La doctrina de la
inmortalidad del alma no es una enseñanza original del cristianismo bíblico, sino que tiene su origen principalmente en filosofías paganas, especialmente en el pensamiento griego.
Te lo detallo brevemente:
1. Origen histórico y filosófico:
Cultura egipcia:
Creían en una vida después de la muerte y en una existencia continua del alma. El culto egipcio enfatizaba que el alma persistía en otra dimensión, dependiendo de rituales funerarios específicos.
Platón y la filosofía griega:
El origen más directo e influyente de la doctrina proviene de la filosofía griega, especialmente del pensamiento de Platón (428-347 a.C.).
Platón enseñó que el cuerpo es una "prisión" para el alma, y que el alma es inmortal por naturaleza, preexistente y eterna. En la muerte, el alma simplemente se separa del cuerpo y continúa existiendo de forma independiente.
Neoplatonismo:
Esta corriente filosófica, que evolucionó a partir del pensamiento platónico, reforzó aún más esta idea de la inmortalidad natural del alma y su existencia independiente del cuerpo físico.
2. Ingreso al cristianismo:
Durante los primeros siglos del cristianismo, la iglesia primitiva no enseñaba la inmortalidad natural del alma humana, sino que predicaba la
resurrección corporal como esperanza central.
Sin embargo, desde el siglo II en adelante, cuando el cristianismo entró en contacto profundo con la filosofía griega, especialmente en Alejandría, varios líderes cristianos como Orígenes, Clemente de Alejandría y más tarde Agustín de Hipona, comenzaron a integrar el concepto platónico del alma inmortal en la teología cristiana.
Esto generó un proceso gradual de adopción de la idea del "alma inmortal" que se separa del cuerpo tras la muerte.
En el año 1513, el Concilio de Letrán declaró oficialmente como dogma la doctrina de la inmortalidad natural del alma en la Iglesia Católica Romana.
3. Contraste con la enseñanza bíblica original:
La Biblia no enseña que el alma humana sea inmortal de manera natural.
Por el contrario, la Escritura claramente enseña lo opuesto.
Sólo Dios es inmortal por naturaleza. "el único que tiene inmortalidad..." (1 Timoteo 6:16).
El hombre no es creado mortal pero si depende de Dios para vivir.
La esperanza bíblica no está en una inmortalidad natural e inherente al ser humano, sino en la
resurrección que ocurrirá en la segunda venida de Cristo (Juan 5:28-29, 1 Corintios 15:51-54, 1 Tesalonicenses 4:16-17).
4. Conclusión clara y resumida:
La doctrina de la inmortalidad natural del alma no surgió del cristianismo ni de la revelación bíblica original, sino de influencias paganas, particularmente del platonismo griego.
Su introducción al cristianismo ocurrió a través de la mezcla entre filosofía griega y teología cristiana en los primeros siglos de la Iglesia.
La Escritura enseña claramente la resurrección y la inmortalidad como un
don divino dado exclusivamente a los redimidos por fe en Jesucristo, no como algo intrínseco en el ser humano.
Este es el origen real e histórico de la enseñanza sobre la inmortalidad del alma.
La revelación bíblica apunta claramente hacia la resurrección, no hacia la inmortalidad inherente del alma.