pogromos. Tal situación estaba acompañada por la propaganda antisemita. Fue esta una floración libresca pletórica de odio, mala fe e ignorancia, que se extendió desde el Libro del Kahal (1869) de Jacob Brafman, editado con ayuda oficial, y en el que se pretendía que los judíos tenían un plan para eliminar la competencia comercial en todas las ciudades, hasta los tres volúmenes de El Talmud y los judíos (1879©1880) de Lutostansky, obra en que el autor demostraba ignorar lo que era el Talmud y además introducía en Rusia el mito de la conjura judeo-masónica.

No obstante, es posible que la obra de mayor influencia de este período fuera La conquista del mundo por los judíos (7ª ed. 1875) escrita por Osman-Bey, pseudónimo de un estafador cuyo nombre era Millinger. El aventurero captó fácilmente la paranoia antisemita que había en ciertos segmentos de la sociedad rusa y la aprovechó en beneficio propio. Su panfleto sostenía que existía una conjura judía mundial cuyo objetivo primario era derrocar la actual monarquía zarista. De hecho, sirviéndose de semejantes afirmaciones, el 3 de septiembre de 1881 salía de San Petersburgo con destino a París, provisto del dinero que le había entregado la policía política rusa, con la misión de investigar los planes conspirativos de la Alianza Israelita Universal que tenía su sede en esta última ciudad. Pasando por alto, como lo harían muchos otros, que este organismo sólo tiene fines filantrópicos Millinger afirmó que se había hecho con documentos que la relacionaban con grupos terroristas que deseaban derrocar el zarismo. En 1886, se editaban en Berna sus Revelaciones acerca del asesinato de Alejandro II. Con el nuevo panfleto quedaba completo el cuadro iniciado con La conquista... No sólo se afirmaba la tesis del peligro judío sino que además se indicaba ya claramente el camino a seguir para alcanzar “la Edad de Oro”. Primero, había que expulsar a los judíos basándose en “el principio de las nacionalidades y de las razas”. Un buen lugar para enviarlos sería África. Pero tales acciones sólo podían contemplarse como medidas parciales. En realidad, sólo cabía una solución para acabar con el supuesto peligro judío:

“La única manera de destruir la Alianza Israelita universal es a través del exterminio total de la raza judía”. El camino para la aparición de los Protocolos —y para realidades aún más trágicas— quedaba ya más que trazado. Del 26 de agosto al 7 de septiembre de 1903 aparecía en el periódico de San Petersburgo Znamya (La Bandera) la primera edición de los Protocolos, bajo el título de Programa para la conquista del Mundo por los judíos. El panfleto encajaba como un guante en el medio ya que el mismo estaba dirigido por P. A. Krushevan, un furibundo antisemita que había sido un personaje clave en el desencadenamiento del pogromo de Kishiniov. Krushevan afirmó que la obra —cuyo final aparecía algo abreviado— era la traducción de un documento original aparecido en Francia.

En 1905, el texto volvía a editarse en San Petersburgo en forma de folleto y con el título de La raíz de nuestros problemas a impulsos de G. V. Butmi, un amigo y socio de Krushevan que junto con éste se dedicaría a partir de ese año a sentar las bases de la Centurias negra. En enero de 1906, el panfleto era reeditado por la citada organización con el mismo título que le había dado Butmi e incluso bajo su nombre. Sin embargo, se le añadía un subtítulo que, en forma abreviada, haría fortuna: Protocolos extrañados de los archivos secretos de la Cancillería Central de Sión (donde se halla la raíz del actual desorden de la sociedad en Europa en general y en Rusia en particular).

Las ediciones mencionadas tenían una finalidad masivamente propagandística y consistieron en folletos económicos destinados a todos los segmentos sociales. Pero en 1905 los Protocolos aparecían incluidos en una obra de Serguei Nilus titulada Lo grande en lo pequeño. El Anticristo considerado como una posibilidad política inminente. El libro de Nilus ya había sido editado en 1901 y 1903, pero sin los Protocolos. En esta nueva edición se incluyeron con la intención de influir de manera decisiva en el ánimo del zar Nicolás II. La reedición de Nilus contaba con algunas circunstancias que, presumiblemente, deberían haberle proporcionado un éxito impresionante. Así, el metropolitano de Moscú llegó incluso a ordenar que en las 368 iglesias de la ciudad se leyera un sermón en el que se citaba esta versión de los Protocolos. Inicialmente, no resultó evidente si prevalecería la versión de Butmi o la de Nilus. Finalmente, sería esta última reeditada con ligeras variantes y bajo el título de Está cerca la puerta... Llega el Anticristo y el reino del Diablo en la Tierra la que llegaría a consagrarse. El motivo de su éxito estaría claramente vinculado a haberse publicado una vez más en 1917, el año de la Revolución rusa. El texto de Nilus está dividido en 24 supuestos protocolos en los que, realmente, se intenta demostrar la bondad del régimen autocrático (obviamente el zarista) y la perversidad de las reformas liberales.

Como justificación última de semejante discurso político se aduce la existencia de un plan de dominio mundial desarrollado por los judíos. Así el panfleto deja claramente establecido el supuesto absurdo del sistema liberal ya que la idea de libertad política no sólo resulta irreal sino que además sólo puede tener desastrosas consecuencias:

“La libertad política no es una realidad, sino una simple idea”. (1, 5)

“La idea de la libertad no puede realizarse porque nadie sabe hacer de ella el uso adecuado. Basta con permitir que el pueblo se gobierne durante un período breve de tiempo para que la administración se transforme al poco en desenfreno... los Estados arden en llamas y toda su grandeza se viene abajo convertida en cenizas”. (1, 6)

La razón fundamental que aduce Nilus, por boca de los supuestos conspiradores judíos, es similar a la esgrimida por otros antidemócratas anteriores y posteriores. Es absurda la libertad ya que la gente del pueblo no puede llegar a comprender lo que es la política:

“Los miembros de la plebe que han salido del pueblo, por más dotados que están, al no comprender la alta política no pueden guiar a la masa sin despeñar a toda la nación en la ruina”. (1, 18)

Si la idea de libertad política podía ser relativamente tolerada, esto se debería a algunas condiciones previas. Primero, su sumisión al poder clerical; segundo, la exclusión de los enfrentamientos sociales y, tercero, la eliminación de la búsqueda de reformas. En resumen, puede ser aceptable si no afecta en absoluto el sistema autocrático:

“La libertad podría ser inofensiva y darse sin peligro para el bienestar de los pueblos en los estados si se basase en la fe en Dios y en la fraternidad de los seres humanos y se alejase de la idea de igualdad, que está en contradicción con las leyes de la Creación...” (4, 3)

Sin embargo, la libertad no ha discurrido por los cauces deseados por Nilus y puestos en boca de los presuntos conspiradores judíos. El resultado ha sido por ello especialmente peligroso y ha degenerado en la mayor de las aberraciones posibles, la corrupción de la sangre:

“Después de haber instalado en el órgano estatal el “veneno del liberalismo”, toda su condición política ha sufrido una metamorfosis; los Estados han sido atacados por una dolencia mortal, “la corrupción de la sangre”; sólo hace falta esperar el final de su agonía. Del liberalismo han surgido los Estados constitucionales que han sustituido a la autocracia, único gobierno útil a los no judíos”. (10, 11-12)

Las afirmaciones relativas a lo nocivo de la libertad política tienen, lógicamente, en esta obra un reverso diáfano consistente en alabar las supuestas virtudes de la autocracia. Esta —sea la política de los zares o la religiosa de los papas— constituye, según los Protocolos, el único valladar contra el peligro judío:

“La autocracia de los zares rusos fue nuestro único enemigo en todo el mundo junto con el papado”. (15, 5)

Precisamente por eso, el poder del autócrata debe tener para ser efectivo un tinte innegable de cinismo, de maquiavelismo, de pura hipocresía utilitarista:

“La política no tiene nada que ver con la moral”. Un soberano que se deja guiar por la moral no actúa políticamente y su poder descansa sobre frágiles apoyos. “El que quiera reinar debe utilizar la astucia y la hipocresía”. (1, 12)

Sin embargo, tal actitud no debe causar malestar ni ser objeto de censura. Está más que justificada por el hecho de que la autocracia es la única forma sensata de gobierno y la única manera de crear y mantener en pie la civilización, algo que nunca puede emanar de las masas:

“Solamente una personalidad educada desde la juventud para la autocracia puede entender las palabras que forman el alfabeto político”. (1, 19) “... Sin despotismo absoluto no hay civilización; ésta no es obra de las masas sino sólo de su guía, sea quien fuere”. (1, 21)

Naturalmente, el modelo autocrático no se sustenta sólo sobre la figura del soberano sino sobre otros pilares del sistema. Los Protocolos contienen, por lo tanto, loas a estos estamentos concretos que se sitúan en labios de los supuestos conspiradores judíos. El primero de ellos es la nobleza:

“... El triunfo más importante... es acabar con los “privilegios”, que son indispensables para la vida de la “nobleza no-judía” y la única protección que las naciones tienen frente a nosotros” (1, 30)

Obviamente, la aristocracia es presentada en términos ideales y, dicho sea de paso, radicalmente falsos desde una perspectiva histórica. Así se afirma que es la protectora de las clases populares y que comparte sus mismos intereses:

“Bajo nuestra dirección fue “aniquilada la nobleza”, que es la protectora natural y la madre nutricia del pueblo, y cuyos intereses están unidos inseparablemente del bienestar del pueblo... La nobleza, que conforme a un derecho legal exigía la fuerza de trabajo de los trabajadores, estaba interesada en que los trabajadores estuvieran bien alimentados, sanos y fuertes”. (3, 6 y 8)

Obviamente el otro estamento que debe colaborar —y al que se retrata de nuevo en términos excesivamente positivos— es el clero que en Rusia llegó a extremos de cesaropapismo extraordinarios:

“Controlado por su fe, el pueblo avanzará bajo la tutela de su clero, pacífica y modestamente de la mano de sus pastores espirituales”. Frente al panorama idealizado de la autocracia, sustentada por la nobleza y el clero, Nilus opone el retrato de una supuesta conjura mundial tras la que se encuentran los judíos. Estos, en teoría, se hallarían ya muy cerca de la conquista del poder:

“... Hoy estamos sólo a unos pocos pasos de nuestra meta. Sólo un tramo breve y el círculo de la serpiente simbólica”, el símbolo de nuestro pueblo se cerrará. Y una vez que se cierre el círculo, todos los Estados de Europa quedarán apresados en él como dentro de un torno”. (3, 1)

Siguiendo un patrón multisecular, Nilus presenta como base del poder judío el dominio económico, dato no sólo falso sino sangrante si tenemos en cuenta la situación miserable de los judíos de la Rusia de la época:

“Toda la maquinaria de gobierno depende de un motor que está en nuestras manos y es el oro”. (5, 8)

La conjura, obviamente, se manifiesta en una serie de acciones moralmente perversas desencadenadas por los judíos. La primera es, naturalmente, intentar contaminar con su materialismo a los que no son como ellos:

“Para no dejar tiempo a los no-judíos para la reflexión y la observación, debemos apartar sus pensamientos hacia el comercio y la industria” (4, 4)

Pero eso es sólo el comienzo. Según los Protocolos de Nilus, para que los judíos dominen el mundo se entregan a una serie de actividades simultáneas que desafían la imaginación más delirante. A ellos se les atribuye potenciar la idea de un “gobierno internacional” (5, 18), crear “monopolios” (6, 1), apoyarse en “las logias masónicas” (15, 13) (de nuevo la tesis de la conjura judeo-masónica!), fomentar “el incremento de los armamentos y de la policía” (7, 1), provocar una “guerra general”, “idiotizar y corromper a la juventud de los no-judíos” (9, 12), aniquilar “la familia” (10, 6), “distraer a las masas con diversiones, juegos, pasatiempos, pasiones” (13, 4), eliminar “la libertad de enseñanza” (16, 7) e incluso “destruir todas las otras religiones” (14, 1). En suma no hay nada que repugne a la mente autocrática de Nilus que no se deba atribuir a los judíos.

