Re: ...Preexistencia humana: nuestra vida antes de nacer en este planeta.
Siempre es bueno, y aun lo MEJOR, buscar hasta donde se pueda la RAÍZ u origen de las cosas y también de las IDEAS.
Por eso aquí pego, lo mas antiguo, dentro de la "ortodoxia" que apunta a esta idea:
El mundo y los movimientos de las criaturas racionales
El número de las criaturas creadas
1. Volvamos ahora el orden de nuestra discusión propuesta, y contemplemos el comienzo de creación, hasta donde el entendimiento puede contemplar el principio de la creación de Dios. Debemos suponer que en aquel comienzo Dios creó un gran número de criaturas racionales o intelectuales (o como quiera que se llamen), que nosotros llamamos anteriormente entendimientos, tantas como El previo que serían suficientes. Es cierto que las hizo según algún número definido, predeterminado por Él mismo, pero no debe imaginarse, como algunos han hecho, que las criaturas no tienen límite, porque donde no hay límite tampoco hay comprensión ni limitación. Ahora, si este fuera el caso, ciertamente las cosas creadas no podrían ser refrenadas ni administradas por Dios. Porque, naturalmente, todo lo que es infinito es también incomprehensible. Más aún, la Escritura dice: "Dios ha dispuesto todo con número, peso y medida" (Sab 11, 20). Por lo tanto, un número será correctamente aplicado a las criaturas racionales o entendimientos, tan numeroso como para admitir ser dispuestos, gobernados y controladas por Dios.
Pero la medida se aplica apropiadamente al cuerpo material, y esta medida, según creemos, fue creada por Dios tal como Él sabía que sería suficiente para adornar el mundo. Estas cosas son, pues, las que hemos de creer que fueron creadas por Dios al principio, es decir, antes de todas las cosas. Y creemos que esto se indica incluso en el comienzo de la introducción de Moisés en términos algo ambiguos, cuando dice: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Gn 1, 1), porque es seguro que no se habla del firmamento, ni de la tierra seca, sino del cielo y de la tierra de los cuales el presente cielo y tierra que ahora vemos tomaron sus nombres.
La libertad de las criaturas, primera condición
2. Pero ya que las naturalezas racionales, las que hemos dicho arriba, fueron hechas en un principio, fueron creadas cuando no existían previamente, y por el hecho de que no existían y luego pasaron a existir, son necesariamente mudables e inestables, ya que cualquier virtud que haya en su ser no está en él por su propia naturaleza, sino por la bondad del Creador. Su ser no es algo suyo propio, ni eterno, sino don de Dios, ya que no existió desde siempre; y todo lo que es dado puede también ser quitado o perdido. Ahora bien, habrá una causa de que las naturalezas racionales pierdan (los dones que recibieron), si el impulso de las almas no está dirigido con rectitud de la manera adecuada. Porque el creador concedió a las inteligencias que había creado el poder optar libre y voluntariamente, a fin de que el bien que hicieran fuera suyo propio, alcanzado por su propia voluntad. Pero la desidia y el cansancio en el esfuerzo que requiere la custodia del bien, y el olvido y descuido de las cosas mejores, dieron origen a que se apartaran del bien; y el apartarse del bien es lo mismo que entregarse al mal, ya que éste no es más que la carencia de bien. Y es seguro que la carencia de bien es maldad.
Por eso ocurre que, en proporción a su caída del bien se envuelven en el mal. Con ello, cada una de las inteligencias, según descuidaba más o menos el bien siguiendo sus impulsos, era más o menos arrastrada a su contrario, que es el mal. Aquí parece que es donde hay que buscar las causas de la variedad y multiplicidad de los seres; el creador de todas las cosas aceptó crear un mundo diverso y múltiple, de acuerdo con la diversidad de condición de las criaturas racionales, cuya diversidad tiene que suponerse concebida por la causa arriba mencionada. Y lo que entendemos por diversidad y variedad es lo que ahora deseamos explicar.
