-Un extraño fenómeno –que por su pequeñez pasa desapercibido-, es la sorpresa que nos causa la noticia de algún evangélico convertido al catolicismo romano, preferentemente pastores y predicadores.
-Acostumbrados como estamos los evangélicos latinoamericanos a que casi todos ellos provengan del catolicismo -pues así fueron bautizados a poco de nacidos por algún cura párroco-, desconcierta que se produzca una migración a la inversa.
-Expresamente he puesto en el título, entre comillas, “evangélicos” y “católicos”, pues es mi percepción que nunca fueron realmente evangélicos los unos, ni llegan a ser definitivamente católicos los otros. Me explico:
-Así como el acto del bautismo de un inconsciente bebé no puede obrar en él la fe que proviene de la Palabra de Dios, oída, entendida y creída, tampoco lo puede la “gimnasia salvífica” de las campañas evangelísticas centradas en resultados inmediatos. La habilidad del predicador de turno se percibe en el llamado final: -Levante su mano; póngase de pie; pase adelante; arrodíllese junto al altar; repita conmigo su oración de entrega; llene su tarjeta de decisión y entréguela al ujier más próximo.
-La emoción que produce todo el entorno; con la multitud de gente; la música y el coro entonando himnos de invitación, embarga de una manera especial a personas susceptibles, que fácilmente tomarán luego como una experiencia de conversión o renacimiento espiritual lo que no lo fue. El haberse dejado conducir paso a paso por las arengas del predicador a manifestarse públicamente, suele no ir acompañado de arrepentimiento y fe en el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El subsiguiente bautismo y adhesión a una iglesia local, les da la impresión de haber ya alcanzado el umbral del cielo. Al tiempo, todo se diluye. Este es un primer aspecto del tema, pero hay más.
-No solamente se dan emociones pasajeras. Casos hay que jóvenes manifiestan un gran entusiasmo, de modo que ingresan a Institutos Bíblicos para prepararse para pastores y predicadores. Suele ocurrir, que muchas veces sienten que las iglesias o dirigentes de una Misión o Denominación, no los están valorando justamente, y tal falta de reconocimiento suscita una decepción tal, que no es de extrañar que acaben vengándose profesando su conversión al catolicismo romano.
-Por supuesto, hay mucho más que decir todavía, pero con esto, queda introducido el tema.
Saludos cordiales