En esa paranoia que ve la mano judía detrás de todo lo inaceptable llega en algunos casos hasta el retorcimiento más absoluto o el ridículo más absurdo. Así queda de manifiesto al afirmar que los no-judíos padecen “las enfermedades que les causamos (los judíos) mediante la inoculación de bacilos” (10, 25) o al atribuir la construcción del metro a turbias intenciones políticas:

“Pronto se habrán construido en todas las capitales “trenes subterráneos”; partiendo de los mismos volaremos por los aires todas las ciudades junto con todas sus instalaciones y documentos”. (9, 14)

Al final, los judíos conseguirán mediante semejantes artimañas su meta final:

“El “Rey de Israel” será el patriarca del mundo cuando se ciña en la cabeza santificada la corona que le ofrecerá toda Europa”. (15, 30)

Los últimos Protocolos están dedicados presuntamente a pergeñar una descripción de cómo deberá gobernar mundialmente el Rey de Israel. En realidad, son una descripción de la monarquía autocrática ideal según Nilus. En la misma el monarca ideal deberá evitar “los impuestos demasiado elevados” (20, 2) para evitar sembrar la semilla de la revolución (20, 5), introducirá reformas como la creación de un impuesto progresivo de timbres (20, 12), de un fondo de reservas (20, 14), de un tribunal de cuentas (20, 17) y de un patrón basado en la fuerza de trabajo (20, 24) y llevará a cabo una serie de medidas económicas como la restricción de los artículos de lujo (23, 1), el fomento del trabajo artesanal (23, 2) y de la pequeña industria (23, 3) o el castigo del alcoholismo (23, 4).



 
mmm...

mmm...

Interesante escrito Bart..

Lo mas curioso es que esas cosas que menciona estan pasando, si estaran algunos Judios atras, pues no se asegura, anque creo existira la duda.

Las palabras se comprueban por los hechos, bueno veamos.
Lo que yo hago es orar por el pueblo precioso de Israel, y que conoscan al mesias, es un pueblo lleno de sufrimiento, mas nolibre de errores.

Existe un libro de Salvador Borrego que hace referencia ha este tipo de cosas, cae en el antisemimo, lo cual aborresco, pero unas cosas estan de pensarse.


Nuestros ojos, puestos arriba en lo incorruptible.
Bendiciones en Cristo..
 

http://libertaddigital.com/cgi-local/otros/revista2/display.cgi?articulo=1275326154

ENIGMAS DE LA HISTORIA
Las fuentes de inspiración de los Protocolos

La verdadera intencionalidad del panfleto de Nilus, de los Protocolos de los sabios de Sión, una defensa de la autocracia nobiliaria y antisemita, sus aspectos más ridículos y el carácter espurio de la composición permitieron desde el principio intuir el carácter falso y fraudulento de su contenido. Sin embargo, su fuente de inspiración tardará en ser descubierta algunos años.

Por César Vidal


Los días 16, 17 y 18 de agosto de 1921, The Times publicaba un despacho del corresponsal en Constantinopla, Philip Graves, en el que se revelaba la fuente auténtica de los Protocolos. Estos no eran sino un plagio de un folleto dirigido contra Napoleón III, publicado originalmente en 1865. Graves señalaba a un ruso, al que denominaba Mr. X, el que había entregado incluso una copia del libro del que se habían plagiado los Protocolos: “Como ya he dicho, antes de recibir el libro de Mr. X, tenía sentimientos de incredulidad. No creía que los Protocolos de Serge Nilus (en la foto) fueran auténticos. Pero de no haberlo visto, no hubiera podido creer que el autor del que Nilus tomó el original fuera un plagiario sin cuidado ni vergüenza. El libro de Ginebra es un ataque apenas disfrazado contra el despotismo de Napoleón III, en forma de una serie de 25 diálogos... entre Montesquieu y Maquiavelo...”

Efectivamente, Graves había dado en el clavo. De hecho, antes de publicar sus informaciones, The Times había realizado una investigación en el Museo Británico, fruto de la cual fue el hallazgo de un libro, editado no en Ginebra sino en Bruselas en 1864, titulado Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, y obra de un abogado francés llamado Maurice Joly. La obra era una crítica al régimen de Napoleón III que utilizaba como vehículo un diálogo entre Montesquieu, defensor del liberalismo, y Maquiavelo, paladín de un despotismo cínico que era similar al gobierno imperial. Pese a lo ingenioso del artificio, la policía francesa detuvo a Joly que, juzgado el 25 de abril de 1865, fue condenado a quince meses de prisión. En cuanto al libro fue prohibido. Prohibido.., pero no eliminado. De hecho, hay cerca de doscientos pasajes de los Protocolos copiados de la obra de Joly. La proporción del material copiado varía según cada protocolo. En algunos casos, por ejemplo el protocolo séptimo, casi todo el texto es un plagio, en otros nueve supera la mitad, etc. Hoy en día no cabe la menor duda —salvo a los que siguen deseando mover el espantajo de la conjura judía para llevar a cabo sus propios planes políticos como es el caso de los islamistas— de que los Protocolos son un fraude absoluto. Al dato documental pronto se unirían las confesiones de los partícipes en el fraude. Henri Bint, un alsaciano que desde 1880 había estado al servicio de la policía secreta rusa, confesó, en el curso de una investigación judicial, que los Protocolos habían surgido como respuesta a órdenes emanadas de Piotr Ivanovich Rachkovsky, jefe de la organización. Su testimonio fue confirmado por el conocido periodista Vladimir Burtsev.

Rachkovsky fue un personaje absolutamente novelesco entre cuyas creaciones figuró la de la organización antisemita Unión del Pueblo ruso, que distribuiría con auténtico tesón los Protocolos. Estos se idearon en alguna fecha situada entre 1894 y 1899, su país de origen material fue Francia (en medio del ardor provocado por el “affaire Dreyfus”), aunque la falsificación se debió claramente a la mano de un ruso y estaba destinada a ser utilizada por la extrema derecha rusa. Originalmente, el documento pretendía una finalidad similar a la del Diálogo... del que estaba plagiado: dañar a un gobernante que, en el caso ruso, era el ministro ruso, modernizador y reformista, Witte, al que se tenía la intención de presentar como un instrumento del poder judío en la sombra. Sólo con posterioridad Rachkovsky concibió la idea de convertirlo de manera preeminente en un panfleto antisemita. La versión de Nilus es la que más se aproxima al primer texto de la falsificación —aunque no fue el primero en publicarla— pero sigue sin estar claro como cayó en sus manos.

El mismo personaje de Nilus no deja de tener un cierto interés y, en buena medida, puede decirse que se trataba del sujeto ideal para difundir el fraude de los Protocolos. Nihilista admirador de Nietzsche en una primera época, vivió plácidamente con su amante en Biarritz hasta que se arruinó. Aquella desgracia marcó un punto de inflexión en su vida. Se convirtió en cristiano ortodoxo y en defensor de la autocracia zarista. A esto unió un rechazo frontal por la civilización contemporánea y por el racionalismo. No parece haberle costado mucho llegar a la conclusión de que estaba dotado de virtudes místicas y de una misión salvadora, misión centrada en oponerse a una supuesta conjura judía de carácter universal. En esta sí parece que creía... pero no en los Protocolos. El testimonio de una de las personas que más intimó con él, Du Chayla, nos proporciona unos datos muy interesantes al respecto. Aunque Nilus pensaba que los Protocolos podían ser falsos, argumentaba que semejante circunstancia no invalidaba la tesis de una conjura universal judía. Merece la pena reproducir el relato de una conversación entre Nilus y Du Chayla recogida por este último. Ante la pregunta de Du Chayla sobre lo dudoso del texto, Nilus contestó:

“¿Sabe usted cuál es mi cita favorita de san Pablo? La fuerza de Dios actúa a través de la flaqueza humana. Reconozcamos que los Protocolos son falsos. Pero, ¿no puede Dios usarlos para desenmascarar la maldad que se está preparando? ¿No profetizó la burra de Balaam? ¿No puede Dios, por nuestra fe, transformar la osamenta de un perro en reliquias que realicen milagros? ¡De la misma manera puede colocar el anuncio de la verdad en una boca mentirosa!”

No fue el único en Rusia, aparte de sus forjadores, que supo que eran falsos. Ante la impresión que el escrito produjo en el zar Nicolás II cuando accedió a su lectura, el ministro ruso del Interior, Stolypin encargó a Martinov y Vassiliev, dos oficiales de la gendarmería, una investigación secreta sobre los orígenes de los Protocolos. El resultado de la misma no pudo resultar más claro. La obra era una falsificación. Stolypin entregó el informe al zar que decidió abandonar su uso por esa causa:

“Abandonemos los Protocolos. No se puede defender una causa noble con métodos sucios”, reconocería el soberano. Posiblemente, el libro habría caído en el olvido —el propio Nilus se quejaba de su falta de eco— de no haber sido por el estallido de la Revolución de 1917. A partir de ese entonces, el ridículo panfleto fue contemplado por muchos como una profecía. Entre los ejércitos blancos que combatieron a los bolcheviques, los Protocolos conocieron asimismo una enorme popularidad. De hecho, el almirante blanco Kolchak estaba literalmente obsesionado por ellos e incluso se realizó una versión abreviada para uso de todos los oficiales y suboficiales del ejército blanco.

Además el denominado “Documento Zunder” que vinculaba la Revolución rusa a los judíos fue considerado como una confirmación de la veracidad de los asertos contenidos en el panfleto. Sin embargo, el fenómeno no quedaría limitado a Rusia. Para enero de 1918, antes incluso de la derrota en la Primera Guerra Mundial, comenzaron a aparecer en Alemania escritos en que se defendía la tesis de la conspiración antisemita como una variación del “Discurso del rabino”. A partir de 1919, el fenómeno experimentó un auge espectacular siendo incluso apoyado por algunos miembros de la caída dinastía de los Hohenzollern. En calidad de frutos de la conspiración judía mundial se presentaban tanto la revolución bolchevique como la derrota de las potencias centrales en la Gran Guerra. Al igual que había sucedido en Rusia, algunos de los propaladores (en este caso el antiguo kaiser y el general Ludendorf) creían en la veracidad de la obra. Otros —como el conde Ernst zu Reventlow, que acabaría siendo miembro del partido nazi— eran conscientes de su falsedad y se limitaban a aprovecharse de ella.

En 1919 ya existían media docena de organizaciones consagradas a hacer propaganda de la obra y a partir de 1920, la misma hacía furor en Alemania atreviéndose pocos —como el hebraista Strack— a enfrentarse con ella. En sus páginas se podía hallar una explicación —delirante pero íntimamente tranquilizadora— que arrojaba todas las culpas de los padecimientos del pueblo alemán no sobre sus clases gobernantes, sobre el imperialismo militar o sobre la dinastía de los Hohenzollern. Las responsabilidades eran transferidas, agradablemente, sobre un chivo expiatorio con precedentes no sólo en la historia alemana sino en la de toda Europa. Sin percibirlo, al prestar oído a las burdas falacias de los Protocolos millones de alemanes no revisaban convenientemente su historia y se aprestaban para repetirla esta vez descargando sus propias responsabilidades en millones de inocentes. Para cuando Hitler llegó el poder en 1933, el libro había alcanzado más de una treintena de ediciones. En Polonia, provocó incluso una reacción favorable de parte de la jerarquía católica y tuvo, entre otros efectos, la redacción de un llamamiento firmado por dos cardenales, dos arzobispos y dos obispos en contra del bolchevismo que no sólo estaba dirigido, según ellos, por los judíos sino que era “la encarnación y la consagración del espíritu del Anticristo en la Tierra”.

Semejante dislate —para empezar, la aplastante mayoría de los judíos polacos era antibolchevique— tendría un efecto de no escasa envergadura en millones de católicos no sólo de Polonia sino de todo el mundo. El fenómeno, sin embargo, no se limitó a las naciones que habían sido objeto de la derrota en la Gran Guerra o que habían padecido revueltas comunistas. Así, desde 1918 habían aparecido en Gran Bretaña algunas obras antisemitas que volvían sobre el tópico de la conspiración. Finalmente, a inicios de 1920 los Protocolos aparecieron publicados con el título de The Jewish Peril (El peligro judío). El 8 de mayo de ese año The Times cuestionaba la autenticidad de los documentos pero dejando entrever que podría no tratarse de una falsificación. Sin embargo, la marea duró poco. En agosto de 1921, este mismo periódico publicó durante tres días consecutivos un reportaje —al que ya hemos hecho referencia con anterioridad— en el que se demostraba que los Protocolos no pasaban de ser un plagio aderezado. Con ello, la popularidad de la obra tocaba, sensatamente, a su fin.

