Preguntas específicas para el calvinismo...

-El punto es que si la salvación nace en el buen querer de Dios, la perdición pertenece al hombre que naciendo en ella, tiene en poco su salvación y ni siquiera se cree perdido.
La salvación surge de la perdición porque si el hombre no se hubiera perdido entonces no hubiera necesitado ser salvado.
Ahora lo cierto es que el hombre se perdió y como bien decís vos, la perdición es toda del hombre.
Luego la salvación es TODA de Dios porque esa perdición no es reparable por el hombre mismo.
Él hombre no puede arreglar o reparar lo que él mismo provocó.
La macana ya se hizo... y ahora todo lo que queda por delante es el CIERTAMENTE MORIRÁS que Dios le adelantó a Adán.

La SALVACIÓN, que no es del hombre sino de Dios, solo puede comenzar cuando Dios temine de cumplir la palabra que él mismo dio.
Y por eso decimos que la GRACIA es APARTE de la LEY.


Dios dijo: Sea la luz y la luz fue hecha.
Dios dijo: Si comés CIERTAMENTE MORIRÁS y Adán comió, y el hombre debe MORIR aunque mas tarde pueda resucitar.

Para mi no es lo mismo un escenario de MISERICORDIA con MUERTE y RESURRECCIÓN que un PERDÓN directo sin MUERTE ni RESURRECCIÓN.

La muerte con resurrección cumple con el "ciertamente morirás" mientras que un perdón directo sin muerte, no solo no necesita de la resurrección, sino que no cumple con aquella sentencia divina.
 
-"Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación" (Jn 5:29). Creo que este versículo es suficiente para explicar el basamento legal al que te refieres: unos hicieron bien (se arrepintieron y creyeron), y otros mal (no se arrepintieron ni creyeron).
Pero aquí no dice que los que fueron elegidos para salvación saldrán a resurrección de vida y los otros a resurrección de condenación.
Fijate que se está decidiendo en base al mérito: "Los que hicieron bien y los que hicieron mal"
Luego vos reafirmas: Los que se arrepintieron y creyeron.
 
Existen dos formas de resucitar de la muerte.
De vuelta atrás a la vida bajo el sol o cruzándola del otro lado y venciéndola definitivamente.
Lázaro por ejemplo fue llamado a volver bajo el sol y bajo la LEY o sea que volvió de la muerte pero para atrás.
Se le otorgó mas tiempo de vida.
Otra cosa es resucitar del otro lado de la muerte, venciéndola.
¿Se entiende?
De acuerdo y muy bien, excepto que:
No necesariamente a volver bajo la Ley como dices. Elias resucitó al hijo de la viuda de Sarepta de Sidón, esa viuda y ese hijo no vivían bajo la Ley. 1 Reyes 17
 
-Que si hoy en día algún ángel le lleva el chisme a Calvino de lo que dije, se alegrará que me permita distanciarme de alguno de sus postulados por darle preferencia a la Sagrada Escritura.
En serio que lo tenés como a un dios...
De la abundancia del corazón habla la boca.
 
De acuerdo y muy bien, excepto que:
No necesariamente a volver bajo la Ley como dices. Elias resucitó al hijo de la viuda de Sarepta de Sidón, esa viuda y ese hijo no vivían bajo la Ley. 1 Reyes 17
Bueno claro.
Volver bajo la ley es para aquellos que estaban bajo la LEY al morir.
Lo que te estoy queriendo decir es que hay un resucitar que es como un "desandar" el camino de vuelta a la vida en la tiera bajo el sol.
Saludos.
 
