Hay mucha discusión entre aquellos que defienden la observancia del séptimo día (el Sábado) y los que defienden la observancia del primero día de la semana (el Domingo) en las iglesias cristianas.
De mi parte, pienso que tanto estos como aquellos están equivocados, pues el verdadero cristianismo no está restricto a un breve periodo de 24 horas en una semana que tiene 168 horas. Si es para tenerse un comportamiento bueno, hay que tenerlo todos los días, y no solamente en uno, porque todo lo demás es hipocresía y legalismo.
La observancia del séptimo día – el Sábado - corresponde al cuarto mandamiento del Decálogo, como leemos en Éxodo 20:10. Los Adventistas del Séptimo Día y demás defensores de la guarda del Sábado en nuestros días argumentan que Jesús dijo que él no vino para anular la ley, sino para cumplirla (Mateo 5:17).
Sin embargo, el mismo que dijo que no vino para anular la ley, transgredió el mandamiento del Sábado por varias veces, como vemos por ejemplo en Lucas 6:6-11 y 13:14-17. Jesús fue acusado por los fariseos de violar el sábado exactamente porque él no diferenciaba días especiales para poder realizar sus milagros y curas.
Jesús no vía motivo para dejar de hacer buenas obras en cualquier día de la semana por causa de una mera religiosidad. Sus discípulos también fueran acusados de violaren el sábado, porque fueran vistos arrancando espigas en el séptimo día para comerlas (Mateo 12:1). Si ese hecho aconteciera hoy, Jesús y sus discípulos por cierto serían llamados de “adoradores de la bestia” por los Adventistas del Séptimo Día.
Por causa de esa libertad para hacer el bien a cualquier tempo, Jesús fue perseguido por los judíos, como dice Juan 5:16-18, no solamente por transgredir las tradiciones de los religiosos, sino también por intitularse a sí mismo el “Señor del Sábado”, como leemos en Mateo 12:8.
Los judíos estaban muy preocupados en guardar el “sábado ceremonial” y por eso acusaron Jesús de transgredir el cuarto mandamiento, porque Jesús no elegía datas especiales para hacer el bien, así como los milagros y curas para los necesitados (Juan 5:1).
En el proceso de evangelización de los judíos, Pablo y Bernabé buscaban alcanzar los judíos en los séptimos días, porque los judíos se reunían en sus sinagogas en los sábados, de acuerdo con la ley del Viejo Testamento. Sin embargo, cuando Pablo y Bernabé percibieron la dureza de los corazones de los judíos, se volvieron para los gentíos, y así ellos no más procuraban los judíos exclusivamente en los sábados (Hechos 13:46).
Por su vez, los que defienden la observancia del domingo, como si fuera el “substituto” del sábado en el Nuevo Concierto, son igualmente legalistas e hipócritas, no discerniendo el verdadero sentido del Sábado bíblico.
De mi parte, pienso que tanto estos como aquellos están equivocados, pues el verdadero cristianismo no está restricto a un breve periodo de 24 horas en una semana que tiene 168 horas. Si es para tenerse un comportamiento bueno, hay que tenerlo todos los días, y no solamente en uno, porque todo lo demás es hipocresía y legalismo.
La observancia del séptimo día – el Sábado - corresponde al cuarto mandamiento del Decálogo, como leemos en Éxodo 20:10. Los Adventistas del Séptimo Día y demás defensores de la guarda del Sábado en nuestros días argumentan que Jesús dijo que él no vino para anular la ley, sino para cumplirla (Mateo 5:17).
Sin embargo, el mismo que dijo que no vino para anular la ley, transgredió el mandamiento del Sábado por varias veces, como vemos por ejemplo en Lucas 6:6-11 y 13:14-17. Jesús fue acusado por los fariseos de violar el sábado exactamente porque él no diferenciaba días especiales para poder realizar sus milagros y curas.
Jesús no vía motivo para dejar de hacer buenas obras en cualquier día de la semana por causa de una mera religiosidad. Sus discípulos también fueran acusados de violaren el sábado, porque fueran vistos arrancando espigas en el séptimo día para comerlas (Mateo 12:1). Si ese hecho aconteciera hoy, Jesús y sus discípulos por cierto serían llamados de “adoradores de la bestia” por los Adventistas del Séptimo Día.
Por causa de esa libertad para hacer el bien a cualquier tempo, Jesús fue perseguido por los judíos, como dice Juan 5:16-18, no solamente por transgredir las tradiciones de los religiosos, sino también por intitularse a sí mismo el “Señor del Sábado”, como leemos en Mateo 12:8.
Los judíos estaban muy preocupados en guardar el “sábado ceremonial” y por eso acusaron Jesús de transgredir el cuarto mandamiento, porque Jesús no elegía datas especiales para hacer el bien, así como los milagros y curas para los necesitados (Juan 5:1).
En el proceso de evangelización de los judíos, Pablo y Bernabé buscaban alcanzar los judíos en los séptimos días, porque los judíos se reunían en sus sinagogas en los sábados, de acuerdo con la ley del Viejo Testamento. Sin embargo, cuando Pablo y Bernabé percibieron la dureza de los corazones de los judíos, se volvieron para los gentíos, y así ellos no más procuraban los judíos exclusivamente en los sábados (Hechos 13:46).
Por su vez, los que defienden la observancia del domingo, como si fuera el “substituto” del sábado en el Nuevo Concierto, son igualmente legalistas e hipócritas, no discerniendo el verdadero sentido del Sábado bíblico.