Personajes entrevistados:
- Un fariseo del siglo I (testigo de la Ley y la tradición)
- Tomás, llamado el Mellizo (discípulo marcado por la duda honesta)
Apertura
Entrevistador:Ambos vivieron cerca de Jesús, pero llegaron a Él desde lugares muy distintos. Antes de hablar del “camino”, permítanme una pregunta directa: ¿qué esperaban encontrar al final de su búsqueda de Dios?
Desarrollo
La seguridad religiosa y la duda vulnerable
Fariseo:Esperaba aprobación. No lo niego. Fui formado para creer que Dios se complace en quien guarda la Ley sin fisuras. “El que haga estas cosas vivirá por ellas” cf. Levítico 18:5. Mi vida estaba ordenada, mis prácticas eran visibles, mi conciencia… razonablemente tranquila. Pensé que ese era el camino.
Tomás:
Yo esperaba certeza. No moral, sino real. Cuando Jesús murió, todo se desmoronó. No podía fingir fe donde había ruinas. Dije lo que otros callaban: “Si no viere… no creeré” cf. Juan 20:25. No era rebeldía; era miedo a creer en vano.
Entrevistador:
Uno confiaba en la obediencia acumulada; el otro, en la evidencia pendiente. Ninguno hablaba de gracia.
El encuentro inevitable
Entrevistador:La Escritura afirma que todos comparecerán ante Dios Hebreos 9:27. ¿Cómo entendían ustedes ese encuentro?
Fariseo:
Como un examen final. Y yo había estudiado toda la vida. “Dios es juez justo” Salmo 7:11. Pensé que estaría de mi lado.
Tomás:
Como un abismo. Si Jesús no era quien dijo ser, entonces Dios era un silencio terrible. Pero si lo era… entonces yo estaba frente a algo que no podía controlar.
Entrevistador:
Curiosamente, ambos esperaban un juicio. Lo que difería era la postura del corazón.
La Palabra que hiere antes de sanar
Entrevistador:Jesús habló de una Palabra que juzga el interior Hebreos 4:12. ¿Cómo los alcanzó?
Fariseo:
Me desarmó. Cuando dijo: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí” Isaías 29:13; Mateo 15:8, entendí que mi camino terminaba ante Dios… pero no con Él.
Tomás:
A mí me alcanzó en una habitación cerrada. No me dio un argumento, me dio Sus heridas. “No seas incrédulo, sino creyente” Juan 20:27. La Palabra se hizo carne frente a mí.
Responsabilidad y revelación
Entrevistador:Jesús enseñó que a quien se le da mucho, mucho se le demanda Lucas 12:48. ¿Cómo pesa eso hoy en su conciencia?
Fariseo:
Como una carga que no supe llevar. Conocía la Escritura, pero resistí la obediencia que exigía humildad Santiago 1:22. Mi luz se volvió evidencia en mi contra.
Tomás:
Como gratitud temblorosa. Dudé, sí. Pero no me escondí de la verdad cuando se me reveló. Caí de rodillas y dije: “¡Señor mío y Dios mío!” Juan 20:28.
El punto de quiebre
Entrevistador:Si tuvieran que nombrar el momento en que su sistema se quebró, ¿cuál sería?
Fariseo:
(silencio)
No era celo por Dios… era miedo a perder mi lugar. Creí que caminaba hacia Él, pero solo caminaba hacia mi propia justicia Romanos 10:3.
Tomás:
No era incredulidad… era dolor no redimido. Creí que necesitaba pruebas, pero necesitaba presencia.
Cierre
Entrevistador:Gracias por su honestidad. Sus caminos fueron distintos, pero ambos terminaron ante la misma Persona. Jesús dijo: “Yo soy el camino” Juan 14:6, no el destino inevitable, sino la forma de estar en pie ante Dios.
Pregunta final a ti que lees:
Si todos los caminos terminan ante el trono de Dios, ¿el tuyo te está conduciendo a presentarte como hijo reconciliado… o solo como alguien que llegó, inevitablemente, pero demasiado seguro de sí mismo o demasiado tarde para creer?