La mejor traducción de la Biblia
Las Escrituras originales hoy no existen, en el mejor de los casos tenemos copias de copias. Las copias más antiguas de la Biblia están en hebreo, griego y arameo, por lo tanto, las Biblias que hoy tenemos en nuestros hogares son, en el mejor de los casos, traducciones de estos textos. Debido a que no tenemos un “original” de donde traducir, sino que tenemos fragmentos antiguos de copias de la Biblia, muchas personas (incluso cristianas) dudan de cuán confiable pueda ser la Biblia, sin embargo, se han hallado miles de copias de la Biblia, que si bien difieren entre ellas en muchos pasajes, no presentan diferencias muy graves, además, la comparación de estos antiguos fragmentos ha hecho posible que hoy tengamos un texto griego muy confiable y cercano al original, aunque hay aproximadamente un 1% de Escrituras que suelen estar en debate y discusión aún entre los más expertos eruditos en teología, arqueología, antropología y lingüistas. De todos modos, un 1% de error no puede alterar el sentido general del 99% que está correcto.
Si bien algunas denominaciones afirman que tal o cual versión de la Biblia es mejor que otra, en verdad ninguna traducción es perfecta, porque cada vez que se hace una traducción desde un idioma a otro, la traducción sufre (y esto es imposible de evitar) algún tipo de alteración. Esto se da especialmente cuando la traducción es desde un texto cuya cultura difiere mucho de la cultura del texto al que se está haciendo la traducción. La Biblia fue revelada por Dios a hombres con culturas muy diferentes a las nuestras, y cuyo idioma difiere bastante del nuestro (especialmente el hebreo). Por esta causa los traductores no pueden hacer una perfecta traducción: si son muy literales (traduciendo de forma uniforme cada palabra), quizá se pierda el sentido de lo que se quiso decir, pero si parafrasean mucho un texto (dando un texto “explicado”), quizá se alejen demasiado del original. Por esta causa, cada traductor o grupo de traductores debe adoptar lo que se llaman “criterios de traducción”. Algunos intentarán ser lo más exactos posibles excepto cuando el texto pueda llegar a ser incomprensible para el lector, a este tipo de traducciones se las suele llamar “traducciones literales”, algunos ejemplos son la Biblia Textual, la Sagrada Biblia de Guillermo Jünemann o, en inglés: Concordant Literal Version, Analitical Literal Translation. Otro criterio de traducción es el que se usa con el fin de hacer un texto que pueda ser comprendido fácilmente por el lector, este tipo de versiones suelen parafrasear algunas partes de la Biblia con el fin de “explicar” lo que se quiso transmitir en el texto griego, este tipo de versiones se las llama “traducciones parafraseadas”, ejemplos de estas versiones son laTraducción en lenguaje actual, Traducción en leguaje sencillo, o la conocida versión en inglés:TheMessaje.Un tercer criterio de traducción utilizan un punto intermedio entre la literalidad y el parafraseo, como la Nueva Versión Internacional o la serie de versiones Reina-Valera.
Por la sola causa de las barreras culturales entre los orientales que han recibido la revelación de Dios para ser escrita en hebreo y griego (y posiblemente algún libro en arameo), las traducciones ya de por sí cuentan con una cierta cuota de imprecisión. Pero, además, cada traducción se ve afectada por la subjetividad del traductor. Hay frases en griego que pueden traducirse de diferentes modos en español, en estos casos, cada traductor se guiará por su propio entendimiento de las Escrituras y su propia creencia y doctrina. Por esto es que nunca hallaremos la “traducción perfecta”. Quizá algunas traducciones sean más precisas que otras, pero siempre existe alguna cuota de error, debido a que somos seres humanos falibles (los que traducen también son humanos), por esto, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de orar a Dios por entendimiento de Su verdad, y hacer el propio esfuerzo por conocer más acerca de Su voluntad, tal como lo hicieron los creyentes de la iglesia de Berea, que DIARIAMENTE estudiaban las Escrituras para ver si lo que Pablo y Silas enseñaban era correcto.
Las diferentes religiones y denominaciones
Nunca fue la voluntad de Dios que existieran muchas religiones y denominaciones, todo lo contrario, Su deseo es que todos lleguemos a una unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios (Efesios 4:13). Si Dios desea unidad de fe y conocimiento, Él no puede ser el causante de tantas divisiones. Las diferentes interpretaciones que se han hecho de las Escrituras, acompañadas del propio orgullo y ego de quienes las propagan, han dado origen a cientos de religiones y denominaciones cristianas (aún si no tenemos en cuenta a aquellos que no creen en la Biblia como las Escrituras de Dios). Muchas de estas religiones y denominaciones suelen tener cierta “flexibilidad” para la doctrina en aspecto menores, pero son totalmente inflexibles en puntos básicos y fundamentales. Por ejemplo, para ser parte de una iglesia católica o evangelista, es necesario creer que Jesús es Dios, esto no es “negociable” en el dogma de ellos, pero para ser Testigo de Jehová, es necesario creer que Jesús no es Dios, y esto tampoco es “negociable” para ellos. No está mal que existan ciertos aspectos doctrinales “innegociables” en un grupo cristiano, el problema está en que muchas veces estos puntos “innegociables” están basados en tradiciones y doctrinas erróneas y no en el mensaje de las Escrituras de Dios. La tarea de un cristiano que honestamente y de todo corazón quiere conocer a Dios y al Señor Jesucristo será buscar la verdad desprejuiciadamente y ponerla por encima de toda tradición y doctrina humana. ¿Qué haremos si descubrimos que la verdad de Dios contradice todo lo que habíamos creído hasta el momento? ¿Cambiaremos radicalmente todo nuestro sistema de creencia para obedecer a la verdad, o haremos la vista a un lado, siguiendo en la “cómoda” posición de seguir con la fe que siempre hemos tenido?
