Re: MATEO 24:34 A QUIEN LE DIJO JESUS QUE "'''ESTA GENERACION NO PASARA''''' ?
Profecía de Daniel (Dn.8:13/14) y Cristo: sobre la 1 y 2 venida de Jesucristo.
Dijo Daniel:”Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos pregunto a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durara la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y el dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Dn.8:13/14). Más tarde, en tiempos de Cristo, al preguntarle los discípulos sobre su segundo advenimiento y el día final. El les contesto que recordaran la profecía de Daniel: “Y estando el sentado en el monte de los olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo; Dinos ¿Cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del fin de siglo? Residiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe… Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que hablo el profeta Daniel (el que lee, entienda). (Mt.24:3/4 y 15).Con ello afirmaba Jesús que la profecía de Daniel había de cumplirse en su segunda venida.
Daniel, en los capítulos 8 y 9 de su libro, hace dos profecías sobre la fecha de la revelación de Jesús y otra sobre la revelación Bahái, Mencionare primero la de Jesucristo, la cual se cumplió a su debido tiempo. Dice DANIEL:”Aun estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y hablo conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos salió la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. En tiende, pues la orden y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable y sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a…”
A partir de qué fecha se calcula esa profecía y, por otra parte, que significan esas semanas, pues se observa cierta contradicción ya que una vez habla de setenta semanas, y más tarde de sesenta y dos semanas y siete semanas.
Considero que no es fácil de entender, pues si lo fuera no se trataría de palabras selladas y cerradas. A pesar de ello, veamos primeramente el significado de las semanas: Las setenta semanas corresponden a cuatrocientos noventa días; pero como, según la Biblia, el día equivale a un año, tendremos que estos cuatrocientos noventa días significan cuatrocientos noventa años.
En cuanto a la fecha de partida para añadir tales años, se menciona en la misma profecía cuando dice:”…desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén “. El problema estriba en que la orden para tal restauración se repitió en cuatro ocasiones: la primera la dio Ciro en el año 536 a.c. según menciona el libro de Esdras; la segunda, Darío de Persia en 519 a.c.; según consta en el mencionado libro de Esdras; el tercer edicto fue lanzado por Artajerjes en 457 a.c.; recogido asimismo por Esdras; y el cuarto también por Artajerjes; según menciona Nehemías, y publicado en 444 a.c. De estas cuatro fechas, Daniel se refiere a la tercera, es decir el año 457ª.c. Ahora bien, la vida y revelación terrenas de Jesús duraron treinta y tres años; pues esa edad tenía cuando lo crucificaron. Si añadimos treinta y tres a 457, obtendremos los cuatrocientos noventa años que profetizo Daniel y, por ende (por consecuencia), el cumplimiento de la profecía primera.
Y ahora, hablemos de las sesenta y dos semanas y siete semanas, mencionadas separadamente. Esto se debe a que la restauración del Templo duro siete semanas, es decir, cuarenta y nueve días o años. A partir de entonces empiezan las sesenta y dos semanas (que unidas a las siete hace sesenta y nueve)y, en la última, es decir la 69/70 sucedió la ascensión de Cristo.
Ahora, partiendo de la fecha del tercer edicto, al igual que hicimos para la primera avenida de Jesús (profetizada, por Daniel), llegaremos a los albores de la revelación Bahái. En efecto; ya sabemos que desde la promulgación del edicto al nacimiento de Jesús pasaron 457 años; de entonces hasta la víspera de la revelación Bahái pasaron 1843años, puesto que a partir de 1844 empieza la Era Bahái con la declaración del EL BAB(LA PUERTA),Precursor de Bahá u lláh .
EL BAB, se refirió en sus escritos al orden de Bahá u lláh, título que le dio El BAB, Y significa: LA GLORIA DE DIOS. EL BAB fue martirizado por el clero musulmán, el 9 de julio de 1850, a los 31 años de edad, en 1844 se declara Enviado de DIOS, Y dijo Bienaventurado aquel que sigue a Bahá u lláh y su promesa fue cumplida 19 años después de la declaración de su misión,: Mirza Husayn-Ali(Bahá u lláh), abiertamente en 1863, declaro que EL era El prometido cuya venida había sido profetizada por todas las manifestaciones de DIOS de las edades anteriores).
Su mando estas dos cifras: 457 más 1843, obtendremos 2300 que es el numero fijado por Daniel. El año 1844 era una fecha en la cual, en varias partes del mundo, había quienes esperaban la avenida del Señor, entre ellos el caso más trágico fue el de William Millar, quien fundó la secta Cristiana de nominada “Los Adventistas del Séptimo Día”, pues después de un profundo estudio de Daniel, saco la fecha de 1844 para dicho evento y, estaba tan seguro, que comenzó a anunciarla con una vehemencia sin igual y sus seguidores lo esperaban sin lugar a duda. Su equivocación fue que esperaban el descenso de Cristo literalmente del Cielo y por ello cuando apareció EL BAB no se había producido, a si pues, llego la fecha sin que descendiera el Señor desde el cielo y el desdichado predicador murió en el año 1849 con la mayor desilusión y desesperanza.
Otras sectas cristianas por esas fechas se alojaron en tiendas de campaña alrededor del Monte Carmelo, en Haifa, Israel (lugar donde hoy está La Tumba del BAB Y Abdul-Bahá. Y La Casa universal de Justicia).