  1. La salvación depende de la perdición previa del hombre.
    • Si no hubiera perdición, no habría necesidad de salvación (Lucas 19:10).
    • La Biblia claramente confirma que la perdición fue obra del hombre mismo, por su libre decisión de desobedecer (Romanos 5:12, Génesis 2:17).
  2. La perdición es absoluta e irreversible desde la capacidad humana.
    • Una vez cometido el pecado, el hombre no tiene capacidad para revertirlo o repararlo (Efesios 2:1-3; Romanos 3:23).
    • El pecado activó la sentencia divina: "ciertamente morirás" (Génesis 2:17). Esta sentencia es irreversible, pues fue pronunciada por Dios mismo (Números 23:19).
  3. La salvación es una obra exclusivamente divina, no humana.
    • Precisamente porque el hombre no puede revertir la perdición, la salvación proviene completamente de Dios (Efesios 2:8-9; Jonás 2:9: "La salvación es de Jehová").
    • Dios no "repara" la vieja creación corrompida, sino que la deja morir bajo sentencia legal. Por eso la Escritura afirma que somos crucificados con Cristo (Romanos 6:6; Gálatas 2:20).
  4. La salvación por gracia ocurre solo después del cumplimiento absoluto de la Ley.
    • La Ley establece que "el alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:4,20). La sentencia de muerte física debe cumplirse, porque la Palabra de Dios no cambia (Mateo 5:18).
    • La gracia no invalida la ley, sino que actúa después de que la Ley cumplió su sentencia sobre el pecador en Cristo: "Justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús" (Romanos 3:24).
  5. La muerte seguida por resurrección cumple plenamente la justicia divina.
    • Dios no pasa por alto la justicia para perdonar al pecador. El castigo fue cumplido plenamente por Cristo en la cruz (Isaías 53:5-6; Romanos 3:25-26).
    • Por eso, el perdón que Dios ofrece no es un "perdón barato" o directo sin costo, sino que se otorga después que la muerte exigida fue llevada a cabo literalmente en Jesús (Hebreos 9:22: "sin derramamiento de sangre no se hace remisión").
  6. Una salvación directa sin muerte-resurrección invalidaría la sentencia de Dios.
    • Si Dios hubiera perdonado directamente a Adán (o a cualquiera) sin muerte, habría invalidado su propia palabra ("ciertamente morirás"), lo que pondría en duda la veracidad divina (Números 23:19; Tito 1:2).
    • La muerte seguida por resurrección es la única manera de que Dios pueda mostrar misericordia sin negar su justicia. Por eso Jesús tuvo que morir y luego resucitar (Romanos 4:25: "entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación").
 

Cristo murió por todos: Redención universal y su significado​


Algunos hermanos argumentan que la palabra “todos” en la Biblia debe entenderse siempre de forma limitada según el contexto.
Por ejemplo, Marcos 1:5 dice que “toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén” salían a escuchar a Juan el Bautista, expresión que claramente no implica cada individuo sin excepción, sino una manera general de hablar.

Sin embargo, cuando pasamos de descripciones narrativas a declaraciones doctrinales sobre la redención en Cristo, el alcance de “todos” no puede minimizarse de la misma manera.

La muerte de Jesucristo en la cruz es un evento histórico único, completo e indivisible, con implicaciones que trascienden a toda la humanidad.

A continuación, presentaré bíblicamente por qué “Cristo murió por todos los hombres” en un sentido literal y universal, y por qué esto no contradice el hecho de que no todos finalmente se salven.

Un sacrificio único con alcance universal​

La obra redentora de Cristo es singular en la historia: “una vez para siempre” Jesús ofreció el sacrificio perfecto por el pecado (Hebreos 9:26-28).
No se trata de un evento repetitivo o local, sino de un acto consumado por Dios que atañe a todos los seres humanos.
Por eso, las Escrituras usan términos abarcadores al describir su alcance.

Consideremos algunos pasajes clave:
  • 2 Corintios 5:14-15“Si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” Aquí Pablo enseña claramente que la muerte sustitutiva de Cristo incluye a todos. La frase insiste en la totalidad: Cristo murió por todos, de modo que en Él todos murieron (es decir, Él representó a todos en la muerte).
  • 1 Timoteo 2:6“Cristo Jesús… se dio a sí mismo en rescate por todos.” El apóstol afirma que la entrega de Jesús como rescate fue por todas las personas, sin restricción. Este versículo aparece en el contexto de exhortar a orar “por todos los hombres” (1 Tim. 2:1) porque Dios “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Tim. 2:4). La razón de orar por todos es precisamente que Cristo murió por todos. No hay indicio aquí de que “todos” signifique sólo “algunos” o “ciertos grupos”; al contrario, la intención es universal.
  • Hebreos 2:9“...Jesús, coronado de gloria y de honra, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” El autor sagrado dice que Cristo experimentó la muerte por cada ser humano. El término “por todos” (gr. hyper pantos, literalmente “por cada uno”) señala que ningún miembro de la humanidad quedó fuera de ese sabor de la muerte que Jesús probó en lugar de nosotros.
  • Romanos 5:18“Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Cristo) vino a todos los hombres la justificación de vida.” En el gran paralelo que Pablo traza entre Adán y Cristo, se recalca que el acto de justicia de Cristo tiene un alcance tan universal como tuvo el pecado de Adán. Todos incurrieron en condena por el pecado original, y del mismo modo todos reciben una oferta de justificación gracias a Cristo.