En Estados Unidos, la situación fue ligeramente distinta. Durante 1920, el Dearborn Independent, un periódico propiedad del industrial Henry Ford, publicó una serie de artículos que darían lugar al libro antisemita conocido como The International Jew: the world's foremost problem (El judío internacional: el problema principal del mundo). Los artículos —y posterior libro— de Ford (aunque en realidad no fue él quien lo escribió sino un alemán residente en Estados Unidos llamado August Máller y un refugiado ruso de nombre Boris Brasol, que después colaboraría con los nazis) estaban plagados de dislates, como el de atribuir a Lenin unos hijos que no tuvo afirmando que hablaba con ellos en yiddish, pero tuvieron un enorme impacto a la hora de popularizar los Protocolos que eran interpretados al estilo alemán. Naturalmente, la actitud de Ford —que volvió a referirse al tema de la conspiración judía mundial en dos libros publicados en 1922 despertó la codicia de los aprovechados que se ofrecieron a darle más pruebas de la supuesta conjura así como la oposición de la gente sensata, fuera o no judía. Entre los opositores a las tesis de Ford ocupó un lugar de importancia Herman Bernstein, un diplomático estadounidense, cuya obra History of a Lie (Historia de una mentira) aparecida en 1921 es uno de los primeros estudios rigurosos sobre la falsificación en la que se sustentaban los Protocolos. No se limitó a eso el papel de Bernstein, sino que llegó a presentar una querella por libelo contra Ford.

Finalmente, en junio de 1927 el industrial se retractaba en una carta dirigida a Louis Marshall, presidente del Comité Judío de Estados Unidos, negando toda responsabilidad en los artículos del Dearborn Independent y en El judío internacional. Se retractaba asimismo de las acusaciones contenidas en ambos y adquiría el compromiso de retirar la obra de la circulación. Sin embargo, tal paso poco podía hacer para remediar el daño causado. El mismo Hitler tuvo durante años un retrato de Ford en su escritorio, manifestó su satisfacción al saber que el industrial se presentaba a la presidencia americana en 1923 y, cuando llegó al poder, lo condecoró. En Francia, otra de las potencias vencedoras de la Gran Guerra, los Protocolos iban a tener un éxito duradero. En 1920, las publicaciones relacionadas con la derechista Acción francesa publicaron reseñas de la obra y durante el verano aparecieron tres traducciones íntegras de la misma, una de ellas debida a monseñor Jouin, párroco de la Iglesia de san Agustín en París.

En Italia, Giovanni Preziosi —afecto desde 1916 a la teoría de la conspiración— publicó la primera traducción de los Protocolos al italiano en 1921. Preziosi demostró una capacidad premonitoria extraordinaria, ya que en agosto de 1922, su revista, La vita italiana, publicaba un artículo titulado “Los judíos, pasión y resurrección de Alemania (Pensamientos de un alemán)”, que, aunque firmado con el pseudónimo “Un bávaro”, se debía a un sujeto, entonces anónimo, llamado Adolf Hitler. Preziosi fue además el único publicista italiano que desde el primer momento apoyó a Hitler y al nazismo. La tarea antisemita de Preziosi no tuvo mucho éxito hasta que en 1938 Mussolini, para cimentar mejor su alianza con la Alemania hitleriana, dio comienzo a una campaña antisemita y lo nombró ministro de Estado. Además, en 1935 el proceso dejó establecido que los Protocolos eran, efectivamente, un plagio del libro de Joly. El mismo Hitler no creía en la autenticidad del texto tal y como publicaría en 1939 su antiguo amigo Rauschning, pero semejante circunstancia no le apartó de considerarlo útil en su campaña antisemita:

-“¿No cree usted —objeté— que atribuye demasiada importancia a los judíos?”
-“¡No, no, no! —exclamó Hitler—. Resulta imposible exagerar la calidad formidable del judío como enemigo”.
-“Pero —dije— los Protocolos son una evidente falsificación... Me resulta obvio que no pueden ser auténticos”.
-¿Por qué no? —gruño Hitler.
“Le importaba un pito —dijo— que el libro fuera históricamente cierto. Si no lo era, su verdad intrínseca le parecía aún más convincente...”.

En marzo de 1940, el hijo de Nilus le diría a Rosenberg, uno de los ideólogos principales del movimiento nazi: “Soy el hijo único de S. A. Nilus, el descubridor de los Protocolos de los Sabios de Sión. Ni puedo ni debo permanecer indiferente en estos tiempos en que está en juego el destino de todo el mundo ario. Creo que la victoria de ese genio que es el Fuhrer liberará también a mi pobre país... he hecho todo lo posible para ganarme el derecho a participar de manera activa en la liquidación del veneno judío...”. Que semejante afirmación, además de disparatada, fuera homicida carecía de importancia. En el fondo, como sucede con la utilización islámica contemporánea de los Protocolos, lo que tenemos enfrente no es la prueba de una absurda conjura judía mundial sino la utilización de un instrumento propagandístico que permita llevar a cabo con mayor eficacia una política antisemita que sólo se sentiría satisfecha con la eliminación de todos los judíos.


 

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¿Dónde se encontraba el Amor y la Misericordia?

La Historia del Antisemitismo Cristiano

• ¿Sabía usted que la Iglesia Primitiva era predominantemente judía?

• ¿Qué sucedió para que la primera Iglesia se desconectara de sus raíces judías y se creara una Iglesia compuesta casi enteramente por gentiles?

• ¿Por qué la Iglesia estableció tantos edictos en contra de los judíos?

• ¿Son los judíos verdaderamente los “asesinos de Cristo”, según se les ha denominado en muchos círculos cristianos?

• ¿La Iglesia ha suplantado a Israel?

• ¿Porqué el enfoque de algunos eventos históricos, tales como las Cruzadas y la Inquisición, era el de perseguir a los judíos?

• ¿Sabía usted que Martín Lutero tuvo inicialmente una relación positiva con la comunidad judía, y luego se convirtió en uno de los más viles antisemitas de la historia?

• ¿Qué podemos hacer para cambiar las actitudes y las acciones antisemitas que han caracterizado a la Iglesia durante los últimos 1,800 años?
En Romanos capítulo 11, el apóstol Pablo le exhorta a los cristianos gentiles sobre su relación con el pueblo judío. Nos dice que no seamos arrogantes hacia ellos (v.20), y que ellos son "amados por causa de los padres" (v.28), para que "por la misericordia concedida a [nosotros], ellos también alcancen misericordia." (v.31).

Los cristianos frecuentemente repetimos frases tales como, "Conocerán que somos cristianos por nuestro amor". Desafortunadamente, la comunidad judía, en raras ocasiones, ha sentido amor o respeto alguno de parte de los que se autodenominan cristianos. Por lo general, ha recibido odio, desprecio, persecución e incluso la muerte a manos de los cristianos. ¿Dónde se encontraba el amor y la misericordia?

Raras veces esta oscura y trágica historia es conocida por los cristianos. Sin embargo, la comunidad judía recuerda muy bien estos tristes capítulos. En lugar de demostrar amor y misericordia hacia el pueblo judío, muchos cristianos intercambiaron la cruz por una espada en su contra. El Dr. Eduardo Flannery, en su libro La Angustia de los Judíos, dijo que los únicos capítulos de la historia cristiana que han conocido los judíos fueron redactados en páginas que la Iglesia ha arrancado de sus libros de historia y quemadas a fuego. Al investigar volumen tras volumen de libros, enciclopedias y diccionarios de la historia cristiana, encontré escasa referencia sobre la gran cantidad de material escrito por la Iglesia en contra de los judíos. Estos escritos existen como parte de los procedimientos y conclusiones de la mayoría de los Concilios y edictos eclesiásticos hasta nuestro siglo, pero la mayoría de los escritores prefieren no mencionar estos pasajes porque no son alagadores. Simplemente los hemos barrido por debajo de la alfombra para no enfrentarlos.

Lo anteriormente expuesto es razón por la cual deseo hacer algo un poco diferente en los próximos dos Estudios de Israel. En lugar de hacer una e interpretación correcta de las Escritura, observaremos los resultados de una interpretación equivocada y el desastre que ésto generó. Ya que este tema es tan central para nuestra relación cristiana con Israel y la comunidad judía, es muy importante que lo estudiemos juntos. A pesar de que es un tema muy extenso, le aseguro que no se aburrirá.

Cuando analizamos los últimos 2,000 años de nuestra historia, creo que es acertado afirmar que las organizaciones e individuos cristianos que demuestran solidaridad con el pueblo judío, y que educan a la Iglesia acerca de las raíces judaicas de la fe cristiana, son una rareza histórica.

Permítame ilustrarlo de esta manera: si se hubiese celebrado una reunión en algún momento durante los últimos 1,800 años (de los casi 2,000 años de la historia de la Iglesia) para enseñar a cristianos acerca de los judíos sobre judaísmo, sobre las raíces judaicas de nuestra fe cristiana, o para celebrar las fiestas mencionadas en el libro de Levítico, los cristianos hubieran sido, cuanto menos, denunciados y excomunicados y, en muchos casos, muertos. También, cualquier miembro de la comunidad judía que hubiese participado en esta reunión, o que simplemente hubiese asistido, sería acusado de "judaizante" y sería penalizado a una muerte segura por las autoridades de la Iglesia. De hecho, un artículo de este tipo tampoco se hubiese permitido publicar. La historia es muy compleja y, aunque es cierto que han existido algunos momentos históricos de libertad religiosa, la observación anterior es muy cierta.

Afortunadamente, en la actualidad tenemos libertad para discutir las raíces judaicas del cristianismo, como también podemos hablar sobre nuestro triste expediente en contra de los judíos. De hecho, ya podemos reunirnos con personas judías para aprender el uno del otro con relación a estos temas. Esta nueva tendencia es definitivamente positiva.

Nuestro estudio no pretende ser una mera lección histórica, sino una lección para nuestras vidas. No es una acusación a alguien en particular, ya que la Iglesia moderna es una excepción a la regla histórica. Al contrario, quiero infundir un sentido de responsabilidad para que no permitamos que se repita esta historia.

Mediante la presente, voy a hacer referencia a los padres de la Iglesia primitiva, a la Iglesia Católica, a Martín Lutero y otros líderes, y a edictos de la Iglesia Católica. Le ruego que no tome ofensa personal por los hechos históricos que voy a presentar. Los expongo para que éstos nos ayuden a aprender, crecer y adelantarnos en nuestro camino de la fe, y no para insultar a una denominación en particular. Comencemos, pues, nuestra jornada hacia el entendimiento.

Los Primeros Cuatro Siglos Después de Cristo

En el primer siglo d.C., la Iglesia estaba bien unida a sus raíces judías, y Jesús no pretendió que fuese de otra manera. Después de todo, Jesús era judío y la base de Sus enseñanzas era consistente con las Escrituras Hebreas. Jesus declara en Mateo 5:17-18: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido."

Es conocido, también, que todos los escritores del Nuevo Testamento, con la excepción de Lucas, eran judíos. Los apóstoles y los primeros discípulos eran judíos. Ellos adoraban en Shabat (sábado), celebraban las fiestas judías, y se congregaban en las sinagogas. Aún los miembros de la Iglesia primitiva en Jerusalén y en las regiones de Judea, Samaria y Galilea eran predominantemente judíos. Se sabe, por ejemplo, que ningún nombre no-judío aparece mencionado entre el liderato de la Iglesia en Jerusalén hasta 135 d.C., cuando aparece el primer nombre griego. Veamos ahora porqué sucedió así.

Las congregaciones cristianas en otras partes del Imperio Romano tenían raíces judías relativamente fuertes, puesto que eran guiadas por la escuela de pensamiento de Jerusalén. Esto se observa a través de los nombres de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento: las cartas para los corintios, romanos, gálatas, efesios, filipenses, colosenses y tesalonicenses fueron originadas desde la comunidad en Jerusalén. Los autores de las otras epístolas también estaban muy vinculados a la congregación judeo-cristiana en Jerusalén.

Antes de la Primera Revuelta Judía del año 66 d.C., el cristianismo era básicamente otra secta más dentro del judaísmo, como lo eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Los cristianos también eran conocidos como nazarenos. Antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., cuando Jerusalén fue arrasada por los romanos, era común el debate en torno a las ramas del judaísmo en la cosmopolita y bulliciosa ciudad de Jerusalén. ¿Qué ocasionó la ruptura entre las primeras comunidades cristianas y las judías, extendiéndose hasta el día de hoy?

Comienza la Separación: A manera general, la separación vino como resultado de las diferencias religiosas y sociales entre el pueblo judío. De acuerdo con David Rausch en su nuevo libro, Un Legado de Odio, hubieron varios factores contribuyentes: 1) La invasión romana de Judea y la amplia aceptación del cristianismo por los gentiles que complicó la historia del judeo-cristianismo. 2) Las guerras romanas contra los judíos que no solamente destruyeron al Templo y a Jerusalén, pero también obligaron que la Iglesia en Jerusalén renunciara a su posición como centro de la fe cristiana en el mundo romano. 3) La acelerada aceptación del cristianismo por parte de los gentiles que condujo a un conflicto prematuro entre la Iglesia y la Sinagoga. Los viajes misioneros de Pablo extendieron la fe cristiana al mundo gentil y, a medida que iba creciendo el número de cristianos, creció también su influencia, la cual desligó el cristianismo de sus raíces judías.

