LA DEIDAD

Guadalajara

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19 Agosto 2018
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Buenos tardes,


Quisiera dar mi opinión sobre un tema que al parecer, en estos últimos años, se está suscitando en las diferentes iglesias o denominaciones cristianas. Me refiero al concepto de Deidad. Un asunto que considero muy importante, ya que concierne al último mensaje de gracia que Dios da al mundo. Este mensaje es conocido como el mensaje de los tres ángeles, y lo podemos leer en Apocalipsis 14:6-12.


Creo, como muchos, que estamos en los últimos tiempos. Las señales de todo lo que está pasando en el mundo dan testimonio de ello, y los creyentes no tenemos otra salida que entregarnos a Dios y confiar en él.


Aunque me bauticé en una iglesia cristiana hace casi veinte años y asisto regularmente a ella porque creo que es la que más verdad tiene, (otros dirán que es la suya, cosa que respeto), en el fondo me considero perteneciente a la única Iglesia que existe, a la Apostólica del Nuevo Testamento, cuyo fundamento son los apóstoles y los profetas y la principal piedra del ángulo el judeo Jesucristo. Para mí, esta es la única Iglesia verdadera.


En ningún sitio, la Palabra de Dios, autoriza a fundar otra iglesia distinta a la ya fundada.


Las cientos y cientos de iglesias surgidas a lo largo de la historia con posterioridad a la desaparición de la iglesia primitiva, aunque la mayoría tienen parte o mucha verdad, ninguna de ellas carece de errores. El fin último de todas estas iglesias tendría que ser parecerse cada vez más a esa Iglesia verdadera a la que Dios puso por cabeza a Jesucristo.


Para corregir estos errores, que como digo, todas las denominaciones tienen, deberíamos basarnos única y exclusivamente en la sola escritura.


Nuestra fe no debe fundamentarse en tradiciones, dichos, leyendas, suposiciones o dogmas ajenos a la Biblia. La sola escritura debería ser nuestra única regla de fe en asuntos doctrinales.


En este sentido, si lo que enseña tal o cual iglesia que dice ser la verdadera, o tal o cual persona, tenga el don de sabiduría, el don de pastor, el don de profecía, el don de lenguas, el don de la interpretación, o cualquier otro don, si no se puede refrendar con la sola escritura, tendremos que rechazarlo.


Hoy en día, la inmensa mayoría de los cristianos tiene un concepto de la Deidad, que aunque lo acepta, no lo entiende, y los que discrepan no lo dicen o no se atreven a exponerlo públicamente.


Las iglesias nunca tendrían que estar cerradas en el avance del estudio de la Palabra, sino abiertas a nuevas luces en base a una mejor comprensión e interpretación de los textos de la sola escritura. Siempre habrá cosas por descubrir y cosas por las cuales maravillarse. En este sentido, me da la impresión que en el seno del pueblo de Dios está empezando a surgir un movimiento de reforma que presenta como alternativa un concepto de Deidad fuertemente apoyado en la sola escritura.


Creo, como ya he dicho anteriormente, que estamos en los últimos tiempos, que las cosas, independientemente que como cristianos hagamos todo lo posible para que vayan mejor, no va a ser así. La Biblia es muy clara en este sentido. Todo irá empeorando hasta que se produzca la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo.


Pero yo me pregunto


¿Por qué no se ha producido ya este glorioso evento?


¿Qué estamos haciendo mal los creyentes?


En Hechos 3:18-21 leemos que Dios no enviará a Jesucristo antes de la restauración de todas las cosas.


¿Y qué cosas se han restaurado?


Casi todas


La no inmortalidad del alma, el estado inconsciente de los muertos, el Santuario Celestial, la justificación por la fe, el Sábado...


Y entonces, ¿Qué falta por restaurar?


Lo más importante, la creencia en el único Dios y Creador, el Padre, el único digno de adoración; por lo que tendremos que predicar correctamente el triple mensaje angélico de Apocalipsis 14:6-12, el último mensaje de gracia de Dios al mundo, y entonces Dios enviará a nuestro Señor Jesucristo.


Recordemos lo que dice el primer ángel

APOCALIPSIS 14

6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.


Y vuelvo a preguntar,


¿A qué dios está adorando y dando honra la cristiandad de hoy en día?


¿Al Dios del monoteísmo bíblico?


Desgraciadamente No


La cristiandad de hoy en día está adorando y dando honra a un dios desconocido, a un dios incomprensible, a un dios que son tres pero en realidad no son tres sino uno solo, a un dios distorsionado por una teoría que surgió en el siglo IV y que posteriormente se declaró dogma.

¿Será esta teoría que nos presenta a un dios desconocido e incomprensible, que no ilusiona, que no atrae a los jóvenes la que está haciendo que muchos de ellos dejen las iglesias?


Algunas iglesias guardan el primer mandamiento, el que nos habla de un único Dios, pero no guardan el cuarto, el sábado.


Otras iglesias guardan el cuarto mandamiento pero no guardan correctamente el primero.


Y la inmensa mayoría de las iglesias no guardan ni el primero ni el cuarto.


Por este motivo, y para que la ansiada Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo no se demore por mucho más tiempo, estoy convencido de que Dios, el Padre, el único Dios, suscitará, mediante un movimiento de reforma surgido de todas las iglesias y denominaciones cristianas, a 144.000 que no se contaminarán con falsas doctrinas.


APOCALIPSIS 7

2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.


Israel representa a la Iglesia Apostólica del Nuevo Testamento fundada sobre los apóstoles y profetas y cuya cabeza es el judeo Jesucristo.


Las tribus son las diferentes denominaciones cristianas representativas de esa Iglesia Apostólica a lo largo de la historia.


Por eso, si alguien piensa que estos 144.000 van a salir de una sola iglesia o denominación, se equivoca.


Los 144.000 saldrán de todas las denominaciones o iglesias cristianas, no haciendo falta que funden una nueva iglesia ni que salgan de la que actualmente pertenecen. Repito, NO TIENEN QUE SALIR DE SUS RESPECTIVAS IGLESIAS, sea la evangélica, la ortodoxa, la anglicana, la pentecostal, la adventista o la católica, por nombrar alguna de ellas.


Estos 144.000, simbólicos por supuesto, estarán vivos cuando Cristo venga, serán los que darán el triple mensaje angélico de Apocalipsis 14, predicarán y darán honra al único Dios y Creador, al Padre, el único digno de adoración, guardarán todos sus Mandamientos, desde el primero hasta el último, tendrán la fe de Jesús, esa fe en el evangelio eterno, en los principios del reino de Dios, en las Bienaventuranzas, esa fe que Jesús tuvo en su Padre en el plan de la salvación, su Dios, nuestro Dios, el único Dios.


Seguidamente, de una forma muy resumida, ya que el tema da para mucho, expongo lo que pienso en relación con el concepto de deidad. Puedo equivocarme, por supuesto, no soy infalible, pero es lo que mi conciencia me dicta al leer la sola escritura, mi única regla de fe





LA DEIDAD


Los cristianos oramos a Dios, pedimos a Dios, damos gracias a Dios, confiamos en Dios e incluso algunos, aunque injustamente, echamos las culpas a Dios cuando nos sobrevienen desgracias o cuando las cosas no son como nosotros queremos.


Nuestro Dios, a diferencia de otras religiones, es un Dios de amor (1 Juan 4:8), que se preocupa por nosotros (1 Pedro 5:7), un Dios que nos anima y nos dice que no tengamos miedo porque él es nuestro Dios y siempre nos ayudará (Isaías 41:10), un Dios que quiere lo mejor para nosotros y desea que tengamos vida eterna (Juan 3:16).


Pero, ¿Tenemos claro quién es ese Dios cuando nos dirigimos a él?


¿QUIÉN ES ESE DIOS?


Es el Señor Dios Todopoderoso, el que es y que era y que ha de venir (Apocalipsis 4:8), el Alfa y la Omega (Apocalipsis1:8), el que vive por los siglos de los siglos (Apocalipsis 4:9), el que es principio y fin (Apocalipsis 22:13), el sólo Soberano Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:13:16), el Creador (Apocalipsis 4:11), nuestro Padre, nuestro Salvador (1 Timoteo 1:1,2).


¿UN DIOS EN TRES PERSONAS?


No. Este concepto es ajeno a la Palabra de Dios. Es una idea que surgió en el siglo IV en oposición al arrianismo y que posteriormente se convirtió en dogma. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se nos revela un único y sólo Dios, el Padre, no una unidad compuesta por tres “personas”.


Los siguientes versículos, entre otros muchos, no dejan lugar a dudas de que el Padre es el único Dios.


Juan 17:3

Hablando Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti (Padre), el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.


1 Corintios 8:6

Pablo dice: “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros para él; y un Señor, Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él”.


Malaquías 2:10

¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?...


Y en Juan 5:44


“¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”.


Único no son tres ni diecisiete. Único es UNO, sólo UNO.


Por supuesto que hay determinados textos que, a simple vista, pudieran apoyar la teoría trinitaria, pero, una vez se estudian en profundidad y en paralelo con otros textos, nos damos cuenta que esta teoría no cabe en la Palabra de Dios.


En prácticamente todas las epístolas de Pablo y en general en todo el Antiguo y Nuevo Testamento, el término Dios, se aplica en exclusividad al Padre.


UN SÓLO PADRE Y UN SÓLO DIOS


(Marcos 12:29-32)


Cierto día, un escriba preguntó a Jesús, ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

Jesús le respondió: “El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él”.


Observemos que Jesús, en su respuesta, no dice “el Señor vuestro Dios, el Señor uno es”, sino “el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”. Él también se incluye.



Y en Juan 20:17, una vez que Jesús resucitó, se le apareció a María Magdalena y le dijo:

“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; más ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.


¿Nos damos cuenta?


El Padre de Jesús, también es nuestro Padre, y el Dios de Jesús, también es nuestro Dios. No hay otro.


SI EL ÚNICO DIOS ES EL PADRE, ¿QUIÉN ES ENTONCES JESUCRISTO?


Jesucristo no es Dios. Jesucristo es un hombre (1Timoteo 2:5 ; Romanos 5:15), un ser humano que hasta que no nace de María no viene a la existencia (Lucas 1:26-35). Es la piedra rechazada por los hombres pero escogida y preciosa para Dios (1 Pedro 2:4). Un hombre que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación y que, gracias a él, podemos llegar a ser salvos. Una vez realizada la obra mesiánica, Dios lo resucita (Hechos 2:32) y lo corona de gloria y honra, poniéndolo por encima de todo y todos, incluido los ángeles, y haciendo que toda rodilla se doble ante él (Filipenses 2:8-11).


Esto es algo extraordinario, grandioso, un hombre, un ser humano exaltado por Dios de esta manera por toda su obra en favor nuestro.


Ahora está ministrando en el Santuario Celestial (Hebreos 9:24,25). En él, Cristo lleva a cabo su ministerio en nuestro favor, intercediendo por nosotros (1 Timoteo 2:5), poniendo a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio realizado una vez para siempre en la cruz.


¿POR QUÉ DIOS ESCOGE A UN HOMBRE COMO NUESTRO SALVADOR?


Porque el escogido no tenía que socorrer a los ángeles, sino que tenía que socorrer a la descendencia de Abraham, a la humanidad, por lo que debía ser en todo semejante a sus hermanos (Hebreos 2:14-17).


En su presciencia, Dios, el Padre, el único Dios, ve la Creación, la Rebelión, la Caída y la Salvación. Es en esa misma presciencia que Dios ve al futuro hombre Jesucristo como el único capaz de llevar a cabo su plan de salvación y el único que cumple el modelo requerido por él para llevarlo a cabo. (Efesios 1:1-5; 3: 10,11, 1ª Pedro 1:19, 20).


Dios, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el Todopoderoso, quiere salvarnos, y lo hace por un hombre, porque eso es lo que es Jesucristo, un hombre. Un hombre, que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación y al cual Dios le da su espíritu y su poder (Hechos 10:38) para poder llevarlo a cabo. ¡Esto es grandioso!.


DIOS CREA POR CAUSA DE JESUCRISTO, NO POR MEDIO DE JESUCRISTO


Si Dios no hubiese preconocido al futuro hombre Jesucristo como el único que iba a aceptar su plan de salvación y el único que iba a ser capaz de llevarlo a cabo, Dios no hubiese creado nada, y por consiguiente, ni vosotros ni yo, estaríamos ahora aquí.


Es decir, Dios es Creador y Salvador gracias a que el hombre Jesucristo aceptó llevar a cabo el plan de la salvación. ¡Maravilloso!

Y es en Jesucristo donde fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado en él, por él y para él (Colosenses 1:16).


La traducción “por medio de él”, que la mayoría de versiones hacen de este versículo, es decir, “por medio de Jesucristo”, no es correcta.


El hecho de crear todas las cosas en Jesucristo, diferencia al Creador, es decir, a Dios, del sujeto en el cual se crean, por lo que queda descartado que la acción de crear se aplique a Jesucristo, tanto de una forma directa como por medio de él.


El exégeta y especialista en Historia Antigua Norbert Hugedé, en su libro “L’ Épitre aux Colossiens”, pág. 60, comenta que la expresión “por él”, ”δι“(di) + genitivo, de Colosenses 1:16, ha de entenderse como “en función de él”, "por causa de él", "teniendo en cuenta a él", y no por δι“(di) + acusativo, “por medio de él”.

Y efectivamente, así es. Cuando se refiere a la creación, la preposición griega ”δι“(di) + genitivo, nunca se traduce “por medio de”, sino “por”, siendo su significado “por causa de”, “teniendo en cuenta a ”, o “en función de”. Es decir, todo lo que el Padre ha creado, lo ha hecho en Jesucristo, por causa de Jesucristo, teniendo en cuenta a Jesucristo y para Jesucristo, pero no “por medio de Jesucristo”.


Dios, no necesita ningún intermediario ni colaborador para crear. Él dijo y fue hecho. Punto.


El único Creador es el Padre:


Apocalipsis 4:11

“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.

Este versículo hace referencia al que está sentado en el trono, es decir, a Dios, el Padre, no al Cordero, es decir, al hombre Jesucristo, que no entra en escena hasta el siguiente capítulo.



JESUCRISTO NO EXISTÍA ANTES DE SU NACIMIENTO


Desde antes de la Creación, aunque Jesucristo todavía no ha venido a la existencia, para Dios, sin embargo, ya es antes de todas las cosas (Juan 8:58), queriendo que tenga la preeminencia en todo y que todas las cosas subsistan en él (Colosenses 1:17-18).


Antes de nacer de María por el poder de Dios, Jesucristo no existía; sólo existía en la mente eterna del Padre. Es decir, no es que hubiera un hipotético Dios Hijo, o un Hijo eterno esencial de Dios, que eso no lo pone por ninguna parte, sino que el santo ser que nacerá de María, será llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35). El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Unigénito, el Único, el Cordero de Dios, todo se refiere al hombre, al ser humano Jesucristo.


