-Aunque todos hacemos a un lado nuestra partida de este mundo, nos preocupa el cuándo y el modo, si bien optamos por mejor no pensar en ello. Sabemos que ocurrirá tarde o temprano (si el Señor no viene antes y nos lleva a su presencia), y es indisimulable el temor a morir de forma sorpresiva tanto como a padecer dolorosa agonía.
-Nada adelantamos mostrándonos despreocupados, pues el final puede sobrevenirnos en estado de plena lucidez o de total inconsciencia.
-Tener como referentes el destino eterno que nos aguarda y la memoria que de nosotros dejaremos a los que aquí quedan, es pues, importante.
-Respecto al cómo nos vamos, es inspirador lo que el Señor Jesús nos dice:
“haceos tesoros en el cielo…porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt 6:20, 21).
-Conviene que vayamos viendo la cantidad, peso y calidad de los materiales que estamos enviando (1Co 3:12).
-Interesa también que repasemos el testimonio que venimos dando, de modo que el recuerdo que de nosotros quede nos sobreviva por el ejemplo de hechos y palabras que sigan bendiciendo a otros y hayan traído honra y gloria a Dios, por Jesucristo su Hijo y nuestro Salvador.
Cordiales saludos