El Eco de una Sospecha Milenaria
En el corazón de toda crisis de fe, de toda rebelión silenciosa y de cada intento moderno por "rediseñar" la espiritualidad, late una pregunta que no nació en este siglo, sino en el umbral de un huerto perdido. Solemos leer el relato del Génesis como una fábula sobre la desobediencia, pero si miramos más de cerca, descubrimos algo mucho más perturbador: la anatomía de la sospecha.¿Qué sucede cuando la criatura empieza a creer que el Creador es un competidor? ¿Qué ocurre cuando la bondad de Dios deja de ser un refugio para convertirse en una restricción que debemos superar para alcanzar nuestra "verdadera" madurez?
En esta entrevista exclusiva, nos sentamos con Eva, la madre de todos los vivientes, pero también la primera en experimentar la seducción de la autonomía. No la encontraremos como la figura ingenua de los libros infantiles, sino cmo una mujer de una inteligencia punzante, cuya lógica —alimentada por el susurro de la Serpiente— resulta incómodamente familiar para el hombre y la mujer del siglo XXI.
A través de este diálogo, exploraremos cómo el deseo de "ser como Dios" no fue un salto hacia la libertad, sino el inicio de una soledad existencial que todavía intentamos llenar con los frutos de nuestros propios huertos. Prepárese para una conversación que no busca ganar un debate teológico, sino desmantelar las defensas de nuestro propio corazón.
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Entrevista Exclusiva con Eva, la Primera SospechosaPeriodista: El entrevistador
Personaje: Eva (con la voz de la Serpiente, como su lógica interna)
La Puerta de la Sospecha
Periodista: Señora Eva, gracias por recibirnos. La historia la ha pintado como la villana, la ingenua que arruinó la perfección. Pero yo no veo a una ingenua. Veo a la primera mujer en la historia que tuvo que tomar una decisión sin precedentes. Usted lo tenía todo: un huerto perfecto, un compañero ideal, la presencia directa de Dios. ¿Qué se siente ser la única persona que ha vivido en la perfección absoluta?Eva: (Suspira, su voz es profunda, con un eco de melancolía que no existía en el Edén) Se siente... limitado. La perfección es una jaula dorada si no puedes elegir la cerradura. La gente no entiende que la perfección no es un estado, es una ausencia. Ausencia de dolor, ausencia de necesidad, ausencia de elección real. Éramos hermosos, sí. Estábamos desnudos y no nos avergonzábamos (cf. Génesis 2:25). Pero éramos, en esencia, mascotas divinas. Hacíamos lo que se nos decía, disfrutábamos lo que se nos daba. Nunca tuvimos que decidir si lo que se nos daba era lo mejor.
Periodista: Pero la regla era simple: "De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás" (cf. Génesis 2:16-17). ¿No era la libertad de elegir entre miles de árboles suficiente? ¿Por qué la obsesión con el único prohibido?
Eva: (Una risa amarga, casi un silbido, se escapa de sus labios. Es la voz de la Serpiente, su lógica interna, tomando el control por un instante) La libertad no es la cantidad de opciones, sino la calidad de la elección. Si todas las opciones son buenas, la elección es trivial. El Árbol no era solo un fruto; era el único lugar donde nuestra voluntad podía ser soberana. Era la única prueba de que éramos más que autómatas. El Árbol representaba la madurez. Y Dios, con todo respeto, nos trataba como niños.
La Lógica de la Autonomía
Periodista: Hablemos de la conversación. La Serpiente, ese ser que la Biblia describe como astuto (cf. Génesis 3:1), no la forzó. Solo le hizo una pregunta: "¿Conque Dios os ha dicho...?" ¿Qué sintió en ese momento? ¿Fue una duda o una confirmación de una sospecha que ya tenía?Eva: Fue una validación. Adán y yo habíamos hablado de ello. Yo incluso había añadido una capa de restricción al mandato: "ni le tocaréis" (cf. Génesis 3:3). ¿Por qué añadiría eso si no sentía ya que la regla era arbitraria y excesiva? La Serpiente solo puso palabras a mi malestar. Me dijo: "No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (cf. Génesis 3:4-5).
Periodista: Esa es la clave, ¿no? "Seréis como Dios". ¿Por qué alguien que caminaba con Dios, que era la imagen de Dios, querría ser como Él? ¿Qué le faltaba a su imagen?
