¿Debemos ser personas auténticas o debemos salvaguardar ciertos detalles para velar por la moral pública?
Cuando me refiero a salvaguardar detalles, para ser más concreto, digo "ser hipócritas por necesidad", como cuando en una familia los padres ocultan cosas de la pareja a sus hijos para sostener la unidad de la misma.
¿Pero si somos necesariamente hipócritas, no estamos construyendo castillos de naipes? ¿O más bien nos conviene ser auténticos, admitir que somos pecadores, lo que nos conlleva también a admitir nuestras faltas públicamente cuando sea necesario, porque eso es ser veraz?
Mi idea es que todos somos irremediablemente pecadores, por lo que admitir nuestras faltas no solo sería natural, sino que estaría terminando con un mal que el propio cristianismo denuncia con agudeza, que es terminar con la hipocresía. Pero noto que hay una tendencia hacia volcarse a la hipocresía, porque pienso que eso se explica en la idea de colocarse en el lugar de defender una moralidad que no está a nuestra altura. Pero como la moralidad es un principio, el fin justifica los medios en todo caso. Sin embargo, yo creo que es una idea que no se pueda defender la moralidad sin ser moral. Se puede defender la moral, pero con criterio y honestidad. La propia hipocresía nos lleva a convertirnos también en fanáticos, y cuando sucede eso nos cegamos y perdemos el norte de los principios evangélicos.
¿Debemos ser auténticos o necesariamente no?