-Bien cierto es que cada cual se acomoda a lo que de momento mejor lo convence o satisface.
-Sin embargo, el creyente agradecido a Dios por su salvación cierta, segura, permanente y eterna, vive su fe con la convicción y esperanza que le hace disfrutar plenamente de una salvación tan grande.
-El que duda, o no sabe, o está incierto, o se desvela por una salvación que a la menor distracción la pierde, busca tener lo que al final quizás consiga sin nunca estar seguro de ello. La única salvación que vale la pena es la que efectivamente salva; no la condicionada a que pueda llegar a salvar.