Si todos somos hijos de Dios, ¿En qué sentido Jesucristo es el Unigénito?


Sencillamente porque en su mente eterna, Dios, el Padre, el único Dios, vió que solo Jesús era el único que iba a aceptar y a llevar a cabo el plan de la salvación.


En su mente eterna, antes de que nada hubiese sido creado, y antes de que Jesucristo viniese a la existencia, Dios ya lo preconoce. Es en ese preexistirle que Dios se goza en él porque ve que es el único que va a aceptar el plan de salvación y el único que lo puede llevar a cabo. Es entonces cuando se produce una gloria, y es esa gloria la que posteriormente le reclama Jesucristo una vez que éste viene a la existencia (Juan 17:5).


Juan 17:5
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”


Dios es capaz de preconocer a las personas aunque todavía no hayan nacido. Así como Dios conoció a Jeremías antes de que naciese (Jeremías 1:5), de la misma forma, en su presciencia, Dios nos preconoce a nosotros y a Jesús antes de venir a la existencia (Efesios 1:3,4).



Efesios 1:3,4

“3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.


Es decir, que de la misma manera que ni vosotros ni yo estábamos físicamente en los lugares celestiales antes de la fundación del mundo, tampoco Cristo estaba presente físicamente en esos lugares celestiales.


Tanto vosotros, como yo, como todo creyente, y como Cristo, sólo estábamos en el pensamiento, en la mente eterna del Padre.



EL VERBO NO ES EL HIJO DE DIOS


El Verbo/Palabra ni es persona ni tiene personalidad. El Verbo es la Palabra de Dios. El Verbo no es Dios, el Verbo es de Dios, al igual que su presencia divina, su rostro, su espíritu, su gloria, sus manos, su faz, su aliento, su shekinah, su poder… Podría decirse que todos estos términos son “morfes”, “formas”, “aspectos” de Dios, pero no Dios. El Verbo o Palabra es eterno porque Dios es eterno. El Verbo es un atributo inherente a Dios. Así como nuestra palabra es humana, la Palabra de Dios es divina porque es de Dios. En el Antiguo Testamento, en hebreo, es el dabar de Dios, y en el Nuevo Testamento, en griego, es el rhema o el logos de Dios. En ningún caso, a este dabar, rhema o logos, los textos le dan un carácter de persona o personalidad.


Pablo, en Hebreos 4:12, nos dice que el Logos, es decir, el Verbo, la Palabra de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


Y en Isaías 55:11, leemos que el dabar, es decir, la Palabra que sale de la boca de Dios, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiera.


Es obvio que estos textos, tanto el del Antiguo como el del Nuevo Testamento, no se están refiriendo a Jesucristo o al Hijo de Dios.


NO HAY NINGÚN TEXTO EN TODA LA BIBLIA, DONDE LEAMOS QUE EL VERBO/PALABRA ES JESUCRISTO O EL HIJO DE DIOS. COMO YA HE DICHO ANTERIORMENTE, EL VERBO ES LA PALABRA DE DIOS.


Juan 1:1


A lo largo de la historia, este famoso versículo del evangelio de Juan, debido a la clara influencia de la teoría trinitaria, se ha traducido mal, y por consiguiente también se ha interpretado erróneamente.


“En principio era el Verbo y el Verbo estaba con el Dios y Dios era el Verbo”.


Así es como lo escribió Juan. (Traducción literal del griego).


¿Por qué Juan lo escribió de esta manera?


Según la gramática griega, tal y como está estructurada la frase, es decir, con el primer Dios con artículo determinado, “el Dios”, y el segundo Dios sin artículo, además de anteponer el segundo Dios al Verbo, no se puede traducir como que “el Verbo era Dios”, o como que “el Verbo era un dios”, sino como que “el Verbo era divinidad”.


Juan le está dando al Verbo carácter de naturaleza, no de identidad. Es decir, el Verbo, o la Palabra, era divina o divinidad.


Juan no se está inventando nada ni va más allá de lo que dicen los textos (1 Corintios 4:6)


¿Por qué Juan se iba a inventar que el Verbo es el Hijo de Dios?.


Juan, cuando escribe su libro, se está remitiendo a la teología del Antiguo Testamento, únicas escrituras que había por aquel entonces y donde en ninguno de los textos se le da al Verbo, a la Palabra, al Logos, o al Dabar de Dios, carácter de persona o de personalidad.


Por cierto, en Hebreos 11:3, leemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, pero, ¡ATENCIÓN!, aquí lo que se ha traducido por palabra no es logos, sino rhema.

Entonces, ¿que hacemos?, ¿Nos inventamos una nueva teoría con el Rhema al igual que hemos hecho con el Logos? ¿Nos inventamos ahora que el Rhema es es Hijo eterno esencial de Dios?

Absurdo, ¿verdad?


Volviendo a Juan 1

Desde el versículo 3, hasta el versículo 13, se están refiriendo a Dios, no al Verbo/Palabra o a Jesucristo como la mayoría cree.


¿Por qué?


Porque el antecedente con el que acaba el versículo 2 es “el Dios”


Versículo 2

“Éste era en principio con “el Dios”


Por consiguiente, todos los versículos posteriores, (salvo, claro está, los que hacen referencia a Juan Bautista), se están refiriendo a Dios.


Por ejemplo:


Versículo 3

“Por él fueron hechas todas las cosas”


¿Quién es ese “por él”?


¿El verbo?, ¿Jesucristo?


No


Ese “por él”, (δι“(di) + genitivo) se está refiriendo a “el Dios”, al Padre (Efesios 3:9)


Versículo 4

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.


Efectivamente, así es, la vida eterna estaba con el Padre. (1Juan 1:2)


Versículo 8

8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.


Asi es, Dios es luz (1 Juan 1:5)


Versículo 10


10 “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho...”




Este versículo continúa refiriéndose a Dios, al Padre, al único Creador. Dios siempre ha estado con nosotros diciéndonos que no tengamos miedo, ayudándonos, y sustentándonos (Isaías 41:10).


Y es ahora, en el versículo 14, cuando el “verbo” vuelve a aparecer.


En algunas versiones, este versículo 14 empieza con “Y aquel verbo...”, haciendo referencia al verbo de los versículos, 1 y 2.


EL VERBO NO SE HACE CARNE. EL VERBO ALCANZÓ, LLEGÓ A ESTAR, HABITÓ CARNE


Ya desde la eternidad, Dios, en su mente eterna, asocia su Verbo, su Palabra, con el futuro hombre Jesucristo que ha de nacer de la virgen María. Dios, el Padre, sin desprenderse ni parcial ni totalmente de su Verbo, y de una forma que no podemos entender, lo incorpora en Jesús en el momento de su nacimiento, es decir, lo señala con su Verbo (Juan 6:27).


Y aquel Verbo habitó, alcanzó carne (Juan 1:14).


¿En qué carne?


En el hombre, en el ser humano Jesucristo


En el original de este versículo en griego, aparece por un lado el v “egeneto”, el cual tiene multitud de acepciones y por otro la palabra “sarx” que significa carne. Según los eruditos, este versículo 14 es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia. La cuestión es: ¿Qué quiso decir Juan en este versículo?. Ya he dicho que el verbo “egeneto” tiene multitud de acepciones, por lo que atendiendo al contexto en el que aparece este vocablo, unido en paralelo a otros versículos del Nuevo Testamento, nos ayudará a elegir la mejor traducción.


Tradicionalmente, este versículo 14, para dar más énfasis a una supuesta encarnación que no es tal, se ha traducido incorrectamente como que “el Verbo se hizo carne “; y , efectivamente, uno de los posibles significados de “egeneto” podría ser el de “hacerse”, pero esto no es lo que dice el texto, porque si lo traducimos de esta manera nos encontraríamos con los siguientes problemas:


Primero:


Sí el Verbo se hace carne, Dios se queda sin su Verbo, es decir, dejamos a Dios sin su Palabra, ya que ésta se habría transformado en carne.


Si algo se transforma en otra cosa, deja de ser lo que antes era.


Esto no puede ser porque Dios sigue teniendo su Palabra.


Segundo:


¿Cómo es posible que algo como el Verbo o Palabra, que ni siendo persona ni teniendo personalidad, pueda llegar a transformarse en carne?.


Esto también es absurdo.


Sin embargo, si traducimos que “el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne”, ya que el verbo “egeneto” también lo permite, sería la traducción correcta, o por lo menos la que más se acercaría a lo que Juan quiso decir.


Esto estaría en consonancia con pasajes como Colosenses 1:19 donde leemos que al Padre agradó que en Cristo HABITARA toda la plenitud de la divinidad, es decir, su Verbo.


La traducción “el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne”, también estaría en consonancia con Filipenses 2:6. En este pasaje Pablo nos dice que tengamos el mismo sentir que tuvo Jesús, es decir, no el Dios Jesús, que eso no dice el texto, sino el hombre, el ser humano Jesús, el cual, existiendo o existente con, o en unión con forma (aspecto) de Dios, no tuvo el arrebato de ser igual a Dios como así ocurrió con Adán.

Aquí, Pablo, al Verbo lo llama forma de Dios.


¿Os dais cuenta?

Juan 1:14,
Colosenses 1:19
Filipenses 2:6

están relacionados, tratan el mismo tema con diferentes palabras.


En Juan 1:14, el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne.


En Colosenses 1:19, al Padre agradó que en Cristo habitara la plenitud de la deidad.


Y en Filipenses 2:6 leemos que Jesucristo existe con, o en unión con forma de Dios.


Así pues, el “verbo”, “la plenitud de la deidad” y la “forma” de Dios, es lo mismo. Todo son aspectos de Dios, pero no Dios.


Insisto en la idea de que el verbo no se hace carne, sino que es Dios, mediante su verbo, el que se hace presente en el hombre Jesucristo. EL VERBO HABITÓ, LLEGÓ A ESTAR, ALCANZÓ CARNE. (Juan 1:14).



Y REPITO LO DICHO ANTERIORMENTE.


NO HAY NINGÚN TEXTO EN TODA LA BIBLIA, DONDE LEAMOS QUE EL VERBO/PALABRA ES JESUCRISTO O EL HIJO ETERNO ESENCIAL DE DIOS.


Pero alguien podrá decir, ¿Que pasa entonces con Apocalipsis 19:13 donde se identifica a Jesucristo con el Verbo de Dios?


Si observamos bien, el versículo no dice que el que montaba el caballo blanco es el Verbo de Dios, sino que su nombre es el Verbo de Dios, cosa muy diferente.


Y, efectivamente, esto es así porque Dios señaló a Jesucristo con su Verbo (Juan 6:27) y la Palabra de Dios está en él.


Jesucristo no es el Verbo/Palabra de Dios. Jesucristo trae consigo la Palabra de Dios. El Verbo habitó carne (Juan 1:14).


Igualmente ocurre con el versículo 16 de este mismo capítulo, donde leemos que en la vestidura y el muslo del que montaba el caballo blanco tiene escrito Rey de reyes y Señor de señores.


Jesucristo viene en representación de Dios, el Padre, por eso tiene escrito eso en la vestidura y en el muslo.

Pero el Soberano Rey de reyes y Señor de señores es Dios, el Padre, el único Dios. El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16)


EN CRISTO HABITA LA PLENITUD DE LA DEIDAD


En Colosenses 1:19 y en Colosenses 2:9, leemos que en Cristo habita la plenitud de la divinidad (el Verbo) pero, ¿esto significa que Cristo tiene los mismos atributos que Dios?


La respuesta es NO


Si el hecho de estar lleno de toda plenitud de Dios significa, como algunos creen, tener los mismos atributos que Dios, entonces, ateniéndonos a Efesios 3:19, todos los creyentes podríamos tener esos mismos atributos. Pero es obvio que esto no es así.


Como hemos visto anteriormente, Jesucristo es un hombre al cual Dios le incorpora su Verbo en el momento de su nacimiento; el Verbo habitó carne (Juan 1:14). Este Verbo es la plenitud de Dios, es su Palabra, es la gracia y la verdad (Juan 17:17). Jesús está lleno de esta gracia y verdad que le da el Padre (Juan 1:14), y de esta plenitud tomamos todos (Juan 1:16)



PERO JESUCRISTO ES EL SEÑOR, ¿NO?


Jesucristo no es Señor en sí mismo. Jesucristo es Señor porque Dios, que es el Soberano Señor (Hechos 4:24), le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), Jesucristo es la luz porque Dios, que es luz (1 Juan 1:5), le ha puesto por luz de las naciones (Isaías 42:6), Jesucristo perdonaba pecados porque Dios le dio toda potestad (Mateo 28:18) y Jesucristo tiene vida en sí mismo porque asi como Dios, nuestro Padre, tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26).


¿Y cómo ha dado Dios a Jesús el tener vida en sí mismo?


Pues dándole su Verbo sin que Dios se vacíe o divida del mismo. Este Verbo/Palabra es vida eterna, y nosotros si aceptamos esta Palabra y la ponemos en práctica en nuestras vidas, también podremos llegar a experimentar vida eterna aquí y ahora, porque, aunque muramos, para Dios estamos vivos (Mateo 22:32) y nos resucitará en el postrero día (Juan 11:24).


Jesucristo vive por el poder de Dios, y nosotros viviremos con él, también con el poder de Dios (2 Corintios 13:4). Es el poder de Dios el que resucitó a Jesucristo y ese mismo poder será el que nos resucitará también a nosotros.


También será el poder de Dios el que hará posible la Segunda Venida, como así lo leemos en 1 Timoteo 6:15.


Y, dicho sea de paso, cuando hablamos de la Segunda Venida, siempre pensamos en la venida de Jesucristo, es verdad, pero en realidad vienen los dos, Dios, el Padre, en forma invisible, manifestándose en su gloria y poder, y el otro de forma visible, nuestro Señor Jesucristo (Mateo 16:27).


Sin el poder de Dios, Cristo, como ser humano que es, no podría venir en las nubes del cielo.

Jesucristo es el Mesías, es el Salvador levantado por Dios (Hechos 5:31) para que, no por medio de él, sino en función de él, gracias a que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación cumpliendo con los requisitos de Dios, incluyendo la muerte de cruz, podamos llegar a ser salvos.


Dios, el Padre, el único Dios, le ha dado todo a Jesucristo (Mateo 11:27), y en cada uno de los cuatro evangelios Jesucristo se esfuerza en hacernos ver que él es el enviado de Dios, que ha venido para revelarle, que no es un profeta más, ni por supuesto Dios, sino que está representando a Dios, y que con el poder del Padre, está llevando a cabo la obra para nuestra salvación.




PERO ENTONCES, ¿TENEMOS DOS SALVADORES?


Efectivamente, así es. Apocalipsis 7:10 nos dice que los dos son nuestros Salvadores. Uno, Dios, la parte divina, es el originador del plan de salvación, el que lleva la iniciativa, el otro, la parte humana, es el hombre Jesucristo, el Cordero, el que acepta el plan y lo ejecuta con el poder de Dios.