Libertad a través de la verdad
Las Escrituras nos dicen que la verdad de Dios nos hace libres (Juan 8:38). Se ha dicho que las cárceles más agobiantes no están hechas de barrotes de acero, sino de pensamientos erróneos. Sucede frecuentemente que muchos hombres que han estado presos durante muchos años, al salir libres vuelven a delinquir para ser nuevamente encarcelados, ya que se han acostumbrado a la prisión y no logran adaptarse a la libertad. Lo mismo sucede con las cárceles mentales, ciertas doctrinas erróneas encarcelan a las personas, quitándoles la posibilidad de vivir con la libertad que Cristo hizo disponible (Gálatas 5:1), pero cuando al fin se les muestra la verdad de Dios, dándoles la posibilidad de ser libres, prefieren volver a su antiguo sistema de creencia, porque no saben cómo vivir en libertad, porque se han acostumbrado a sus viejas prisiones. Tal como los israelitas, prefieren volver a la esclavitud de Egipto que ir en busca de la tierra prometida (Números 14:1-9).
Por eso, para aquellos que quieren vivir en la doctrina de la libertad, este es un pequeño aporte que hago para dilucidar qué dicen las Escrituras sobre algunas doctrinas “fundamentales” de distintas religiones y denominaciones cristianas. No voy a extenderme demasiado en cada tema, sino que daré cierta información básica y resumida sobre cada punto, con algunas referencias a trabajos más completos sobre cada punto. La intención es dar el puntapié inicial para la reflexión sobre cada uno de estos tópicos, en la esperanza de que esto ayude a los lectores a comprender un poco más el propósito y plan de Dios y el deseo de Dios para sus vidas.
Las Escrituras originales hoy no existen, en el mejor de los casos tenemos copias de copias. Las copias más antiguas de la Biblia están en hebreo, griego y arameo, por lo tanto, las Biblias que hoy tenemos en nuestros hogares son, en el mejor de los casos, traducciones de estos textos. Debido a que no tenemos un “original” de donde traducir, sino que tenemos fragmentos antiguos de copias de la Biblia, muchas personas (incluso cristianas) dudan de cuán confiable pueda ser la Biblia, sin embargo, se han hallado miles de copias de la Biblia, que si bien difieren entre ellas en muchos pasajes, no presentan diferencias muy graves, además, la comparación de estos antiguos fragmentos ha hecho posible que hoy tengamos un texto griego muy confiable y cercano al original, aunque hay aproximadamente un 1% de Escrituras que suelen estar en debate y discusión aún entre los más expertos eruditos en teología, arqueología, antropología y lingüistas. De todos modos, un 1% de error no puede alterar el sentido general del 99% que está correcto.
Si bien algunas denominaciones afirman que tal o cual versión de la Biblia es mejor que otra, en verdad ninguna traducción es perfecta, porque cada vez que se hace una traducción desde un idioma a otro, la traducción sufre (y esto es imposible de evitar) algún tipo de alteración. Esto se da especialmente cuando la traducción es desde un texto cuya cultura difiere mucho de la cultura del texto al que se está haciendo la traducción. La Biblia fue revelada por Dios a hombres con culturas muy diferentes a las nuestras, y cuyo idioma difiere bastante del nuestro (especialmente el hebreo). Por esta causa los traductores no pueden hacer una perfecta traducción: si son muy literales (traduciendo de forma uniforme cada palabra), quizá se pierda el sentido de lo que se quiso decir, pero si parafrasean mucho un texto (dando un texto “explicado”), quizá se alejen demasiado del original. Por esta causa, cada traductor o grupo de traductores debe adoptar lo que se llaman “criterios de traducción”. Algunos intentarán ser lo más exactos posibles excepto cuando el texto pueda llegar a ser incomprensible para el lector, a este tipo de traducciones se las suele llamar “traducciones literales”, algunos ejemplos son la Biblia Textual, la Sagrada Biblia de Guillermo Jünemann o, en inglés: Concordant Literal Version, Analitical Literal Translation. Otro criterio de traducción es el que se usa con el fin de hacer un texto que pueda ser comprendido fácilmente por el lector, este tipo de versiones suelen parafrasear algunas partes de la Biblia con el fin de “explicar” lo que se quiso transmitir en el texto griego, este tipo de versiones se las llama “traducciones parafraseadas”, ejemplos de estas versiones son laTraducción en lenguaje actual, Traducción en leguaje sencillo, o la conocida versión en inglés:TheMessaje.Un tercer criterio de traducción utilizan un punto intermedio entre la literalidad y el parafraseo, como la Nueva Versión Internacional o la serie de versiones Reina-Valera.
