Lo que no acaba de entender usted es lo siguiente: que el simple hecho de querer obedecer, ya es señal de estar en desobediencia, o lo que es lo mismo, en pecado. La función de la Ley es esta misma, mostrarnos la realidad de lo que somos a los ojos de Dios: PECADORES!
Es al creer en Jesucristo y aceptarle como nuestro único Señor y Salvador, que somos vueltos a Dios. Y es por nuestra fe en Cristo (no hay que olvidar que la fe es un don de Dios) que en nosotros nace el deseo de hacer su voluntad.
Pero no es mediante la Ley, ni el guardarla, que logramos alcanzar el favor de Dios, ni mucho menos. Es todo lo contrario, es por medio de la Ley que nos es mostrado, que llegamos a comprender, cuan lejos estamos de agradar a Dios, cuan imposible es lograrlo, y que andamos en clara desobediencia, en pecado. La Ley y como bien está escrito, VINO A CAUSA DEL PECADO, VINO A PONERLO EN EVIDENCIA, NO A QUITARLO NI LIBRARNOS DEL MISMO.
El simple hecho de pretender guardar la Ley, nos confirma que somos transgresores de la misma, pecadores, e incapaces de agradar a Dios de modo alguno, y por mucho que nos esforcemos. La Ley nos muestra que, aun queriendo, NO PODEMOS. Y ahí, en ese momento, es cuando actúa la gracia por medio de la fe de Jesucristo. Dios no nos tiene en cuenta nuestros pecados, sino que todos nos son perdonados en el momento de aceptar como nuestra, la obra expiatoria de Jesucristo en la Cruz.
No somos pecadores cuando pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores, porque el pecado está en nosotros. Los pecados que cometemos son los frutos, la manifestación visible, del pecado que habita en nosotros. Es la Ley del pecado que habita en nuestros miembros la que no nos deja hacer lo quisiéramos. Sí, podemos desear hacer el bien, pero reconocemos que no, que no siempre podemos.
Por lo tanto, nadie puede ser justificado por querer guardar la Ley, por tanto que cuando vemos la necesidad de guardar un mandamiento, un precepto, este mismo nos está mostrando que estamos en pecado, que estamos transgrediendo e incumpliendo la Ley, bien sabiendo que quien incumple un solo mandato INCUMPLE TODA LA LEY.
Y no, no es guardar los mandamientos para alcanzar el favor de Dios, y mucho menos su gracia. Es todo lo contrario, es reconocer que somos pecadores y que si Él no actúa en nuestro favor, si no aplica su gracia, si no recibimos el don de la fe y por este aceptamos y recibimos GRATUITAMENTE a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, nada lograremos ante Dios.
Resumido, pero suficiente para ser entendido.