Muchos gentiles cristianos interpretaron que la destrucción del Templo y de Jerusalén era señal de que Dios había abandonado al judaísmo, y que había provisto a los gentiles la opción de desarrollar su propia teología cristiana libre de la influencia de los judíos creyentes en Jerusalén. Desafortunadamente, los judeo-cristianos se habían distanciado de la guerra contra los romanos y de la tragedia que había acontecido a la nación. Creyendo que la guerra era una señal del fin, huyeron a Pella, al este del Río Jordán, abandonando a los demás judíos para que se defiendan por sí solos.

Al finalizar la guerra y al haber sufrido la destrucción de Jerusalén y del Templo, los judíos Sabios (Sages) que pudieron sobrevivir la victoria romana se reunieron en Yavné, una ciudad en las planicies de Sarón cerca de Jope. Al iniciarse el período post-Templo, consideraron que era necesario consolidar la práctica del judaísmo y el Jalajá, o la Ley. El judaísmo adoptó la escuela del pensamiento rabínico de Bet Hillel, la más apegada a la secta de los fariseos. Las enseñanzas farisaicas enfatizaban la relación de cada individuo con Dios, y alentaban las masas hacia una santidad basada en la rígida observación de la Torá, a diferencia de la enseñanza de los saduceos, la cual estaba más interesada en la práctica de los ritos del Templo. A pesar de que el judaísmo farisaico había demostrado tolerancia hacia los judeo-cristianos, o los nazarenos, previo a la destrucción del Templo, la asamblea de Yavné exigió la separación entre el cristianismo y el judaísmo.

Contribución de Adrián: Más tarde, en el año 132 d.C., cuando Bar Kochba organizó la Segunda Revuelta Judía contra Roma, los judeo-cristianos tuvieron otra razón por no querer participar en ella. Bar Kochba fue proclamado el Mesías por el Rabino Akiva. Ya que los cristianos habían creído que Jesús (Yeshúa) era el Mesías, el participar en la revuelta bajo el liderato de Bar Kochba significaba la negación de su fe. En 135 d.C., cuando la revuelta fue aplastada por el emperador romano Adrián, expulsó a todos los judíos de Jerusalén, permitiéndoles regresar únicamente una vez al año, en Tisha Be'av, el día destinado para la lamentación de la destrucción del Templo. Esta prohibición también aplicaba a los judeo- cristianos, por lo que encontramos el registro, por primera vez, de un nombre griego entre el liderato de la iglesia en Jerusalén. En este momento histórico, la influencia hebraica de la iglesia de Jerusalén desaparece a manos del cristianismo mundial, determinando así el rumbo que tomaría la Iglesia de allí en adelante.

Adrián también convirtió a Jerusalén en una ciudad romana y cambió su nombre a Aelia Capitolina, ya que Aelius era el apellido de su familia. Ésto fue percibido como un insulto para el Dios de Israel, quien había seleccionado a Jerusalén como su ciudad. Adrián también cambió el nombre de toda Judea, Samaria y Galilea por Siria Palestina, asociando el nombre de un antiguo enemigo de los judíos a la tierra, el de los filisteos. Haciendo así, se erradicaba cualquier conexión judía con la ciudad de Jerusalén y la tierra de Israel. Este intercambio de nombres todavía los asedia hasta el día de hoy.

Separación del cristianismo y judaísmo: A este momento histórico, la Iglesia ya se había separado, para todos efectos, del judaísmo. El poder teológico y político se trasladó de manos de hombres judeo-cristianos hacia centros de mando de tipo cristiano-gentil, tales como Alejandría, Roma y Antioquía. Es importante comprender este cambio, porque ejerció gran influencia sobre los Padres de la Iglesia Primitiva para que hicieran declaraciones anti-judías a medida que se fueron desvinculando de sus raíces judaicas.

A la vez que la Iglesia fue ampliando su alcance dentro del Imperio Romano, y su membresía no-judía fue aumentando, el pensamiento de tipo griego y romano insidiosamente penetró y totalmente alteró la manera de interpretar las Escrituras: desde uno de tipo judío o hebraico, a uno de tipo griego. Esto ocasionaría muchas herejías en el futuro, algunas de las cuales la Iglesia todavía practica en la actualidad.

Una vez que el cristianismo y el judaísmo comenzaron a tomar rumbos separados, la distancia se hizo cada vez mayor. Los romanos habían casi en efecto suprimido al judaísmo, pero el cristianismo se dispersaba rápidamente. Esto causó gran preocupación en Roma, y su nueva presión política contra los cristianos fue otro factor para ampliar aún más la brecha entre cristianos y judíos.

Más tarde, con intención de unificar el Imperio Romano, todos los ciudadanos deberían adorar y sacrificar en honor a los dioses romanos, incluyendo al emperador, el cual era también considerado un dios. Bajo la ley romana, el judaísmo se consideraba una religión licita, una religión legal, ya que existía previo a Roma. Sin embargo, como el cristianismo comenzó a existir después de establecerse el Imperio, se denominó una religión ilícita. Obviamente, los cristianos no podían cumplir con esta requerida adoración pagana, por lo que se rehusaron a ella, enojando así a la autoridad romana. Su desobediencia conllevaba castigo. Es durante este tiempo que encontramos que los cristianos eran utilizados como deporte en los coliseos y circos romanos, como gladiadores, o echados a los leones y otras bestias salvajes. El emperador Nerón usaba a cristianos como antorchas humanas para alumbrar su jardín de noche. Comúnmente arropaban cristianos con brea, los amarraban a postes y los incendiaban. Para protegerse de ser arrestados, los cristianos adoptaron durante este período identificarse con el símbolo de un pez en lugar de la cruz. Usaron las letras griegas ICTHUS , que significa "pez" en griego, para representar la frase "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador".

Intentando mitigar la persecución, los apologetas cristianos trataron de convencer a Roma de que el cristianismo era simplemente una extensión del judaísmo. Sin embargo, Roma no fue convencida. La continua persecución y resultante frustración de los cristianos engendró mayor animosidad contra la comunidad judía, que para ese entonces tenía libertad para adorar libremente. Más adelante, cuando la Iglesia llegaría a ser la religión del estado, se legislaría en contra de los judíos en retribución a ésto.

Teología de la Suplantación: La animosidad por parte de los cristianos hacia los judíos comenzó a reflejarse en los escritos de los primeros Padres de la Iglesia. Por ejemplo, Justino Mártir (cerca de 160 d.C.), refiriéndose al pueblo judío dijo: "Las Escrituras no son de ustedes, sino nuestras". Ireneo, obispo de León (alrededor de 177 d.C.) declaró: "Los judíos han sido desheredados de la gracia de Dios". Tertuliano (160-230 d.C.), en su tratado Contra los Judíos, anunció que Dios había rechazado a los judíos para favorecer a los cristianos.

A principios del siglo 4, Eusebio escribió que las promesas de las Escrituras Hebreas eran para los cristianos y no para los judíos, pero que las maldiciones eran para los judíos. Argumentó que la Iglesia era la continuación al Antiguo Pacto y que, por lo tanto, es la sucesión al judaísmo. La joven Iglesia se declaró como la verdadera Israel, "Israel según el Espíritu", y heredera de las promesas divinas. Encontraron imperativo el desacreditar a "Israel según la carne" para comprobar que Dios había descartado a su pueblo y había transferido su amor a los cristianos.

Con ésto, nació la Teología de la Suplantación, donde la "triunfante" Iglesia suplantaba al "derrotado" judaísmo y a Israel. Esta teoría de la Suplantación llegó a ser un fundamento principal para justificar el antisemitismo cristiano hasta el día de hoy. Sin embargo, lo que realmente dice el Nuevo Testamento con respecto a la relación de la Iglesia con Israel y sus pactos es que hemos sido injertados en el olivo (Rom.11:17), de haber "sido hechos cercanos" (Ef. 2:13), que somos descendientes según "la fe de Abraham" (Rom.4:16), y "participantes de sus bienes espirituales" (Rom.15:27), NO usurpadores del pacto y suplantadores de la Israel física. Nosotros, los cristianos gentiles, nos hemos unido a lo que Dios está realizando con Israel, siendo que Dios no ha quebrantado su pacto ni sus promesas para con Israel (Rom.11:29).

La Iglesia Triunfante: A principios del 4to siglo, ocurrió un evento monumental para la Iglesia. En el año 306 d.C., Constantino llegó a ser el primer emperador romano cristiano. En sus comienzos, tenía un punto de vista pluralista y permitió que los judíos tuvieran los mismos derechos religiosos que los cristianos. Sin embargo, en 321 d.C. instituyó al cristianismo como religión oficial del Imperio. Esto marcó el fin de la persecución de los cristianos, pero el principio de la discriminación y persecución del pueblo judío.

Previamente, en el Concilio de Elvira (España) en 305 d.C., se habían hecho declaraciones para mantener separados los judíos de los cristianos; inclusive, se ordenaba que los cristianos no compartieran sus alimentos con los judíos, que no se casaran con judíos, que no utilizaran a los judíos para bendecir a las cosechas, y que no observaran el shabat judío.

La Roma Imperial, en 313 d.C., promulgó el Edicto de Milán, lo cual favorecía al cristianismo y prohibía la existencia de sinagogas. Luego, en 315 d.C., otro edicto permitía quemar a judíos al ser convictos de quebrantamiento a la ley. A medida que el cristianismo se convertía en la religión del estado, más leyes fueron establecidas en contra de los judíos:

- Los anteriores privilegios otorgados a los judíos fueron removidos.

- La jurisdicción rabínica fue abolida o severamente coartada.

- El proselitismo era prohibido y severamente castigado con muerte.

- Se excluía a los judíos de alto cargos en el gobierno o carreras militares.

Estas y otras restricciones fueron reafirmadas vez tras vez por varios Concilios Eclesiásticos durante los próximos 1,000 años.

En 321 d.C., Constantino decretó que todo comercio cesara en "el día venerado del sol". Al sustituir el sábado por el domingo como día de adoración cristiana, agudizó aún más la separación. Esta controversia en torno al shabat judío o domingo cristiano surgió en el primer concilio ecuménico de Nicea (325 d.C.), el cual estableció que el domingo debiera ser el día de descanso para los cristianos. El debate continuó posteriormente durante largo tiempo.

De la noche a la mañana, se le otorgó al cristianismo el poder del Estado Imperial, y los emperadores comenzaron a aplicar los conceptos y aseveraciones de teólogos cristianos en contra de los judíos y del judaísmo. En lugar de la Iglesia aprovechar esta oportunidad para difundir su mensaje del Evangelio de amor, se transformó en una Iglesia triunfalista, empeñada en derrotar a sus enemigos. Luego del año 321, el carácter de los escritos de los Padres de la Iglesia cambió. Ya no se expresaban de manera defensiva o apologética, sino agresiva, dirigiendo su veneno a todo aquel que estuviera "fuera del redil", en particular al pueblo judío que pudiera encontrarse en casi cualquier comunidad y nación.

La Edad Media

Miremos ahora los próximos 700 años de la historia, desde el tiempo de Constantino hasta la Primera Cruzada en 1096 d.C.

Este período es conocido como la Edad Media, o la Edad del Oscurantismo. El Santo Imperio Romano estaba procurando expandir su nueva fe a las tribus paganas de Europa Occidental, a los ostrogodos en el norte y este, a los visigodos en el oeste, y al Imperio Franco (el área general alrededor de la Francia moderna).

Durante este período encontramos más ejemplos de prejuicio anti-judío en la literatura eclesiástica escrita por líderes de la Iglesia:

- Hilario de Poitiers (291-371 d.C.) escribió: "Los judíos son una nación maldecida por Dios eternamente".

- Gregorio de Hyssa (fallecido en 394 d.C.), Obispo de Capadocia, dijo: "Los judíos son una cría de serpientes, aborrecedores de todo lo bueno..."

- San Jerónimo (347-407 d.C.) describe a los judíos como "...serpientes, portando la imagen de Judas, sus salmos y oraciones son el bramido de asnos."

