Epístola de Bernabé (escrita en el año 131, que llegó a ser considerado como canónica por algunas iglesias)
XI 1. Mas inquiramos si tuvo el Señor interés en manifestarnos anticipadamente algo acerca del agua y de la cruz. Ahora bien, acerca del agua se dice contra Israel cómo no habían de aceptar el bautismo, que trae la remisión de los pecados, sino que se construirían otros lavatorios para sí mismos.
1ª Epístola de Clemente -Obispo de Roma- a los Corintios (escrita en el 95 y también considerada como canónica por algunas iglesias)
Capítulo VII
Pongamos nuestros ojos en la sangre de Cristo y démonos çuenta de lo precioso que es para su Padre, porque habiendo sido derramado por nuestra salvación, ganó para todo el mundo la gracia del arrepentimiento....
Capítulo XXXVI
Ésta es la manera, amados, en que encontramos nuestra salvación, a saber, Jesucristo el Sumo Sacerdote de nuestras ofrendas, el guardián y ayudador en nuestras debilidades. Fijemos nuestra mirada, por medio de Él, en las alturas de los cielos; por medio de Él contemplamos como en un espejo su rostro intachable y excelente; por medio de Él fueron abiertos los ojos de nuestro corazón; por medio de Él nuestra mente insensata y entenebrecida salta a la luz; por medio de Él el Señor ha querido que probemos el conocimiento inmortal;
Cap LVIII
Sed obedientes a su Nombre santísimo y glorioso, con lo que escaparéis de las amenazas que fueron pronunciadas antiguamente por boca de la Sabiduría contra los que desobedecen, a fin de que podáis vivir tranquilos, confiando en el santísimo Nombre de su majestad. Atended nuestro consejo, y no tendréis ocasión de arrepentiros de haberlo hecho. Porque tal como Dios vive, y vive el Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo, que son la fe y la esperanza de los elegidos, con toda seguridad el que, con humildad de ánimo y mansedumbre haya ejecutado, sin arrepentirse de ello, las ordenanzas y mandamientos que Dios ha dado, será puesto en la lista y tendrá su nombre en el número de los que son salvos por medio de Jesucristo, a través del cual es la gloria para Él para siempre jamás .
Amén.
Epístola de Policarpo a los Filipenses (escrita a primeros o mediados del siglo II por Policarpo de Esmirna, discípulo directo de San Juan el apóstol)
I. Me gocé en gran manera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo, por el hecho de que recibisteis a los seguidores del verdadero Amor y los escoltasteis en su camino, como os correspondía hacer —hombres puestos en santas cadenas que son las diademas de los que son verdaderamente escogidos por Dios y nuestro Señor— y que la firme raíz de vuestra fe, cuya fama llega a los tiempos primitivos, permanece aún ahora y lleva fruto para nuestro Señor Jesucristo, que sufrió para hacer frente incluso a la muerte por nuestros pecados, a quien Dios levantó, habiendo soltado de los dolores del Hades, a quien amáis sin haberle visto, con gozo inefable y glorioso; en cuyo gozo muchos desean entrar; por cuanto vosotros sabéis que es por gracia que somos salvos, no por obras, sino por la voluntad de Dios por medio de Jesucristo.
Segunda de Clemente (Homilía antigua de finales del siglo II)
IV. Por tanto, no sólo le llamemos Señor, porque esto no nos salvará; porque Él dijo: No todo el que me llama Señor, Señor, será salvo, sino el que obra justicia. Así pues, hermanos, confésemosle en nuestras obras, amándonos unos a otros, no cometiendo adulterio, no diciendo mal el uno del otro, y no teniendo celos, sino siendo templados, misericordiosos y bondadosos. Y teniendo sentimientos amistosos los unos hacia los otros, y no siendo codiciosos. Con estas obras le hemos de confesar, y no con otras. Y no hemos de tener temor de los hombres, sino de Dios. Por esta causa, si hacéis estas cosas, el Señor dice: Aunque estéis unidos a mí en mi propio seno, si no hacéis mis mandamientos, yo os echaré y os diré: Apartaos de mí, no sé de dónde sois, obradores de iniquidad.
XIII. Por tanto, hermanos, arrepintámonos inmediatamente. Seamos sobrios para lo que es bueno; porque estamos llenos de locura y maldad. Borremos nuestros pecados anteriores, y arrepintámonos con toda el alma y seamos salvos. Y que no seamos hallados complaciendo a los hombres. Ni deseemos agradarnos los unos a los otros solamente, sino también a los que están fuera, con nuestra justicia, para que el Nombre no sea blasfemado por causa de nosotros. Porque el Señor ha dicho: Mi nombre es blasfemado en todas formas entre todos los gentiles; y también: ¡Ay de aquel por razón del cual mi Nombre es blasfemado! ¿En qué es blasfemado? En que vosotros no hacéis las cosas que deseo. Porque los gentiles, cuando oyen de nuestra boca las palabras de Dios, se maravillan de su hermosura y grandeza; pero cuando descubren que nuestras obras no son dignas de las palabras que decimos, inmediatamente empiezan a blasfemar, diciendo que es un cuento falaz y un engaño. Porque cuando oyen que les decimos que Dios dice: ¿Qué clase de merecimiento es el vuestro, si amáis a los que os aman?; pero sí es un merecimiento vuestro si amáis a vuestros enemigos y a los que os aborrecen; cuando oyen estas cosas, digo, se maravillan de su soberana bondad; pero cuando ven que no sólo no amamos a los que nos aborrecen, sino que ni aun amamos a los que nos aman, se burlan de nosotros y nos desprecian, y el Nombre es blasfemado.
XIX. Por tanto, hermanos y hermanas, después de haber oído al Dios de verdad, os leo una exhortación a fin de que podáis prestar atención a las cosas que están escritas, para que podáis salvaros a vosotros mismos y al que lee en medio de vosotros. Porque os pido como una recompensa, que os arrepintáis de todo corazón y os procuréis la salvación y la vida. Porque al hacer esto estableceremos un objetivo para todos los jóvenes que desean esforzarse en la prosecución de la piedad y la bondad de Dios. Y no nos desanimemos y aflijamos, siendo como somos necios, cuando alguien nos aconseje que nos volvamos de la injusticia hacia la justicia. Porque a veces, cuando obramos mal, no nos damos cuenta de ello, por causa de la indecisión e incredulidad que hay en nuestros pechos, y nuestro entendimiento es enturbiado por nuestras vanas concupiscencias. Por tanto pongamos en práctica la justicia, para que podamos ser salvos hasta el fin. Bienaventurados los que obedecen estas ordenanzas. Aunque tengan que sufrir aflicción durante un tiempo breve en el mundo, recogerán el fruto inmortal de la resurrección. Por tanto, que no se aflija el que es piadoso si es desgraciado en los días presentes, pues le esperan tiempos de bienaventuranza. Volverá a vivir en el cielo con los padres y se regocijará durante toda una eternidad sin penas.
Creo que queda bastante claro cómo entendía la Iglesia de los primeros dos siglos el asunto de la salvación. Nada de posiciones reduccionistas. Gracia, bautismo, obras de justicia, arrepentimiento... salvación
Bendiciones