Hebreos 2:10

“Porque convenía a Aquel (El Padre, el único Dios) por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (El hombre, el ser humano Jesucristo).



¿Y CÓMO TERMINARÁ TODO?


Hay que señalar, como ha quedado claro anteriormente, que el único Soberano Rey de reyes y Señor de señores es el Padre, el único Dios, el Todopoderoso, el inaccesible e inmortal, y que temporalmente le cede el dominio y reinado a Jesucristo.

Pero cuando el Padre haya sujetado a Jesucristo a todos sus enemigos entre los que se encuentran el pecado, la muerte y los sistemas de maldad, cuando todo le haya sido sometido, entonces Jesucristo entregará el reino al Dios y Padre, y él mismo también se sujetará a Aquel que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Corintios 15:24,27,28).


PERO SI JESUCRISTO ES UN SER HUMANO, ¿POR QUÉ SE LE ADORA COMO ASÍ LO LEEMOS EN DIFERENTES PASAJES DE LA BIBLIA?



Hay que tener mucho cuidado de no caer en idolatría.


Sólo se debe de adorar y dar culto al Padre, al Creador, al único Dios. A nadie más. Y también deberíamos poner más atención en ciertos himnos que dirigimos a a Jesús, cuando solo corresponderían al Padre.


Asimismo, nuestras oraciones deben dirigirse únicamente al Padre, porque eso es adorar, “ad orare”, “orar hacia”. En Mateo 6:5-13 Jesús nos enseña cómo debemos hacerlo.


Y cuando pidamos algo al Padre, lo correcto es hacerlo en nombre de Jesucristo (Juan 14:13)


El mismo Jesús deja claro en Mateo 4:10, que al único que se debe de adorar es a Dios, al Padre.


Mateo 4:10

10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Ante el Señor tu Dios te postrarás, y a él sólo darás culto sagrado



Y en Juan 4:23-24 leemos:


23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.


No hay ningún texto en la Biblia donde se adore a Jesucristo.


Hay muchos versículos donde aparece el término “proskineo” que erróneamente se traduce por “adoración” cuando en realidad no quiere decir eso dicho término.


Por ejemplo, en Mateo 2:11, Hebreos 1:6 o Mateo 28:9, refiriéndose todos ellos a Jesús, aparece el término “proskineo”, traduciéndose en la mayoría de las versiones por adoración. Ésto no es correcto.



El significado de “proskineo”, incluso cuando aparece en los textos refiriéndose a Dios mismo, es postración, reverencia, reconocimiento.


“Proskineo” se le puede hacer a un rey, como por ejemplo al rey David, a un hombre por la labor que ha hecho en beneficio de la humanidad, como reconocimiento a una eminencia médica, etc..., pero esto no es adoración.


La traducción de proskineo que trae la versión “Dios habla hoy”, de Mateo 2:11, referida al pasaje donde unos sabios del Oriente vienen al encuentro del niño Jesús, es “le rindieron homenaje”. Considero que esta traducción es correcta y acertada.


Lo que pasa es que cuando este “proskineo” se le hace al Padre, es decir, a Dios, entonces sí que se considera adoración.


Sin embargo, en la Biblia, aparece una palabra que por sí misma significa culto de adoración. Esa palabra es “Latría”.


Esta palabra “Latría” la encontramos en varios versículos como, por ejemplo, en Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15.


Pues bien, todos los versículos donde aparece la palabra “latría” se refieren siempre a Dios, es decir, al Padre, nunca a Jesucristo, ni por supuesto a ningún otro hombre.


Desgraciadamente, muchas versiones traducen esta latría, como en los casos anteriormente citados de Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15, por “servir”.

Lamentable



¿Y QUIÉN O QUÉ ES EL ESPIRITU SANTO?


Como ya se ha dicho anteriormente, el único Dios es el Padre. Es decir, no hay “persona”, “ser”, “ente”, o como se le quiera llamar, diferente al Padre, al que se le llame Dios.


Dicho lo cual, ¿Quién o qué es entonces el Espíritu Santo?


En diferentes pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, aparecen términos como espíritu, o espíritu santo, que no siempre significan lo mismo.


Para entender mejor el tema en cuestión, vayamos primeramente a un versículo clave que se encuentra en Juan 7:37-39.


El texto dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.



Es decir, que hasta que Jesús no resucita y asciende a los cielos, no es enviado el Espíritu de verdad que procede del Padre, el Espíritu Santo.


Entonces, cuando leemos pasajes que hablan del espíritu o espíritu santo antes de la glorificación de Jesús, ¿A qué o a quién se están refiriendo?


Pues, el contexto nos lo dirá


Se puede estar refiriendo al Espíritu de Dios como atribución constituyente del propio Dios. Así como vosotros tenéis vuestro espíritu Dios tiene su espíritu. Este Espíritu no tiene personalidad, al igual que su Verbo o Palabra.


Ejemplos de este Espíritu lo tenemos en Génesis 1:1,2


“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.


O en Mateo 3:16,17


“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y que venía sobre él.

Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”.



En estos dos versículos, este Espíritu de Dios, no se está refiriendo al Espíritu Santo con personalidad, ya que Jesucristo aun no había sido glorificado, y por consiguiente, todavía no había sido enviado el Espíritu Santo.





En otros pasajes que aparece el Espíritu Santo, se puede estar refiriendo al mismo Dios, al Padre, ya que Dios es Espíritu y es Santo.


Un ejemplo lo podemos encontrar en Hechos 5:3,4


“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?

Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.


Pedro, está identificando al Espíritu Santo con el mismo Dios.





Resumiendo


El Espíritu o Espíritu Santo, según el contexto se puede referir a:



Espíritu, como atribución constituyente de Dios. Este Espíritu de Dios no tiene personalidad, al igual que su Verbo, su Gloria, su Presencia divina, sus Manos, su Rostro, etc… La personalidad la pone Dios, el Padre.


Espíritu Santo, refiriéndose al propio Dios, ya que Dios es Espíritu y Dios es Santo.



Y finalmente nos queda, como ya me he referido anteriormente, al Espíritu Santo procedente del Padre que es enviado por Jesucristo, una vez que éste es glorificado, es decir, una vez que asciende a los cielos.



Este último Espíritu Santo, también es identificado como los “Siete Espíritus de Dios”. En este caso, la personalidad es imposible que la pueda poner un hombre, por lo que sólo queda que la personalidad la ponga un ángel. Es decir, este Espíritu Santo, es el espíritu de Dios, atribución constituyente de Dios, puesto en un ángel. Este espíritu lo gestiona Dios cuando quiere y como quiere.



Ejemplos de este Espíritu Santo los tenemos en Apocalipsis 5:6


“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios (El Espíritu Santo), enviados por toda la tierra”.


O en Juan 16:7-11


“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador (El Espíritu Santo) no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

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Es mi deseo, que todos, seamos de tal o cual denominación, lleguemos a pertenecer a esos 144.000 que Dios va a suscitar. Que con nuestra correcta predicación del triple mensaje angélico (Apocalipsis 14:1-12) hagamos que la Segunda Venida de Jesús con el poder del Padre no se demore por más tiempo y que de una vez por todas acabe el sufrimiento en este mundo.


Que Dios, el Padre, el único Dios, os bendiga



Un cristiano
 

Nicolas30

Miembro senior
21 Marzo 2021
402
79
Buenos tardes,


Quisiera dar mi opinión sobre un tema que al parecer, en estos últimos años, se está suscitando en las diferentes iglesias o denominaciones cristianas. Me refiero al concepto de Deidad. Un asunto que considero muy importante, ya que concierne al último mensaje de gracia que Dios da al mundo. Este mensaje es conocido como el mensaje de los tres ángeles, y lo podemos leer en Apocalipsis 14:6-12.


Creo, como muchos, que estamos en los últimos tiempos. Las señales de todo lo que está pasando en el mundo dan testimonio de ello, y los creyentes no tenemos otra salida que entregarnos a Dios y confiar en él.


Aunque me bauticé en una iglesia cristiana hace casi veinte años y asisto regularmente a ella porque creo que es la que más verdad tiene, (otros dirán que es la suya, cosa que respeto), en el fondo me considero perteneciente a la única Iglesia que existe, a la Apostólica del Nuevo Testamento, cuyo fundamento son los apóstoles y los profetas y la principal piedra del ángulo el judeo Jesucristo. Para mí, esta es la única Iglesia verdadera.


En ningún sitio, la Palabra de Dios, autoriza a fundar otra iglesia distinta a la ya fundada.


Las cientos y cientos de iglesias surgidas a lo largo de la historia con posterioridad a la desaparición de la iglesia primitiva, aunque la mayoría tienen parte o mucha verdad, ninguna de ellas carece de errores. El fin último de todas estas iglesias tendría que ser parecerse cada vez más a esa Iglesia verdadera a la que Dios puso por cabeza a Jesucristo.


Para corregir estos errores, que como digo, todas las denominaciones tienen, deberíamos basarnos única y exclusivamente en la sola escritura.


Nuestra fe no debe fundamentarse en tradiciones, dichos, leyendas, suposiciones o dogmas ajenos a la Biblia. La sola escritura debería ser nuestra única regla de fe en asuntos doctrinales.


En este sentido, si lo que enseña tal o cual iglesia que dice ser la verdadera, o tal o cual persona, tenga el don de sabiduría, el don de pastor, el don de profecía, el don de lenguas, el don de la interpretación, o cualquier otro don, si no se puede refrendar con la sola escritura, tendremos que rechazarlo.


Hoy en día, la inmensa mayoría de los cristianos tiene un concepto de la Deidad, que aunque lo acepta, no lo entiende, y los que discrepan no lo dicen o no se atreven a exponerlo públicamente.


Las iglesias nunca tendrían que estar cerradas en el avance del estudio de la Palabra, sino abiertas a nuevas luces en base a una mejor comprensión e interpretación de los textos de la sola escritura. Siempre habrá cosas por descubrir y cosas por las cuales maravillarse. En este sentido, me da la impresión que en el seno del pueblo de Dios está empezando a surgir un movimiento de reforma que presenta como alternativa un concepto de Deidad fuertemente apoyado en la sola escritura.


Creo, como ya he dicho anteriormente, que estamos en los últimos tiempos, que las cosas, independientemente que como cristianos hagamos todo lo posible para que vayan mejor, no va a ser así. La Biblia es muy clara en este sentido. Todo irá empeorando hasta que se produzca la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo.


Pero yo me pregunto


¿Por qué no se ha producido ya este glorioso evento?


¿Qué estamos haciendo mal los creyentes?


En Hechos 3:18-21 leemos que Dios no enviará a Jesucristo antes de la restauración de todas las cosas.


¿Y qué cosas se han restaurado?


Casi todas


La no inmortalidad del alma, el estado inconsciente de los muertos, el Santuario Celestial, la justificación por la fe, el Sábado...


Y entonces, ¿Qué falta por restaurar?


Lo más importante, la creencia en el único Dios y Creador, el Padre, el único digno de adoración; por lo que tendremos que predicar correctamente el triple mensaje angélico de Apocalipsis 14:6-12, el último mensaje de gracia de Dios al mundo, y entonces Dios enviará a nuestro Señor Jesucristo.


Recordemos lo que dice el primer ángel

APOCALIPSIS 14

6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.


Y vuelvo a preguntar,


¿A qué dios está adorando y dando honra la cristiandad de hoy en día?


¿Al Dios del monoteísmo bíblico?


Desgraciadamente No


La cristiandad de hoy en día está adorando y dando honra a un dios desconocido, a un dios incomprensible, a un dios que son tres pero en realidad no son tres sino uno solo, a un dios distorsionado por una teoría que surgió en el siglo IV y que posteriormente se declaró dogma.

¿Será esta teoría que nos presenta a un dios desconocido e incomprensible, que no ilusiona, que no atrae a los jóvenes la que está haciendo que muchos de ellos dejen las iglesias?


Algunas iglesias guardan el primer mandamiento, el que nos habla de un único Dios, pero no guardan el cuarto, el sábado.


Otras iglesias guardan el cuarto mandamiento pero no guardan correctamente el primero.


Y la inmensa mayoría de las iglesias no guardan ni el primero ni el cuarto.


Por este motivo, y para que la ansiada Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo no se demore por mucho más tiempo, estoy convencido de que Dios, el Padre, el único Dios, suscitará, mediante un movimiento de reforma surgido de todas las iglesias y denominaciones cristianas, a 144.000 que no se contaminarán con falsas doctrinas.


APOCALIPSIS 7

2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.


Israel representa a la Iglesia Apostólica del Nuevo Testamento fundada sobre los apóstoles y profetas y cuya cabeza es el judeo Jesucristo.


Las tribus son las diferentes denominaciones cristianas representativas de esa Iglesia Apostólica a lo largo de la historia.


Por eso, si alguien piensa que estos 144.000 van a salir de una sola iglesia o denominación, se equivoca.


Los 144.000 saldrán de todas las denominaciones o iglesias cristianas, no haciendo falta que funden una nueva iglesia ni que salgan de la que actualmente pertenecen. Repito, NO TIENEN QUE SALIR DE SUS RESPECTIVAS IGLESIAS, sea la evangélica, la ortodoxa, la anglicana, la pentecostal, la adventista o la católica, por nombrar alguna de ellas.


Estos 144.000, simbólicos por supuesto, estarán vivos cuando Cristo venga, serán los que darán el triple mensaje angélico de Apocalipsis 14, predicarán y darán honra al único Dios y Creador, al Padre, el único digno de adoración, guardarán todos sus Mandamientos, desde el primero hasta el último, tendrán la fe de Jesús, esa fe en el evangelio eterno, en los principios del reino de Dios, en las Bienaventuranzas, esa fe que Jesús tuvo en su Padre en el plan de la salvación, su Dios, nuestro Dios, el único Dios.


Seguidamente, de una forma muy resumida, ya que el tema da para mucho, expongo lo que pienso en relación con el concepto de deidad. Puedo equivocarme, por supuesto, no soy infalible, pero es lo que mi conciencia me dicta al leer la sola escritura, mi única regla de fe





LA DEIDAD


Los cristianos oramos a Dios, pedimos a Dios, damos gracias a Dios, confiamos en Dios e incluso algunos, aunque injustamente, echamos las culpas a Dios cuando nos sobrevienen desgracias o cuando las cosas no son como nosotros queremos.


Nuestro Dios, a diferencia de otras religiones, es un Dios de amor (1 Juan 4:8), que se preocupa por nosotros (1 Pedro 5:7), un Dios que nos anima y nos dice que no tengamos miedo porque él es nuestro Dios y siempre nos ayudará (Isaías 41:10), un Dios que quiere lo mejor para nosotros y desea que tengamos vida eterna (Juan 3:16).


Pero, ¿Tenemos claro quién es ese Dios cuando nos dirigimos a él?


¿QUIÉN ES ESE DIOS?