Eva: Nos faltaba la perspectiva. Éramos como un espejo que solo refleja. Dios es el Bien. Él define el Bien. Nosotros solo podíamos obedecer el Bien. Pero para ser verdaderamente libres, para ser co-creadores, para ser adultos, necesitábamos saber qué era el Mal. Necesitábamos la ciencia de la moralidad. Sin conocer el Mal, nuestra obediencia era forzada, no virtuosa. Era la obediencia de la ignorancia. La Serpiente me ofreció la llave para pasar de la inocencia a la sabiduría. Me ofreció la autonomía de definir mi propia vida.
Periodista: Pero la sabiduría no llegó. Llegó la vergüenza. Usted vio que el árbol era "codiciable para alcanzar la sabiduría" (cf. Génesis 3:6), pero en el momento en que comió, lo único que se abrió fueron sus ojos a su propia desnudez y vulnerabilidad (cf. Génesis 3:7). ¿Cómo justifica ese abismo entre la promesa y el resultado?
Eva: (Su voz se quiebra, la Serpiente se retira, dejando solo a la mujer) El error no fue la acción, fue la motivación. Yo creí que la sabiduría era una cosa que se podía tomar. Creí que el conocimiento me haría más grande. Pero el conocimiento del Mal no te hace sabio; te hace responsable. Antes, si algo salía mal, era culpa de Dios por no haberlo hecho perfecto. Después, si algo salía mal, era mi culpa. El fruto no me dio la divinidad; me dio la soledad de la autodefinición. Me dio el miedo.
Periodista: Miedo. "Tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí" (cf. Génesis 3:10). La primera emoción humana después de la caída no fue la culpa, fue el miedo. ¿Miedo a qué? ¿A un castigo o a que la sospecha fuera cierta?
Eva: Miedo a que la sospecha fuera falsa. Miedo a darme cuenta de que el Padre que yo había acusado de ser un competidor, era en realidad mi única fuente de vida. La Serpiente me convenció de que Dios era un guardián de secretos. Me dijo que Él nos envidiaba. Y yo, en mi vanagloria, creí que podía tomar lo que me negaba. El miedo fue el reconocimiento de que había cambiado la confianza por la competencia. Había cambiado la intimidad por la independencia. Y la independencia, sin Dios, es el vacío.
La Grieta en el Sistema
Periodista: Usted y Adán fueron expulsados. El Edén fue cerrado. La humanidad ha vivido desde entonces bajo la sombra de esa decisión, buscando desesperadamente el camino de regreso. Si pudiera volver a ese momento, a ese diálogo con la Serpiente, ¿qué le diría?Eva: (Se levanta, camina hacia un punto invisible, como si el Árbol estuviera allí) Yo le diría: "El problema no era el Árbol, era mi corazón". Creí que el Árbol era la fuente de la sabiduría, pero la verdadera sabiduría estaba en la confianza radical en el Dador. Yo creí que la vida se trataba de tomar (cf. 1 Juan 2:16, sobre la codicia), pero la vida se trata de recibir.
Periodista: ¿Y qué le diría a Dios?
Eva: (Vuelve a sentarse, sus ojos fijos en el suelo) Le diría que tenía razón. Que la muerte no fue un castigo físico, sino la muerte de la relación. Y que el verdadero escándalo no es que Él nos haya prohibido algo, sino que, después de todo, Él mismo se hizo carne para que pudiéramos volver a comer del Árbol de la Vida (cf. Apocalipsis 2:7). El problema no era X, era mi necesidad de ser mi propio X. Yo no quería ser como Dios en carácter; quería ser mi propio Dios en autoridad. Y esa es la grieta en el sistema.
La Confrontación al Lector
Periodista: Su historia es la historia de todos nosotros. La Serpiente, como bien lo describe el apóstol Pablo, nos sigue seduciendo con su astucia para extraviar nuestros sentidos de la sincera fidelidad (cf. 2 Corintios 11:3). Hoy, la gente sigue buscando la autonomía, la autorrealización, la sabiduría fuera de la "restricción" de la fe. Siguen sospechando que Dios les oculta algo mejor.Eva: Y lo más triste es que siguen buscando el fruto en los mismos lugares.
Periodista: (Señala al lector, a través de la cámara) Señora Eva, para terminar, la pregunta que la historia no puede responder. La pregunta que debe resonar en el corazón de quien nos lee.
Eva: (Su mirada es intensa, penetrante)
Periodista: ¿Y si la sospecha de que Dios te oculta algo mejor revelara que tú/nosotros hemos convertido la autonomía en el ídolo más grande, y que el Edén que perdiste no es un lugar, sino la capacidad de confiar sin reservas?
(Fin de la entrevista)