Juan Crisóstomo: Al final del 4to siglo, el gran orador y Obispo de Antioquía, Juan Crisóstomo, escribió una serie de ocho discursos contra los judíos. Había visto a cristianos conversando con judíos, haciendo juramentos delante del Arca, mientras que otros guardaban las fiestas judías. El quería detener ésto y, en un esfuerzo por hacer retornar a su gente a lo que llamaba "la verdadera fe", los judíos llegaron a ser el chivo expiatorio para su serie de discursos. Citando a Crisóstomo, dijo: "La sinagoga no es solamente un centro de prostitución y un teatro; es también una casa de ladrones y hospedaje para bestias salvajes. Ningún judío adora a Dios...los judíos son asesinos empedernidos, poseídos por el diablo; su libertinaje y borrachera les da los modales de un cerdo. Se matan y se mutilan entre sí..."

Bajo esta presión, uno puede ver la gran dificultad que representaba el querer mantenerse fiel a la herencia judía, o que un cristiano gentil aprendiera sobre la paternidad del cristianismo. Más aún, Crisóstomo intentó separar el cristianismo totalmente del judaísmo. Escribió en su Cuarto Discurso, "He dicho suficiente en contra de los que dicen estar de nuestro lado, pero mantienen los ritos judíos...mi verdadera guerra es contra los judíos...los judíos han sido abandonados por Dios, y por el crimen de este deicidio no hay expiación posible."

Observamos que Crisóstomo era bien conocido por su predicación fogosa contra lo que él percibía como amenazas a su rebaño, incluyendo las riquezas, el entretenimiento, los privilegios y los ornamentos externos. Sin embargo, su predicación contra la comunidad judía, la cual creía tener una influencia negativa sobre los cristianos, es inexcusable y abiertamente antisemita en su contenido.

Los Asesinos de Cristo: Otra desafortunada contribución que hizo Crisóstomo al antisemitismo cristiano fue el adjudicar a todo el pueblo judío la culpa de la muerte de Cristo. La etiqueta de "asesinos de Cristo," aplicada al pueblo judío, sería utilizada por antisemitas durante los próximos 16 siglos.

Miremos este asunto por un momento, y extingámoslo de una vez y por todas. Para justificar esta etiqueta de "asesinos de Cristo," se ha citado a Mateo 27:25. En este pasaje, se interpreta que el pueblo judío admite su responsabilidad colectiva por la crucifixión de Jesús: "Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos."

Primeramente, la responsabilidad colectiva de un pueblo entero por todas las generaciones no puede ser validada por las palabras de unos pocos. Ellos hablaban por sí mismos, y no por todo Israel o por todo el pueblo judío.

En segundo lugar, si ellos fuesen encontrados culpables por su participación en la muerte de Jesús, entonces el mundo gentil también sería culpable por su propia participación, porque fueron soldados romanos quienes realmente efectuaron la crucifixión, enclavando a Jesús y colgándolo en la cruz. Y si no podemos culpar a todos los gentiles, ¡por lo menos podemos culpar a todos los italianos! Bueno, creo que ya entienden mi punto, y lo ridículo que es hacer esta clase de acusación.
En tercer lugar, Jesús se entregó a sí mismo voluntariamente para morir por los pecados de la humanidad. De esta manera, fue nuestro pecado lo que le colgó a la cruz - y no una multitud judía ni un ejército romano.

En último lugar, antes de que muriera Jesús, dijo, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. 23:34). Si Jesús perdonó tanto a los judíos como a los romanos por su participación en este evento, ¿cómo podremos nosotros hacer menos?

Los judíos como un Pueblo Testigo: Adelantándonos un poco en el período de la Edad Media, encontramos algunos líderes eclesiásticos un tanto perplejos. Si fuese cierto lo que habían estado enseñando por siglos, que los judíos y que el judaísmo era maldecido por Dios, entonces, ¿cómo se puede explicar su perpetua existencia?

San Agustín se refirió a este asunto en su "Sermón contra los judíos". Expresó que, aunque los judíos merecían el más severo castigo por haber asesinado a Jesús, habían sido preservados por la Divina Providencia para servir, al igual que sus Escrituras, como testigos a la verdad del cristianismo. Más aún, su existencia era justificada para que atestiguaran, a través de su humillación, en torno al triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga. Habrían de ser un "Pueblo Testigo" - esclavos y sirvientes que debieran ser humillados.

De esta manera, los monarcas del Santo Imperio Romano consideraban a los judíos como siervos de la cámara (servi camerae), y los utilizaban como esclavos bibliotecarios para cuidar las escrituras hebreas. También los utilizaban en otra función - la del usuario o prestamista. La prestación de dinero era algo necesario para acrecentar la economía, pero la usura era considerada como peligrosa para la salvación del cristiano y, por ende, prohibida. Sin embargo, la Iglesia permitía que los judíos practicaran la prestación del dinero porque, según su razonamiento, sus almas judías ya estaban perdidas. Más tarde en la historia, vemos que el pueblo judío sería utilizado por los países occidentales como agentes negociantes, explicando así cómo los judíos llegaron al ámbito bancario y comercial.

Ya hemos podido ver que el arsenal ideológico del antisemitismo cristiano se encontraba completamente desarrollado para el tiempo de la Edad Media. Se manifestó, además, a través de ciertos eventos eclesiásticos que sentaron precedente para el futuro, como cuando el patriarca Cirilo, obispo de Alenjandría, expulsó a los judíos y entregó sus pertenencias al tumulto cristiano. Todavía para esta fecha, la virulenta judeofobia se encontraba solamente entre el clero, el cual siempre intentaba mantener su rebaño alejado de los judíos. Luego, la población creciente de clase media sería la mayor fuente de actividad antisemita.

Las Cruzadas

La primera Cruzada comenzó en el año 1096. Este fue un período de conflicto interno dentro de la iglesia occidental. Existían dos papas católico-romanos a la vez, uno de los cuales era visto como un anti-papa quien le reclamaba el título al otro. Al morir uno de ellos, el sobreviviente, Urbano II, necesitaba una causa unificadora. Con esta intención, hizo un llamado para realizar una cruzada, o guerra santa, en contra de los musulmanes de la Tierra Santa, quienes perseguían a los cristianos y profanaban los lugares santos de Jerusalén.

En el verano de 1096, una turba de 200,000 campesinos y artesanos fue reunida en Francia. Como no se encontraba ningún musulmán en los contornos, "los campeones de la Cruz" tornaron su vista hacia los judíos quienes, a su entender, eran tan "infieles" y enemigos del cristianismo como lo eran los musulmanes. Encontraron que podían iniciar las Cruzadas allí mismo. Así que, el odio, en lugar del amor, fue predicado desde estas mismas tierras.

A medida que los cruzados marchaban sobre Europa en camino a la Tierra Santa, literalmente violaban, saqueaban y despojaban a todas las comunidades judías que se encontraban de frente. Ante los gritos enloquecidos de los cruzados de: "Los judíos crucificaron a nuestro Señor, y deberán convertirse o morir", los judíos no tenían mayor alternativa que el bautismo o la muerte. Miles prefirieron la muerte.

A pesar de que la Iglesia no apoyaba oficialmente estas actividades, hizo muy poco para detenerlas. Muchos cleros y obispos individualmente llegaron a brindar protección y refugio a los judíos, pero desafortunadamente, otros participaron activamente en las ejecuciones.

En Mainz, Alemania, por ejemplo, el Arzobispo invitó a 1,300 judíos a ser "protegidos" en su palacio. Esta invitación se tornó en una masacre ya que, bajo su supervisión, todos fueron asesinados. También participó en el despojo de los cadáveres. Por otro lado, cuando el emperador Enrique IV oyó de esta masacre, confiscó los despojos que el Arzobispo había tomado, y permitió que otros judíos en su imperio, quienes habían sido obligados a bautizarse, pudieran regresar al judaísmo.

Tres años después, cuando por fin los cruzados llegaron a Jerusalén, contaban con 600,000 hombres. Sitiaron la ciudad y, el 15 de julio de 1099, penetraron las murallas. Mataron a los musulmanes en la ciudad, junto a muchos cristianos quienes confundieron con musulmanes porque estaban vestidos con la indumentaria del medio oriente. Encerraron a los judíos en las sinagogas y, con escudos decorados con grandes cruces, pusieron madera alrededor de las mismas y les prendieron fuego, mientras cantaban, "Cristo, te adoramos".

¿Es de sorprenderse que la cruz, para los judíos, haya llegado a ser símbolo de odio y muerte, en lugar de amor, reconciliación y salvación? La cruz ha sido tomada y utilizada literalmente como una espada en contra del pueblo judío.

Hubo un total de nueve Cruzadas. La última fue en 1291, cuando los musulmanes nuevamente tomaron posesión de la Tierra Santa.

El Cuarto Concilio de Letrán

El cuarto Concilio Eclesiástico de Letrán fue celebrado en 1215. Durante este concilio, la doctrina de la transubstanciación fue cristalizada. La transubstanciación es la doctrina que defiende que el cuerpo y la sangre de Cristo se hace presente en la consagración de la hostia y del vino. Esta doctrina persiste en la Iglesia Católica al día de hoy. Ésta, junto a otras declaraciones del cuarto Concilio de Letrán, se convirtieron en un nuevo modo de antisemitismo.

1. Profanación de la hostia:

Durante los siguientes siglos, muchas acusaciones fueron circuladas en contra de los judíos relacionadas a la profanación de la hostia. La calumnia como "blasfemos de los Sagrados Elementos de Comunión" fue utilizada en su contra, acusándolos de tratar de robar la hostia sagrada y de atormentar, acuchillar y quemarla en un nuevo esfuerzo por crucificar a Cristo. Muchas historias fabricadas ilustrando este fenómeno fueron circuladas, particularmente en Alemania, durante los siglos 13 y 14.

Esta enseñanza aún no ha desaparecido. Permítame compartir un ejemplo personal. A mediados de la década de los años 70, los hijos de un amigo católico regresaron de su escuela parroquial (en Boston, Massachussets, EUA) con una historia que les fue relatada por una monja intentando inculcarles respeto por la hostia de comunión: "Un niño católico y un niño judío entraron a una Iglesia Católica, y el niño judío convenció al niño católico de robarse una hostia. Se la llevaron a la casa, entraron a una recámara secreta, y la pincharon con un alfiler. La hostia comenzó a sangrar, llenó la recámara con sangre y ahogó a los niños." Esta es simplemente otra versión de la antigua calumnia, ya que el villano de la historia es un judío.

2. Bebedores de Sangre: Otra calumnia relacionada a la anterior es la de "bebedores de sangre". Acusaban a los judíos de asesinar a gentiles, particularmente a cristianos, para obtener sangre a ser utilizada en su rito de la Pascua o en algún otro rito. Siempre afirmaban que los judíos necesitaban beber sangre cristiana para mantener su apariencia humana, y que la sangre cristiana ayudaría a eliminar el distintivo foetor judaicus, u "olor judío", el cual era opuesto al "olor de santidad" que poseían los cristianos. Otra versión de esta acusación era que los judíos raptaban a bebés cristianos, los mataban, y molían sus cuerpos para confeccionar su pan de matza (pan sin levadura) para la Pascua. Estas calumnias son fácilmente refutables, aún con la mínima noción sobre las reglas dietéticas judías: se les prohíbe a los judíos comer sangre de cualquier animal, más aún la sangre o carne humana. El hecho de que tal doctrina pudiera existir es evidencia de desprecio e ignorancia en torno al estilo de vida judaico. Rechazan cualquier tipo de relación y diálogo judeo-cristiano.

Nuevamente, aún existen estas acusaciones hoy día. Hace pocos años, un jóven fue raptado en un pueblo al norte de la ciudad de Minneapolis, Minnesota en Estados Unidos. Nuestra Directora Educativa en Estados Unidos, Joan Magnuson, tiene copia de una hojuela que fue puesta en los parabrisas de los automóviles del área acusando a los judíos de haber raptado al niño para la ceremonia de la Pascua. Suena absurdo en esta época, pero el antisemitismo no muere fácilmente.

3) Identificación o Distintivo: Otro canon promulgado por el Cuarto Concilio Laterano requería que los judíos vistieran una identificación o distintivo. La forma del distintivo variaba de país en país, pero usualmente era una etiqueta, un sombrero de tres esquinas o un sombrero puntiagudo. De esta manera, los cristianos podrían estar seguros de no haber entrado en contacto con algún judío desapercibidamente. Aún en el arte medieval, se distinguía a los judíos en pinturas o en tallados con un círculo en la ropa o portando sombreros puntiagudos.

Es importante destacar que luego hubieron muchas personas laicas y autoridades eclesiásticas que verdaderamente trataron de proteger a la comunidad judía de la persecución. En ese tiempo, era la clase media la que promovía la mayor parte del antisemitismo. Sin embargo, las actitudes eran basadas en enseñanzas eclesiásticas del pasado.

La Inquisición

El próximo evento histórico en manchar la historia cristiana mundial fue la infame Inquisición promovida por la Iglesia en España y Portugal.