Es el Señor Dios Todopoderoso, el que es y que era y que ha de venir (Apocalipsis 4:8), el Alfa y la Omega (Apocalipsis1:8), el que vive por los siglos de los siglos (Apocalipsis 4:9), el que es principio y fin (Apocalipsis 22:13), el sólo Soberano Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:13:16), el Creador (Apocalipsis 4:11), nuestro Padre, nuestro Salvador (1 Timoteo 1:1,2).


¿UN DIOS EN TRES PERSONAS?


No. Este concepto es ajeno a la Palabra de Dios. Es una idea que surgió en el siglo IV en oposición al arrianismo y que posteriormente se convirtió en dogma. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se nos revela un único y sólo Dios, el Padre, no una unidad compuesta por tres “personas”.


Los siguientes versículos, entre otros muchos, no dejan lugar a dudas de que el Padre es el único Dios.


Juan 17:3

Hablando Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti (Padre), el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.


1 Corintios 8:6

Pablo dice: “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros para él; y un Señor, Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él”.


Malaquías 2:10

¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?...


Y en Juan 5:44


“¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”.


Único no son tres ni diecisiete. Único es UNO, sólo UNO.


Por supuesto que hay determinados textos que, a simple vista, pudieran apoyar la teoría trinitaria, pero, una vez se estudian en profundidad y en paralelo con otros textos, nos damos cuenta que esta teoría no cabe en la Palabra de Dios.


En prácticamente todas las epístolas de Pablo y en general en todo el Antiguo y Nuevo Testamento, el término Dios, se aplica en exclusividad al Padre.


UN SÓLO PADRE Y UN SÓLO DIOS


(Marcos 12:29-32)


Cierto día, un escriba preguntó a Jesús, ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

Jesús le respondió: “El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él”.


Observemos que Jesús, en su respuesta, no dice “el Señor vuestro Dios, el Señor uno es”, sino “el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”. Él también se incluye.



Y en Juan 20:17, una vez que Jesús resucitó, se le apareció a María Magdalena y le dijo:

“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; más ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.


¿Nos damos cuenta?


El Padre de Jesús, también es nuestro Padre, y el Dios de Jesús, también es nuestro Dios. No hay otro.


SI EL ÚNICO DIOS ES EL PADRE, ¿QUIÉN ES ENTONCES JESUCRISTO?


Jesucristo no es Dios. Jesucristo es un hombre (1Timoteo 2:5 ; Romanos 5:15), un ser humano que hasta que no nace de María no viene a la existencia (Lucas 1:26-35). Es la piedra rechazada por los hombres pero escogida y preciosa para Dios (1 Pedro 2:4). Un hombre que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación y que, gracias a él, podemos llegar a ser salvos. Una vez realizada la obra mesiánica, Dios lo resucita (Hechos 2:32) y lo corona de gloria y honra, poniéndolo por encima de todo y todos, incluido los ángeles, y haciendo que toda rodilla se doble ante él (Filipenses 2:8-11).


Esto es algo extraordinario, grandioso, un hombre, un ser humano exaltado por Dios de esta manera por toda su obra en favor nuestro.


Ahora está ministrando en el Santuario Celestial (Hebreos 9:24,25). En él, Cristo lleva a cabo su ministerio en nuestro favor, intercediendo por nosotros (1 Timoteo 2:5), poniendo a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio realizado una vez para siempre en la cruz.


¿POR QUÉ DIOS ESCOGE A UN HOMBRE COMO NUESTRO SALVADOR?


Porque el escogido no tenía que socorrer a los ángeles, sino que tenía que socorrer a la descendencia de Abraham, a la humanidad, por lo que debía ser en todo semejante a sus hermanos (Hebreos 2:14-17).


En su presciencia, Dios, el Padre, el único Dios, ve la Creación, la Rebelión, la Caída y la Salvación. Es en esa misma presciencia que Dios ve al futuro hombre Jesucristo como el único capaz de llevar a cabo su plan de salvación y el único que cumple el modelo requerido por él para llevarlo a cabo. (Efesios 1:1-5; 3: 10,11, 1ª Pedro 1:19, 20).


Dios, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el Todopoderoso, quiere salvarnos, y lo hace por un hombre, porque eso es lo que es Jesucristo, un hombre. Un hombre, que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación y al cual Dios le da su espíritu y su poder (Hechos 10:38) para poder llevarlo a cabo. ¡Esto es grandioso!.


DIOS CREA POR CAUSA DE JESUCRISTO, NO POR MEDIO DE JESUCRISTO


Si Dios no hubiese preconocido al futuro hombre Jesucristo como el único que iba a aceptar su plan de salvación y el único que iba a ser capaz de llevarlo a cabo, Dios no hubiese creado nada, y por consiguiente, ni vosotros ni yo, estaríamos ahora aquí.


Es decir, Dios es Creador y Salvador gracias a que el hombre Jesucristo aceptó llevar a cabo el plan de la salvación. ¡Maravilloso!

Y es en Jesucristo donde fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado en él, por él y para él (Colosenses 1:16).


La traducción “por medio de él”, que la mayoría de versiones hacen de este versículo, es decir, “por medio de Jesucristo”, no es correcta.


El hecho de crear todas las cosas en Jesucristo, diferencia al Creador, es decir, a Dios, del sujeto en el cual se crean, por lo que queda descartado que la acción de crear se aplique a Jesucristo, tanto de una forma directa como por medio de él.


El exégeta y especialista en Historia Antigua Norbert Hugedé, en su libro “L’ Épitre aux Colossiens”, pág. 60, comenta que la expresión “por él”, ”δι“(di) + genitivo, de Colosenses 1:16, ha de entenderse como “en función de él”, "por causa de él", "teniendo en cuenta a él", y no por δι“(di) + acusativo, “por medio de él”.

Y efectivamente, así es. Cuando se refiere a la creación, la preposición griega ”δι“(di) + genitivo, nunca se traduce “por medio de”, sino “por”, siendo su significado “por causa de”, “teniendo en cuenta a ”, o “en función de”. Es decir, todo lo que el Padre ha creado, lo ha hecho en Jesucristo, por causa de Jesucristo, teniendo en cuenta a Jesucristo y para Jesucristo, pero no “por medio de Jesucristo”.


Dios, no necesita ningún intermediario ni colaborador para crear. Él dijo y fue hecho. Punto.


El único Creador es el Padre:


Apocalipsis 4:11

“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.

Este versículo hace referencia al que está sentado en el trono, es decir, a Dios, el Padre, no al Cordero, es decir, al hombre Jesucristo, que no entra en escena hasta el siguiente capítulo.



JESUCRISTO NO EXISTÍA ANTES DE SU NACIMIENTO


Desde antes de la Creación, aunque Jesucristo todavía no ha venido a la existencia, para Dios, sin embargo, ya es antes de todas las cosas (Juan 8:58), queriendo que tenga la preeminencia en todo y que todas las cosas subsistan en él (Colosenses 1:17-18).


Antes de nacer de María por el poder de Dios, Jesucristo no existía; sólo existía en la mente eterna del Padre. Es decir, no es que hubiera un hipotético Dios Hijo, o un Hijo eterno esencial de Dios, que eso no lo pone por ninguna parte, sino que el santo ser que nacerá de María, será llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35). El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Unigénito, el Único, el Cordero de Dios, todo se refiere al hombre, al ser humano Jesucristo.


Si todos somos hijos de Dios, ¿En qué sentido Jesucristo es el Unigénito?


Sencillamente porque en su mente eterna, Dios, el Padre, el único Dios, vió que solo Jesús era el único que iba a aceptar y a llevar a cabo el plan de la salvación.


En su mente eterna, antes de que nada hubiese sido creado, y antes de que Jesucristo viniese a la existencia, Dios ya lo preconoce. Es en ese preexistirle que Dios se goza en él porque ve que es el único que va a aceptar el plan de salvación y el único que lo puede llevar a cabo. Es entonces cuando se produce una gloria, y es esa gloria la que posteriormente le reclama Jesucristo una vez que éste viene a la existencia (Juan 17:5).


Juan 17:5
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”


Dios es capaz de preconocer a las personas aunque todavía no hayan nacido. Así como Dios conoció a Jeremías antes de que naciese (Jeremías 1:5), de la misma forma, en su presciencia, Dios nos preconoce a nosotros y a Jesús antes de venir a la existencia (Efesios 1:3,4).



Efesios 1:3,4

“3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.


Es decir, que de la misma manera que ni vosotros ni yo estábamos físicamente en los lugares celestiales antes de la fundación del mundo, tampoco Cristo estaba presente físicamente en esos lugares celestiales.


Tanto vosotros, como yo, como todo creyente, y como Cristo, sólo estábamos en el pensamiento, en la mente eterna del Padre.



EL VERBO NO ES EL HIJO DE DIOS


El Verbo/Palabra ni es persona ni tiene personalidad. El Verbo es la Palabra de Dios. El Verbo no es Dios, el Verbo es de Dios, al igual que su presencia divina, su rostro, su espíritu, su gloria, sus manos, su faz, su aliento, su shekinah, su poder… Podría decirse que todos estos términos son “morfes”, “formas”, “aspectos” de Dios, pero no Dios. El Verbo o Palabra es eterno porque Dios es eterno. El Verbo es un atributo inherente a Dios. Así como nuestra palabra es humana, la Palabra de Dios es divina porque es de Dios. En el Antiguo Testamento, en hebreo, es el dabar de Dios, y en el Nuevo Testamento, en griego, es el rhema o el logos de Dios. En ningún caso, a este dabar, rhema o logos, los textos le dan un carácter de persona o personalidad.


Pablo, en Hebreos 4:12, nos dice que el Logos, es decir, el Verbo, la Palabra de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


Y en Isaías 55:11, leemos que el dabar, es decir, la Palabra que sale de la boca de Dios, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiera.


Es obvio que estos textos, tanto el del Antiguo como el del Nuevo Testamento, no se están refiriendo a Jesucristo o al Hijo de Dios.


NO HAY NINGÚN TEXTO EN TODA LA BIBLIA, DONDE LEAMOS QUE EL VERBO/PALABRA ES JESUCRISTO O EL HIJO DE DIOS. COMO YA HE DICHO ANTERIORMENTE, EL VERBO ES LA PALABRA DE DIOS.


Juan 1:1


A lo largo de la historia, este famoso versículo del evangelio de Juan, debido a la clara influencia de la teoría trinitaria, se ha traducido mal, y por consiguiente también se ha interpretado erróneamente.


“En principio era el Verbo y el Verbo estaba con el Dios y Dios era el Verbo”.


Así es como lo escribió Juan. (Traducción literal del griego).


¿Por qué Juan lo escribió de esta manera?


Según la gramática griega, tal y como está estructurada la frase, es decir, con el primer Dios con artículo determinado, “el Dios”, y el segundo Dios sin artículo, además de anteponer el segundo Dios al Verbo, no se puede traducir como que “el Verbo era Dios”, o como que “el Verbo era un dios”, sino como que “el Verbo era divinidad”.


Juan le está dando al Verbo carácter de naturaleza, no de identidad. Es decir, el Verbo, o la Palabra, era divina o divinidad.


Juan no se está inventando nada ni va más allá de lo que dicen los textos (1 Corintios 4:6)


¿Por qué Juan se iba a inventar que el Verbo es el Hijo de Dios?.


Juan, cuando escribe su libro, se está remitiendo a la teología del Antiguo Testamento, únicas escrituras que había por aquel entonces y donde en ninguno de los textos se le da al Verbo, a la Palabra, al Logos, o al Dabar de Dios, carácter de persona o de personalidad.


Por cierto, en Hebreos 11:3, leemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, pero, ¡ATENCIÓN!, aquí lo que se ha traducido por palabra no es logos, sino rhema.

Entonces, ¿que hacemos?, ¿Nos inventamos una nueva teoría con el Rhema al igual que hemos hecho con el Logos? ¿Nos inventamos ahora que el Rhema es es Hijo eterno esencial de Dios?

Absurdo, ¿verdad?


Volviendo a Juan 1

Desde el versículo 3, hasta el versículo 13, se están refiriendo a Dios, no al Verbo/Palabra o a Jesucristo como la mayoría cree.


¿Por qué?


Porque el antecedente con el que acaba el versículo 2 es “el Dios”


Versículo 2

“Éste era en principio con “el Dios”


Por consiguiente, todos los versículos posteriores, (salvo, claro está, los que hacen referencia a Juan Bautista), se están refiriendo a Dios.


Por ejemplo:


Versículo 3

“Por él fueron hechas todas las cosas”


¿Quién es ese “por él”?


¿El verbo?, ¿Jesucristo?


No


Ese “por él”, (δι“(di) + genitivo) se está refiriendo a “el Dios”, al Padre (Efesios 3:9)


Versículo 4

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.


Efectivamente, así es, la vida eterna estaba con el Padre. (1Juan 1:2)


Versículo 8

8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.


Asi es, Dios es luz (1 Juan 1:5)


Versículo 10


10 “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho...”




Este versículo continúa refiriéndose a Dios, al Padre, al único Creador. Dios siempre ha estado con nosotros diciéndonos que no tengamos miedo, ayudándonos, y sustentándonos (Isaías 41:10).


Y es ahora, en el versículo 14, cuando el “verbo” vuelve a aparecer.


En algunas versiones, este versículo 14 empieza con “Y aquel verbo...”, haciendo referencia al verbo de los versículos, 1 y 2.


EL VERBO NO SE HACE CARNE. EL VERBO ALCANZÓ, LLEGÓ A ESTAR, HABITÓ CARNE


Ya desde la eternidad, Dios, en su mente eterna, asocia su Verbo, su Palabra, con el futuro hombre Jesucristo que ha de nacer de la virgen María. Dios, el Padre, sin desprenderse ni parcial ni totalmente de su Verbo, y de una forma que no podemos entender, lo incorpora en Jesús en el momento de su nacimiento, es decir, lo señala con su Verbo (Juan 6:27).


Y aquel Verbo habitó, alcanzó carne (Juan 1:14).


¿En qué carne?


En el hombre, en el ser humano Jesucristo


En el original de este versículo en griego, aparece por un lado el v “egeneto”, el cual tiene multitud de acepciones y por otro la palabra “sarx” que significa carne. Según los eruditos, este versículo 14 es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia. La cuestión es: ¿Qué quiso decir Juan en este versículo?. Ya he dicho que el verbo “egeneto” tiene multitud de acepciones, por lo que atendiendo al contexto en el que aparece este vocablo, unido en paralelo a otros versículos del Nuevo Testamento, nos ayudará a elegir la mejor traducción.


Tradicionalmente, este versículo 14, para dar más énfasis a una supuesta encarnación que no es tal, se ha traducido incorrectamente como que “el Verbo se hizo carne “; y , efectivamente, uno de los posibles significados de “egeneto” podría ser el de “hacerse”, pero esto no es lo que dice el texto, porque si lo traducimos de esta manera nos encontraríamos con los siguientes problemas:


Primero:


Sí el Verbo se hace carne, Dios se queda sin su Verbo, es decir, dejamos a Dios sin su Palabra, ya que ésta se habría transformado en carne.


