Millones de parejas en el mundo, han tenido sexo antes del matrimonio y luego se casan ante un notario, o sí son religiosos ante el sistema que los ha captado como miembros.
No pasa nada.
Han formado familias, han tenido hijos, nietos y finalmente parten de este mundo.
No pasa nada
Otro asunto muy distinto ocurre cuando una pareja conoce al Cristo de las Escrituras.
No me refiero al "cristo" de los sistemas religiosos, sino como leen: Al Cristo de las Escrituras.
Los hombres que llevaban a empellones aquella pobre mujer, sorprendida en el acto mismo de adulterio, eran asesinos.
Odiaban a Cristo.
Está el Señor, luego de pasar toda una noche orando, conociendo de antemano lo que iba a ocurrir en esa mañana, impartiendo enseñanza en el atrio del templo y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.
La mujer era casada, no se habla de fornicación sino de adulterio, como la causa de su muerte conforme a la ley:
Lev_20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos
¿Y dónde está el hombre?
No se puede matar una mujer sola y dejar vivo al que fue contratado para llevar a cabo esta acusación contra Jesús.
El Señor estuvo orando toda la noche.
Esta misma misericordia que usó con esta mujer, en manos de sus asesinos y próximos a lapidarla, está vigente.
"Si nadie te condenó, ni yo te condeno"
"Vete y no peques más"
Ella tenía que abandonar Jerusalén, su vida corría peligro en manos de los escribas y los fariseos, los conductores espirituales de la nación de Israel, eran unos asesinos , que no les importaba la vida de una mujer, con tal de acusar a Jesús.
Cuando una pareja que vive en concubinato, conoce al Cristo de las Escrituras, se casa, ordena su vida, son nuevas criaturas, las cosas viejas pasaron y construyen un hogar para servir al Señor.
Quizás en el cielo conozcamos la gratitud de aquella mujer que tuvo que irse de Jerusalén a la ciudad dé donde había venido.
Pero en su corazón jamás olvidaría que había quedado en deuda con el Señor.
No me extrañaría, que debido a ella, el haya atendido el ruego de Simón el fariseo, de sentarse a su mesa, sabiendo de antemano que iba a ser objeto de su indiferencia y desprecio.
El Espíritu Santo declara:
Luc 7:37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
El acusador señala:
Luc 7:39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Simón el fariseo ignoraba que ella había tenido una experiencia personal con Jesucristo en Jerusalén que la había transformado por completo.
Un corazón agradecido, adora.
Oh apreciados hermanos en Cristo, que podamos aprender que en el altar de la cruz, la misericordia y la verdad se encontraron, la Justicia y la Paz, se besaron.