Según la Ley Canónica, la Inquisición no autorizaba intervención en asuntos judíos, sino que su propósito era detectar herejes cristianos quienes se apartaban de la fe. Pero esta ley fue ignorada debido a que los judíos eran acusados de inculcar sus herejías dentro de las comunidades cristianas.

A mediados del siglo 15, la Inquisición española comenzó a identificar y perseguir a los apartados de la Iglesia. Luego se extendió a las comunidades judías, obligando a miles de judíos ser bautizados. Estos judíos bautizados eran conocidos como "conversos" o nuevos cristianos, y se esperaba que actuaran como tal, a pesar de que la "conversión" no era voluntaria. De la misma manera en que una rana jamás aprenderá a volar simplemente porque la arrojan desde un precipicio, un judío nunca podrá ser un cristiano porque se bautiza a la fuerza.

Muchos de estos "convertidos" adoptaron una apariencia cristiana para poder vivir y trabajar en las sociedades cristianas de España y Portugal. Otros no aceptaron la conversión, y fueron perseguidos por su fe. Continuaron practicando sus costumbres judías, tales como alumbrando las velas los viernes por la noche, cambiando las cubiertas de cama en el shabat, absteniendo de comer cerdo y pescado sin escamas, observando los días de fiesta, etc. De acuerdo con las leyes de la Inquisición, el ser sorprendido observando cualesquiera de las 37 costumbres judías era suficiente razón para tener que enfrentar la Corte de la Inquisición. Era deber de todo cristiano detectar estas señales e informar la Corte inmediatamente. Una vez frente a la Corte, no había manera de evitar el castigo:

- Si uno confesaba y no se arrepentía, era quemado a la hoguera.

- Si uno confesaba y se arrepentía, era humillado públicamente. Cualquiera otra infracción significaba muerte segura.

- Si uno no confesaba, aún siendo inocente, era torturado hasta confesar, y luego quemado en la hoguera.

La Iglesia no era permitida ejecutar a ninguna víctima, por lo que delegaba esa función a la rama secular, la Corte de la Inquisición. Como no se permitía derramamiento de sangre, el modo preferente de ejecución era muerte a la hoguera. Se justificaba con el verso de Juan 15:6, "El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden." La propiedad de la víctima era confiscada y añadida a la opulencia de la Corte.

Finalmente, todos los judíos no "conversos" fueron llevados a la Corte, acusados de ser judaizantes y de ejercer mala influencia sobre los "conversos". Todos fueron enjuiciados y quemados.

La Inquisición en España duró desde 1481 hasta 1820. Sobre 350,000 judíos sufrieron tortura y muerte.

La Reforma

Muchos reformadores reconocieron los errores inherentes en la Iglesia y desafiaron su liderato, el Papa, los obispos, los sacerdotes y todo el cuerpo eclesiástico. La Reforma sin embargo trajo consigo repercusiones complejas y a veces contradictorias en la evolución del antisemitismo.

Una rama del protestantismo, específicamente el calvinismo, y otros grupos partiendo de éste, promovieron menos judeofobia que el catolicismo hasta el presente siglo 20. Otra rama, el luteranismo, desarrolló más ideas antisemitas basado en las posteriores expresiones de Lutero en contra de los judíos.

Una consecuencia inmediata de la Reforma fue la de agravar la posición de los judíos en regiones que eran aún católico romanas. Los papas determinaron restaurar el orden a través de la estricta aplicación de la Ley Canónica. Naturalmente, los judíos fueron afectados de manera adversa. A mitad del siglo 16, fueron creados los ghettos, primero en Italia y luego en el Imperio Austriaco. La palabra ghetto realmente proviene de una isla en Venecia que había sido utilizada como lugar para fundición de metales. Ubicaron a todos los judíos de Venecia en esta isla para que pudieran ser aislados y vigilados. Esta práctica fue replicada en otras partes del mundo católico, y luego Adolfo Hitler la utilizó nuevamente en el Tercer Reich con el mismo propósito. G.E. Roberti, un publicista del siglo 18, declaró: "Un ghetto judío es la mejor evidencia de la veracidad de la religión de Jesucristo que toda una escuela de teólogos."

Martín Lutero: Martín Lutero fue el padre del luteranismo. Durante la primera fase de su ministerio, entre 1513 y 1523, Lutero a menudo censuraba la persecución de los judíos y recomendaba una política de tolerancia hacia ellos basado en un verdadero espíritu de hermandad. En 1523 escribió un folleto,"Que Cristo nació judío", en el cual argumentaba que los judíos eran del mismo linaje que el fundador del cristianismo y que ellos tenían razón al negarse al "paganismo papal" presentado a ellos como si fuera cristianismo. Comentó, "Si yo hubiese sido judío y hubiese visto a estos tontos e insensatos enseñando la fe cristiana, hubiese preferido convertirme en un cerdo que en un cristiano."

Sin embargo, cuando los judíos no aceptaron su nueva versión del cristianismo ni eran convertidos, Lutero se tornó hostil hacia ellos. Para la década de 1530, los describió en su serie, Conversación Sobremesa [ Table Talk ], como "duros de cerviz, con corazón de hierro y tercos como el diablo."

Finalmente, ocurrió lo que ya conocemos. Publicó en 1542 un folleto titulado Sobre los judíos y sus mentiras, y otro en 1543, Sobre el Shem Hamephoras, (el Nombre Inefable). Estos dos folletos contienen algunas de las frases más horrendas y viles jamás escritas contra el pueblo judío.

Quinientos años más tarde, Hitler encontró justificación para muchas de sus ideas contra el pueblo judío para el Holocausto en estos escritos. Después de todo, si el padre de la Iglesia Luterana, siendo alemán, hizo estas declaraciones, ¿quién podía argumentar en su contra? Para Lutero mismo, era un ejemplo clásico de "siembra viento y cría tempestades".

El Renacimiento y la Emancipación

A medida que nos adentramos a la era del Renacimiento de los siglos 17 y 18, encontramos que los judíos todavía sufrían de un legado de prejuicio. Mientras el cristianismo mantenía el control político de Europa, los judíos eran obligados a vivir marginados dentro de la vida social europea. Ni siquiera podían ser dueños de propiedad. El término "judío errante" nació en base a que eran forzados a moverse de ciudad en ciudad, de país en país. Por esta razón, los judíos preferían ocupaciones de tipo intelectual, comercial y artístico, profesiones que podían llevarse consigo cuando eran forzados a evacuar el lugar. Ya que no podían comprar propiedades, invertían su dinero en joyas y otras comodidades fácilmente transportables. Ésto, y su "vocación" de prestamistas (impuesta por las autoridades de la Iglesia Católica desde el siglo 12), les dió la reputación inmerecida de estar obsesionados con el dinero.

A los judíos se les acusaba de ser los causantes de todos los males del mundo. Durante la Plaga Bubónica (Muerte Negra) en Europa, los acusaron de haber envenenado los pozos de agua. Como carecían de conocimiento en torno a gérmenes y enfermedades, y notaban que los judíos no padecían de la plaga como ellos (porque guardaban las leyes bíblicas de higiene), los no-judíos llegaron a la conclusión de que el problema provenía por culpa de los judíos. Después de todo, ellos creían que los judíos eran malvados, impulsados por el diablo para hacer toda clase de fechoría. Los dibujaban de manera caricaturesca como criaturas con colas puntiagudas, cuernos y rasgos diabólicos.

Al finalizarse el siglo 19, fue declarada abiertamente una nueva versión de antisemitismo. Había latido bajo la superficie por siglos, pero durante el Renacimiento fue alimentada por la teología cristiana y por mitos populares. En este momento, se hizo patente la más antigua de todas las temáticas antisemitas: que los judíos eran un elemento contaminante dentro de la sociedad humana y que representaban una amenaza para la sobrevivencia del estado. Así podemos ver que el fin del dominio político/religioso medieval no significaba el fin del antisemitismo.

Asonadas contra los judíos (Pogroms) en Rusia

Entre 1881 y 1902, comenzó una serie de asonadas contra los judíos en Rusia (Pogroms). Estas asonadas representaban ataques de destrucción, saqueamiento de propiedad, violaciones sexuales y asesinatos perpetrados por la población cristiana contra los judíos. Las autoridades civiles y militares únicamente observaban los ataques, y a veces participaban en ellos. La Iglesia callaba y aún los apoyaba.

En este período fue publicado el infame folleto Los Protocolos de los Ancianos de Sion. Estos Protocolos, primeramente publicados en Rusia en 1905, relatan supuestas conversaciones entre líderes judíos sobre cómo planeaban apoderarse del mundo. La publicación original fue hecha bajo los auspicios de la policía secreta ante la presión del zar Nicolás II de Rusia, quien era un miembro abierto de la organización antisemita Los Cientos Negros (The Black Hundreds). Aunque se ha comprobado, en repetidas ocasiones, que las expresiones de este folleto son totalmente falsas, todavía se puede hallar alrededor del mundo publicaciones de ésta en diversos idiomas.

Es difícil medir la extensión del daño causado por las asonadas, y el número de víctimas habidos, debido a que estalló una guerra civil en los contornos al finalizar el siglo 18. Sin embargo, algunos datos parciales obtenidos de entre 530 comunidades rusas revelan que ocurrieron 887 asonadas mayores y 349 menores, resultando en la muerte de 60,000 judíos y varias veces más este número en heridos (Dubnow, Historia de Rusia).

El Holocausto

Ahora nos acercamos al tiempo del Holocausto, la culminación de 1900 años de errada enseñanza en la sociedad cristiana. El Holocausto fue la "Solución Final" de Hitler para exterminar al pueblo judío.

Alemania era una de las sociedades más adelantadas intelectual y culturalmente de su época. No obstante, esta sociedad denominada "cristiana" observó cómo eran exterminados los judíos de Europa sin un gesto en su defensa, y muchos aún participaron en ello. Seis millones de judíos, incluyendo dos millones de niños, fueron violentamente asesinados por Hitler y los nazis. Su "Solución Final" era exterminar al mundo de las "sabandijas judías", manera en que se refería a ellos en su literatura, discursos y películas. Hitler llegó a la conclusión de que había un problema en cada ciudad y país de Europa, y que los judíos eran el denominador común. Para Hitler, eran una carga continua y malvada para la sociedad. Eran los asesinos de Cristo. Necesitaban ser controlados y segregados del resto de la sociedad, requiriendo un distintivo como identificación. Deberían ejercer solamente trabajos serviles, y prohibírsele funcionar en las ramas de medicina, las artes, las ciencias, leyes, educación, etc. Deberían quemar todas sus sinagogas y libros de oración, confiscar todas sus propiedades y, en última instancia, matarlos a todos. ¿Nos suena algo familiar? Cada una de estas persecuciones tuvieron un precedente en siglos pasados cuando la Iglesia controlaba el gobierno. Hitler no inició nada nuevo, sólo lo hizo más eficientemente y a mayor escala. Tristemente, aprendió su doctrina de la historia eclesiástica.

Ciertamente, Hitler y sus agentes no eran verdaderos cristianos. La filosofía nazi fue influenciada en gran manera, también, por mitología pagana, pero la mayoría de los líderes nazi eran miembros honorables de la iglesia luterana o católica. Realizaron sus actos viles dentro de una nación históricamente cristiana...y hubo silencio absoluto de parte del mundo cristiano. Aún durante la década antes de iniciarse las exterminaciones de la Solución Final, el "Occidente Cristiano" rechazó la inmigración de judíos que huían de la creciente amenaza nazi, y también evitaron que llegaran a la tierra de Israel, su tierra ancestral. Tales decisiones resultaron en la muerte de millones de judíos.

El padre Neimoeller, escribiendo en torno a este triste capítulo de la historia, dijo: "Primero vinieron por los comunistas y no protesté - porque no era comunista. Luego vinieron por los socialistas y no protesté - porque no era socialista. Luego vinieron por los líderes unionistas y no protesté - porque no era líder unionista. Entonces vinieron por los judíos y no protesté - porque no era judío. Finalmente vinieron por mí - y no quedaba nadie quien protestara por mí."

La severidad del Holocausto fue dirigida contra el pueblo judío. Mientras fueron asesinadas otras personas no-judías por razones políticas o sociales, tales como las personas con retardación mental, las prostitutas y los homosexuales, el pueblo judío, como grupo étnico, fue el blanco principal de la maquinaria asesina de Hitler. Incluía a madres, niños, campesinos, médicos, músicos, rabinos, profesores, etc. Ninguno era exento, y fueron exterminados SIMPLEMENTE PORQUE ERAN JUDIOS.