Si algo se transforma en otra cosa, deja de ser lo que antes era.


Esto no puede ser porque Dios sigue teniendo su Palabra.


Segundo:


¿Cómo es posible que algo como el Verbo o Palabra, que ni siendo persona ni teniendo personalidad, pueda llegar a transformarse en carne?.


Esto también es absurdo.


Sin embargo, si traducimos que “el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne”, ya que el verbo “egeneto” también lo permite, sería la traducción correcta, o por lo menos la que más se acercaría a lo que Juan quiso decir.


Esto estaría en consonancia con pasajes como Colosenses 1:19 donde leemos que al Padre agradó que en Cristo HABITARA toda la plenitud de la divinidad, es decir, su Verbo.


La traducción “el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne”, también estaría en consonancia con Filipenses 2:6. En este pasaje Pablo nos dice que tengamos el mismo sentir que tuvo Jesús, es decir, no el Dios Jesús, que eso no dice el texto, sino el hombre, el ser humano Jesús, el cual, existiendo o existente con, o en unión con forma (aspecto) de Dios, no tuvo el arrebato de ser igual a Dios como así ocurrió con Adán.

Aquí, Pablo, al Verbo lo llama forma de Dios.


¿Os dais cuenta?

Juan 1:14,
Colosenses 1:19
Filipenses 2:6

están relacionados, tratan el mismo tema con diferentes palabras.


En Juan 1:14, el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne.


En Colosenses 1:19, al Padre agradó que en Cristo habitara la plenitud de la deidad.


Y en Filipenses 2:6 leemos que Jesucristo existe con, o en unión con forma de Dios.


Así pues, el “verbo”, “la plenitud de la deidad” y la “forma” de Dios, es lo mismo. Todo son aspectos de Dios, pero no Dios.


Insisto en la idea de que el verbo no se hace carne, sino que es Dios, mediante su verbo, el que se hace presente en el hombre Jesucristo. EL VERBO HABITÓ, LLEGÓ A ESTAR, ALCANZÓ CARNE. (Juan 1:14).



Y REPITO LO DICHO ANTERIORMENTE.


NO HAY NINGÚN TEXTO EN TODA LA BIBLIA, DONDE LEAMOS QUE EL VERBO/PALABRA ES JESUCRISTO O EL HIJO ETERNO ESENCIAL DE DIOS.


Pero alguien podrá decir, ¿Que pasa entonces con Apocalipsis 19:13 donde se identifica a Jesucristo con el Verbo de Dios?


Si observamos bien, el versículo no dice que el que montaba el caballo blanco es el Verbo de Dios, sino que su nombre es el Verbo de Dios, cosa muy diferente.


Y, efectivamente, esto es así porque Dios señaló a Jesucristo con su Verbo (Juan 6:27) y la Palabra de Dios está en él.


Jesucristo no es el Verbo/Palabra de Dios. Jesucristo trae consigo la Palabra de Dios. El Verbo habitó carne (Juan 1:14).


Igualmente ocurre con el versículo 16 de este mismo capítulo, donde leemos que en la vestidura y el muslo del que montaba el caballo blanco tiene escrito Rey de reyes y Señor de señores.


Jesucristo viene en representación de Dios, el Padre, por eso tiene escrito eso en la vestidura y en el muslo.

Pero el Soberano Rey de reyes y Señor de señores es Dios, el Padre, el único Dios. El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16)


EN CRISTO HABITA LA PLENITUD DE LA DEIDAD


En Colosenses 1:19 y en Colosenses 2:9, leemos que en Cristo habita la plenitud de la divinidad (el Verbo) pero, ¿esto significa que Cristo tiene los mismos atributos que Dios?


La respuesta es NO


Si el hecho de estar lleno de toda plenitud de Dios significa, como algunos creen, tener los mismos atributos que Dios, entonces, ateniéndonos a Efesios 3:19, todos los creyentes podríamos tener esos mismos atributos. Pero es obvio que esto no es así.


Como hemos visto anteriormente, Jesucristo es un hombre al cual Dios le incorpora su Verbo en el momento de su nacimiento; el Verbo habitó carne (Juan 1:14). Este Verbo es la plenitud de Dios, es su Palabra, es la gracia y la verdad (Juan 17:17). Jesús está lleno de esta gracia y verdad que le da el Padre (Juan 1:14), y de esta plenitud tomamos todos (Juan 1:16)



PERO JESUCRISTO ES EL SEÑOR, ¿NO?


Jesucristo no es Señor en sí mismo. Jesucristo es Señor porque Dios, que es el Soberano Señor (Hechos 4:24), le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), Jesucristo es la luz porque Dios, que es luz (1 Juan 1:5), le ha puesto por luz de las naciones (Isaías 42:6), Jesucristo perdonaba pecados porque Dios le dio toda potestad (Mateo 28:18) y Jesucristo tiene vida en sí mismo porque asi como Dios, nuestro Padre, tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26).


¿Y cómo ha dado Dios a Jesús el tener vida en sí mismo?


Pues dándole su Verbo sin que Dios se vacíe o divida del mismo. Este Verbo/Palabra es vida eterna, y nosotros si aceptamos esta Palabra y la ponemos en práctica en nuestras vidas, también podremos llegar a experimentar vida eterna aquí y ahora, porque, aunque muramos, para Dios estamos vivos (Mateo 22:32) y nos resucitará en el postrero día (Juan 11:24).


Jesucristo vive por el poder de Dios, y nosotros viviremos con él, también con el poder de Dios (2 Corintios 13:4). Es el poder de Dios el que resucitó a Jesucristo y ese mismo poder será el que nos resucitará también a nosotros.


También será el poder de Dios el que hará posible la Segunda Venida, como así lo leemos en 1 Timoteo 6:15.


Y, dicho sea de paso, cuando hablamos de la Segunda Venida, siempre pensamos en la venida de Jesucristo, es verdad, pero en realidad vienen los dos, Dios, el Padre, en forma invisible, manifestándose en su gloria y poder, y el otro de forma visible, nuestro Señor Jesucristo (Mateo 16:27).


Sin el poder de Dios, Cristo, como ser humano que es, no podría venir en las nubes del cielo.

Jesucristo es el Mesías, es el Salvador levantado por Dios (Hechos 5:31) para que, no por medio de él, sino en función de él, gracias a que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación cumpliendo con los requisitos de Dios, incluyendo la muerte de cruz, podamos llegar a ser salvos.


Dios, el Padre, el único Dios, le ha dado todo a Jesucristo (Mateo 11:27), y en cada uno de los cuatro evangelios Jesucristo se esfuerza en hacernos ver que él es el enviado de Dios, que ha venido para revelarle, que no es un profeta más, ni por supuesto Dios, sino que está representando a Dios, y que con el poder del Padre, está llevando a cabo la obra para nuestra salvación.




PERO ENTONCES, ¿TENEMOS DOS SALVADORES?


Efectivamente, así es. Apocalipsis 7:10 nos dice que los dos son nuestros Salvadores. Uno, Dios, la parte divina, es el originador del plan de salvación, el que lleva la iniciativa, el otro, la parte humana, es el hombre Jesucristo, el Cordero, el que acepta el plan y lo ejecuta con el poder de Dios.


Hebreos 2:10

“Porque convenía a Aquel (El Padre, el único Dios) por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (El hombre, el ser humano Jesucristo).



¿Y CÓMO TERMINARÁ TODO?


Hay que señalar, como ha quedado claro anteriormente, que el único Soberano Rey de reyes y Señor de señores es el Padre, el único Dios, el Todopoderoso, el inaccesible e inmortal, y que temporalmente le cede el dominio y reinado a Jesucristo.

Pero cuando el Padre haya sujetado a Jesucristo a todos sus enemigos entre los que se encuentran el pecado, la muerte y los sistemas de maldad, cuando todo le haya sido sometido, entonces Jesucristo entregará el reino al Dios y Padre, y él mismo también se sujetará a Aquel que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Corintios 15:24,27,28).


PERO SI JESUCRISTO ES UN SER HUMANO, ¿POR QUÉ SE LE ADORA COMO ASÍ LO LEEMOS EN DIFERENTES PASAJES DE LA BIBLIA?



Hay que tener mucho cuidado de no caer en idolatría.


Sólo se debe de adorar y dar culto al Padre, al Creador, al único Dios. A nadie más. Y también deberíamos poner más atención en ciertos himnos que dirigimos a a Jesús, cuando solo corresponderían al Padre.


Asimismo, nuestras oraciones deben dirigirse únicamente al Padre, porque eso es adorar, “ad orare”, “orar hacia”. En Mateo 6:5-13 Jesús nos enseña cómo debemos hacerlo.


Y cuando pidamos algo al Padre, lo correcto es hacerlo en nombre de Jesucristo (Juan 14:13)


El mismo Jesús deja claro en Mateo 4:10, que al único que se debe de adorar es a Dios, al Padre.


Mateo 4:10

10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Ante el Señor tu Dios te postrarás, y a él sólo darás culto sagrado



Y en Juan 4:23-24 leemos:


23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.


No hay ningún texto en la Biblia donde se adore a Jesucristo.


Hay muchos versículos donde aparece el término “proskineo” que erróneamente se traduce por “adoración” cuando en realidad no quiere decir eso dicho término.


Por ejemplo, en Mateo 2:11, Hebreos 1:6 o Mateo 28:9, refiriéndose todos ellos a Jesús, aparece el término “proskineo”, traduciéndose en la mayoría de las versiones por adoración. Ésto no es correcto.



El significado de “proskineo”, incluso cuando aparece en los textos refiriéndose a Dios mismo, es postración, reverencia, reconocimiento.


“Proskineo” se le puede hacer a un rey, como por ejemplo al rey David, a un hombre por la labor que ha hecho en beneficio de la humanidad, como reconocimiento a una eminencia médica, etc..., pero esto no es adoración.


La traducción de proskineo que trae la versión “Dios habla hoy”, de Mateo 2:11, referida al pasaje donde unos sabios del Oriente vienen al encuentro del niño Jesús, es “le rindieron homenaje”. Considero que esta traducción es correcta y acertada.


Lo que pasa es que cuando este “proskineo” se le hace al Padre, es decir, a Dios, entonces sí que se considera adoración.


Sin embargo, en la Biblia, aparece una palabra que por sí misma significa culto de adoración. Esa palabra es “Latría”.


Esta palabra “Latría” la encontramos en varios versículos como, por ejemplo, en Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15.


Pues bien, todos los versículos donde aparece la palabra “latría” se refieren siempre a Dios, es decir, al Padre, nunca a Jesucristo, ni por supuesto a ningún otro hombre.


Desgraciadamente, muchas versiones traducen esta latría, como en los casos anteriormente citados de Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15, por “servir”.

Lamentable



¿Y QUIÉN O QUÉ ES EL ESPIRITU SANTO?


Como ya se ha dicho anteriormente, el único Dios es el Padre. Es decir, no hay “persona”, “ser”, “ente”, o como se le quiera llamar, diferente al Padre, al que se le llame Dios.


Dicho lo cual, ¿Quién o qué es entonces el Espíritu Santo?


En diferentes pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, aparecen términos como espíritu, o espíritu santo, que no siempre significan lo mismo.


Para entender mejor el tema en cuestión, vayamos primeramente a un versículo clave que se encuentra en Juan 7:37-39.


El texto dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.



Es decir, que hasta que Jesús no resucita y asciende a los cielos, no es enviado el Espíritu de verdad que procede del Padre, el Espíritu Santo.


Entonces, cuando leemos pasajes que hablan del espíritu o espíritu santo antes de la glorificación de Jesús, ¿A qué o a quién se están refiriendo?


Pues, el contexto nos lo dirá


Se puede estar refiriendo al Espíritu de Dios como atribución constituyente del propio Dios. Así como vosotros tenéis vuestro espíritu Dios tiene su espíritu. Este Espíritu no tiene personalidad, al igual que su Verbo o Palabra.


Ejemplos de este Espíritu lo tenemos en Génesis 1:1,2


“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.


O en Mateo 3:16,17


“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y que venía sobre él.

Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”.



En estos dos versículos, este Espíritu de Dios, no se está refiriendo al Espíritu Santo con personalidad, ya que Jesucristo aun no había sido glorificado, y por consiguiente, todavía no había sido enviado el Espíritu Santo.





En otros pasajes que aparece el Espíritu Santo, se puede estar refiriendo al mismo Dios, al Padre, ya que Dios es Espíritu y es Santo.


Un ejemplo lo podemos encontrar en Hechos 5:3,4


“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?

Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.


Pedro, está identificando al Espíritu Santo con el mismo Dios.





Resumiendo


El Espíritu o Espíritu Santo, según el contexto se puede referir a:



Espíritu, como atribución constituyente de Dios. Este Espíritu de Dios no tiene personalidad, al igual que su Verbo, su Gloria, su Presencia divina, sus Manos, su Rostro, etc… La personalidad la pone Dios, el Padre.


Espíritu Santo, refiriéndose al propio Dios, ya que Dios es Espíritu y Dios es Santo.



Y finalmente nos queda, como ya me he referido anteriormente, al Espíritu Santo procedente del Padre que es enviado por Jesucristo, una vez que éste es glorificado, es decir, una vez que asciende a los cielos.



Este último Espíritu Santo, también es identificado como los “Siete Espíritus de Dios”. En este caso, la personalidad es imposible que la pueda poner un hombre, por lo que sólo queda que la personalidad la ponga un ángel. Es decir, este Espíritu Santo, es el espíritu de Dios, atribución constituyente de Dios, puesto en un ángel. Este espíritu lo gestiona Dios cuando quiere y como quiere.



Ejemplos de este Espíritu Santo los tenemos en Apocalipsis 5:6


“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios (El Espíritu Santo), enviados por toda la tierra”.


O en Juan 16:7-11


“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador (El Espíritu Santo) no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

---------------------


Es mi deseo, que todos, seamos de tal o cual denominación, lleguemos a pertenecer a esos 144.000 que Dios va a suscitar. Que con nuestra correcta predicación del triple mensaje angélico (Apocalipsis 14:1-12) hagamos que la Segunda Venida de Jesús con el poder del Padre no se demore por más tiempo y que de una vez por todas acabe el sufrimiento en este mundo.


Que Dios, el Padre, el único Dios, os bendiga



Un cristiano
Discurso de Mormon?

Alguien que niega la Deidad de Cristo no es cristiano.
 
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Guadalajara

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19 Agosto 2018
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Discurso de Mormon?

Alguien que niega la Deidad de Cristo no es cristiano.
¿Y después de todo lo que he expuesto, solo se te ocurre decir que no soy cristiano porque no creo que Jesucristo sea Dios?


¿Desde cuando la definición de cristiano es el que dice que Jesucristo es Dios?

