SOBRE LOS HECHOS DE BARLAAM Y JOSAFAT (BUDA- SAFT)
La actividad misionera de los cristianos nestorianos siempre tuvo un contacto bastante frecuente con las Comunidades Cristianas de la India, desde los primeros siglos. Mientras esta actividad misionera cristalizaba más ampliamente en la India, centro de Asia y China, los Cristianos de Santo Tomás (cristianos en la India discípulos de Tomas apóstol) sufrían mucha persecución, a la vez que hacían muchas conversiones, según nos cuenta la historia.
Una de éstas, de la que queremos hablar ahora, es la de un príncipe indio llamado Josafat o budasaf. Esta historia se cree que fue recogida en la India y con mucho cariño, por los misioneros nestorianos, y se daba a conocer seguidamente a las Comunidades Cristianas de Occidente.
Esta historia es muy parecida a la leyenda de buda que apareció siglos despues... Algunas de sus partes son muy parecidas...
Según la tradición, Esta historia del principe budasafat o Josafat, fue escrita y llevada a Jerusalén por San Juan Damasceno (siglo VII), siguiendo la tradición de los Cristianos de la India. Barlaam, asistido por la gracia divina, convirtió al Cristianismo al príncipe Josafat, llamado también Budasaf por otros escritores, cuando ya la religión cristiana se había desarrollado grandemente en la India, y todas estas tierras estaban llenas de predicadores y de monjes.
Se conservan algunos manuscritos griegos sin datación sobre la historia de Josafat y Barlaam, que pueden remontar su antigüedad hasta el siglo X. El más antiguo de los datados que se conservan es de 1021 (ms. V. 3692 de Kíev), que fue descubierto en Odessa y que procede de Atos.
Según cuentan estos hechos, un rey de la India llamado Abenner, muy enemigo por cierto de los cristianos, que no tenía hijos, después de mucho tiempo esperando un hijo, por fin la Providencia le dio uno, y le dio el nombre de Josafat.
Cuando nació el niño llegaron al palacio muchos astrólogos para predecir el futuro del niño, y entre ellos el último que habló le dijo al rey que aquel niño no sería el heredero de su padre, sino que se convertiría a la religión de Jesucristo. El rey se asustó mucho por esta predicción y quiso aislar al niño del contacto de los cristianos, y para ello mandó construir un gran palacio y allí mantuvo al niño hasta que fue mayor, rodeado de placeres.
Un día, ya siendo hombre, cuando iba de paseo con unos acompañantes, encontró a dos hombres, uno de ellos era ciego y el otro leproso, y esto le produjo una gran tristeza. Poco tiempo después, paseando por el campo, encontró a otro hombre muy viejo, todo encorvado y con la cara llena de arrugas.
Al ver el estado tan penoso de aquel hombre preguntó a sus acompañantes que a qué se debía tanta desgracia. Luego se preguntó a sí mismo y preguntó a los demás sobre la muerte, pero nadie le supo contestar de forma que calmara su ánimo.
Y así permaneció triste mucho tiempo, hasta que un día encontró a Barlaam, Santo predicador cristiano, y encontró en este hombre todas sus respuestas.
Cuando el monarca se enteró de que su hijo se había hecho cristiano calló enfermo de indignación. Fueron muchas las cosas que intentó el rey para seducir a su hijo, pero todas estas cosas no vencieron a Josafat, pues éste pidió ayuda a Dios en la Oración y logró escaparse de todas las trampas. Después, lleno de alegría y confirmado en las enseñanzas cristianas, huyó al desierto, donde vivía Barlaam, y encontrándolo se quedó a vivir con él con mucha alegría. Estos dos cristianos llegaron a ser tan amigos, que cuando murieron los enterraron a los dos juntos. Esto fue por obra y conocimiento del rey que gobernaba aquellas tierras en aquel tiempo, llamado Baraquías.
Este pequeño relato, resumen de los hechos de estos dos santos, sólo recoge el recuerdo de unas pocas maravillas de las muchas que hizo Dios a través de ellos. Es un gran ejemplo de humildad y reconocimiento del amor que se debe a Jesucristo y a su Evangelio.
Este ejemplo también fue conocido en la India y otros lugares de Asia por grupos religiosos orientales, que tuvieron en cuenta este ejemplo para enriquecer sus enseñanzas.