Por la sola causa de las barreras culturales entre los orientales que han recibido la revelación de Dios para ser escrita en hebreo y griego (y posiblemente algún libro en arameo), las traducciones ya de por sí cuentan con una cierta cuota de imprecisión. Pero, además, cada traducción se ve afectada por la subjetividad del traductor. Hay frases en griego que pueden traducirse de diferentes modos en español, en estos casos, cada traductor se guiará por su propio entendimiento de las Escrituras y su propia creencia y doctrina. Por esto es que nunca hallaremos la “traducción perfecta”. Quizá algunas traducciones sean más precisas que otras, pero siempre existe alguna cuota de error, debido a que somos seres humanos falibles (los que traducen también son humanos), por esto, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de orar a Dios por entendimiento de Su verdad, y hacer el propio esfuerzo por conocer más acerca de Su voluntad, tal como lo hicieron los creyentes de la iglesia de Berea, que DIARIAMENTE estudiaban las Escrituras para ver si lo que Pablo y Silas enseñaban era correcto.
Las diferentes religiones y denominaciones
Nunca fue la voluntad de Dios que existieran muchas religiones y denominaciones, todo lo contrario, Su deseo es que todos lleguemos a una unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios (Efesios 4:13). Si Dios desea unidad de fe y conocimiento, Él no puede ser el causante de tantas divisiones. Las diferentes interpretaciones que se han hecho de las Escrituras, acompañadas del propio orgullo y ego de quienes las propagan, han dado origen a cientos de religiones y denominaciones cristianas (aún si no tenemos en cuenta a aquellos que no creen en la Biblia como las Escrituras de Dios). Muchas de estas religiones y denominaciones suelen tener cierta “flexibilidad” para la doctrina en aspecto menores, pero son totalmente inflexibles en puntos básicos y fundamentales. Por ejemplo, para ser parte de una iglesia católica o evangelista, es necesario creer que Jesús es Dios, esto no es “negociable” en el dogma de ellos, pero para ser Testigo de Jehová, es necesario creer que Jesús no es Dios, y esto tampoco es “negociable” para ellos. No está mal que existan ciertos aspectos doctrinales “innegociables” en un grupo cristiano, el problema está en que muchas veces estos puntos “innegociables” están basados en tradiciones y doctrinas erróneas y no en el mensaje de las Escrituras de Dios. La tarea de un cristiano que honestamente y de todo corazón quiere conocer a Dios y al Señor Jesucristo será buscar la verdad desprejuiciadamente y ponerla por encima de toda tradición y doctrina humana. ¿Qué haremos si descubrimos que la verdad de Dios contradice todo lo que habíamos creído hasta el momento? ¿Cambiaremos radicalmente todo nuestro sistema de creencia para obedecer a la verdad, o haremos la vista a un lado, siguiendo en la “cómoda” posición de seguir con la fe que siempre hemos tenido?
Libertad a través de la verdad
Las Escrituras nos dicen que la verdad de Dios nos hace libres (Juan 8:38). Se ha dicho que las cárceles más agobiantes no están hechas de barrotes de acero, sino de pensamientos erróneos. Sucede frecuentemente que muchos hombres que han estado presos durante muchos años, al salir libres vuelven a delinquir para ser nuevamente encarcelados, ya que se han acostumbrado a la prisión y no logran adaptarse a la libertad. Lo mismo sucede con las cárceles mentales, ciertas doctrinas erróneas encarcelan a las personas, quitándoles la posibilidad de vivir con la libertad que Cristo hizo disponible (Gálatas 5:1), pero cuando al fin se les muestra la verdad de Dios, dándoles la posibilidad de ser libres, prefieren volver a su antiguo sistema de creencia, porque no saben cómo vivir en libertad, porque se han acostumbrado a sus viejas prisiones. Tal como los israelitas, prefieren volver a la esclavitud de Egipto que ir en busca de la tierra prometida (Números 14:1-9).
Por eso, para aquellos que quieren vivir en la doctrina de la libertad, este es un pequeño aporte que hago para dilucidar qué dicen las Escrituras sobre algunas doctrinas “fundamentales” de distintas religiones y denominaciones cristianas. No voy a extenderme demasiado en cada tema, sino que daré cierta información básica y resumida sobre cada punto, con algunas referencias a trabajos más completos sobre cada punto. La intención es dar el puntapié inicial para la reflexión sobre cada uno de estos tópicos, en la esperanza de que esto ayude a los lectores a comprender un poco más el propósito y plan de Dios y el deseo de Dios para sus vidas.
