Frecuentemente escuchamos en las noticias sobre las "madres solteras" que abortan para librarse de un embarazo accidental y no deseado.
Sea soltera o casada, doncella como la María de Nazaret o longeva como Sara (esposa de Abraham), la mujer que aborta nunca fue propiamente "madre", porque esta palabra hoy día se ha desvirtuado, al igual que la de "padre".
Hay hombres que ni así merecen llamarse, pues creyéndose muy machos han ido por el mundo preñando mujeres, y apenas fueron sementales como cualquier bruto cuadrúpedo.
Una madre concibe solo de su amado; se alegra de su preñez, y más todavía tras el doloroso parto, del fruto del mutuo amor que ahora mece en su regazo.
Acaba de decir el flamante Presidente argentino: "La mujer es dueña de su cuerpo". Cierto, pero también es dueño de sí mismo el embrión que engendró como futura mujer o varón semejante a su progenitor.
Aquella que llora por su embarazo y es reprochada todavía por su descuido por su cónyuge o pareja, y consiente en liberarse cuanto antes de aquel "estorbo" ¡no merece llamarse Madre!
Cordiales saludos
Sea soltera o casada, doncella como la María de Nazaret o longeva como Sara (esposa de Abraham), la mujer que aborta nunca fue propiamente "madre", porque esta palabra hoy día se ha desvirtuado, al igual que la de "padre".
Hay hombres que ni así merecen llamarse, pues creyéndose muy machos han ido por el mundo preñando mujeres, y apenas fueron sementales como cualquier bruto cuadrúpedo.
Una madre concibe solo de su amado; se alegra de su preñez, y más todavía tras el doloroso parto, del fruto del mutuo amor que ahora mece en su regazo.
Acaba de decir el flamante Presidente argentino: "La mujer es dueña de su cuerpo". Cierto, pero también es dueño de sí mismo el embrión que engendró como futura mujer o varón semejante a su progenitor.
Aquella que llora por su embarazo y es reprochada todavía por su descuido por su cónyuge o pareja, y consiente en liberarse cuanto antes de aquel "estorbo" ¡no merece llamarse Madre!
Cordiales saludos