La salvación se pierde??



Aspectos de La Salvación...

(Marcos 1:15) "Diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentíos, y creed en el evangelio"

La teoría Calvinista de una Elección personal, incondicional, y eterna.

- Esta teoría es que, Dios (y No el hombre, es el que Elige o escoge),

- De su propio Propósito (de acuerdo con su Voluntad, y no de cualquier obligación hacia el hombre, ni por ninguna voluntad de hombre),

- Que desde la eternidad (el periodo de la acción de Dios, no en tiempo en el cual el hombre actúa),

- Ha determinado Salvar (no que ha Salvado actualmente, sino simplemente determinó hacerlo así),

- Y Salvar (no conferir privilegios sobre ellos del Evangelio o la Iglesia),

- A un número definido de la humanidad (no la raza entera, no mera e indefinidamente a algunos de ellos, ni indefinidamente una cierta parte proporcional, sino un número definido),

- Como individuales (No lo entero o una parte de la raza, no de una nación, no de una iglesia, no de una clase, como la de los Creyentes o de los piadosos, sino como individuales),

- No por o a causa de cualquier mérito u obra de ellos, Ni por ningún valor de ellos para Él (No por sus buenas obras, ni su Santidad, ni excelencia, ni su Fe, ni su Santificación espiritual, aunque la Elección es para Salvación conseguible por medio de la Fe y Santificación, ni del valor de ellos para Él, aunque su Salvación tiende grandemente a la Gloria manifestada de su Gracia),

- Sino de su propio Beneplácito (simplemente porque a Él le plació escoger así).

James P. Boyce,
Abstracto de Teología Sistemática.
Capitulo 29. 1887


 


⚠ ️ Una vez escuché a un predicador afirmar, apelando más a la emoción que a la verdad, la frase: “Dios cree en ti”. Aunque suena motivadora, esta expresión pone patas para arriba la teología histórica y los fundamentos mismos del cristianismo. No se trata de un simple error ingenuo sino de una profunda distorsión doctrinal del mundo pentecostal popular. En la Escritura, no es Dios quien cree en el hombre, sino el hombre quien es llamado a creer en Dios. Invertir este orden desconocer la gracia y la biblia misma, no engrandece a Dios, sino que lo reduce a una proyección emocional humana.

Atribuirle fe a Dios es desconocer su naturaleza. La fe, bíblicamente entendida, implica confiar en aquello que no se ve o no se conoce plenamente (Hebreos 11:1). Pero Dios no cree ni confía en posibilidades futuras, porque no hay nada incierto para Él. Decir que Dios tiene fe en el hombre implica suponer que espera resultados, que observa el desarrollo de los acontecimientos para ver qué ocurrirá, lo cual contradice frontalmente la omnisciencia divina. La Escritura revela a un Dios que no reacciona, sino que decreta; que no aprende, sino que conoce; que no espera, sino que gobierna.

La idea de un Dios que “cree en ti” es, en el fondo, un dios reducido, moldeado por el lenguaje motivacional moderno, más cercano a la autoayuda que a la revelación bíblica. Es ingenuo pensar en un Dios que deposita expectativas en el hombre cuando la Biblia enseña que el futuro le pertenece, le obedece y está bajo su soberano designio. Esta clase de discurso no fortalece la fe verdadera, sino que desplaza los atributos divinos (como la soberanía, la inmutabilidad y la aseidad) para hacer a Dios emocionalmente atractivo, pero teológicamente contradictorio.

Por esta razón, la teología sólida debe combatir el lenguaje motivacional vacío, no por falta de amor pastoral, sino por fidelidad a la verdad. El pueblo de Dios no necesita un Dios que “crea en ellos”, sino conocer al Dios que reina, salva, decreta y cumple todo su propósito. Solo cuando la Iglesia enseña correctamente quién es Dios, el hombre puede ubicarse en su lugar correcto: dependiente, llamado al arrepentimiento y a la fe.

La Escritura es contundente al respecto:

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí; que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.”
(Isaías 46:9–10, RVR1960)

¡Este es el Dios bíblico! no uno que cree en el hombre, sino uno en quien el hombre debe creer. Cualquier mensaje que altere esta verdad, por más emotivo que parezca, no edifica sobre el fundamento apostólico, sino sobre arena.


 



EL REPUDIO A LAS DOCTRINAS DE LA GRACIA Y LA OFENSA DE LA CRUZ.

2 Corintios 5:21(RVR1960)
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

La mayor ofensa de la cruz al sistema de este mundo, es que presenta la verdad de que fue necesario un sustituto que murió en lugar del pecador, para obtener una justicia que de ninguna manera y por mérito u obra alguna, puede ser obtenida. Esa fue la gran ofensa para Caín, a él le repugnaba aceptar la idea de un sacrificio de sangre. A él le resultó inaceptable la verdad de que no sea a través de sus obras expresadas en su ofrenda que pudiera ser aceptado. por eso aborreció tanto a Abel al punto de asesinarlo.

Algunos expresan abiertamente su repudio a la cruz, pero otros expresan ese repudio de manera encubierta enmascarados en la falsa piedad del legalismo judaizante, Y OTROS ENMASCARAN ESE REPUDIO, EN EL FALSO EVANGELIO DE SALVOS POR GRACIA PERO PRESERVADOS POR OBRAS, PUES A ESTOS ULTIMOS TAMBIEN LES REPUGNA ACEPTAR QUE LA JUSTIFICACIÓN DESCANSE SOLAMENTE EN LA OBRA PROPICIATORIA DE CRISTO Y QUE ESA JUSTIFICACIÓN ES DEFINITIVA E IRREVOCABLE.

La conclusión es que detrás de todo repudio a las doctrinas de la gracia, es altamente probable que lo que se esté manifestando sea la ofensa que produce la cruz.

Solo a Dios sea La Gloria.