Isaías:”Acontecerá en los postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán…”(Is.2:2/3).El Monte de Jehová es el Monte Carmelo.
Bahá u lláh, dirigiéndose al Carmelo, dice: “Da gracias a tu Señor, OH Carmelo; el fuego de tu separación de mi iba consumiéndote, cuando el océano de mi presencia surgió ante tu cara, alegrando tus osos y los ojos de toda la creación… llama a Sion, OH Carmelo y anuncia las jubilosas nuevas: El que estaba oculto a los ojos de los mortales, ha venido”.
Ezequiel dice, “…Y he aquí la Gloria del DIOS de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria (Ez. 43:2).
Los que buscáis la verdad, ¡la Revelación de Bahá'u'lláh os traerá una gran alegría! Esta doctrina es del Espíritu, en ella no existe ningún precepto que no sea del Espíritu Divino.
El Espíritu no puede ser percibido con los sentidos materiales del cuerpo físico, excepto cuando se manifiesta en acciones y signos externos. El cuerpo humano es visible, el alma es invisible. No obstante, es el alma la que dirige las facultades del ser humano, la que gobierna su existencia.
El alma tiene dos facultades esenciales: a) Así como las circunstancias exteriores son transmitidas al alma por los ojos, los oídos y el cerebro del ser humano, así también el alma comunica sus deseos y propósitos a través del cerebro a las manos y a la lengua del cuerpo físico, utilizando a éstos como un medio de expresión. El espíritu en el alma es la esencia misma de la vida. b) La segunda facultad del alma se expresa en el mundo de la visión, donde el alma, animada por el espíritu, tiene su existencia y funciona sin la ayuda de los sentidos materiales del cuerpo. Allí, en el reino de la visión, el alma ve sin la ayuda del ojo físico, oye sin la mediación del oído material, y viaja sin depender del movimiento físico. Resulta claro, por consiguiente, que el espíritu en el alma del ser humano puede funcionar a través del cuerpo físico, empleando los órganos de los sentidos, pudiendo también vivir y actuar sin su ayuda en el mundo de la visión. Ello prueba, sin duda alguna, la superioridad del alma sobre el cuerpo, la superioridad del espíritu sobre la materia.
Por ejemplo, observad esta lámpara: ¿no es acaso su luz superior a la lámpara que la sostiene? No obstante lo hermosa que pueda ser la forma de la lámpara, si no tiene luz no cumple su propósito, no tiene vida, es una cosa muerta. La lámpara necesita de la luz, pero la luz no necesita de la lámpara.
El espíritu no necesita un cuerpo, pero el cuerpo necesita del espíritu, de lo contrario no puede vivir. El alma puede vivir sin un cuerpo, pero el cuerpo sin un alma muere.
Si una persona pierde la vista, el oído, una mano o un pie, vivirá si su alma aún permanece en el cuerpo, y puede manifestar las divinas virtudes. Por el contrario, sin espíritu, le sería imposible existir incluso a un cuerpo perfecto.
El poder más grande del Espíritu Santo existe en las Divinas Manifestaciones de la Verdad. A través del poder del Espíritu, la Enseñanza Celestial ha sido concedida al Mundo de la Humanidad. Por medio del poder del Espíritu, la vida sempiterna ha alcanzado a toda la raza humana. Mediante el poder del Espíritu, la Gloria Divina ha resplandecido desde Oriente a Occidente, y a través del poder del mismo Espíritu, se harán manifiestas las divinas virtudes de la humanidad.
Nuestros mayores esfuerzos deben estar dirigidos hacia el desprendimiento de las cosas del mundo; debemos luchar por ser más espirituales, más luminosos, por seguir el consejo de las Enseñanzas Divinas, por servir a la causa de la unidad y de la verdadera igualdad, por ser generosos, por reflejar el amor del Altísimo sobre todos los seres humanos, para que la luz del Espíritu se manifieste en todos nuestros actos, con el fin de que toda la humanidad se una, que el turbulento mar del mundo se calme, y que las rugientes olas desaparezcan de la superficie del océano de la vida, y esté por siempre tranquilo y apacible. Entonces la humanidad verá la Nueva Jerusalén, entrará a través de sus puertas y recibirá la Munificencia Divina.
Agradezco a Dios que me haya permitido estar entre vosotros esta tarde, y os doy las gracias por vuestra sensibilidad espiritual.
Ruego para que podáis crecer en fervor divino, y que el poder de la unidad en el Espíritu aumente, a fin de que se cumplan las profecías, y que en este gran siglo de la Luz de Dios puedan ocurrir todas las buenas nuevas a que hacen referencia los Libros Sagrados. Éste es el tiempo glorioso del que el Señor Jesucristo habló cuando nos dijo que oráramos: "Venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo." Espero que ésta sea también vuestra esperanza y vuestro gran deseo.
¡Estamos unidos en el mismo propósito y la misma esperanza, de que todos seamos como uno solo y que cada corazón sea iluminado por el Amor de nuestro Padre Divino, Dios!
¡Que todas nuestras acciones sean espirituales, y que todos nuestros intereses y afectos se concentren en el Reino de Gloria!
(Abdu'l-Bahá, LA SABIDURIA DE 'ABDU'L-BAHÁ).