La Santificación
Te doy una base, aqui presento una exposición bíblica, doctrinal y progresiva de cómo Dios purifica en vida a un pecador y lo conduce en su transición a santo, conforme al testimonio integral de la Escritura. Todo se desarrolla en texto continuo, con base bíblica explícita y descripción del contenido de los versículos, sin esquemas ni gráficos.
1. El punto de partida: el pecador incapaz de purificarse a sí mismo
La Biblia afirma que el ser humano, en su estado natural, está espiritualmente muerto y contaminado por el pecado, sin capacidad moral ni espiritual para santificarse por sus propios medios.
Romanos 3:10–12 declara que no hay justo ni quien busque a Dios; el pecado afecta la totalidad del ser humano.
Isaías 64:6 describe la justicia humana como “trapo de inmundicia”, mostrando que incluso los mejores esfuerzos morales carecen de poder purificador ante Dios.
Efesios 2:1–3 enseña que el pecador está muerto en delitos y pecados, bajo dominio de la carne y del mundo.
Esto establece un principio fundamental: la purificación no nace del hombre, sino de la iniciativa soberana de Dios.
2. La purificación comienza con el llamado eficaz de Dios
Dios da inicio a la transición del pecador a santo mediante su llamado interno y eficaz, obrando por el Espíritu Santo a través del evangelio.
Juan 6:44 enseña que nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo atrae.
Romanos 8:30 muestra que a los que Dios llama, también los justifica, indicando que la obra de purificación tiene origen divino.
2 Tesalonicenses 2:13 afirma que Dios escogió para salvación “mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”.
Aquí comienza la purificación: Dios despierta al pecador, le concede convicción y lo conduce a Cristo.
3. La justificación: purificación legal y posición santa ante Dios
La primera obra purificadora es la justificación, donde Dios declara justo al pecador por medio de la fe en Jesucristo.
Romanos 5:1 afirma que, justificados por la fe, tenemos paz con Dios.
1 Corintios 6:11 declara que los creyentes fueron lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de Dios.
Hebreos 10:10 enseña que somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
En este punto, el pecador ya es declarado santo en su posición, no por conducta, sino por la obra completa de Cristo.
4. La regeneración: purificación interior del corazón
Dios no solo declara justo al pecador; lo hace nuevo por dentro.
Juan 3:5–6 enseña que es necesario nacer del agua y del Espíritu para entrar en el reino de Dios.
Tito 3:5 describe la salvación como un lavamiento de la regeneración y renovación del Espíritu Santo.
Ezequiel 36:25–27 profetiza que Dios rociará agua limpia, quitará el corazón de piedra y pondrá un corazón nuevo.
Esta regeneración es el inicio de una vida santa real, porque Dios implanta una nueva naturaleza espiritual.
5. La santificación progresiva: purificación continua en la vida diaria
Una vez regenerado, el creyente entra en un proceso continuo donde Dios lo va conformando a la imagen de Cristo.
1 Tesalonicenses 4:3 declara que la voluntad de Dios es la santificación.
2 Corintios 3:18 enseña que somos transformados de gloria en gloria por el Espíritu del Señor.
Filipenses 2:12–13 muestra que el creyente ocupa su salvación mientras Dios produce el querer y el hacer.
Aquí la purificación no es instantánea, sino progresiva, actuando Dios mediante la obediencia, la disciplina y la gracia.
6. La Palabra como instrumento purificador
Dios utiliza su Palabra viva como medio principal para limpiar al creyente.
Juan 15:3 Jesús afirma que sus discípulos están limpios por la palabra que les ha hablado.
Efesios 5:26 enseña que Cristo santifica a la iglesia mediante el lavamiento del agua por la palabra.
Salmos 119:9 declara que el joven limpia su camino guardando la palabra de Dios.
La Escritura confronta, corrige, renueva la mente y purifica las motivaciones internas.
7. La disciplina y las pruebas como fuego purificador
Dios también usa el sufrimiento y la disciplina como medios de purificación.
Hebreos 12:10–11 enseña que Dios disciplina para participar de su santidad.
1 Pedro 1:6–7 explica que las pruebas refinan la fe como oro en fuego.
Romanos 8:28–29 afirma que Dios usa todas las cosas para conformarnos a la imagen de su Hijo.
Estas experiencias no condenan, sino limpian y maduran al creyente.
8. La confesión y la sangre de Cristo en la purificación continua
Aunque el creyente es santo en Cristo, todavía peca, y Dios ha provisto un medio constante de limpieza.
1 Juan 1:7 declara que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.
1 Juan 1:9 enseña que al confesar los pecados, Dios es fiel y justo para perdonar y limpiar.
Hebreos 9:14 afirma que la sangre de Cristo limpia la conciencia de obras muertas.
La purificación no se pierde ni se gana de nuevo; se aplica continuamente por la gracia.
9. La meta final: santos conformados plenamente a Cristo
Dios llevará su obra purificadora hasta su culminación.
Filipenses 1:6 enseña que el que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
1 Juan 3:2–3 declara que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, y esta esperanza nos purifica ahora.
Efesios 5:27 muestra que Cristo presentará una iglesia santa y sin mancha.
La transición del pecador a santo no es un esfuerzo humano aislado, sino una obra soberana, continua y perfecta de Dios desde la conversión hasta la glorificación.
Conclusión doctrinal
Bíblicamente, la purificación en vida ocurre así:
Dios llama → justifica → regenera → santifica progresivamente → limpia continuamente → perfecciona finalmente.
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