Estas Escrituras nos muestran que cuando se trata de la expiación realizada por Jesús, “todos” significa todos.
No es una hipérbole literaria ni una generalización cultural.
Al contrario, apunta a la totalidad objetiva de la humanidad.
La diferencia con pasajes como Marcos 1:5 es evidente: en Marcos, “todos” es una manera de decir “multitudes” en un evento descriptivo; pero en los textos doctrinales citados, “todos” se presenta como una afirmación teológica sobre la obra consumada de Cristo en favor de la humanidad entera.
Negar el sentido natural de “todos” en estos versículos implicaría vaciar de significado la enseñanza apostólica acerca de la cruz.

Redención universal salvación automática​

Ahora bien, afirmar la redención universal en Cristo no significa promover un universalismo donde automáticamente todos alcanzan la vida eterna.

Aquí es crucial distinguir entre redención y salvación eterna:
  • Redención se refiere al acto objetivo de Cristo pagando el precio del pecado y liberando a la humanidad de la condena de Adán. Este acto fue completado en la cruz y la resurrección, y su alcance es universal: Jesús obtuvo la reconciliación del mundo con Dios (“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” – 2 Corintios 5:19). En este sentido, “el Cordero de Dios… quita el pecado del mundo (Juan 1:29), removiendo el obstáculo que pesaba sobre la humanidad caída. La redención es la puerta abierta para la salvación de todos.
  • Salvación eterna (vida eterna con Dios) se refiere a la aplicación personal de esa redención en cada individuo, algo que ocurre en el plano de la gracia y bajo el señorío de Cristo. Aunque Cristo murió por todos, no todos entrarán en la vida eterna, porque Dios nos llama a responder a Su gracia mediante la fe y el arrepentimiento. La salvación es un don ofrecido a todos, pero condicionado a “que en Él (Jesús) cree” (Juan 3:16). Dios “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Tim. 2:4), pero respeta la decisión humana ante el ofrecimiento de Su gracia. Quienes rechazan voluntariamente a Cristo permanecen bajo condenación, no por falta de provisión redentora, sino por no acogerse a ella: “el que no cree, ya ha sido condenado por no haber creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).

En otras palabras, Cristo pagó legalmente por el pecado de todos y ganó el derecho de Señorío sobre todos (Romanos 14:9 dice que Cristo murió y resucitó “para ser Señor de los muertos y de los que viven”).

Gracias a esa redención, ahora “no hay acepción de personas” delante de Dios (Romanos 2:11): todos están invitados a la salvación en Cristo en igualdad de condiciones. Pero esa salvación debe recibirse libremente bajo el señorío de Jesús. La redención es así condición necesaria para que alguien sea salvo, aunque por sí sola no garantice la salvación sin la respuesta de la fe. Si Cristo no hubiese muerto por todos, ninguno podría siquiera aspirar a ser salvo; mas habiendo Él muerto por todos, el que no se salva es porque rechaza la gracia, no porque Cristo le excluyó de Su obra.

Este entendimiento armoniza la redención universal con la realidad de la incredulidad de muchos. La muerte de Jesús fue suficiente por sí misma para salvar a cualquiera y a todos; pero la eficacia salvadora en cada persona requiere la aceptación de ese sacrificio. Así, la culpa de la perdición recae en el hombre, no en una limitación de la cruz. La muerte y resurrección de Cristo no fueron actos simbólicos ni condicionales; Él no “murió potencialmente” a la espera de ver quién creería. ¡No! Jesús en verdad “consumó” (Juan 19:30) la redención de la humanidad entera.

Su sangre “derramada por muchos” (Mateo 26:28) es la misma que “en rescate” fue entregada “por todos” (1 Tim. 2:6).

En la cruz, el Señor efectuó una vez y para siempre el sacrificio válido para todos los tiempos y personas. Lo que resta ahora es cómo cada uno se relaciona con ese sacrificio completo: aceptándolo para vida eterna, o rechazándolo para su propia perdición.

“Todos” significa todos: la humanidad caída representada en Cristo​

Cuando la Escritura dice que Cristo murió por todos, se refiere a la totalidad de la humanidad que estaba perdida en Adán.

Pablo escribe: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22). Cada ser humano quedó bajo la muerte por el pecado original, y Cristo vino precisamente a rescatar a esa misma humanidad completa. No hay ningún ser humano fuera del alcance de la obra de Jesús. Romanos 5:18 (citado arriba) lo afirma: la acción redentora de Cristo alcanza a todos los hombres, objetivamente deshaciendo las consecuencias de la caída de Adán en cuanto a provisión de justicia. Esto no quiere decir que todos reciben vida eterna automáticamente, pero sí que nadie queda excluido de la gracia comprada en el Calvario.