Yo creía que cristiano es el que sigue a Jesucristo, el que cree en él como su Salvador personal, el que tiene la manera de ser y de pensar que él tuvo. Que ser cristiano es creer en la fe de Jesús, esa fe que tuvo en su Padre como el único Dios. Esa fe en el plan de la salvación del Padre que él aceptó, lo cual suponía también obediencia ciega, sacrificio y muerte de cruz.

Además, ¿Por qué iba a creer que Jesucristo es Dios, cuando el mismo Jesucristo dijo que el único Dios era su Padre?
 
12 Junio 2005
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Buenos tardes,


Quisiera dar mi opinión sobre un tema que al parecer, en estos últimos años, se está suscitando en las diferentes iglesias o denominaciones cristianas. Me refiero al concepto de Deidad. Un asunto que considero muy importante, ya que concierne al último mensaje de gracia que Dios da al mundo. Este mensaje es conocido como el mensaje de los tres ángeles, y lo podemos leer en Apocalipsis 14:6-12.


Creo, como muchos, que estamos en los últimos tiempos. Las señales de todo lo que está pasando en el mundo dan testimonio de ello, y los creyentes no tenemos otra salida que entregarnos a Dios y confiar en él.


Aunque me bauticé en una iglesia cristiana hace casi veinte años y asisto regularmente a ella porque creo que es la que más verdad tiene, (otros dirán que es la suya, cosa que respeto), en el fondo me considero perteneciente a la única Iglesia que existe, a la Apostólica del Nuevo Testamento, cuyo fundamento son los apóstoles y los profetas y la principal piedra del ángulo el judeo Jesucristo. Para mí, esta es la única Iglesia verdadera.


En ningún sitio, la Palabra de Dios, autoriza a fundar otra iglesia distinta a la ya fundada.


Las cientos y cientos de iglesias surgidas a lo largo de la historia con posterioridad a la desaparición de la iglesia primitiva, aunque la mayoría tienen parte o mucha verdad, ninguna de ellas carece de errores. El fin último de todas estas iglesias tendría que ser parecerse cada vez más a esa Iglesia verdadera a la que Dios puso por cabeza a Jesucristo.


Para corregir estos errores, que como digo, todas las denominaciones tienen, deberíamos basarnos única y exclusivamente en la sola escritura.


Nuestra fe no debe fundamentarse en tradiciones, dichos, leyendas, suposiciones o dogmas ajenos a la Biblia. La sola escritura debería ser nuestra única regla de fe en asuntos doctrinales.


En este sentido, si lo que enseña tal o cual iglesia que dice ser la verdadera, o tal o cual persona, tenga el don de sabiduría, el don de pastor, el don de profecía, el don de lenguas, el don de la interpretación, o cualquier otro don, si no se puede refrendar con la sola escritura, tendremos que rechazarlo.


Hoy en día, la inmensa mayoría de los cristianos tiene un concepto de la Deidad, que aunque lo acepta, no lo entiende, y los que discrepan no lo dicen o no se atreven a exponerlo públicamente.


Las iglesias nunca tendrían que estar cerradas en el avance del estudio de la Palabra, sino abiertas a nuevas luces en base a una mejor comprensión e interpretación de los textos de la sola escritura. Siempre habrá cosas por descubrir y cosas por las cuales maravillarse. En este sentido, me da la impresión que en el seno del pueblo de Dios está empezando a surgir un movimiento de reforma que presenta como alternativa un concepto de Deidad fuertemente apoyado en la sola escritura.


Creo, como ya he dicho anteriormente, que estamos en los últimos tiempos, que las cosas, independientemente que como cristianos hagamos todo lo posible para que vayan mejor, no va a ser así. La Biblia es muy clara en este sentido. Todo irá empeorando hasta que se produzca la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo.


Pero yo me pregunto


¿Por qué no se ha producido ya este glorioso evento?


¿Qué estamos haciendo mal los creyentes?


En Hechos 3:18-21 leemos que Dios no enviará a Jesucristo antes de la restauración de todas las cosas.


¿Y qué cosas se han restaurado?


Casi todas


La no inmortalidad del alma, el estado inconsciente de los muertos, el Santuario Celestial, la justificación por la fe, el Sábado...


Y entonces, ¿Qué falta por restaurar?


Lo más importante, la creencia en el único Dios y Creador, el Padre, el único digno de adoración; por lo que tendremos que predicar correctamente el triple mensaje angélico de Apocalipsis 14:6-12, el último mensaje de gracia de Dios al mundo, y entonces Dios enviará a nuestro Señor Jesucristo.


Recordemos lo que dice el primer ángel

APOCALIPSIS 14

6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.


Y vuelvo a preguntar,


¿A qué dios está adorando y dando honra la cristiandad de hoy en día?


¿Al Dios del monoteísmo bíblico?


Desgraciadamente No


La cristiandad de hoy en día está adorando y dando honra a un dios desconocido, a un dios incomprensible, a un dios que son tres pero en realidad no son tres sino uno solo, a un dios distorsionado por una teoría que surgió en el siglo IV y que posteriormente se declaró dogma.

¿Será esta teoría que nos presenta a un dios desconocido e incomprensible, que no ilusiona, que no atrae a los jóvenes la que está haciendo que muchos de ellos dejen las iglesias?


Algunas iglesias guardan el primer mandamiento, el que nos habla de un único Dios, pero no guardan el cuarto, el sábado.


Otras iglesias guardan el cuarto mandamiento pero no guardan correctamente el primero.


Y la inmensa mayoría de las iglesias no guardan ni el primero ni el cuarto.


Por este motivo, y para que la ansiada Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo no se demore por mucho más tiempo, estoy convencido de que Dios, el Padre, el único Dios, suscitará, mediante un movimiento de reforma surgido de todas las iglesias y denominaciones cristianas, a 144.000 que no se contaminarán con falsas doctrinas.


APOCALIPSIS 7

2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.


Israel representa a la Iglesia Apostólica del Nuevo Testamento fundada sobre los apóstoles y profetas y cuya cabeza es el judeo Jesucristo.


Las tribus son las diferentes denominaciones cristianas representativas de esa Iglesia Apostólica a lo largo de la historia.


Por eso, si alguien piensa que estos 144.000 van a salir de una sola iglesia o denominación, se equivoca.


Los 144.000 saldrán de todas las denominaciones o iglesias cristianas, no haciendo falta que funden una nueva iglesia ni que salgan de la que actualmente pertenecen. Repito, NO TIENEN QUE SALIR DE SUS RESPECTIVAS IGLESIAS, sea la evangélica, la ortodoxa, la anglicana, la pentecostal, la adventista o la católica, por nombrar alguna de ellas.


Estos 144.000, simbólicos por supuesto, estarán vivos cuando Cristo venga, serán los que darán el triple mensaje angélico de Apocalipsis 14, predicarán y darán honra al único Dios y Creador, al Padre, el único digno de adoración, guardarán todos sus Mandamientos, desde el primero hasta el último, tendrán la fe de Jesús, esa fe en el evangelio eterno, en los principios del reino de Dios, en las Bienaventuranzas, esa fe que Jesús tuvo en su Padre en el plan de la salvación, su Dios, nuestro Dios, el único Dios.


Seguidamente, de una forma muy resumida, ya que el tema da para mucho, expongo lo que pienso en relación con el concepto de deidad. Puedo equivocarme, por supuesto, no soy infalible, pero es lo que mi conciencia me dicta al leer la sola escritura, mi única regla de fe





LA DEIDAD


Los cristianos oramos a Dios, pedimos a Dios, damos gracias a Dios, confiamos en Dios e incluso algunos, aunque injustamente, echamos las culpas a Dios cuando nos sobrevienen desgracias o cuando las cosas no son como nosotros queremos.


Nuestro Dios, a diferencia de otras religiones, es un Dios de amor (1 Juan 4:8), que se preocupa por nosotros (1 Pedro 5:7), un Dios que nos anima y nos dice que no tengamos miedo porque él es nuestro Dios y siempre nos ayudará (Isaías 41:10), un Dios que quiere lo mejor para nosotros y desea que tengamos vida eterna (Juan 3:16).


Pero, ¿Tenemos claro quién es ese Dios cuando nos dirigimos a él?


¿QUIÉN ES ESE DIOS?


Es el Señor Dios Todopoderoso, el que es y que era y que ha de venir (Apocalipsis 4:8), el Alfa y la Omega (Apocalipsis1:8), el que vive por los siglos de los siglos (Apocalipsis 4:9), el que es principio y fin (Apocalipsis 22:13), el sólo Soberano Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:13:16), el Creador (Apocalipsis 4:11), nuestro Padre, nuestro Salvador (1 Timoteo 1:1,2).


¿UN DIOS EN TRES PERSONAS?


No. Este concepto es ajeno a la Palabra de Dios. Es una idea que surgió en el siglo IV en oposición al arrianismo y que posteriormente se convirtió en dogma. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se nos revela un único y sólo Dios, el Padre, no una unidad compuesta por tres “personas”.


Los siguientes versículos, entre otros muchos, no dejan lugar a dudas de que el Padre es el único Dios.


Juan 17:3

Hablando Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti (Padre), el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.


1 Corintios 8:6

Pablo dice: “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros para él; y un Señor, Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él”.


Malaquías 2:10

¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?...


Y en Juan 5:44


“¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”.


Único no son tres ni diecisiete. Único es UNO, sólo UNO.


Por supuesto que hay determinados textos que, a simple vista, pudieran apoyar la teoría trinitaria, pero, una vez se estudian en profundidad y en paralelo con otros textos, nos damos cuenta que esta teoría no cabe en la Palabra de Dios.


En prácticamente todas las epístolas de Pablo y en general en todo el Antiguo y Nuevo Testamento, el término Dios, se aplica en exclusividad al Padre.


UN SÓLO PADRE Y UN SÓLO DIOS


(Marcos 12:29-32)


Cierto día, un escriba preguntó a Jesús, ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

Jesús le respondió: “El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él”.


Observemos que Jesús, en su respuesta, no dice “el Señor vuestro Dios, el Señor uno es”, sino “el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”. Él también se incluye.



Y en Juan 20:17, una vez que Jesús resucitó, se le apareció a María Magdalena y le dijo:

“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; más ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.


¿Nos damos cuenta?


El Padre de Jesús, también es nuestro Padre, y el Dios de Jesús, también es nuestro Dios. No hay otro.


SI EL ÚNICO DIOS ES EL PADRE, ¿QUIÉN ES ENTONCES JESUCRISTO?


Jesucristo no es Dios. Jesucristo es un hombre (1Timoteo 2:5 ; Romanos 5:15), un ser humano que hasta que no nace de María no viene a la existencia (Lucas 1:26-35). Es la piedra rechazada por los hombres pero escogida y preciosa para Dios (1 Pedro 2:4). Un hombre que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación y que, gracias a él, podemos llegar a ser salvos. Una vez realizada la obra mesiánica, Dios lo resucita (Hechos 2:32) y lo corona de gloria y honra, poniéndolo por encima de todo y todos, incluido los ángeles, y haciendo que toda rodilla se doble ante él (Filipenses 2:8-11).


Esto es algo extraordinario, grandioso, un hombre, un ser humano exaltado por Dios de esta manera por toda su obra en favor nuestro.


Ahora está ministrando en el Santuario Celestial (Hebreos 9:24,25). En él, Cristo lleva a cabo su ministerio en nuestro favor, intercediendo por nosotros (1 Timoteo 2:5), poniendo a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio realizado una vez para siempre en la cruz.


¿POR QUÉ DIOS ESCOGE A UN HOMBRE COMO NUESTRO SALVADOR?


Porque el escogido no tenía que socorrer a los ángeles, sino que tenía que socorrer a la descendencia de Abraham, a la humanidad, por lo que debía ser en todo semejante a sus hermanos (Hebreos 2:14-17).


En su presciencia, Dios, el Padre, el único Dios, ve la Creación, la Rebelión, la Caída y la Salvación. Es en esa misma presciencia que Dios ve al futuro hombre Jesucristo como el único capaz de llevar a cabo su plan de salvación y el único que cumple el modelo requerido por él para llevarlo a cabo. (Efesios 1:1-5; 3: 10,11, 1ª Pedro 1:19, 20).


Dios, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el Todopoderoso, quiere salvarnos, y lo hace por un hombre, porque eso es lo que es Jesucristo, un hombre. Un hombre, que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación y al cual Dios le da su espíritu y su poder (Hechos 10:38) para poder llevarlo a cabo. ¡Esto es grandioso!.


DIOS CREA POR CAUSA DE JESUCRISTO, NO POR MEDIO DE JESUCRISTO


Si Dios no hubiese preconocido al futuro hombre Jesucristo como el único que iba a aceptar su plan de salvación y el único que iba a ser capaz de llevarlo a cabo, Dios no hubiese creado nada, y por consiguiente, ni vosotros ni yo, estaríamos ahora aquí.


Es decir, Dios es Creador y Salvador gracias a que el hombre Jesucristo aceptó llevar a cabo el plan de la salvación. ¡Maravilloso!

Y es en Jesucristo donde fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado en él, por él y para él (Colosenses 1:16).


La traducción “por medio de él”, que la mayoría de versiones hacen de este versículo, es decir, “por medio de Jesucristo”, no es correcta.


El hecho de crear todas las cosas en Jesucristo, diferencia al Creador, es decir, a Dios, del sujeto en el cual se crean, por lo que queda descartado que la acción de crear se aplique a Jesucristo, tanto de una forma directa como por medio de él.


El exégeta y especialista en Historia Antigua Norbert Hugedé, en su libro “L’ Épitre aux Colossiens”, pág. 60, comenta que la expresión “por él”, ”δι“(di) + genitivo, de Colosenses 1:16, ha de entenderse como “en función de él”, "por causa de él", "teniendo en cuenta a él", y no por δι“(di) + acusativo, “por medio de él”.

Y efectivamente, así es. Cuando se refiere a la creación, la preposición griega ”δι“(di) + genitivo, nunca se traduce “por medio de”, sino “por”, siendo su significado “por causa de”, “teniendo en cuenta a ”, o “en función de”. Es decir, todo lo que el Padre ha creado, lo ha hecho en Jesucristo, por causa de Jesucristo, teniendo en cuenta a Jesucristo y para Jesucristo, pero no “por medio de Jesucristo”.


Dios, no necesita ningún intermediario ni colaborador para crear. Él dijo y fue hecho. Punto.


El único Creador es el Padre:


Apocalipsis 4:11

“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.

Este versículo hace referencia al que está sentado en el trono, es decir, a Dios, el Padre, no al Cordero, es decir, al hombre Jesucristo, que no entra en escena hasta el siguiente capítulo.



JESUCRISTO NO EXISTÍA ANTES DE SU NACIMIENTO


Desde antes de la Creación, aunque Jesucristo todavía no ha venido a la existencia, para Dios, sin embargo, ya es antes de todas las cosas (Juan 8:58), queriendo que tenga la preeminencia en todo y que todas las cosas subsistan en él (Colosenses 1:17-18).


