Sigamos...
¿Entre la
Depravación Total donde el ser humano está tan corrompido por el pecado que es
incapaz de acercarse a Dios o creer en Cristo por su propia cuenta y la
Depravación parcial donde el ser humano está también corrompido por el pecado, pero
no hasta el punto de ser
incapaz de acercarse a Dios o creer en Cristo por su propia cuenta
no ven algo en común?
Ambas teologías ponen su mirada en la
corrupción pero el problema no es la corrupción sino la sentencia divina de muerte.
El hombre no se perdió por corromperse porque aún corrompido hubiera podido seguir viendo para siempre si Dios no se lo impedía.
El problema estaba en que para el JUSTO y SANTO Dios esa corrupción era incompatible con la inmortalidad.
En este punto ambas posturas (
calvinista y arminiana) se centran en un debate equivocado:
La intensidad o el grado de la corrupción humana.
Se enfocan en la condición del hombre como el eje de la caída y del problema que necesita resolverse.
Pero la Biblia no presenta el problema central del hombre caído como un asunto de mayor o menor corrupción, sino de
una sentencia judicial dictada por Dios mismo: "el día que comieres, ciertamente morirás" (Génesis 2:17).
El hombre no perdió la vida eterna simplemente porque se corrompió.
De hecho, aun siendo corrupto, podría haber seguido viviendo para siempre si Dios no hubiese actuado decisivamente.
La razón fundamental por la que perdió la vida fue que Dios, en Su perfecta santidad,
no tolera la corrupción ligada a la inmortalidad:
"Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén" (Génesis 3:22-23).
Dios
nunca le dijo a Adán que si comía del árbol se corrompería o que le sería más difícil buscarle, sino que directamente le anticipó
que CIERTAMENTE moriría.
Lo decisivo no fue la profundidad o el grado de corrupción en sí misma, sino la incompatibilidad absoluta de cualquier tipo de corrupción con el carácter santo y justo de Dios.
Por eso, Dios dictó un veredicto categórico y definitivo de
muerte.
Por último este debate entre "depravación total" y "depravación parcial" distrae del verdadero núcleo doctrinal:
- Dios no intenta arreglar o reformar la carne corrupta.
- Dios dictaminó la muerte de la carne corrupta (Romanos 6:23).
- Dios provee un segundo Hombre incorruptible, Cristo, quien reemplaza al primer Adán (1 Corintios 15:45-49).
La cuestión no es qué tan corrupto es el hombre, sino que
la corrupción misma es inadmisible para Dios.
La única salida que Dios da es la
muerte del corrupto en Cristo, y luego la
resurrección en un Hombre nuevo, sin corrupción alguna.
Esta es la gran verdad central que ambas perspectivas pasan por alto.
¿Pero este error es grave?
Si porque
la corrupción puede ser tratada pedagógicamente o progresivamente, pero
la muerte no se trata: se ejecuta.
Y para Dios fue tan grave que él
mismo expulsó al hombre del Edén y le negó el acceso al árbol de la vida para que
no viviera eternamente en ese estado corrupto y caído (Génesis 3:22-24).
Incluso si el hombre caído tuviera voluntad, entendimiento o sensibilidad religiosa, lo cual históricamente muchos han tenido,
eso no resolvería su problema principal y es que ya estaba condenado a muerte.
No se trata de que
pueda o no pueda volver a Dios, sino que para Dios
ya está muerto judicialmente ante Él.
Y eso
no lo cambia el libre albedrío, ni la sensibilidad espiritual, ni el deseo.
¿Entonces qué se necesita?
No un cambio de actitud,
sino una sustitución de vida.
No una regeneración del hombre viejo,
sino una muerte con Cristo y una nueva creación (2 Corintios 5:17; Romanos 6:6-11).
Cristo
no vino a rehabilitar a Adán, sino a
cerrar su ciclo y
comenzar uno nuevo como
el nuevo Adán y el último (1 Corintios 15:45).