Es importante notar que cuando el Nuevo Testamento habla de grupos específicos (“la Iglesia”, “los creyentes”) en relación a la muerte de Cristo, no está negando su alcance universal sino aplicando sus beneficios a un contexto concreto.

Por ejemplo, Efesios 5:25 dice que “Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. ¡Amén, es verdad! Pero eso no significa que sólo amó a la Iglesia y no a los demás. De hecho, el mismo Pablo aclara que Cristo murió por nosotros cuando éramos impíos y enemigos (Romanos 5:6-10).

Jesús no murió únicamente por los ya creyentes (que ni siquiera existían como tal cuando Él se entregó), sino por la humanidad necesitada de redención. Así que no hay contradicción entre afirmar que Cristo murió por Su Iglesia y afirmar que murió por todos los hombres. Al dirigirse a los cristianos, los apóstoles destacan la eficacia de la cruz para los que creen; pero al predicar el evangelio, proclamaban que “Jesucristo es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1 Juan 2:2). Esa propiciación es suficiente para todo el mundo, aun cuando sólo se apropie de ella quien cree.

Conclusión: La cruz, fundamento de la gracia para todos​

En resumen, la Biblia enseña que Jesucristo murió por todos los hombres. Este hecho asegura que la obra redentora de la cruz tiene un alcance universal: constituye la base legal sobre la cual Dios ofrece salvación a todos y juzga a cada uno con justicia y misericordia, sin acepción de personas. La redención obtenida por Cristo es tan amplia que nadie queda fuera de la posibilidad de ser salvo; y a la vez es tan personal que cada uno debe responder a ella. Quien se pierde, se pierde a pesar de que Cristo murió por él, no porque Cristo no haya provisto por él. Dios, siendo justo, no condena a nadie por un pecado sin remedio: el remedio de la cruz es real y está a disposición de todos. Así, en el día del juicio, la oferta del evangelio habrá sido válida para cada ser humano, y Dios juzgará con perfecta justicia respecto a qué hizo cada uno con la gracia de Su Hijo.

Negar que el “todos” en la redención signifique toda la humanidad desvirtúa el valor de la cruz de Cristo. Si redujéramos esa palabra a “unos cuantos” o la viéramos como mera exageración, estaríamos insinuando que el sacrificio de Jesús no fue plenamente eficaz ni suficiente para la humanidad entera. ¡Pero alabado sea Dios, porque la Escritura testifica lo contrario! Cristo, el segundo Adán, realizó una obra infinitamente valiosa y abarcadora. “Él es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10). Esto quiere decir que ningún ser humano queda excluido del amor redentor de Dios, aunque solo los que creen experimenten en plenitud la salvación. Mantener esta verdad engrandece la gracia y la justicia de Dios, y nos impulsa a predicar con confianza el evangelio a toda criatura, sabiendo que “de tal manera amó Dios al mundo”. En una postura verdaderamente bíblica, entonces, “todos” significa todos cuando hablamos de la obra de Cristo. De esta redención universal brota la invitación a la salvación para cualquiera que quiera creer.

Que la cruz de Cristo sea exaltada en todo su alcance: Jesús es el Redentor de toda la humanidad caída, y su sacrificio es la garantía de que “todo aquel que en Él cree” puede tener vida eterna. ¡A Dios sea la gloria por tan perfecta y amplia redención en Cristo Jesús!
 
Pero aquí no dice que los que fueron elegidos para salvación saldrán a resurrección de vida y los otros a resurrección de condenación.
Fijate que se está decidiendo en base al mérito: "Los que hicieron bien y los que hicieron mal"
Luego vos reafirmas: Los que se arrepintieron y creyeron.
-Claro, no hay mérito sino obediencia en arrepentirse y creer, como rebeldía en no hacerlo.
 
Última edición:
-Claro, no hay mérito sino obediencia en arrepentirse y creer, como rebeldía en no hacerlo.
Ah... Y la obediencia no es un mérito.
Si se trata de MI obediencia o MI rebeldía se trata de MI.
 
-A Dios se le acata en todo; a Calvino se le agradece su legado pero él no nos ata a sus barbas sino a las Sagradas Escrituras.
Yo no le agradezco NADA a Calvino.
¿Decime una sola cosa que haya dicho Calvino y que yo deba agradecerle?
Una sola.
 