La diversidad de las criaturas
3. Llamamos mundo a todo lo que está encima del cielo, o en el cielo, o sobre la tierra, o en aquellos sitios que llaman las regiones inferiores, o cualquier lugar que exista, juntamente con sus habitantes. Este todo es llamado mundo. En este mundo ciertos seres son supracelestes, esto es, colocados en moradas más felices y vestidos con cuerpos celestes y resplandecientes; y el apóstol muestra que existen estas muchas distinciones: "Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres" (1 Co 15, 41). Ciertos seres son terrenales, y entre ellos, es decir, entre los hombres, no hay pequeñas diferencias; porque muchos de ellos son bárbaros, otros* griegos; y de los bárbaros unos son salvajes y feroces, y otros de una disposición más suave. Algunos viven bajo las leyes que han sido escasamente aprobadas; otros, bajo leyes de una clase más común o severa; (vilioribus et asperioribus), mientras que otros poseen costumbres de un carácter inhumano y salvaje, más bien que leyes.
Muchos de ellos, desde la hora de su nacimiento, son reducidos a humillación y sometimiento, y criados como esclavos, puestos bajo el dominio, sea de amos, príncipes o tiranos. Otros, a su vez, son criados en una manera más consonante con la libertad y la razón; unos con cuerpos sanos, otros con cuerpos enfermos desde sus primeros años; algunos con visión defectuosa, otros en oído y el habla; algunos nacidos en buena condición, otros, privados del uso de sus sentidos inmediatamente después del nacimiento, o al menos sufriendo de tal desgracia que difícilmente alcanzan la vida adulta. ¿Y por qué debería repetir y enumerar todos los horrores de la miseria humana, de la que unos han sido libres y otros implicados, cuando cada uno puede sopesarlos y considerarlos por sí mismo?
Hay también ciertos poderes invisibles a los que le han sido confiadas para su administración cosas terrenales; y entre ellos hay que asumir que no es pequeña diferencia que les distingue, igual que se encuentra entre hombres. El apóstol Pablo nos da a entender que hay ciertos poderes inferiores, (inferna), esto entre ellos, de manera parecida, debe buscarse un indudable fundamento de la diversidad.
En cuanto a animales mudos y pájaros, y aquellas criaturas que viven en las aguas, parece superfluo insistir, ya que es seguro que no deben considerarse de un rango primario, sino subordinado.
La sabiduría y la justicia y la diversidad de suertes entre la humanidad
4. Viendo, entonces, que todas las cosas que han sido creadas por Cristo y en Cristo, como el apóstol Pablo indica con claridad cuando dice: "En Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, o dominios, o principados, o potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él" (Col 1, 16). Y como en su Evangelio Juan indica lo mismo, diciendo: " En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. Este era el principio con Dios, todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Jn 1, 1-2). También está escrito en los Salmos: "Hiciste todas ellas con sabiduría" (Sal 104, 24). Viendo, entonces, que Cristo es, como fue, la Palabra y la Sabiduría, y también la Justicia, indudablemente se seguirá que aquellas cosas que han sido creadas en la Palabra y la Sabiduría, son creadas también en la Justicia que es Cristo; para que en las cosas creadas no aparezca nada injusto o accidental, sino que todas las cosas puedan mostrar que son conforme a la ley de equidad y justicia.
¿Cómo, entonces, puede entenderse que es totalmente justo y recto tan grande variedad de cosas y de tan grande diversidad? Estoy seguro que ningún poder humano ni lenguaje lo pueden explicar, a no ser que como suplicantes postrados oremos a la Palabra, a la Sabiduría, y a la Justicia, que es el Hijo unigénito de Dios, y que, derramándose por su gracia en nuestros sentidos, puede dignarse a iluminar lo que es oscuro, abrir lo que está cerrado, y revelar lo que es secreto; si, de verdad, somos hallados buscando, o llamando con la dignidad suficiente para merecer recibir lo que pedimos o buscamos. No confiando en nuestros propios poderes, sino en la ayuda de la Sabiduría que hizo todas las cosas, y de la Justicia que creemos que está en todas sus criaturas, aunque de momento somos incapaces de declarar, pero, confiando en su misericordia, procuraremos examinar y preguntar cómo la gran variedad y diversidad en el mundo puede aparecer compatible con la honradez y razón. Quiero decir, desde luego, simplemente la razón en general; porque sería una señal de ignorancia, o de locura, buscar y dar una razón especial de cada caso individual.
El problema teológico de las diferencias humanas...
(Tomado del tratado de los Principios "de Orígenes de Alejandría +o- 220 dC. Si me lo requieren, sigo pegando)