Afortunadamente, hubo algunos cristianos quienes actuaron de manera compasiva hacia los judíos para esconderlos o ayudarlos a escapar, por ejemplo, Corrie Ten Boom y los cristianos de Le Chambon en Francia. Sin embargo, su número era demasiado pequeño para hacer una diferencia muy significativa.

Ya Hitler no existe. Alemania, bajo el régimen nazi, también ha dejado de existir. Pero la niña del ojo de Dios (Zac.2:8), el pueblo judío, continúa vivo, e Israel es un hecho muy real.

Antisemitismo durante los últimos 50 años

Como podrá concluirse a base de este recuento histórico, las relaciones amistosas judeo-cristianas han sido un fenómeno muy reciente. El esfuerzo genuino por construir relaciones entre judíos y cristianos ha sido iniciado sólo en los últimos 50 años. Cincuenta de entre casi 2,000 años es muy corto tiempo. Ha sido iniciado, en parte, en respuesta al Holocausto. Pero, ¿podrá perdurar? Sólo si usted también toma parte en ello. Aún hay una batalla que lidiar. El antisemitismo no ha muerto, y puede ser percibido en cualquier comunidad. Mientras algunos nos quieren hacer creer que el antisemitismo está menguando, ésto no es cierto. Desde 1990, actos antisemíticos han aumentado alrededor del mundo, apareciendo aún en lugares donde no existen los judíos, como en Japón.

Es evidente cómo los medios noticiosos siempre presentan las noticias con un enfoque negativo respecto a Israel. Esta nación se ha convertido en un baluarte de auto-determinación para el pueblo judío, y muchos alrededor del mundo lo resienten. Un Israel impotente era más aceptable, pero un Israel fuerte, a la par con el resto del mundo, para muchos es intolerable.

A mi parecer, el antisemitismo a nivel mundial no ha disminuido en lo absoluto. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando ya los hechos viles comenzaron a esclarecerse, muchos individuos y grupos comenzaron a expresarse a favor del pueblo judío. Sin embargo, el antisemitismo no ha dejado de existir; sólo ha quedado disimulado. En la actualidad, los pueblos y los gobiernos transfieren su sentimiento antisemita a nivel nacional o político refiriéndose a las "agresiones del Estado Sionista". La nueva tendencia anti-Israelí o anti-Sionista no es más que el antiguo antisemitismo con nueva vestimenta.

¿Cómo podremos contrarrestar ésto? Podemos tomar una posición firme, conocer los verdaderos hechos, y ser una voz cristiana colectiva en apoyo a Israel. Ésto es algo que nunca se ha hecho a lo largo de la historia de la Iglesia. Sí, han habido algunos individuos quienes levantaron su voz, pero creo que ya es tiempo de que los cristianos demostremos solidaridad como grupo.

¿Qué significado deberá tener ésto para nosotros?

El pueblo judío conoce muy bien esta triste historia, mientras que muchos cristianos la ignoran. Preferimos ignorarla porque es un señalamiento en nuestra contra.

El Dr. Edward Flannery, en su libro La Angustia de los Judíos, dice que los únicos capítulos de la historia cristiana que conocen los judíos fueron redactados en páginas que la Iglesia ha arrancado de sus libros de historia y quemados a fuego.

¿Qué quiere decirnos Pablo en Romanos 11 cuando indica que los judíos son "amados por causa de los padres" (v. 28), y que "por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia" (v. 31)?

Es muy penoso saber que el instrumento satánico más efectivo contra el Pueblo del Pacto, la niña del ojo de Dios, ha sido la Iglesia. No es muy preciso tratar de aclarar, tampoco, que los que hicieron estas cosas terribles no eran verdaderos cristianos, porque algunos sí lo eran.

Aprendamos una lección de Martín Lutero. Nadie puede dudar de su devoción a Dios, pero escribió y pronunció alguna de las más horrendas expresiones antisemitas de la historia. Como Lutero, algunos de los antisemitas comenzaron como amantes del pueblo judío, pero luego fueron decepcionados porque los judíos no respondieron a sus expectativas cristianas. Aparentemente, su amor no era genuino, y tenían algún motivo ulterior. El antisemitismo es pecado, y debemos siempre guardarnos de ello en nuestros corazones y nuestras vidas. Creo firmemente que el antisemitismo es vileza en su máxima expresión, y la lucha contra ello es una batalla tanto espiritual como física. Debido a que el pueblo judío es el pueblo con el cual Dios estableció Su pacto, si luchamos contra ellos, luchamos contra Dios. Podemos comprender cómo es posible que los del mundo pueden involucrarse en esta lucha, pero es trágico cuando los cristianos se encuentran luchando contra Dios. Como Ogden Nash una vez escribió, "Es extraño que Dios haya escogido a los judíos, pero no tan extraño como aquellos que escogen al Dios judío y rechazan a los judíos."

Ahora que hemos escuchado la verdad acerca de este tema, es hora de que la Iglesia crezca y aprenda a respetar al Pueblo del Pacto. Ellos son nuestros hermanos mayores, y el judaísmo es el fundamento que ha engendrado nuestra fe.

Isaías el profeta dijo, "Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto" (Is. 51:1-3).

Pablo dijo, "...si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti" (Rom. 11:16-18).

Pablo es muy claro con respecto a las ramas naturales de Dios, el pueblo judío, cuando dice de ellos en Romanos 11:28 y 29 que "...son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios."

Los cristianos necesitamos recordar que Jesús nació a través del pueblo judío, el pueblo escogido de Dios, recibiendo por medio de éste nuestra salvación. Los judíos fueron escogidos para vivir en la tierra de Dios (Israel), para adorar a Dios, y demostrar así al mundo la bendición de servir al Dios verdadero. También fueron escogidos para recibir y preservar la Palabra de Dios de manera que pudiéramos tener La Biblia. Sí, debiéramos amarlos por lo que nos han dado, en lugar de odiarlos.

Como cristianos gentiles que somos, tenemos una herencia judía. El nombre verdadero de Jesús era Yeshúa y, siendo rabino, enseñaba en las sinagogas. Sus discípulos y los autores del Nuevo Testamento, excepto por Lucas, eran judíos. Adoraban en el shabat (sábado), celebraban las fiestas judías, y asistían a las sinagogas.

Pablo enseña a los cristianos que será por nuestra misericordia que los judíos también alcancen misericordia (Rom. 11:31). Este verso, en griego, no clarifica de quién es la misericordia. La versión castellana de Casiodoro de Reina dice que será a través de la misericordia de Dios hacia nosotros que ellos alcanzarán misericordia, mientras que la traducción al inglés de Authorized King James Versión interpreta que será a través de nuestra misericordia. De cualquier manera, debemos demostrarle al pueblo judío verdadero amor y misericordia, y no tan sólo una mera sensación de cálida apreciación. Como cristianos, tenemos una deuda con Israel.

En Romanos 15:27, Pablo dice que debemos poner nuestro amor y nuestra misericordia en acción cuando nos dice, "...porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales."


Jesús mismo, en Mateo 25, establece que lo que le hacemos a Sus discípulos, lo hacemos también a Él. En los versos 34 al 40, Jesús dice que tuvo hambre y sed, fue extranjero, tuvo necesidad de vestimenta, estuvo enfermo y en prisión. Luego declaró que Sus discípulos atendieron a Sus necesidades. Sus discípulos le preguntaron en qué momento le vieron así, y les contestó, "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis".

Zacarías 2:8 describe el amor de Dios por el pueblo judío a través de la frase: "...el que os toca, toca a la niña de su ojo."

Hoy día podemos leer la Biblia por nuestra propia cuenta y ver cuánto amor Dios tiene por Su pueblo Israel. Por esta razón:

- Es hora de que los cristianos rompamos con la histórica enseñanza antisemita, y hagamos un giro en dirección contraria. Debemos actuar, no por un sentimiento de culpabilidad, sino por un espíritu humilde de amor.

- Es hora de que ayudemos a fortalecer Su pueblo, y demostremos amor y respecto tangible hacia el pueblo judío alrededor del mundo.

- Es hora de que nos unamos al plan de Dios con la nación de Israel, ahora que literal mente está moviendo cielo y tierra para cumplir Sus promesas proféticas antes de Su pronto retorno.

Como cristianos, aceptemos el reto de abandonar nuestro odio anti-judío generacional dondequiera que se encuentre
- ya sea en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestras familias y aún si se asoma en nuestros propios corazones.

El destino de la Iglesia está íntimamente vinculado con el futuro de Israel y el pueblo judío. Por demasiado tiempo la Iglesia ha permanecido silenciosa. Por demasiado tiempo la comunidad judía ha tenido que luchar sola. Es tiempo de que cada uno levantemos nuestra voz a favor del pueblo que nos dió la Biblia y quien nos demostró el camino hacia nuestra salvación. Cada esfuerzo puede ser significativo.

Shalom desde Jerusalén,
Clarence H. Wagner, Jr.
Director Internacional

(Traducido por Teri S. Riddering)
 
Este, es un claro ejemplo del moderno antisemismo evangélico, omito el nombre de su autor, por ser un reconocido pastor y conferenciante español:





Pero sufro con la parcialidad del protestantismo mundial a favor de Israel. El judaísmo ha sabido explotar la sensibilidad de los cristianos evangélicos y ganarlos para su causa. son extremadamente hábiles, invocando su supuesta condición de pueblo de Dios. Y lo escribo plenamente consciente de lo que digo: si este Israel es el pueblo de Dios, para mi Dios está demás.

¿Por qué no se acepta que Ismael también era hijo de Abraham? ¿Por qué se olvida que de Ismael, al igual que de Isaac, nacieron doce tribus?

Mi mente esta noche es un manantial de ideas. Pero corto aquí. Es mejor.





 

Salmo de Bart

El Juez es Justo
Él conoce mi corazón
Él no es un calumniador
Como el hombre
Él es Justo y Bueno

Inquiere el Acusador
mi Perseguidor
A través de su enviado.
El que utiliza Su Santa Escritura
para tentarme.

Cómo hizo con el Maestro,
este Su siervo no es
digno de tanto honor

Si Señor, me advertiste:
“Si a Mí me han perseguido
a vosotros perseguirán...

Me alegro Señor en Ti
No te cuestiono Señor.
Tus Juicios son Justos

Porqué Tú Eres tres veces Santo.

Testigo soy de Tus Maravillas

Nuestros pastores dicen:
si Tú eres el Dios de Israel,
Tú no eres nuestro Dios

Abominan y mutilan Tu Santa Palabra

Han abominado de Ti Santo de Israel

Te han abandonado, por filosofías, y teologías.
Han buscado agradar al Mundo y Te han abandonado
Sirven a sus estómagos y por precio
restringen Tu Palabra.

Han adulterado con dioses extraños
el adulterio ha manchado Tu casa
Y sus lechos.
Se han perdido en pos de muchos dioses

Pero Tu Eres mi Dios y no hay otro fuera de Ti

Han hecho de Ti un ídolo indefenso y
transigente con el mal.
A semejanza de ellos.
Tú destruirás todos sus dioses

Desvían de Tu Santo Camino a
Tus niños, pero Tú Padre Amoroso.
Cómo León sales a salvar a Tus cachorros.
Se conmueven los cimientos de la Tierra
ante Tu Rugido y temen.

Dicen paz y seguridad
Pero Tus Juicios han comenzado
Y nadie te puede detener

Todos serán destruidos
si no se arrepienten
Porque Tu eres Santo

Tú eres mi redención y mi salvación
Mi gozo y alegría está en Ti.

El único que no me abandona, el
que permanece Para Siempre.
Mi seguridad está en Tú Fidelidad.

Mi corazón se alegra en la certeza de Tu Regreso.

¡Libéranos!

¡Sí Señor Ven Pronto!
 
tambien hay racismo en la iglesia

tambien hay racismo en la iglesia

tambien hay racismo en la iglesia,los ricos hacen su bolita al salir del servicio,y que esperanzas que inviten a los otros miembros a convivir,hablar del holocausto es una cosa terrible,de racismo entre religiones tambien,pero QUE CUANDO LO TIENE UNO EN SU PROPIA IGLESIA,sea por ser de posicion social humilde,feo en lo fisico,etc,en la propia iglesia se hace el peor racismo(no todas claro esta):llorando:
 

Hola Luigi, la Escritura es clara en cuanto nuestro comportamiento.

En el Señor somos ricos y sus herederos, no cabe mayor riqueza, ninguna riqueza terrena puede comprar nuestro destino, Su Hijo pagó el precio, no hay Amor más Grande en el universo. Y somos bienaventurados en nuestra pobreza porque Él es nuestra riqueza.