Yo no le agradezco NADA a Calvino.
¿Decime una sola cosa que haya dicho Calvino y que yo deba agradecerle?
Una sola.
-La gratitud es propia y espontánea en el favorecido; no en el que apenas mira al beneficiado. En los aportes de Bart hay unos cuantos dichos de Calvino que bien merecerían tu gratitud. Atendelos.
 
Ah... Y la obediencia no es un mérito.
Si se trata de MI obediencia o MI rebeldía se trata de MI.
-El obedecer no es meritorio; aunque es una disposición y acción tuya, ella no mira al premio, sino que solo contempla acatar y satisfacer al que le ordenó.
 
-La gratitud es propia y espontánea en el favorecido; no en el que apenas mira al beneficiado. En los aportes de Bart hay unos cuantos dichos de Calvino que bien merecerían tu gratitud. Atendelos.
No pudiste siquiera decirme uno.
Te lo vuelvo a pedir.
¿Decime una sola cosa que haya dicho Calvino que yo deba agradecerle?
Y por favor... no busco tu poesía que de buen gusto pagaría.
 
-El obedecer no es meritorio; aunque es una disposición y acción tuya, ella no mira al premio, sino que solo contempla acatar y satisfacer al que le ordenó.
Ah... a ver...
-Claro, no hay mérito sino obediencia en arrepentirse y creer, como rebeldía en no hacerlo.
-Claro, no hay mérito sino que no mirando el premio y contemplando acatar y satisfacer al que le ordenó, se arrepiente y cree...
 
Hay una realidad que es innegable.
No se puede poner vino nuevo en odres viejos.
La reforma no era tanto para sus contemporaneos sin para las nuevas generaciones.
Y así cualquier revisión que se pretenda hacer a lo tradicional va afracasar por muy seria que sea.

Jesús mismo enseñó:
«Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama, y los odres se pierden. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.» (Lucas 5:37-38, RVA).

  • La Reforma Protestante logró cambiar generaciones futuras más que a sus contemporáneos inmediatos, porque los primeros en oír un mensaje nuevo suelen resistirse a abandonar sus moldes tradicionales.
  • Todo intento de revisión doctrinal profunda dentro de estructuras tradicionales arraigadas normalmente se enfrenta a resistencia y rechazo. La tradición, una vez consolidada, tiende a defenderse a sí misma en vez de cuestionarse.
  • Por eso, los cambios doctrinales profundos generalmente no triunfan modificando el pensamiento de una generación madura, sino sembrando la semilla en generaciones nuevas, en odres nuevos, que estén dispuestos a recibir verdades nuevas sin aferrarse obstinadamente a tradiciones anteriores.

Esto no significa que no haya que intentar reformar o corregir doctrinas tradicionales erróneas, sino más bien que la efectividad real de cualquier movimiento de renovación espiritual y doctrinal se mide en el tiempo, en cómo impacta y transforma generaciones futuras más que en los resultados inmediatos con quienes se aferran al viejo paradigma.
Los odres viejos difícilmente pueden recibir vino nuevo sin romperse, pero las nuevas generaciones pueden absorber la verdad renovada y producir fruto abundante a largo plazo.

Por tanto, no hay fracaso en predicar la verdad que choca con la tradición; solo hay que entender que la verdadera victoria del mensaje está en cómo impacta a quienes vienen después, no necesariamente en convencer plenamente a quienes ya tienen estructuras firmes y rígidas.
 
No pudiste siquiera decirme uno.
Te lo vuelvo a pedir.
¿Decime una sola cosa que haya dicho Calvino que yo deba agradecerle?
Y por favor... no busco tu poesía que de buen gusto pagaría.
-Mi memoria retiene todavía unos cuantos versículos bíblicos, pero a Calvino nunca se me ocurrió memorizarlo.
 
-Mi memoria retiene todavía unos cuantos versículos bíblicos, pero a Calvino nunca se me ocurrió memorizarlo.
¿Cuantos versículos de tu biblia escribió Calvino?
 
-Mi memoria retiene todavía unos cuantos versículos bíblicos, pero a Calvino nunca se me ocurrió memorizarlo.
Increíble tu fidelidad a tu mentor.
Calvinista de hueso colorado y no puede recordar una sola cosa que dijo Calvino que yo mereciera agradecerle.
Entonces olvidate de Calvino.
Te cambio la pregunta.


¿Decime una sola cosa que haya dicho el Calvinismo y que haya logrado que un tipo de tu seriedad confiese con su boca ser un calvinista de hueso colorado.?