-Aunque pecadores salvados, es cierto que mientras permanezcamos en este mundo con este cuerpo de carne seguimos siendo pecadores, pero ya no como antes, cuando estábamos perdidos, muertos en delitos y pecados, sino que ahora somos guiados al arrepentimiento, confesión y limpieza en la sangre de Jesucristo, de modo que recuperamos nuestra comunión con Dios, andando en la luz (1Juan 1:5-2:1).
Es cierto que todavía podríamos ser ingratos, tontos y negligentes, atrayéndonos la reprensión del Señor y el castigo correctivo pertinente, pero la salvación que no conseguimos por nuestro propio esfuerzo o mérito, no se nos ha dicho que debamos cuidarla o conservarla, pues aunque la disfrutemos, no nos pertenece a nosotros sino al Señor:
"La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero" (Ap 7:10).