Antes de nacer de María por el poder de Dios, Jesucristo no existía; sólo existía en la mente eterna del Padre. Es decir, no es que hubiera un hipotético Dios Hijo, o un Hijo eterno esencial de Dios, que eso no lo pone por ninguna parte, sino que el santo ser que nacerá de María, será llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35). El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Unigénito, el Único, el Cordero de Dios, todo se refiere al hombre, al ser humano Jesucristo.


Si todos somos hijos de Dios, ¿En qué sentido Jesucristo es el Unigénito?


Sencillamente porque en su mente eterna, Dios, el Padre, el único Dios, vió que solo Jesús era el único que iba a aceptar y a llevar a cabo el plan de la salvación.


En su mente eterna, antes de que nada hubiese sido creado, y antes de que Jesucristo viniese a la existencia, Dios ya lo preconoce. Es en ese preexistirle que Dios se goza en él porque ve que es el único que va a aceptar el plan de salvación y el único que lo puede llevar a cabo. Es entonces cuando se produce una gloria, y es esa gloria la que posteriormente le reclama Jesucristo una vez que éste viene a la existencia (Juan 17:5).


Juan 17:5
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”


Dios es capaz de preconocer a las personas aunque todavía no hayan nacido. Así como Dios conoció a Jeremías antes de que naciese (Jeremías 1:5), de la misma forma, en su presciencia, Dios nos preconoce a nosotros y a Jesús antes de venir a la existencia (Efesios 1:3,4).



Efesios 1:3,4

“3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.


Es decir, que de la misma manera que ni vosotros ni yo estábamos físicamente en los lugares celestiales antes de la fundación del mundo, tampoco Cristo estaba presente físicamente en esos lugares celestiales.


Tanto vosotros, como yo, como todo creyente, y como Cristo, sólo estábamos en el pensamiento, en la mente eterna del Padre.



EL VERBO NO ES EL HIJO DE DIOS


El Verbo/Palabra ni es persona ni tiene personalidad. El Verbo es la Palabra de Dios. El Verbo no es Dios, el Verbo es de Dios, al igual que su presencia divina, su rostro, su espíritu, su gloria, sus manos, su faz, su aliento, su shekinah, su poder… Podría decirse que todos estos términos son “morfes”, “formas”, “aspectos” de Dios, pero no Dios. El Verbo o Palabra es eterno porque Dios es eterno. El Verbo es un atributo inherente a Dios. Así como nuestra palabra es humana, la Palabra de Dios es divina porque es de Dios. En el Antiguo Testamento, en hebreo, es el dabar de Dios, y en el Nuevo Testamento, en griego, es el rhema o el logos de Dios. En ningún caso, a este dabar, rhema o logos, los textos le dan un carácter de persona o personalidad.


Pablo, en Hebreos 4:12, nos dice que el Logos, es decir, el Verbo, la Palabra de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


Y en Isaías 55:11, leemos que el dabar, es decir, la Palabra que sale de la boca de Dios, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiera.


Es obvio que estos textos, tanto el del Antiguo como el del Nuevo Testamento, no se están refiriendo a Jesucristo o al Hijo de Dios.


NO HAY NINGÚN TEXTO EN TODA LA BIBLIA, DONDE LEAMOS QUE EL VERBO/PALABRA ES JESUCRISTO O EL HIJO DE DIOS. COMO YA HE DICHO ANTERIORMENTE, EL VERBO ES LA PALABRA DE DIOS.


Juan 1:1


A lo largo de la historia, este famoso versículo del evangelio de Juan, debido a la clara influencia de la teoría trinitaria, se ha traducido mal, y por consiguiente también se ha interpretado erróneamente.


“En principio era el Verbo y el Verbo estaba con el Dios y Dios era el Verbo”.


Así es como lo escribió Juan. (Traducción literal del griego).


¿Por qué Juan lo escribió de esta manera?


Según la gramática griega, tal y como está estructurada la frase, es decir, con el primer Dios con artículo determinado, “el Dios”, y el segundo Dios sin artículo, además de anteponer el segundo Dios al Verbo, no se puede traducir como que “el Verbo era Dios”, o como que “el Verbo era un dios”, sino como que “el Verbo era divinidad”.


Juan le está dando al Verbo carácter de naturaleza, no de identidad. Es decir, el Verbo, o la Palabra, era divina o divinidad.


Juan no se está inventando nada ni va más allá de lo que dicen los textos (1 Corintios 4:6)


¿Por qué Juan se iba a inventar que el Verbo es el Hijo de Dios?.


Juan, cuando escribe su libro, se está remitiendo a la teología del Antiguo Testamento, únicas escrituras que había por aquel entonces y donde en ninguno de los textos se le da al Verbo, a la Palabra, al Logos, o al Dabar de Dios, carácter de persona o de personalidad.


Por cierto, en Hebreos 11:3, leemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, pero, ¡ATENCIÓN!, aquí lo que se ha traducido por palabra no es logos, sino rhema.

Entonces, ¿que hacemos?, ¿Nos inventamos una nueva teoría con el Rhema al igual que hemos hecho con el Logos? ¿Nos inventamos ahora que el Rhema es es Hijo eterno esencial de Dios?

Absurdo, ¿verdad?


Volviendo a Juan 1

Desde el versículo 3, hasta el versículo 13, se están refiriendo a Dios, no al Verbo/Palabra o a Jesucristo como la mayoría cree.


¿Por qué?


Porque el antecedente con el que acaba el versículo 2 es “el Dios”


Versículo 2

“Éste era en principio con “el Dios”


Por consiguiente, todos los versículos posteriores, (salvo, claro está, los que hacen referencia a Juan Bautista), se están refiriendo a Dios.


Por ejemplo:


Versículo 3

“Por él fueron hechas todas las cosas”


¿Quién es ese “por él”?


¿El verbo?, ¿Jesucristo?


No


Ese “por él”, (δι“(di) + genitivo) se está refiriendo a “el Dios”, al Padre (Efesios 3:9)


Versículo 4

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.


Efectivamente, así es, la vida eterna estaba con el Padre. (1Juan 1:2)


Versículo 8

8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.


Asi es, Dios es luz (1 Juan 1:5)


Versículo 10


10 “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho...”




Este versículo continúa refiriéndose a Dios, al Padre, al único Creador. Dios siempre ha estado con nosotros diciéndonos que no tengamos miedo, ayudándonos, y sustentándonos (Isaías 41:10).


Y es ahora, en el versículo 14, cuando el “verbo” vuelve a aparecer.


En algunas versiones, este versículo 14 empieza con “Y aquel verbo...”, haciendo referencia al verbo de los versículos, 1 y 2.


EL VERBO NO SE HACE CARNE. EL VERBO ALCANZÓ, LLEGÓ A ESTAR, HABITÓ CARNE


Ya desde la eternidad, Dios, en su mente eterna, asocia su Verbo, su Palabra, con el futuro hombre Jesucristo que ha de nacer de la virgen María. Dios, el Padre, sin desprenderse ni parcial ni totalmente de su Verbo, y de una forma que no podemos entender, lo incorpora en Jesús en el momento de su nacimiento, es decir, lo señala con su Verbo (Juan 6:27).


Y aquel Verbo habitó, alcanzó carne (Juan 1:14).


¿En qué carne?


En el hombre, en el ser humano Jesucristo


En el original de este versículo en griego, aparece por un lado el v “egeneto”, el cual tiene multitud de acepciones y por otro la palabra “sarx” que significa carne. Según los eruditos, este versículo 14 es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia. La cuestión es: ¿Qué quiso decir Juan en este versículo?. Ya he dicho que el verbo “egeneto” tiene multitud de acepciones, por lo que atendiendo al contexto en el que aparece este vocablo, unido en paralelo a otros versículos del Nuevo Testamento, nos ayudará a elegir la mejor traducción.


Tradicionalmente, este versículo 14, para dar más énfasis a una supuesta encarnación que no es tal, se ha traducido incorrectamente como que “el Verbo se hizo carne “; y , efectivamente, uno de los posibles significados de “egeneto” podría ser el de “hacerse”, pero esto no es lo que dice el texto, porque si lo traducimos de esta manera nos encontraríamos con los siguientes problemas:


Primero:


Sí el Verbo se hace carne, Dios se queda sin su Verbo, es decir, dejamos a Dios sin su Palabra, ya que ésta se habría transformado en carne.


Si algo se transforma en otra cosa, deja de ser lo que antes era.


Esto no puede ser porque Dios sigue teniendo su Palabra.


Segundo:


¿Cómo es posible que algo como el Verbo o Palabra, que ni siendo persona ni teniendo personalidad, pueda llegar a transformarse en carne?.


Esto también es absurdo.


Sin embargo, si traducimos que “el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne”, ya que el verbo “egeneto” también lo permite, sería la traducción correcta, o por lo menos la que más se acercaría a lo que Juan quiso decir.


Esto estaría en consonancia con pasajes como Colosenses 1:19 donde leemos que al Padre agradó que en Cristo HABITARA toda la plenitud de la divinidad, es decir, su Verbo.


La traducción “el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne”, también estaría en consonancia con Filipenses 2:6. En este pasaje Pablo nos dice que tengamos el mismo sentir que tuvo Jesús, es decir, no el Dios Jesús, que eso no dice el texto, sino el hombre, el ser humano Jesús, el cual, existiendo o existente con, o en unión con forma (aspecto) de Dios, no tuvo el arrebato de ser igual a Dios como así ocurrió con Adán.

Aquí, Pablo, al Verbo lo llama forma de Dios.


¿Os dais cuenta?

Juan 1:14,
Colosenses 1:19
Filipenses 2:6

están relacionados, tratan el mismo tema con diferentes palabras.


En Juan 1:14, el Verbo habitó, alcanzó, o llegó a estar en carne.


En Colosenses 1:19, al Padre agradó que en Cristo habitara la plenitud de la deidad.


Y en Filipenses 2:6 leemos que Jesucristo existe con, o en unión con forma de Dios.


Así pues, el “verbo”, “la plenitud de la deidad” y la “forma” de Dios, es lo mismo. Todo son aspectos de Dios, pero no Dios.


Insisto en la idea de que el verbo no se hace carne, sino que es Dios, mediante su verbo, el que se hace presente en el hombre Jesucristo. EL VERBO HABITÓ, LLEGÓ A ESTAR, ALCANZÓ CARNE. (Juan 1:14).



Y REPITO LO DICHO ANTERIORMENTE.


NO HAY NINGÚN TEXTO EN TODA LA BIBLIA, DONDE LEAMOS QUE EL VERBO/PALABRA ES JESUCRISTO O EL HIJO ETERNO ESENCIAL DE DIOS.


Pero alguien podrá decir, ¿Que pasa entonces con Apocalipsis 19:13 donde se identifica a Jesucristo con el Verbo de Dios?


Si observamos bien, el versículo no dice que el que montaba el caballo blanco es el Verbo de Dios, sino que su nombre es el Verbo de Dios, cosa muy diferente.


Y, efectivamente, esto es así porque Dios señaló a Jesucristo con su Verbo (Juan 6:27) y la Palabra de Dios está en él.


Jesucristo no es el Verbo/Palabra de Dios. Jesucristo trae consigo la Palabra de Dios. El Verbo habitó carne (Juan 1:14).


Igualmente ocurre con el versículo 16 de este mismo capítulo, donde leemos que en la vestidura y el muslo del que montaba el caballo blanco tiene escrito Rey de reyes y Señor de señores.


Jesucristo viene en representación de Dios, el Padre, por eso tiene escrito eso en la vestidura y en el muslo.

Pero el Soberano Rey de reyes y Señor de señores es Dios, el Padre, el único Dios. El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16)


EN CRISTO HABITA LA PLENITUD DE LA DEIDAD


En Colosenses 1:19 y en Colosenses 2:9, leemos que en Cristo habita la plenitud de la divinidad (el Verbo) pero, ¿esto significa que Cristo tiene los mismos atributos que Dios?


La respuesta es NO


Si el hecho de estar lleno de toda plenitud de Dios significa, como algunos creen, tener los mismos atributos que Dios, entonces, ateniéndonos a Efesios 3:19, todos los creyentes podríamos tener esos mismos atributos. Pero es obvio que esto no es así.


Como hemos visto anteriormente, Jesucristo es un hombre al cual Dios le incorpora su Verbo en el momento de su nacimiento; el Verbo habitó carne (Juan 1:14). Este Verbo es la plenitud de Dios, es su Palabra, es la gracia y la verdad (Juan 17:17). Jesús está lleno de esta gracia y verdad que le da el Padre (Juan 1:14), y de esta plenitud tomamos todos (Juan 1:16)



PERO JESUCRISTO ES EL SEÑOR, ¿NO?


Jesucristo no es Señor en sí mismo. Jesucristo es Señor porque Dios, que es el Soberano Señor (Hechos 4:24), le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), Jesucristo es la luz porque Dios, que es luz (1 Juan 1:5), le ha puesto por luz de las naciones (Isaías 42:6), Jesucristo perdonaba pecados porque Dios le dio toda potestad (Mateo 28:18) y Jesucristo tiene vida en sí mismo porque asi como Dios, nuestro Padre, tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26).


¿Y cómo ha dado Dios a Jesús el tener vida en sí mismo?


Pues dándole su Verbo sin que Dios se vacíe o divida del mismo. Este Verbo/Palabra es vida eterna, y nosotros si aceptamos esta Palabra y la ponemos en práctica en nuestras vidas, también podremos llegar a experimentar vida eterna aquí y ahora, porque, aunque muramos, para Dios estamos vivos (Mateo 22:32) y nos resucitará en el postrero día (Juan 11:24).


Jesucristo vive por el poder de Dios, y nosotros viviremos con él, también con el poder de Dios (2 Corintios 13:4). Es el poder de Dios el que resucitó a Jesucristo y ese mismo poder será el que nos resucitará también a nosotros.


También será el poder de Dios el que hará posible la Segunda Venida, como así lo leemos en 1 Timoteo 6:15.


Y, dicho sea de paso, cuando hablamos de la Segunda Venida, siempre pensamos en la venida de Jesucristo, es verdad, pero en realidad vienen los dos, Dios, el Padre, en forma invisible, manifestándose en su gloria y poder, y el otro de forma visible, nuestro Señor Jesucristo (Mateo 16:27).


Sin el poder de Dios, Cristo, como ser humano que es, no podría venir en las nubes del cielo.

Jesucristo es el Mesías, es el Salvador levantado por Dios (Hechos 5:31) para que, no por medio de él, sino en función de él, gracias a que aceptó llevar a cabo el plan de la salvación cumpliendo con los requisitos de Dios, incluyendo la muerte de cruz, podamos llegar a ser salvos.


Dios, el Padre, el único Dios, le ha dado todo a Jesucristo (Mateo 11:27), y en cada uno de los cuatro evangelios Jesucristo se esfuerza en hacernos ver que él es el enviado de Dios, que ha venido para revelarle, que no es un profeta más, ni por supuesto Dios, sino que está representando a Dios, y que con el poder del Padre, está llevando a cabo la obra para nuestra salvación.




