El lugar donde solemos empezar mal
Para muchos creyentes, la fe comienza con una carga silenciosa: “Si supieran de dónde vengo…”.No pocos llegan a Dios con la sensación de que su historia familiar es un lastre, una mancha difícil de justificar, un antecedente incómodo que debe ser superado antes de aspirar a algo espiritual, útil o santo. Hogares rotos, ausencias paternas, violencia, pecados repetidos de generación en generación: todo ello suele percibirse como una desventaja espiritual.
Paradójicamente, el Evangelio de Mateo comienza exactamente ahí. No con un milagro, no con una profecía espectacular, sino con una genealogía. Una lista de nombres. Un registro familiar.
Desde una perspectiva moderna, este inicio parece poco atractivo. Desde una perspectiva teológica, es profundamente provocador. Mateo está haciendo una afirmación clara desde el primer versículo: Dios no se avergüenza de la historia humana en la que decide encarnarse.
Una anécdota reveladora: lo que no se menciona en público
Un pastor contó que, al preparar una ceremonia especial en su iglesia, pidió a los líderes que compartieran brevemente su testimonio. Uno de ellos se negó. Cuando le preguntaron por qué, respondió:Ese temor —a que el pasado nos descalifique— es común. Sin embargo, Mateo 1 contradice frontalmente esa lógica. Si Dios hubiera querido presentar credenciales impecables para Su Hijo, la genealogía habría sido el lugar ideal para hacerlo. Y no lo hizo.“Puedo hablar de mi conversión, pero no de mi familia. Ahí hay cosas que no quiero que nadie sepa”.
Un árbol genealógico sin filtros ni censura
La observación cuidadosa del texto revela algo contundente: Mateo no limpia la historia. No selecciona únicamente patriarcas ejemplares ni elimina episodios vergonzosos. Al contrario, incluye nombres cuya sola mención activa narrativas de pecado y escándalo:- Abraham, ejemplo de fe, pero también de cobardía moral cuando mintió sobre su esposa para salvarse (Gn 12:10–20).
- Jacob, cuya identidad inicial estuvo marcada por el engaño y la manipulación.
- Judá, antepasado directo del Mesías, involucrado en una relación sexual ilícita con Tamar (Gn 38).
- David, paradigma del rey piadoso, culpable de adulterio y homicidio.
- Manasés, símbolo del colapso espiritual de Judá, restaurado solo tras tocar fondo.
La genealogía funciona como una confesión pública: el linaje del Salvador está compuesto por pecadores reales.
La soberanía de Dios sobre la historia rota
La pregunta inevitable es: ¿qué nos está enseñando Dios al revelar esto, y no ocultarlo?a) La Biblia no presenta héroes, presenta redención
La Escritura no glorifica la virtud humana; glorifica la gracia divina. El mensaje no es “mira qué buenas personas fueron”, sino “mira qué fiel es Dios a pesar de ellas”.b) La encarnación es profundamente histórica
Jesús no entra en una humanidad idealizada, sino en una humanidad caída, heredada, compleja. El Verbo se hace carne en una familia con memoria, heridas y pecado acumulado.c) El pecado humano no frustra el plan eterno
Desde una perspectiva teológica, Mateo 1 afirma que la historia no avanza por mérito humano, sino por decreto divino. La soberanía de Dios no consiste en evitar el pecado, sino en vencerlo sin perder el control del propósito final.Cada nombre en la genealogía proclama que la promesa mesiánica no fue interrumpida, ni siquiera retrasada, por el fracaso humano.
Cuando tu origen deja de ser una excusa
Aquí el texto deja de ser informativo y se vuelve confrontacional.a) Sanidad de la identidad
Muchos creyentes viven espiritualmente limitados por su historia familiar. Mateo 1 declara que Dios no escoge personas por su procedencia, sino por Su gracia.b) Liberación de la vergüenza heredada
El Evangelio no comienza diciendo “arregla tu pasado”, sino “trae tu pasado conmigo”. La genealogía de Cristo redefine el concepto de legado.c) Responsabilidad espiritual presente
Que Dios redima la historia no significa que trivialice el pecado. Significa que nadie está condenado a repetirlo. La gracia no perpetúa ciclos; los rompe.Pregunta final para la iglesia
Si el Mesías vino al mundo a través de una genealogía marcada por engaño, inmoralidad, idolatría y fracaso espiritual,¿por qué seguimos actuando como si la gracia fuera un premio reservado solo para quienes presentan una historia aceptable?
Dios no solo puede usar tu historia familiar.
Él ha demostrado, desde la primera página del Nuevo Testamento, que Su gloria se manifiesta precisamente al redimir lo que parecía inútil, vergonzoso o irrecuperable.
Siguiente paso: ¿Estás permitiendo que Dios redima tu historia… o sigues pidiéndole que la oculte?