Otros epígrafes en este Foro han sido dedicados a esta discusión, pero salvo aportes excepcionales, diciendo poco y gritando fuerte.
En consideración de hermanos todavía débiles en su fe que se sientan tentados a dejar de creer en una doctrina esencial al evangelio de Jesucristo, es que abro este tema.
Quien tenga dudas al respecto, puede exponerlas, y conforme a la gracia que Dios nos suministre procuraremos responder de la forma más clara y prolija.
Quien esté convencido de lo contrario, podrá aprovechar para presentar sus mejores razones y argumentos, sabiendo que los mismos serán atendidos y contestados.
La convicción que tenemos se apoya en las Sagradas Escrituras, la historia y la razón.
Quien prefiera cuestionar la interpretación que le damos a los textos bíblicos podrá hacerlo, con la seguridad que responderemos conforme diga la Palabra de Dios.
Quien piense que nuestra doctrina es extra bíblica y proviene de antiguas creencias, tradiciones y mitos, será atendido y respondido desde la misma historia universal.
Quien nos impugne arguyendo que nuestro pensamiento está reñido con la lógica, el buen juicio, sano criterio y sentido común, responderemos de forma racional.
Tan sólo una recomendación: no profanemos la Palabra de Dios usando versículos bíblicos a modo de pancartas o pasacalles publicitarios. Cuando citemos los textos que sea para examinarlos y no para apabullar a nadie con ellos.
La mejor forma para que nuestra discusión pueda ser tan instructiva como provechosa, será si nos esmeramos en seguirla con orden. Si un forista presenta una lista de argumentos, nos dispersaremos corriendo de aquí para allá sin acabar por llegar a conclusión alguna. Alcanzará con que cada cual presente el que crea sea su mejor argumento, y tras atenderlo debidamente pasaremos al siguiente. De este modo, todos podemos aprender de todos.
Mi mejor argumento está resumido en el título:
La salvación eterna que gozaremos por la eternidad en el cielo nos libra del eterno tormento en el lago de fuego, ya que el actual infierno allí irá (Ap 20:13,14).
La premisa salta a la vista: de no existir el eterno tormento de los perdidos, ¿de qué vino a salvarnos el Señor Jesús padeciendo lo indecible en la cruz?
La lógica de esta proposición como que invita a responder a ella.
Saludos cordiales.
Ricardo.
En consideración de hermanos todavía débiles en su fe que se sientan tentados a dejar de creer en una doctrina esencial al evangelio de Jesucristo, es que abro este tema.
Quien tenga dudas al respecto, puede exponerlas, y conforme a la gracia que Dios nos suministre procuraremos responder de la forma más clara y prolija.
Quien esté convencido de lo contrario, podrá aprovechar para presentar sus mejores razones y argumentos, sabiendo que los mismos serán atendidos y contestados.
La convicción que tenemos se apoya en las Sagradas Escrituras, la historia y la razón.
Quien prefiera cuestionar la interpretación que le damos a los textos bíblicos podrá hacerlo, con la seguridad que responderemos conforme diga la Palabra de Dios.
Quien piense que nuestra doctrina es extra bíblica y proviene de antiguas creencias, tradiciones y mitos, será atendido y respondido desde la misma historia universal.
Quien nos impugne arguyendo que nuestro pensamiento está reñido con la lógica, el buen juicio, sano criterio y sentido común, responderemos de forma racional.
Tan sólo una recomendación: no profanemos la Palabra de Dios usando versículos bíblicos a modo de pancartas o pasacalles publicitarios. Cuando citemos los textos que sea para examinarlos y no para apabullar a nadie con ellos.
La mejor forma para que nuestra discusión pueda ser tan instructiva como provechosa, será si nos esmeramos en seguirla con orden. Si un forista presenta una lista de argumentos, nos dispersaremos corriendo de aquí para allá sin acabar por llegar a conclusión alguna. Alcanzará con que cada cual presente el que crea sea su mejor argumento, y tras atenderlo debidamente pasaremos al siguiente. De este modo, todos podemos aprender de todos.
Mi mejor argumento está resumido en el título:
La salvación eterna que gozaremos por la eternidad en el cielo nos libra del eterno tormento en el lago de fuego, ya que el actual infierno allí irá (Ap 20:13,14).
La premisa salta a la vista: de no existir el eterno tormento de los perdidos, ¿de qué vino a salvarnos el Señor Jesús padeciendo lo indecible en la cruz?
La lógica de esta proposición como que invita a responder a ella.
Saludos cordiales.
Ricardo.