PERO ENTONCES, ¿TENEMOS DOS SALVADORES?


Efectivamente, así es. Apocalipsis 7:10 nos dice que los dos son nuestros Salvadores. Uno, Dios, la parte divina, es el originador del plan de salvación, el que lleva la iniciativa, el otro, la parte humana, es el hombre Jesucristo, el Cordero, el que acepta el plan y lo ejecuta con el poder de Dios.


Hebreos 2:10

“Porque convenía a Aquel (El Padre, el único Dios) por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (El hombre, el ser humano Jesucristo).



¿Y CÓMO TERMINARÁ TODO?


Hay que señalar, como ha quedado claro anteriormente, que el único Soberano Rey de reyes y Señor de señores es el Padre, el único Dios, el Todopoderoso, el inaccesible e inmortal, y que temporalmente le cede el dominio y reinado a Jesucristo.

Pero cuando el Padre haya sujetado a Jesucristo a todos sus enemigos entre los que se encuentran el pecado, la muerte y los sistemas de maldad, cuando todo le haya sido sometido, entonces Jesucristo entregará el reino al Dios y Padre, y él mismo también se sujetará a Aquel que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Corintios 15:24,27,28).


PERO SI JESUCRISTO ES UN SER HUMANO, ¿POR QUÉ SE LE ADORA COMO ASÍ LO LEEMOS EN DIFERENTES PASAJES DE LA BIBLIA?



Hay que tener mucho cuidado de no caer en idolatría.


Sólo se debe de adorar y dar culto al Padre, al Creador, al único Dios. A nadie más. Y también deberíamos poner más atención en ciertos himnos que dirigimos a a Jesús, cuando solo corresponderían al Padre.


Asimismo, nuestras oraciones deben dirigirse únicamente al Padre, porque eso es adorar, “ad orare”, “orar hacia”. En Mateo 6:5-13 Jesús nos enseña cómo debemos hacerlo.


Y cuando pidamos algo al Padre, lo correcto es hacerlo en nombre de Jesucristo (Juan 14:13)


El mismo Jesús deja claro en Mateo 4:10, que al único que se debe de adorar es a Dios, al Padre.


Mateo 4:10

10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Ante el Señor tu Dios te postrarás, y a él sólo darás culto sagrado



Y en Juan 4:23-24 leemos:


23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.


No hay ningún texto en la Biblia donde se adore a Jesucristo.


Hay muchos versículos donde aparece el término “proskineo” que erróneamente se traduce por “adoración” cuando en realidad no quiere decir eso dicho término.


Por ejemplo, en Mateo 2:11, Hebreos 1:6 o Mateo 28:9, refiriéndose todos ellos a Jesús, aparece el término “proskineo”, traduciéndose en la mayoría de las versiones por adoración. Ésto no es correcto.



El significado de “proskineo”, incluso cuando aparece en los textos refiriéndose a Dios mismo, es postración, reverencia, reconocimiento.


“Proskineo” se le puede hacer a un rey, como por ejemplo al rey David, a un hombre por la labor que ha hecho en beneficio de la humanidad, como reconocimiento a una eminencia médica, etc..., pero esto no es adoración.


La traducción de proskineo que trae la versión “Dios habla hoy”, de Mateo 2:11, referida al pasaje donde unos sabios del Oriente vienen al encuentro del niño Jesús, es “le rindieron homenaje”. Considero que esta traducción es correcta y acertada.


Lo que pasa es que cuando este “proskineo” se le hace al Padre, es decir, a Dios, entonces sí que se considera adoración.


Sin embargo, en la Biblia, aparece una palabra que por sí misma significa culto de adoración. Esa palabra es “Latría”.


Esta palabra “Latría” la encontramos en varios versículos como, por ejemplo, en Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15.


Pues bien, todos los versículos donde aparece la palabra “latría” se refieren siempre a Dios, es decir, al Padre, nunca a Jesucristo, ni por supuesto a ningún otro hombre.


Desgraciadamente, muchas versiones traducen esta latría, como en los casos anteriormente citados de Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15, por “servir”.

Lamentable



¿Y QUIÉN O QUÉ ES EL ESPIRITU SANTO?


Como ya se ha dicho anteriormente, el único Dios es el Padre. Es decir, no hay “persona”, “ser”, “ente”, o como se le quiera llamar, diferente al Padre, al que se le llame Dios.


Dicho lo cual, ¿Quién o qué es entonces el Espíritu Santo?


En diferentes pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, aparecen términos como espíritu, o espíritu santo, que no siempre significan lo mismo.


Para entender mejor el tema en cuestión, vayamos primeramente a un versículo clave que se encuentra en Juan 7:37-39.


El texto dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.



Es decir, que hasta que Jesús no resucita y asciende a los cielos, no es enviado el Espíritu de verdad que procede del Padre, el Espíritu Santo.


Entonces, cuando leemos pasajes que hablan del espíritu o espíritu santo antes de la glorificación de Jesús, ¿A qué o a quién se están refiriendo?


Pues, el contexto nos lo dirá


Se puede estar refiriendo al Espíritu de Dios como atribución constituyente del propio Dios. Así como vosotros tenéis vuestro espíritu Dios tiene su espíritu. Este Espíritu no tiene personalidad, al igual que su Verbo o Palabra.


Ejemplos de este Espíritu lo tenemos en Génesis 1:1,2


“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.


O en Mateo 3:16,17


“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y que venía sobre él.

Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”.



En estos dos versículos, este Espíritu de Dios, no se está refiriendo al Espíritu Santo con personalidad, ya que Jesucristo aun no había sido glorificado, y por consiguiente, todavía no había sido enviado el Espíritu Santo.





En otros pasajes que aparece el Espíritu Santo, se puede estar refiriendo al mismo Dios, al Padre, ya que Dios es Espíritu y es Santo.


Un ejemplo lo podemos encontrar en Hechos 5:3,4


“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?

Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.


Pedro, está identificando al Espíritu Santo con el mismo Dios.





Resumiendo


El Espíritu o Espíritu Santo, según el contexto se puede referir a:



Espíritu, como atribución constituyente de Dios. Este Espíritu de Dios no tiene personalidad, al igual que su Verbo, su Gloria, su Presencia divina, sus Manos, su Rostro, etc… La personalidad la pone Dios, el Padre.


Espíritu Santo, refiriéndose al propio Dios, ya que Dios es Espíritu y Dios es Santo.



Y finalmente nos queda, como ya me he referido anteriormente, al Espíritu Santo procedente del Padre que es enviado por Jesucristo, una vez que éste es glorificado, es decir, una vez que asciende a los cielos.



Este último Espíritu Santo, también es identificado como los “Siete Espíritus de Dios”. En este caso, la personalidad es imposible que la pueda poner un hombre, por lo que sólo queda que la personalidad la ponga un ángel. Es decir, este Espíritu Santo, es el espíritu de Dios, atribución constituyente de Dios, puesto en un ángel. Este espíritu lo gestiona Dios cuando quiere y como quiere.



Ejemplos de este Espíritu Santo los tenemos en Apocalipsis 5:6


“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios (El Espíritu Santo), enviados por toda la tierra”.


O en Juan 16:7-11


“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador (El Espíritu Santo) no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

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Es mi deseo, que todos, seamos de tal o cual denominación, lleguemos a pertenecer a esos 144.000 que Dios va a suscitar. Que con nuestra correcta predicación del triple mensaje angélico (Apocalipsis 14:1-12) hagamos que la Segunda Venida de Jesús con el poder del Padre no se demore por más tiempo y que de una vez por todas acabe el sufrimiento en este mundo.


Que Dios, el Padre, el único Dios, os bendiga



Un cristiano
Guadalajara Guadalajara
Guadalajara Guadalajara
'Tienes el alma de provinciana
Hueles a ¿limpia? rosa temprana
Ave de Jara fresca de río
Son tus palomas tus caseríos
Guadalajara Guadalajara
Sabes a pura 'tierra mojada'
Ay ay ay ay
Guadalajara hermosa 🙄
Quiero decirte una cosa
que conservas agua del pozo
Y de tus mujeres el fiel rebozo
Guadalajara Guadalajara
tienes el alma más 'leji cana'

Oh, pérate, eso es una canción de Vicente Fernández y lo tuyo es 'El Diario de Guadalajara'

Sólo que Dios no admite 'periodistas' improvisados*. (Deu. 12:32)
 
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Guadalajara

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19 Agosto 2018
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Guadalajara Guadalajara
Guadalajara Guadalajara
'Tienes el alma de provinciana
Hueles a ¿limpia? rosa temprana
Ave de Jara fresca de río
Son tus palomas tus caseríos
Guadalajara Guadalajara
Sabes a pura 'tierra mojada'
Ay ay ay ay
Guadalajara hermosa 🙄
Quiero decirte una cosa
que conservas agua del pozo
Y de tus mujeres el fiel rebozo
Guadalajara Guadalajara
tienes el alma más 'leji cana'

Oh, pérate, eso es una canción de Vicente Fernández y lo tuyo es 'El Diario de Guadalajara'

Sólo que Dios no admite 'periodistas' improvisados*. (Deu. 12:32)
Armando, ¿Te parece normal responder con una canción sobre lo que pienso en un tema tan serio como el de la Deidad?

¿Que es eso de periodistas improvisados?

¿Tanto cuesta decir que estoy o no estoy de acuerdo con lo que expongo?

¿Qué consideras que he añadido?

Además, soy español de Zaragoza, y Guadalajara es un seudónimo.
 

Guadalajara

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¿Y cómo lees? ¿Qué te dicen los pasajes?
Génesis 1:1-3 nos habla de Dios y de su espíritu. Este espíritu es atribución constituyente del propio Dios. Como tú, Horizonte-71, tienes tu espíritu. No confundamos este espíritu sin personalidad con el espíritu santo con personalidad procedente del Padre que Jesucristo prometió enviar una vez que fue glorificado, es decir, una vez que Jesucristo ascendió a los cielos.


Juan 1:1-4 nos habla de Dios y su Palabra (Verbo).

Juan 1:3 "por él fueron hechas todas las cosas..." se está refiriendo a Dios el Padre, no a su Verbo/Palabra
 
12 Junio 2005
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Armando, ¿Te parece normal responder con una canción sobre lo que pienso en un tema tan serio como el de la Deidad?

¿Que es eso de periodistas improvisados?

¿Tanto cuesta decir que estoy o no estoy de acuerdo con lo que expongo?

¿Qué consideras que he añadido?

Además, soy español de Zaragoza, y Guadalajara es un seudónimo.
-Pos si no te gustan las rancheras te canto un paso doble chiquillo, venga tío, que en el tablao se oyen las castañuelas, ¡anda ya!
-Lo de periodista es por el periódico.
- No estoy de acuerdo con lo añadido.
- Considero añadido todo* lo que no es Palabra de Dios.
- Un gusto saberlo, yo soy cubano de la Habana y vivo entre los gringos.

Un Consejo tiene Dios para ti:

Proverbios 10:19 - RVR1960
10:19 En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.
 

DRB

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Has escrito demasiado. Se hace pesado leer todo esto. Y además solo para negar o alterar dogmas de fe o principios básicos del cristianismo.
 
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-Pos si no te gustan las rancheras te canto un paso doble chiquillo, venga tío, que en el tablao se oyen las castañuelas, ¡anda ya!
-Lo de periodista es por el periódico.
- No estoy de acuerdo con lo añadido.
- Considero añadido todo* lo que no es Palabra de Dios.
- Un gusto saberlo, yo soy cubano de la Habana y vivo entre los gringos.

Un Consejo tiene Dios para ti:

Proverbios 10:19 - RVR1960
10:19 En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.
Armando, yo no añado nada. Dios me libre de añadir algo a su Palabra.

Otra cosa es, y estoy en todo mi derecho a hacerlo, que interprete el texto según me dicta mi conciencia al leer la sola escritura después de haberlo estudiado en su contexto y comparado con otros textos, además de leer opiniones de gente eruditos en la materia.

Y eso lo hacemos todos, tú también. Porque todos estamos influenciados en nuestras creencias.


Añadir es lo que han hecho ciertas versiones de la Biblia incorporando versículos que no aparecen en los manuscritos originales.

Supongo que ya lo sabrás, me refiero, por ejemplo, a 1 Juan 5:7

“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno"


O este otro que aparece en Apocalipsis 1:11

"Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el último".

Esto tampoco aparece en los manuscritos originales. Ha sido añadido para demostrar que Cristo es el "Alfa y Omega".
 

Guadalajara

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Has escrito demasiado. Se hace pesado leer todo esto. Y además solo para negar o alterar dogmas de fe o principios básicos del cristianismo.
DRB

Te doy toda la razón al decir que he escrito demasiado, pero es que el tema es muy amplio y lo exigía.


Lo siento. Entiendo que es pesado leerlo pero he querido dar una idea general de lo que pienso sobre la Deidad.


Si no te importa DRB, y no es mucha molestia, me gustaría me dijeses de una manera muy resumida qué dogmas altero o niego respecto a la fe o principios básicos del cristianismo.


También te pediría que tu respuesta fuese acompañada con el correspondiente apoyo bíblico.


Muchas gracias
 

horizonte-71

Me hará seguir Su gracia en mí...
4 Octubre 2008
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Acá abajo...
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Has escrito demasiado. Se hace pesado leer todo esto. Y además solo para negar o alterar dogmas de fe o principios básicos del cristianismo.

Es lo que digo, poner textos tan largos es muy aburrido.

Por ahí se pueden colar disparates que cualquier bobo se tragaría con todo y frijoles.
 

AlberM

Leyenda del foro
7 Febrero 2014
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¿Y después de todo lo que he expuesto, solo se te ocurre decir que no soy cristiano porque no creo que Jesucristo sea Dios?


¿Desde cuando la definición de cristiano es el que dice que Jesucristo es Dios?

Yo creía que cristiano es el que sigue a Jesucristo, el que cree en él como su Salvador personal, el que tiene la manera de ser y de pensar que él tuvo. Que ser cristiano es creer en la fe de Jesús, esa fe que tuvo en su Padre como el único Dios. Esa fe en el plan de la salvación del Padre que él aceptó, lo cual suponía también obediencia ciega, sacrificio y muerte de cruz.

Además, ¿Por qué iba a creer que Jesucristo es Dios, cuando el mismo Jesucristo dijo que el único Dios era su Padre?
Pues de toda la vida. Para ser cristiano necesitas dos cosas fundamentales: reconocer que Jesucristo es Dios y por tanto aceptar el dogma de que Dios es Uno y Trino. Sin eso eres cualquier cosa menos cristiano.

Cristiano es el que sigue a Cristo, pero reconociendo su divinidad. Si es solamente un hombre pues no puede salvar y no es diferente de otros hombres inspirados como Buda, Mahoma, Confucio....etc....

Salu2