Bendiciones

Bart

1Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. 2Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, 3y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; 4¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? 5Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 6Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? 7¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?
8Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 10Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. (Stg. 2.)
 
claro

claro

gracias,claro esta la escritura es clarisima,pero tambien dice que debemos renovarnos en nuestra mente,ahi gente que continua humanisada,aqui en mexico llegamos a bromear diciendo "tal hno. cuando se bautizo,dejo la cartera afuera de la pila",y asi es ahi gente que dejo fuera de la pila bautizmal,el carro,el trabajo,sus razonamientos,y reitero no todos tambien ahi casos muy gratos de gente que no solo da sino se da asi misma:angel:
 
http://www.protestantedigital.com/actual/espana.htm#1


La historiadora Ben-Dror documenta el antijudaísmo de la Iglesia católica española en los años 40

MADRID, 8-10-2003 (El País/ACPress.net).

"En todas partes donde estén los judíos se encontrará que son demasiados". Lo pronosticó en 1938 el filósofo católico francés Jacques Maritain, el mismo que, horrorizado tras el terror nazi y el holocausto, dijo más tarde que amaba tanto a Alemania que estaba "encantado de que hubiera dos". Pero en España, cuando estalló la Guerra Civil tras el golpe militar de julio de 1936, apenas residían 6.000 judíos, 5.000 de ellos en Barcelona. Precavidos y asustados por el antijudaísmo del bando sublevado, azuzado por la Iglesia católica -que relacionó entonces, sin tapujos, comunismo, masonería y judaísmo-, la mayoría abandonó muy pronto España. La comunidad judía apenas llega ahora a 30.000 personas.

La historiadora Graciela Ben-Dror, de la Universidad de Haifa (Israel), presentó ayer en Madrid un libro que documenta las tribulaciones de los judíos españoles en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, y carga las tintas, con bibliografía apabullante, en el comportamiento antijudío de numerosos jerarcas católicos y, sobre todo, de la prensa de la época, en su inmensa mayoría falangista o dependiente de la ICR. El libro, “La Iglesia católica ante el holocausto. España y América Latina 1933-1945”, lo publica Alianza Ensayo.

DOCTRINA ANTIRRACISTA CATÓLICA

Pese a que el catolicismo es doctrinalmente antirracista y Pío XI condenó el nazismo en la encíclica “Mit brennender sorge” (Con ardiente preocupación), de 14 de marzo de 1937 -cinco días más tarde emitió otra, Divini redemptoris, contra el comunismo-, la ICR española no se dio por enterada. Es más, aguantó impasible que Franco censurara al Papa, prohibiendo la circulación de la encíclica en el territorio bajo su control.

La historiadora Ben-Dror también recoge un texto de Ecclesia, la revista del episcopado, que el 20 de febrero de 1943 presumía de que España había resuelto mejor que nadie "el problema judío por medio de la expulsión" [por los Reyes Católicos] y "adelantándose en muchos siglos y con evidente cordura y sensibilidad a las medidas profilácticas que hoy han tomado tantas naciones para librarse del elemento judío".


Fuente: EL PAÍS. Redacción: ACPress.net
 
Antisemitismo cristiano:<CENTER>

http://www.protestantedigital.com/actual/images/VINETA_ElCorreo.jpg

VINETA_ElCorreo.jpg
</CENTER>
 
Tanto escándalo por Servet, una de las pocas víctimas de los protestantes que tenían una herecia católica, de allí se ve que la manzana cayó muy cerca del palo......

Es cierto que es una injusticia, y todavía más cuando él descubrió cosas que no aparecían en la Biblia.

Pero por los menos muchos protestante han pedido perdón por eso y otras cosas más, los luteranos han pedido perdón por su participación en el Holocausto y lo demuestran con un sin fin de hechos, pero la ICR qué ha hecho.....

Ppor qué no le devuelven al Pueblo Judío todos los tesoros que tienen y les pertenecen a los judíos desde que han comenzado a roborselos hace 1600 años, todos los Rollos de la Torá, Tratados del Talmud de los cuales sólo el Vaticano tiene las copias, candelabros, reliquias, dinero y un sin número de cosas... por qué la ICR no pide a los reyes de España que se arrepientan y devuelvan todo lo que se robaron los reyes, propiedades, dinero, sinagogas, etc, etc..... por qué no demuestran su amor con hechos, palabras siempre es fácil de decir pero los hechos no.

Los protestantes de hoy en día han demostrado su arrepentimiento con hechos, pero los católicos siguen siendo lo mismo... qué con los hechos injustos de curas y monjes en Irlanda hechos en contra de protestantes que no tenían nada que ver eso es lo que ha sucedido ahora y no hace 17 siglos, que con los hechos de los curas y el obispo de San José, Costa Rica, millorarios y homosexuales políticos violadores de niños, el obispo vive muy bien, pero todos su feligreses tienen que luchar día a día por pagar la renta y poner el pan en la mesa, cuando él viaja en coches de muchos miles de $$$$ y vive en un palacio y no mejor no mencionar la lista de curas que siguen a su maestro.

La verdad me da asco, me repugna y revuelve el estómago ver como aquí algunos tratan de justificar lo que la historia no encubre. :enfadado:
 
Yitzik:
Tanto escándalo por Servet, una de las pocas víctimas de los protestantes

Luis:
¿POCAS?
Anda que sí que has estudiado tú mucho el tema....
Ni repajolera idea tienes.
 
Yirzik:
los luteranos han pedido perdón por su participación en el Holocausto


Ah, o sea, que han pedido perdón por esto:

«Para un alemán, la Iglesia es la comunidad de los creyentes que están obligados a luchar por una Alemania cristiana... El Estado de Adolfo Hitler apela a al Iglesia: la Iglesia debe responder a la llamada».
(Resolución de la primera Conferencia Nacional del Movimiento de la Fe [protestante] 3/4/1933)

«La Iglesia evangélica casi unánimemente dio la bienvenida al régimen de Hitler, con auténtica confianza, incluso con las más altas esperanzas».
(Karl Barth, el teólogo protestante más importante del siglo XX)

«Hitler, el redentor de la historia de los alemanes... la ventana a través de la cual la luz se proyecta sobre la historia del cristianismo».
(Del manifiesto de los Cristianos Alemanes de Turingia [Iglesia evangélica]).

«La esvástica en nuestros pechos, la cruz en nuestros corazones».
(Lema de los Deutschen Christen o cristianos alemanes protestantes).

«Hitler y los nazis son regalo de Dios».
(Del discurso de aceptación del título de obispo del Reich, recibido por el pastor Ludwig Muller de manos del propio Führer. Durante la misma ceremonia, el pastor Leutheuser cantó: Cristo ha venido a nosotros a través de Adolfo Hitler... Hoy sabemos que el Salvador ha llegado... Tenemos una sola tarea, ser alemán, no ser cristiano)

«La Iglesia evangélica alemana se compromete a afirmar unánimente su lealtad incondicional al Tercer Reich y a su jefe. Condenamos en los términos más enérgicos la intriga o la crítica contra el Estado, el pueblo o el movimiento [nazi], formas destinadas a amenazar al Tercer Reich. Sobre todo deploramos las actividades de la prensa extranjera que intenta falsamente representar las discusiones en el seno de la Iglesia como un conflicto contra el Estado».
(Comunicado de 12 jefes evangélicos tras haber sido recibidos oficialmente por Hitler en enero de 1934)



¿Me puedes copiar el documento en el que los evangélicos alemanes piden perdón por eso?
Gracias de antemano
 
http://www.libertaddigital.com/./opiniones/opi_desa_16294.html

Este Diálogo con César Vidal tuvo lugar el martes 25 de noviembre entre las 18:00 y las 19:00 horas.

P: Estoy leyendo el libro de Hans Mommsen sobre la Resistencia alemana, y entre otras cosas dice que el pueblo alemán estaba condicionado a no rebelarse contra el gobierno debido tanto a una tradición ultralegalista como a la influencia de la Iglesia Protestante, que, según Mommsen mostró mucha afinidad con el régimen nazi. ¿Ha leído usted el libro? ¿Puede comentar sobre esa observación?

R: 1. El prisionero particular de Hitler fue Martin Niehmoller –pastor protestante– y posiblemente el fenómeno eclesiástico que más le preocupó a Hitler en Alemania fue el de la Iglesia confesante (Bonhoeefer también ejecutado por los nazis, Barth) que era protestante. 2. Sí, hay buena parte de verdad en la afirmación de que el protestantismo luterano tiene una impronta de respeto por la legalidad y una desconfianza hacia las revoluciones y los levantamientos. Las consecuencias de esa forma de ver las cosas han podido ser ocasionalmente negativas pero, a la vez, han servido para cimentar un espíritu cívico y un respeto por la ley envidiables y que, personalmente, echo mucho de menos en naciones como España.

 
Originalmente enviado por: Luis Fernando
Yirzik:
los luteranos han pedido perdón por su participación en el Holocausto


Ah, o sea, que han pedido perdón por esto:
....
¿Me puedes copiar el documento en el que los evangélicos alemanes piden perdón por eso?
Gracias de antemano

Si Luis Fernando han pedido perdón por eso, yo no tengo el papel donde está escrito (estoy seguro que debe andar dando vueltas en la net), pero yo si soy testigo de ello, en la década de los 90 (no recuerdo el año exacto), miembros de la Comunidad Judía y el Embajador de Israel de mi país de origen fueron invitados por cristianos protestantes donde ellos pedían perdón por el apoyo y los crímenes en que fueron participes los luteranos y otras denominaciones cristianas, además ellos hacían mención sobre la desición hecha por las iglesias luteranas de reconocer y pedir perdón por los hechos de la máquina nazi. Estas mismas celebraciones se llevaron a cabo durante los 90 por todo el mundo cristiano. En Yad VaShem, monumento a las víctimas judías del Holocausto, ha sido testigo de cientos de pastores protestantes que han pedido perdón por los hechos en los que sus iglesias estuvieron involucradas.

Además no nos olvidemos que ya en tiempos de ese guerra, el país protestante de Dinamarca tomó como acción nacional, incluyendo a los reyes, salvar a TODOS los judíos de su país. Cosa que ningún país católico hizo, incluyendo al Vaticano.

Estoy seguro que la net está lleno de eso, sé muy bien de todos estos hechos donde protestantes piden perdón, pues soy judío y he sido invitado a muchas de estas actividades, pero NUNCA he visto, escuchado o he sido invitado a una actividad de esta índole hecha por los católicos, y mucho menos por el Vaticano.

Alemania, país luterano demuestra su arrepentimiento hacia el Pueblo Judío de muchas formas, pero yo no he visto que un país católico hace lo que Alemania si ha hecho.

Y no hablemos de como el Vaticano y el Papa en persona apoyaron esa máquina de destrucción, y cómo sólo de los labios para afuera piden perdón, porque todo lo que tienen y es PROPIEDAD judía no lo han devuelto, y no hablemos de todo lo quitado también a otros pueblos. :malo:

Te prometo que si encuentro esa resolución de las iglesias luteranas te la haré llegar, ahora no puedo buscarla porque tengo mucho que hacer.... :bicho:
 
Yatzik:
Además no nos olvidemos que ya en tiempos de ese guerra, el país protestante de Dinamarca tomó como acción nacional, incluyendo a los reyes, salvar a TODOS los judíos de su país. Cosa que ningún país católico hizo, incluyendo al Vaticano.


Luis:
Así que ningún país católico hizo eso, incluyendo el Vaticano, ¿verdad?
Antes de seguir, una pregunta: ¿qué años tienes Yatzik?
 
Debe ser que la pasion por la reliquias y otros restos genera un sentimiento de fijacion en la busqueda de cadaveres, muertos, sepulturas, inmundicia en definitiva, una "necrofilia" peculiar la vuestra. Los unicos animales que conozco que se regodean en la carroña, son lo buitres, desde luego no los cristianos. Para no subir demasiado el tono, dejemos que sea el mismo Jesus el que os siga "escandalizando" y "ofendiendo":


"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación." Mateo 23.27-36


Mi Dios es un Dios de vivos, no de muertos.
La Gloriosa Iglesia de Cristo, jamas ha participado de pecado, por que su cuerpo ni ha visto ni vera corrupcion JAMAS.

Yo no tengo que defender, ni justificar, ni acusar a Calvino, ni a los luteranos hitlerianos, no tengo que defender la iglesia local donde me congrego, de hecho no tengo ni que defender a Jesus, El no me necesita a mi para eso, El ha prometido que las puertas del Hades no prevaleceran contra su Iglesia, y yo he decidido creerle a El.

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. " Rom. 8.1

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Rom. 8.33-39

Que el Señor os bendiga