¿SOMOS UNO EN CRISTO, COMO DICE LA ESCRITURA?

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5 Septiembre 2001
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undefinedCRISTO DERRIBO LA PARED DE SEPARACION

“Porque El es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14).

En Cristo ya no hay barreras de separación entre los pueblos. El Señor Jesús llevó sobre su carne todos los mandamientos en forma de ordenanzas, haciendo de judíos y gentiles un solo y nuevo hombre, haciendo la paz (Efesios 2:13-16). En la época de Pablo, los israelitas salvos no se llevaban bien con los gentiles salvos. Pero la palabra de Dios deja claro que el Señor Jesús abolió en Su carne la pared de separación, e hizo de los dos un solo y nuevo hombre.
Podemos aplicar esto también a las barreras que dividen los distintos grupos cristianos hoy. Esto es muy real. Amados santos, no debe haber ninguna pared o barrera divisoria entre nosotros los creyentes, puesto que todos fuimos redimidos por la sangre de Cristo y bautizados por un mismo Espíritu. “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre (…) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22ª, 24). Todos estamos en ese mismo y nuevo hombre. En Cristo, siendo todos los santos, muchos miembros, conformamos un solo un cuerpo (el cuerpo místico de Cristo) Entonces por que aún hay barreras entre nosotros. La solución tiene que comenzar por nosotros, debemos reconciliarnos con todos los santos. Todos fuimos comprados y lavados con la sangre de Cristo. Esta debe ser nuestra visión y actitud con relación a todos los creyentes que no se reúnen con nosotros. Debemos reconciliarnos con ellos. Todos los hijos de Dios tenemos el mismo encargo; experimentar a Cristo en nuestro diario vivir y por medio del testimonio de nuestra vida, estaremos unidos y acoyuntados a El para llevar Su palabra. Si no vivimos de acuerdo a Su palabra, ésta será letra muerta para nosotros y todo lo que prediquemos será conocimiento vano, sin sazón, pura doctrina. Las doctrinas nos dividen, pero la vida nos une. Continuemos haciendo el trabajo encomendado, dispensando Cristo a las personas, como fieles mayordomos de Su economía. Esperando que entre nosotros los creyentes, no haya más división ni partidismo, porque tenemos un solo espíritu. Debemos esforzarnos para preservar la unidad del Espíritu. Todos estamos en un único cuerpo, tenemos un solo Padre, un solo Señor, un solo Espíritu y somos salvos por la fe. Ahora somos hijos de Dios, y por el bautismo fuimos introducidos en el Cuerpo de Cristo, todos tenemos la misma esperanza, de que un día compareceremos ante el tribunal de Cristo. ¡Estamos en el nuevo hombre, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas!